miércoles, 21 de enero de 2026

¡Carajo, qué mundo éste!

 

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21/01/2026

Recordando mi post de ayer me pregunto si estando como está el mundo uno puede entretenerse en pajas mentales. Esta noche escuché el discurso de Mark Carney, presidente de gobierno de Canadá, en Davos y más tarde a algún que otro analista político en relación con la situación del orden mundial que vivimos. Estando como está una parte importante del mundo en manos de un psicópata, otra fracción de él, Europa, a cargo en buena parte de gobernantes incompetentes, si no corruptos, parece paradójico que yo me dedique, acaso, a “chuminadas” de tal índole.

Escribo con Mico, nuestro gato, en el regazo. Le acaricio de tanto en tanto y él cierra los ojos y mueve la cabeza restregándose de gusto contra mi mano. Hoy abrí la caja de mi regalo de Reyes y extraje unas bolas de semillas y otras sustancias que, colgadas sobre una rama van a alimentar a los pájaros de nuestra parcela en adelante. Los carboneros no perdieron el tiempo en colgarse de la estructura de hierro que las contenían para picotear a placer su nuevo yantar. Hasta que llegó la lluvia estuve rastrillando las últimas hojas que el otoño había dejado en nuestra parcela. Después, tras la comida, leí durante un buen tiempo a Thomas Bernhard, sesteé y miré largo rato el ir y venir de los pájaros frente a mi ventana. A la noche encendí el fuego de la chimenea y ahora, tras darme una vuelta por el mundo, acaricio a Mico.



Este es el relato simple de un sapiens cuya existencia se debe acaso a un encuentro fortuito entre mi padre y mi madre cierta noche de otoño. Te traen al mundo, sin permiso, y ahí quedas a merced del los vientos y la buena o mala disposición de las circunstancias. Más tarde creces, te haces mayor y cuando ya más o menos conoces cómo funciona el mundo en donde has aterrizado, vas y te mueres.

Pasa que ya que como ya estás en el mundo, algo tienes que hacer, sí, que la vida en definitiva consiste en hacer cosas. Y curras para ganarte la manduca, y te diviertes, y a veces estás triste, y a veces contento, y te enamoras, que sí, que hay que cumplir con los designios de la especie y traer nuevos sapiens al mundo, y después de un tiempo vas y te mueres, kaputt, sanseacabó.

Y ya que estás en el mundo hay que darle juego al asunto en ese tiempo que pasas entre tu gestación y el momento último. Y ahí es donde entra la historia de la humanidad, todo lo que hacemos y especulamos en ese periodo de tiempo, que podría ser un tiempo tranquilo, un rato que pasas sobre la superficie del planeta Tierra, que es tiempo de crear, amar, acumular, hacerse pajas mentales y mucho más, y que sin embargo por mor de algunos cerebros calenturientos, es difícil que durante ese periodo de tu existencia puedas sobrevivir a alguna guerra. Pocas, pocas generaciones se han librado desde el principio de los tiempos de una guerra, guerras devastadoras de millones de muertos, rencillas regionales, conquistas, depredación, esas lindezas que fabrican algunos sapiens para amenizar su corta estancia en la Tierra.

Hoy en Davos, Carney, sin citar directamente a MísterPorMisCojones o a Estados Unidos, hablaba de la destrucción del orden mundial que se estaba produciendo. El Pato Donald, convertido en el gamberro grandullón de una clase de adolescentes, un psicópata, estaba poniendo en jaque la mediana cordura y entendimiento que rige la relación entre países de medio mundo.

Huele a pólvora en este pequeño planeta perdido en la inmensidad del Universo. Es un mundo en el que puedes dedicarte todo el día a rascarte la nariz, escribir perogrulladas o regar los geranios sin más, pero ¡ojo!, que entre el personal siempre va a haber alguien, siempre lo ha habido, que querrá romper la crisma al vecino, robarle sus pertenencias o pisotear impunemente a todo aquel que no se someta a su voluntad.

“¡Ojo!” quiere decir que por mucho que quieras refugiarte en tu huerto, tu humilde trabajo, tu casa, tus asuntos, tus libros o tus películas favoritas, siempre vas a tener a alguien dispuesto a poner patas arriba tu pequeño mundo, tus ideas… tu vida entera.

Podríamos pasarnos la existencia, esos pocos años entre la gestación y el final, en paz con nosotros y con los demás, pero… Así que a la fuerza, esta mañana mientras pacíficamente rastrillaba las hojas con las que el otoño había alfombrado nuestra parcela, pensando en mi post de ayer, lo que se me ocurría es que lo que tendría que hacer para seguir pacíficamente haciéndome pajas mentales y vivir en santa paz, era marcharme a otro planeta con alguno de los personajes de Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.

 

 

 

 


2 comentarios:

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    1. Cumplir con el ciclo biológico como las hormigas, sí, no te vas a quedar con los brazos cruzados setenta, ochenta o noventa años. Sólo que ya quisieramos que los gansos de la clase fueran más pacíficos y dejaran a pacíficos ciudadano en santa paz sin andar constantemente jodiendo al personal.

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