22/01/2026
| Imagen creada por ChatGPT |
Miro estos días con cierta preocupación el hecho de que los dos últimos libros que he comenzado me aburran tanto como para no pasar más allá de la cuarta parte de las páginas. La pasada semana, Sebald y su Los anillos de Saturno y esta tarde mismo Maestros antiguos, de Thomas Bernhard, ambos autores muy reconocidos. Y hace unas pocas semanas a quien abandoné fue a Pavese y su Entre mujeres solas. Preocupado porque no sé si soy yo el responsable, yo, mi capacidad, mi interés, o si como apunta reiteradamente Thomas Bernhard en su libro, sucede que nos acercamos más a ciertos libros, ciertos cuadros, más empujados por su fama, la del autor o del libro, que por la verdadera calidad de la obra. Y si no es así, lo que cabe apuntar es que ese lector voraz, yo mismo, que leía casi todo lo que caía en sus manos con delectación y aprovechamiento, ya no existe y ahora, mucho más crítico y selectivo, necesite obras no ya de reconocida calidad sino también libros que de algún modo se construyan dentro de unas coordenadas relacionadas con los intereses personales, la belleza o los asuntos que me son cercanos. Quizás todo esto tenga relación con la restricción que mis intereses van sufriendo con los años. Que la lectura de Bernhard, hasta donde he llegado, me parezca un caprichoso exponente de un malhumorado autor que arremete a golpe de machete las mayores convenciones artísticas, que su prosa reiterativa, que a mi me parece un recurso estilistico sin sentido y que la crítica estima hipnótica, me hace pensar en ese círculo que puede estar en torno a lo que me interesa. El pasado año me sucedió algo parecido con Patria, de Aramburu, un libro a mi entender, salvo unos pocos buenos aciertos, francamente malo, en lo que leí, no pasé del primer tercio, y que sin embargo era alabado por los amigos que lo habían leído y, por supuesto, por la crítica en general.
No se puede decir tampoco que sea tan especial,
existen tantos libros y autores que me han entusiasmado siempre que pienso que
tiene que haber “algo” que sí, como hace Bernhard, que puede tener que ver más
con el mercado, con algún tipo de convención, con “lo que se escribe hoy”, lo
que gusta a nivel general, con lo que sea, pero ajeno a una calidad que resista
el paso del tiempo. Escribo esto y, claro, no me gusta del todo porque
pareciera que mi juicio estuviera de parte de una indiscutible calidad, y que
aquello que no me gusta careciera de tal. Y no es así.
En muchas ocasiones cuando leo una crítica o
pregunto a ChatGPT sobre un libro, un cuadro, las respuestas que obtengo las
encuentro excesivamente laudatorias, como si de una cosa simple inventaran un
mundo. Es un procedimiento usual que parece estar a sueldo del autor en el
sentido de pretender legitimar la obra, justificar una exposición o seducir al
público. Algo que tropieza de frente con la posibilidad de que el lector, el
espectador, asuma por sí mismo la experiencia directa, que sería la forma
honesta de apreciar arte: lo que uno ve y siente sin intermediarios. Buscarle
cinco pies al gato parece ser el cometido de una amplia parte de la crítica, me
parece. En ocasiones se monta un escenario conceptual en torno a una obra que
sólo está en la cabeza del crítico.
Días atrás leí un titular en un periódico en
donde el autor decía que cuando das a imprimir un libro, éste ya no es tuyo.
Pertenece al lector, muchos, que pueden encontrar en él muy diferentes, e
incluso encontradas, interpretaciones. En tal caso el libro por las primeras
manos por las que pasa es la de los críticos que interpretan, dicen, extrapolan…
Decir que lo que la gente piensa de determinados libros ha pasado por el tamiz
de lo que piensan algunos críticos, no me parece una exageración, sino algo que
está a la orden del día. La labilidad a que está expuesta una obra por parte de
los espectadores o lectores, da pie para que cada vez que te acercas a un libro
andes con los pies de plomo en los primeros capítulos. Ello como idea general,
que a ello es necesario añadir al sujeto lector, su experiencia de lectura, sus
motivaciones o sus intereses personales que van a jugar un papel importante en
la valoración del libro que pretende leer.
En cualquier modo cuando tantas veces abandono
un libro en sus comienzos, siempre me entra la duda de si soy yo el responsable
de esa deserción o es que el libro no está a la altura de mis expectativas.
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