jueves, 2 de mayo de 2019

¿Izquierdas o derechas?




El Chorrillo, 2 de mayo de 2019


Contesto aquí a un extenso comentario a mi último post que hizo el amigo X en FB.


Hola X:

Observo que cada vez me interesa menos compartir escritos, pensamientos o experiencias en las redes, sin embargo hay algo en ello que sí me resulta positivo y es la posibilidad que me ofrece de reflexionar sobre algunos aspectos de la realidad. Si no lo hiciera por escrito es probable que mi reflexión se quedara siempre a las puertas de "algo" sin dar un paso más allá. Quizás sea ésta la razón por la que todavía mantengo un par de blogs. En definitiva un asunto personal que me ayuda a vencer la pereza de enfrentarme con frecuencia a temas que requieren algo más tiempo que el que emplea mi cerebro en hacer una conjetura sobre un titular de la portada de un periódico.

La aclaración anterior puede servir para justificar la extensión de un texto que más va dirigido a mí mismo, por aquello de ejercitar una gimnasia mental, que a los otros, a no ser un caso particular como el tuyo que ya en sí mismo merece una largura al menos similar al interés que te tomaste en comentar mi post. Por cierto que a mi ánimo, que gusta conversar y reflexionar en común, una diversión generosa que aprecio, a veces con especial gusto, cuando hay puntos de discrepancias que me ayudan a formar mi capacidad de comprensión y análisis, le place la posibilidad de diálogo que ofreces.

Es obvio que el término izquierda y derecha es una convención, un atajo que nos ayuda a acortar la longitud de nuestro lenguaje, pero se admita o no, en Podemos se hablaba de transversalidad y quisieron erradicar esta dicotomía, la audiciencia se resiste a dejarlo de lado porque todo el mundo sabe con aproximación qué significa cada una de las dos cosas. La derecha una actitud conservadora, una defensa de la tradición, de los valores consolidados, mientras que la izquierda se abre hacia un horizonte de cambio en donde mejorar especialmente las condiciones de vida de la gente menos favorecida; y si para añadir más luz a la idea ponemos nombres propios a la gente de la derecha tenemos en la lista a la familia Aznar y sus fondos buitres, a la señora Botín, a la Iglesia Católica, a los defensores de no incrementar el sueldo base interprofesional, a todos cuantos miran con desconfianza una distribución de impuestos que graven mayormente a la grandes fortunas. Si es más a la derecha tenemos a los añorantes de los tiempos de la Reconquista, del Imperialismo de cuando Carlos I, de la superioridad del hombre sobre la mujer, de la xenofobia, de la cultura anexada a los valores del franquismo, del desprecio por los inmigrantes. Creo que para empezar a hablar sobre estos términos el cuadro anterior sirve como referencia.

Pongamos que no existieran los partidos, que eso ya es otra cosa en lo referente a hablar de izquierdas y derechas, porque los partidos, aún situándose en alguna de las partes del espectro derecha izquierda, son, pueden ser a su vez, una maquinaria que independientemente de sus objetivos lleva en sí una pasión, el poder, que puede echar por tierra desde dentro los objetivos previamente promulgados. Podemos, mejor, un grupo de sus dirigentes, es un elocuente ejemplo de ello. Así que suponiendo que no existieran los partidos, que pueden alterar con su comportamiento la clara visión de lo que significa la derecha o la izquierda, ¿dónde nos colocamos cada uno dentro de este sintético panorama? Creo que ese es el interrogante clave, interrogante que debe dejar abierta la posibilidad de que uno empatice con una persona de honestidad probada que pertenezca a un partido del que no te sientes partidario; el caso sin más de la alcaldesa de Toledo que por las líneas que le dedicas intuyo que tanto si fuera de derechas o izquierdas te verías inclinado a votar. Esta última posibilidad de lo que nos habla es de que hay que salvar ese riesgo al que aludes de sentirse de un partido al punto de que esto nos deje ayunos de sentido crítico y racionalidad.

Las ideas fijas a las que te refieres tienen su razón de ser en ese cuadro que pintaba en el párrafo anterior; uno debe saber a quién beneficia y a quien perjudica una norma o una ley. En Andalucía es claro que se está empezando a legislar a favor de una clase y en contra de otra, por ejemplo subiéndose los diputados el sueldo a ellos mismos, retirando las subvenciones a las guarderías y exonerando de impuestos a determinadas clases. Es un ejemplo. Sabiendo eso y estando uno en pro de favorecer a las clases menos agraciadas así como en observar la vida en común como algo perfectible en todo momento, en términos ideológicos, que acaso no sea en términos de partido, yo creo que lo lógico sería ser de izquierdas.

