El Chorrillo, 22 de abril de 2019
Era
la hora tras la comida. Miraba lánguidamente al campo donde las ramas de los
olmos, altos y aquejados de grafiosis, se movían suavemente como barquichuelas
sobre un mar rizado por la brisa. El sol me daba en la cara y empezaba a sentir
el cosquilleo del sueño. Deposité definitivamente el tomo de Verlaine sobre el
regazo, me quité las gafas y cerré los ojos. No tardé en ensoñar un culo
desnudo como el que aparece en la ventana de la casa del molinero de los Cuentos de Canterbury, de Pasolini.
Quise sacar provecho a aquella visión, pero fue inútil: me quedé dormido.
Cuando una hora después desperté tenía el cuerpo atorado; salí de la siesta con
el esfuerzo de quien tiene que desprenderse de un abrazo similar al de Lacoonte
y sus hijos. Pero me bastó despejarme al refresco de la fuente del jardín para
recordar mi ensoñación. Mas ah, bendita ilusión, ya me fue imposible despertar
el entorno barroco en blanco y negro de ese luminoso trasero que, para dar suelta a mi imaginación, se me
insinuaba una hora antes entre las bambalinas de un claroscuro perfecto. Tendría que haberle echado mucha imaginación para, despierto del todo como estaba y con el sol penetrando en la cabaña tal un río
avasallador y luminoso, poder recuperar lo que sólo es recuperable en la
oscuridad o entre la ambigüedad de las luces. Quizás esta noche, me dije, pero
enseguida caí en que esta noche tenía una cita que mis deberes cívicos habían
terminado por imponerme. Sí, el debate electoral de esta noche se interpondría
definitivamente en la resurrección de la ensoñación del trasero de la hora de
la siesta.
Como
un post es conveniente ilustrarlo con alguna imagen que lo acompañe, y dado que
no hay manera de hacerlo en este caso, porque los culos están prohibidos por
los señores del FB o del Google, y seguro de que, aunque el culo de la película
de Fellini era una obra de arte de suavidad y blancura, me van censurar la
imagen de la peli que dio lugar a mí ensoñación, y es que nos tienen a pan y
agua a los amantes de estas cosas, la sustituyo por un sucedáneo que encontré
meses atrás mientras subía camino del Cancho de los Muertos, en Pedriza. Aquí abajo está.
Y nunca mejor dicho: menos da una piedra ;-).
Espero
que, ahora que he renunciado a ese bonito culo que se me apareció en la hora de
la siesta, el espectáculo de la noche lo merezca… que mucho lo dudo. Me va a
dar grima oír al tal Casado, el personaje más ridículo que ha gestado la
corrupta derecha de este país y al que algún día la falsía de su sonrisa se le
hará tan pedazos como la de aquella otra de una tal Cifuentes; me va a dar
grima, decía, los deberes de ciudadanía obligan, aunque lo que tengamos delante
sea un tonto el culo. O voy a tener que hacer de tripas corazón para escuchar a
Naranjito, pero en fin, ya lo dije, se trata de un deber cívico. Y en esta
ocasión no hay cáscaras, el guión de la situación ni siquiera me va a permitir
poner en duda la necesidad de ir a votar, pese a que la altura personal y
política de los debatientes dejen tanto que desear.
Esto
de que una situación política tan mediocre y sin chicha ni limoná invite a un
ciudadano de a pie con la tentación de dar por perdido quasi todo, sugiriéndole
meterse en una cueva por un par de décadas, sólo se salva de momento, por la
amenaza de los bárbaros que, aprovechando ese río revuelto en que la cohesión
social del país se ha ido al carajo por obra y gracia del PP y los amaños
independentistas, están dispuestos a llevarse tras de sí, cual flautista de
Hamelin, a toda la morralla de nuestra sufrida España. Sí, los bárbaros están a
las puertas de las murallas. Que el Señor nos coja confesaos.
Cuesta
hacerse a la idea de que no haya solución para esta tierra donde vivimos y que
uno tenga que verse obligado a refugiarse en la belleza de un culo, en los versos
de Verlaine, en unas arias de Puccini o en las aventuras de Sancho y su señor
para no tener que llorar desconsoladamente ante esta realidad que atrofia la
inteligencia y pervierte la mente. Ayer leía en un tuit algunas palabras que
Fernando Savater vertía en un entrevista: “Me he divertido mucho con el
terrorismo”, aseguraba.
Esta
mañana me encontré precisamente en FB un texto de Uge García que apunta a una
indiscutible realidad que media entre la barbarie y la necesaria atención a la
comunidad. En el medio de toda esa jungla estamos cada uno de nosotros con su
propia verdad y su vida personal. Dice así su entrada:
“Y
si te digo la verdad:
Mi
bandera es mi corazón,
porque
éste si que ondea al compás de las emociones.
Mi
patria es mi piel,
porque
a través de ella siento inusitadamente cada rincón de este mundo.
Mi
libertad es mi mente.
porque
de ella extraigo los sueños de alcanzar cimas distantes.
Mi
ley es mi propia razón de ser,
porque
en ella me baso para (sobre)vivir y poder contarlo...”

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