miércoles, 24 de abril de 2019

Naranjitos y limones




El Chorrillo, 24 de abril de 2019

Perdón, Naranjitas y limones, sí, aquel cuadro de Julio Romero de Torres.

Hoy pensé que hacía una tarde propia para leer a Dostoievski, pero, entre dos textos, la fina ironía erótica de Verlaine y la suavidad con que se le ve sonreír ante una bella emperifollada que pasa con su perrito de lana por el miradero de la calle, ganan en mis preferencias  los versos. Aprovechando la tarde de esta lluvia, que siempre tiene un cierto sabor de añoranza, me había marchado brevemente a los Alpes Julianos siguiendo mis propias huellas dejadas en un volumen titulado Un jubilado en los Alpes; un pensamiento que se me cruzó instándome a comenzar mi próximo veraneo andariego en los Alpes Julianos, muy cerca de donde pasara unos años atrás, que me servirían para despertar los recuerdos de aquellas montañas; mas terminada mi excursión libresca por los alrededores del Triglav, volví a los versos que, en la grisura de la tarde, temblaban con la delicada belleza de su musicalidad.

Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando unos versos me trajeron, como si de la lámpara de Aladino se tratara, primero la imagen del cuadro de Romero de Torres, Naranjas y limones, y enseguida, en concomitancia con un vídeo que había visto por la mañana en Twitter, aquella otra de Rivera, alias Naranjito, dando vueltas nervioso  como gato encerrado, por la antesala del plató de televisión de La Sexta. Los que se preocupan por la lógica y continuidad del discurso deberían considerar estos lapsus mentales que nos llevan de las naranjas y los limones, como fértiles propileos de la narración, a un mundo, nuestra mente, donde cualquier mezcla o concomitancia sirve al objeto de la escritura, que en este caso sigue la cronología de una tarde propia para dedicarla a la lectura, pero que entretanto pasó de Dostoievski a Verlaine, de allí a los Alpes Julianos, de los Alpes Julianos a un cuadro en donde las naranjas y los limones ocupan sensualmente el centro del lienzo, para finalmente venir a aterrizar vía naranjil en el líder de Ciudadanos, que por primera vez, desde que oí hablar de él, me había caído simpático.

¿Y cómo, se me dirá, puedes tener simpatía por el maleducado y grosero Naranjito, si yo antes dijera que esta mañana me daba lástima viéndole como gato encerrado en el momento previo al debate en un vídeo que me cayó en las manos? Sí, me dio lástima, y muy duro ha de tener el corazón quien no piense lo mismo viéndole como se le ve en estas imágenes :-):



Veía tan humano a este hombre, tan enfrentado a su poquita cosa en un momento en que acaso un presentimiento repentino se le habría metido por dentro poniendo en duda lo que estaba haciendo en la vida; tan desamparado, digo, que tuve piedad de él. Me entraron unas enormes ganas de preguntarle que si no se había dado cuenta de que estaba haciendo el bobo dando la cara por todos aquellos a los que lo único que les interesa en la vida es su propio dinero. ¿A qué tantas energías, tanto teatro, señor Rivera? Y todo para que… No entiendo a este señor. El señor Casado es otra cosa, un tonto el culo no tiene remedio, pero este otro la verdad es que me producía lástima. Bien si, según la bastarda lógica general, tuviera que defender un considerable patrimonio personal, pero así, sin más, ese empeño por defender los intereses de la minoría contra los de la mayoría menos favorecida, ¿de dónde viene? ¿No tendría en ese momento  un problema de conciencia, la sospecha de haber equivocado su camino y, queriendo el poder, que es asunto que como a los niños en días de reyes engolosinados con un tren eléctrico, les puede quitar el sueño, no encuentra otro espacio que el que le ha asignado el Ibex35?

