Yo ya no soy yo
Ni mi casa es ya mi casa.
(Cancionero gitano. Lorca)
Cada vez
me acucia más la sensación que me empuja
a decirme a mi mismo en qué época vivo. Porque
seguro del todo no estoy. Disfruto, sí, nuevos descubrimientos
y técnicas pero mi espíritu no va
acorde con los tiempos que corren, me siento lejos, como si mi
tiempo, aquel en que se desenvuelve mi vida, hubiera acabado . Lo pensaba hace un par
de días subiendo a Peñalara en la oscuridad de la
noche. Ni siquiera aquella ladera de Dos Hermanas era la misma. Sí lo
era sin embargo la lejana media luna que ocupaba el cielo a mi
espalda. También sentía que yo ya no era yo, al menos
en parte. Hasta qué punto, me preguntaba, las circunstancias hacen de
uno no quien es sino otro que en ocasiones reconocemos de mala
gana y con reticencias. Y entonces soy yo y mis circunstancias o
es que acaso he dejado de ser yo.
Va, un rollo. Lo que me jodía es
que más allá de Dos Hermanas me había parecido ver la luz de alguna
linterna en la cumbre de Peñalara. ¿O eran estrellas? Vaya
leñe esta de querer estar siempre solo en las cumbres. La noche,
las estrellas, la soledad, todo para mí. Y no como sucedería tener que
vivaquear apretado entre dos gordos maleducados que apenas dieron
las buenas noches y hablaron largo y tendido como
si estuvieran en un bar y fuera difícil oírse. Eso, que yo no
pertenezco a esta época. Gente extraña habita la montaña. Sólo en
el cielo las estrellas y la luna son las mismas.
Sí, subí a dormir a Peñalara. Hacia tiempo ya que lo tenía en mente, un objetivo más en mi plan de recuperación. No estaba seguro del todo y me costó trabajo decidirme. Es cierto que “Yo ya no soy yo (Ni mi casa es ya mi casa)” pero intento hacer lo que puedo. Desde luego no fue como otras veces, respirar la soledad, conectar con otras viejas ascensiones, esa intimidad que estableces con la montaña, allá a mi espalda Cabezas de Hierro, las viejas historias de los comienzos. Ahora Guadarrama no es ya el patio trasero de mi casa, un lugar que, por mucho que me despistara subiendo en plena noche sin la linterna, es ya otra cosa. Recordaba mientras caminabas cierta vez en que pernoctando en la misma cumbre intercambiaba con Julián de Salazar alguna experiencia primera, ellos, creo que con José Luís Hurtado y otros unas navidades o fin de año pernoctando en su cumbre, creo. Son tantas las veces que he vivaqueado en esa cima, tantas las rutas de acceso, que no es errado llamarlo el patio trasero de mi casa. De mi casa aunque los vándalos de los forestales del Parque se hayan empleado a fondo en desmantelar los corralillos de vivac. De fuera vendrán y de casa nos echarán.
Recordé también a Pepe Don
Pepe que durante años subió a su cumbre el último día del año para recordar a
su esposa fallecida, incluida alguna nochevieja en que la
nieve casi enterró su tienda. Un hecho muy
especial que me conmovió cuando lo supe y que me hizo pensar en
los profundos lazos que pueden unir en ocasiones a
algunas parejas.
Existen cumbres, en que
ascender a ellas es como intentar recuperar el sabor de la
magdalena, un lejano tiempo
en que nos asomábamos a la
vida como bebés que abren los ojos a un mundo
nuevo.
Quizás todo fue bien a excepción
de la tiritona que me entró nada más llegar a la
cumbre. Creí que estaba con fiebre, era un cuadro parecido a
cuando ingresé en el hospital la última vez, un castañear de
dientes que no había forma de parar. Me costó
tiempo superarlo. Apretujado entre otros tres en el
reducido espacio del corralillo, apenas podía moverme por
miedo a molestar. Fue un vivac deslucido y sin gracia. Ya
antes del amanecer mis compañeros reemprendieron su charla de la
noche. Comprendo mal que personas que suben a vivaquear a esas
alturas tengan apenas dos dedos de frente.
Madrugaron, eso sí, y logré quedarme
solo por un buen rato. Bajando desde la
cumbre lo hice sorpresivamente ágil, pero llegué abajo
verdaderamente cansado. Es difícil saber con antelación cual va a ser el
comportamiento de mi cuerpo en futuras salidas. Ahora cada
semana añado cincuenta metros de desnivel a la semana anterior. Si pudiera
mantener este ritmo en un par de meses lo mismo ya podría subir al
Almanzor.
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