martes, 24 de marzo de 2020

Las dos España






El Chorrillo, 24 de marzo de 2020

A veces pienso que no es muy decente seguir recreando, puntualizando, escribiendo sobre la historias de este abismo frente al cual estamos viviendo estos días y que a tantos nos impulsa a escribir. Acaso, ante tanta abundancia, todo lo que uno piensa, reflexiona o escribe debería quedar guardado en las páginas de un diario cuyo destino último, como la vida, sea el fuego y las cenizas.

Abro el Twitter y la primera entrada que me encuentro es que Vox exige del gobierno que cobre de inmediato a los extranjeros la asistencia sanitaria. En estos momentos que estamos viviendo, sí. Y si no tienen dinero, se supone, que echen sus cuerpos a los contenedores de la basura. Y es que hoy recibí una larga y conciliadora carta de un amigo y, pese a que me había propuesto desconectar del todo del mundo exterior hasta al menos el día siguiente, mi impulso me pudo y no tuve más remedio que tomar el teléfono y empezar a escribir. Mientras tanto llegó la hora de la cena y tras ella, la película que nos teníamos prometido Victoria y yo para el final del día. No quise que mi impulso de seguir escribiendo la privara de la peli. Se trataba de Hasta siempre, hijo mío, de Wang Xiaoshuai (excelente, muy recomendable, está en Filmin). Tras ella mi ánimo adquirió matices de una coloración añadida. La complejidad de la vida, sus idas y venidas, el cariño, la amistad, la solidaridad, los profundos sentimientos que cada cuerpo y cada alma de los habitantes de este mundo alberga, las dificultades, los sufrimientos, el calor que mana del fondo de todo ser humano, ser humano que no sea un hijo de puta; todo ello parecía emanar en ambiguas, pero poderosas sensaciones. de la película y de la realidad que estamos viviendo. Con este estado de ánimo, y el alma reblandecida por los problemas personales que surgían de una lejana historia de una película china, me era imposible continuar la contestación de la carta a David en la misma línea conciliadora en que la había comenzado. Y me lo impedía todavía más la miserable propuesta de ese individuo, ese tal Abascal. Bajo este cielo nuestra única patria es el planeta Tierra, todos somos hijos del mismo Dios y de la misma tierra. Miserable bajeza moral. De todos modos voy a retomar la escritura de la tarde. Como con seguridad este texto se entenderá mejor si se conoce el texto de la carta que recibí, la incluyo al final de post.

Querido David,
Te agradezco tu largo escrito. Creo que encontraré el ánimo para contestarte un día de estos. Veo en tus líneas un precioso material de reflexión que en el ámbito del momento en que vivimos merecería profundizar, pero para el que me falta el ánimo en este instante. Deja que me tome tiempo y te contesto.

(No hubo lugar, los dedos me pedían una inmediata respuesta. Mi lectura quedó interrumpida en una tienda azotada por el viento y la nieve en algún lugar del País de Gales en donde una sexagenaria salía cada rato al exterior tienda para afianzar los tiros de la tienda de campaña que amenazaba salir volando. Continué con la carta).

Quizás no hayas estado al tanto de que en las redes, el Twitter en particular, estos días se había desatado una odiosa arremetida de la extrema derecha contra todo lo que se está haciendo por parte del Gobierno en relación a la pandemia; traducido en otras palabras, estaban abominablemente aprovechando estos momentos terribles para rentabilizar políticamente la pandemia. Ayer se aireó en la red una campaña para bloquear toda esta riada de desmanes que provenían de las filas de Vox (lo siento, pero hay ocasiones en que hay que poner nombre a las cosas). Cuando llegué al FB, que aparece como algo más cercano por la posible vinculación que existe entre sus usuarios, me encontré con un puñado de más de lo mismo. Decidí repartir a modo de comentario, allí donde encontraba rastros de una irresponsabilidad hiriente, ese gráfico que aparece en mi post anterior que invitaba a cerrar la boca a todo aquel que no tuviera capacidad para sumar. Lugares en donde más de uno se referían a Sánchez como El sepulturero. Una de esas entradas (y perdona que incluya aquí el nombre de nuevo) correspondía a Carlos Muñoz-Repiso). Fue en ese punto donde decidí escribir el post.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Esto era en los tiempos de Machado, ahora ya no es una España que muere, ahora es una España que cada vez, alzada por la ignorancia y las miserias del racismo más lamentable, revive en nuestros días de las cenizas del fascismo con la intención de llevarnos de nuevo a la selva y a la barbarie en donde la voracidad del neoliberalismo haría de nosotros parias al servicio del capital. Por fuerza esa es la España, con el apoyo de millones de votos, que está empezando a helarnos el corazón. Te dejo más abajo uno de los último tuits de Vox. En él dicen que para ellos la cultura es un asunto de titiriteros. Todo un mensaje, como verás en la imagen, dirigido a recoger votos entre la España rural. David, esto es una guerra y las guerras en nuestro siglo se juegan en los medios de comunicación, donde tan fácil resulta, parece, por los resultados, rentabilizar votos para la reacción y la exclusión de los más débiles.