Sospecho que el poder, esa gran piruleta que tantos jugos gástricos pone en movimiento, puede no ser en muchos casos, en el fondo, otra cosa que un deseo desmesurado cuya vinculación con la ideología, de derechas o de izquierdas, sea muy leve. El deseo de mandar y de estar en el vértice de alguna pirámide, sea ésta la que fuere, aún generando un vórtice de mentiras y mala educación, me temo que puede estar por encima de otras muchas consideraciones. Unos más que otros, por supuesto. Si diéramos un repaso a nuestros políticos y dejáramos hablar a nuestra intuición, que suele ser bastante sabia y mucho más eficaz que su prima hermana la razón, creo que podríamos sacar elocuentes conclusiones. Por ejemplo, aquel otro señor que estaba a un par de metros de él, en camisa y con la flamante coleta que le ha hecho famoso, pese a su brillante papel en el debate, no le aqueja otra enfermedad muy diferente que a la del señor Rivera, más, me atrevería a decir que Pablo Iglesias sufre una tan horrenda necesidad de notoriedad y poder que le hace totalmente inadecuado para el papel que ocupa. Hay políticos en España que han llevado su egolatría a tal punto de confusión mental que les inhabilita para el racional ejercicio de sus funciones. Fue el caso de Gusana Díaz que confundió Andalucía con el patio de su casa o, también, Iglesias, que asumiendo el papel de padre de familia de su partido convirtió éste en un feudo de su propiedad que servilmente alimentan los hooligans de turno.

De todos modos no es mi intención meterme con ellos, era expresar esa mi renacida lástima por aquellos que pudiendo, acaso, ser como el vecino del tercero, alguien amable con quien cruzamos en la escalera unas palabras apresuradas sobre el tiempo, vecinos colaboradores dispuestos a dar un poco de su esfuerzo a la comunidad, por mor de un engaño personal se convierten en el Naranjito de turno o en la Gusana del momento no por razones políticas sino por otras de índole de desequilibrio anímico.

Obviamente todos somos movidos por algún tipo de pulsión que seguimos durante un tiempo o quizás toda la vida, pero saber distinguir las pulsiones peligrosas para la propia salud mental parece algo tan elemental que cuesta creer que tantos, todos ellos destinados a morir en unos pocos años, como todo bicho viviente, se líen en las fatuas redes que les tienden sus deseos desbordados. Si uno mira las cosas desde la óptica del bien común, que imagino es la esencia, o debería serlo, de la función política, ¿en qué quedarían esas exageradas diatribas del señor Rivera dando palos a diestro y siniestro? ¿A tanto llegan las exigencias de la voz del amo?

Ah, naranjitas y limones. ¿Cómo no echar de menos esa mirada con que se asoma Verlaine a la calle para contemplar la belleza en el tránsito de las mujeres? Lo amable que sería la vida…

“Delicioso paisaje es nuestra alma
Con el encanto de mascaras y disfraces… “

escribe el poeta, con ese verbo irónico que le caracteriza. Encerrados tendría yo durante un puñado de años a los políticos que van a debatir en televisión, para someterlos a intensas lecturas de poesía, a ver si así refinaban la belleza e inteligencia de su verbo.

Siguiendo con la cronología de la tarde, después fue llover recio y saltar un diferencial que me obligó a dejar la escritura para indagar por dónde andaba el circuito responsable. Responsables nosotros también porque, si hablan como hablan frente a nueve millones de espectadores, es porque conocen la tela de que está compuesta una mayoría que les está oyendo; en caso contrario ya se librarían muy mucho de faltarnos al respeto del modo en que nos lo faltan con su grosera y muy deficiente educación.

Antes de la cena localicé el circuito responsable de que saltara el diferencial. Con ello di por concluida la tarde.










2 comentarios:

  1. Precisamente pensaba yo eso mismo como remedio ante mi preocupado voto: encerrar a los dirigentes en la Moncloa cual Gran Hermano televisivo para observar su gran preocupación por España y su debate interno por ponerse un mínimo de acuerdo. Pero igual el internamiento resultara sangriento o repulsivo sin esa poesía de obligada lectura. Que la variedad de votos prevista nos lleve a enderezar el barco...

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  2. La talla que dan tantos líderes políticos es tan pobre y tan alejada de los intereses reales de España que difícil va a ser ser salir del escepticismo por la muchos años.

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