Que se le pueda aplicar tanto a los políticos de izquierdas como a los de derecha deseos inconfesables de poder o capacidad de manipulación no invalida la idea de los intereses que ambos defienden. El problema serían los políticos, no las ideas que sustenta la izquierda o la derecha. Ya se sabe que la perfección no es de este mundo. Lo deleznable es un mal que habita tanto en un lado del espectro como en el otro, pero insisto en que ello no invalida el sentido de generosidad que inviste a la izquierda frente a una derecha cuyos valores en contraposición están tintados por la insolidaridad y por el estando yo caliente allá se las entiendan los que no lo están. Entiendo que la derecha como ideología y como praxis social y económica es acaparadora, insolidaria y ególatra. La plebe, la chusma, el pueblo, es algo que ella contempla con horror desde los tiempos de la Revolución Francesa viendo en ello la amenaza de su propia comodidad y condición.

Seguro que habrá muchas ideas de un nuevo gobierno del PSOE dignas de ser apoyadas como dices; pero estoy en desacuerdo contigo en lo subsiguiente cuando afirmas que igual habría pasado si el gobierno hubiera sido de Ciudadanos o del PP. Ciudadanos es la mano política del IBEX35 y lo que es bueno para el IBEX casi con toda seguridad no es bueno para el asalariado común, sus intereses sin ser contrapuestos están reñidos por la codicia de ese 1% que acapara el noventa y tantos por ciento de la riqueza del país. Respecto al Partido Popular nada más hay que echar un vistazo a la legislación anterior para ver hacia donde se ha decantado su política, ley Mordaza, leyes laborales regresivas, impuesto al sol, gestión con Cataluña, corrupción…

Estoy de acuerdo que hay términos que acaban banalizándose, como es el término fascismo. Pero es que el asunto, X, tiene miga. El nerviosismo y la inquietud que ha vivido España durante estas últimas semanas no es el propio que provocan media docena de individuos que dan rostro a ideas de extrema derecha, es el horror pintado en la retina de lo que hemos vivido hace más de medio siglo. Quien habitualmente ve películas de la época o lee libros que narran la realidad de aquellos momentos, como es mi caso últimamente, y no cuento los horrores del franquismo, sus asesinatos y la degradación democrática que ello trajo, es normal que ante la amenaza de ideas que se aproximan al entorno fascista sientan un horror indescriptible. Y sí hay muchos aspectos del programa y de la actitud en ese innombrable partido que entran en lo que denominamos fascismo. Me parece que comparar el uso de la palabra fascismo como si de un equipo de fútbol se tratara es poco adecuado. Tampoco pienso que en España haya 2.700.000 fascistas, como dice acertadamente el amigo Santiago Pino, y que son los votos que dan las urnas a Vox, pero sí creo que la alarma está plenamente justificada. Todos temblamos un poco cuando vemos los resultados de Marie Le Pen y la situación de la extrema derecha en Finlandia o Austria. Los “fachas”, entiendo, con su discurso y sus actitudes son una amenaza a la inteligencia y a la democracia de este país y por ello creo que deben ser identificados para que no haya temor a equívocos. La profunda inquietud que hemos vivido en este país en los días previos al 28A no es debida a otra cosa que a la posible irrupción en nuestra convivencia de este elemento distorsionador que parece venir de las cavernas.

Tampoco a mí me gusta el enfrentamiento social entre ciudadanos y estoy contigo en que sería “deber imprescindible de la clase política el tender puentes y no estar siempre avivando la ruptura”. Es un buen asunto para analizar. ¿Quiénes desde hace algo más de un año son los autores de la ruptura de la cohesión social? ¿Quiénes han avivado el fuego de la disensión? ¿Quiénes eran en España aquellos que coreaban o incitaban a corearlo, “A por ellos, oé”? Responsables directos haylos, pero está también “nuestro pueblo”, nuestro querido y a veces tan borreguil pueblo, una parte considerable de él quiero decir. Incultura e intereses espurios se han dado la mano en este año y medio para convertir España en un cuerpo a cuerpo de disensiones y de odio.

“No importa el color del gato, decía Deng Xiaoping, lo importante es que cace ratones”. De acuerdo; entonces ¿izquierdas o derechas? A Deng Xiaoping se le olvidó añadir quienes serían los principales beneficiarios de la caza de los ratones, ese sería, pienso, uno de los puntos clave para distinguir la derecha de la izquierda.

Un gusto poder reflexionar contigo sobre éste o cualquier otra tema.

Un abrazo












No hay comentarios:

Publicar un comentario