domingo, 29 de marzo de 2020

Consideraciones sobre un moco





O cómo resistir la tentación de criticar al gobierno de la nación en estos momentos.


El Chorrillo, 29 de marzo de 2020

Permítaseme usar en esta ocasión algo, acaso para alguno, "socialmente incorrecto". Sucede en estos momentos con algunos pensamientos que nos corren por el magín, que sin que lo deseemos vienen a importunarnos con su pequeño escepticismo, sus dudas, cuando nos asomamos a las páginas de los periódicos. Esas dudas que nos entran sobre la acción de los responsables del gobierno en estos días y que en otro tiempo serían caldo caliente para indignarse y que en estos momentos, a mí por lo menos, me crea mala conciencia airear. Se trata de algo parecido a lo que sucede con un moco seco :-), aquellas costritas a las que por urbanidad debemos hacer frente en la intimidad; esa habilidad para rasparlas, buscarle las aristas con la punta de la uña para poco a poco arrancarlas a poquito de su base nasal sin que al desprenderse, qué gustito ese instante:-), la sangre te inunde las fosas nasales teniendo que recurrir a un rollo y medio de papel higiénico, ese maravilloso invento contra el coronavirus que tantos descubrieron en las estanterías de los supermercados, para que la garganta no se inunde de sangre, me parece hoy un aceptable símil social de un proceso, a veces tan laborioso es, que una vez concluido con éxito, nos permite contemplar con satisfacción entre nuestros dedos una bolita oscura que, siendo parte de nuestro yo con tanto gusto arrancamos y posteriormente miramos y redondeamos con nuestros dedos índice y pulgar como quien dijera, sintiéndose ahora la nariz liberada, jo, cuanta ganas tenía de liberarme de ti, cabronceta… Sí, y el gusto de hacer bolitas con ella hasta convertirla en polvo, momento éste en que, ya tranquilos podemos volver a lo que estábamos haciendo sin el incordio de esa llamada que empujaba instantes antes a alguno de nuestros dedos a perforar el orificio de nuestra protuberancia nasal. Muerto el perro, se acabó la rabia, ahora, a tirar para adelante, no cabe otra.
La tentación de criticar es tan grande, tan grande como un enorme moco incordiante haciéndonos cosquillas en el cerebro, que bien estaría que con el dedo más hábil de nuestra mano pudiéramos arrancar para así volcarnos todos en arrimar el hombro y dedicarnos a sumar. Esas irresistibles ganas de seguir cuestionando lo del 8M, lo del Vistalegre de Vox o las celebraciones colectivas, por más que el Metro de Madrid durante el mes de marzo fuera usado por 65 millones de viajeros apiñados en estrechos vagones y a lo que nadie parece aludir, deberían terminar. Sería bueno que silenciáramos todas las voces que no sean sumar.



 Esta mañana leí un artículo en eldiario.es sobre la actuación del gobierno chino al principio  de la pandemia, sobre el control que ejerció en los medios para cortar toda crítica negativa a su actuación. Atravesamos China, y especialmente Xinjiang, la región al noroeste del país, hace unos años y me pareció horrible e inhumano el modo en cómo todo estaba bajo control del gobierno en negocios, autobuses o lugares públicos, la libertad era nula. Hoy, esas actuaciones de control del gobierno chino al principio de la pandemia, y a ellas me refiero solamente, me parecen aceptables y acaso convenientes. Esa fuerza mayor que nos llama a preservar la vida, me dice que cualquier medida que se arbitre para preservarla es necesaria. Días atrás discutía con mi hija, que invitaba a no compartir, en el momento de su salida, la app de la Comunidad de Madrid para la detección de infectados por el coronavirus, “porque nuestros datos podían caer en manos no deseadas”. Al cuerno con que mis datos puedan caer en manos que no deseo; en este momento estamos en situación de emergencia y me importa un pito, le respondí. Cuando la muerte acecha, uno no se puede parar en este tipo de consideraciones. Tenemos que aprender a valorar el orden de las prioridades que se nos presentan en la vida, con más razón ahora que estamos ante la prioridad más esencial de nuestra existencia.
Para terminar. Hace un momento mi amiga Nuria me decía por guasap que le preocupaba sin embargo su obediencia al sistema, pese a que lo acataba obedientemente en este momento. Le contesté con estas líneas: "Duda siempre. Dudo luego existo. Cuando se vadea un gran río, vadearlo solo es un grandísimo peligro. La gente lo hace en grupo agarrados de los brazos o los hombros y además se hace en el sentido de la corriente, no contra ella. Lo aprendí en el viaje último que hice a Islandia".

Esta imagen me emocionó esta mañana.



Por cierto, que ya que tenemos que usar la mascarilla para salir a comprar al super, aquí tenemos una idea que nos sugiere mi cuñada Cristina. Es la que usa ella en una residencia de niños en la que trabaja.





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