Alabo tus buenas intenciones pero, como te decía más arriba, creo que en estos momentos es deber ineludible, deber patriótico, si quieres, desenmascarar a aquellos que quieren hacer de España un país filofascista. Creo que hay que hacer campaña para que el sentido común vuelva sus aguas al cauce de la sensatez, de manera que, por ejemplo, todos aquellos que defendían y defienden la sanidad privada se les aclare el cerebro y comprendan que la salud nunca puede ser un negocio. Que sí, que hay que nombrar a los culpables, toda la derecha española defiende este extremo, extremo del cual pende en estos momentos la vida de todos los españoles, porque si no tuviéramos la sanidad pública que tenemos (si bien tan desmantelada por el PP), dentro de unas semanas toda la población de España podría haber quedado diezmada. Se salvaría, cómo no, cierta gente privilegiada; los demás, nosotros, la plebe –ese es el ojo con que nos miran-, que nos parta un rayo.

Como comprobarás, mi escritura parece una tea ardiendo. No lo puedo evitar. Se me hace inevitable, David. La culpa no la tengo yo, encontrarme en este momento en un avión, con un motor averiado y una ala medio rota, que da vueltas y vueltas sobre las pistas del aeropuerto sin saber si voy a salir de ésta y comprobar que a bordo del mismo avión va un puñado de capullos –es un adjetivo en exceso liviano– que se dedican a criticar al piloto y a poner a parir al personal de vuelo mientras no sabemos si nos vamos a estrellar o no, es una situación de emergencia que requiere dejar ya a un lado los paños calientes y el discurso de las buenas palabras para atender plenamente a la conducción del vuelo que habría de dejarnos sobre la pista con el menor número posibles de muertos.

Son en estas situaciones donde se ve de verdad el patriotismo. En otras acaso podría suavizar mis palabras y mi indignación, pero no es el momento. Alabo la actitud del alcalde de Madrid en estos días, por ejemplo, no es cuestión de partidos o de derechas o izquierdas, pero me repugna hasta lo más hondo de mi ser que cierta gente pretenda rentabilizar el dolor de los españoles con sus críticas.
Por lo demás decirte que estoy de acuerdo con la mayor parte de tu escrito, la disposición al silencio y a la reflexión, la valentía de aceptar no haber actuado correctamente –algo que nos sucede a todos en la vida–, la necesidad del no enfrentamiento, el respeto, la aceptación del otro y sobre todo el convencimiento de tener que trabajar para hacer un país más justo alentando una convivencia digna de aquellos que tienen la conciencia de que todos vamos en el mismo barco y que no cabe y más que remar hacia adelante. Lo uno no quita lo otro. Y de la misma manera que estos días Cuba y China, los dos países demonizados por los voceros del dinero (que tanto interés tienen por su propio interés en colocarles un sanbenito como si fueran apestados), son hoy un ejemplo de solidaridad para países como España o Italia (la UE parece lavarse las manos miserablemente y Francia y Alemania acaparan material sanitario), esperemos que nuestros puntos de vista puedan algún día abrirse paso entre la niebla en que nos han sumido la actualidad para que podamos llegar a ver con más claridad el mundo en que vivimos, para que el tiempo y este tipo de drama que estamos viviendo ponga a cada uno en su sitio y podamos identificar claramente a los hijos de puta entre tanta, tantísima gente de buena voluntad, generosa, solidaria, toda esa gente dispuesta a darlo todo que vemos continuamente a millares estos días en los balcones aplaudiendo a los héroes del momento, los sanitarios y todos aquellos que andan por las carreteras y el país trabajando para que la gente de nuestra tierra salga adelante con el menor costo posible.

Terminando estas líneas me llegan fotos de toda mi familia. Unos cocinan, otros juegan con sus hijos, leen, salen a los balcones a saludar a los vecinos, a compartir experiencias y aplausos, hacen manualidades con los pequeños, bailan ¿Encontraremos en el futuro alguna vez en la vida un tiempo tan dilatado y tan rico para estar unos con otros, jugar, divertirnos, cocinar, querernos? La pandemia nos está haciendo mejores personas. Pero sin embargo fuera siguen las hienas vociferando en los medios, arrojando cantos contra el piloto del avión en el que vamos, poniendo en la picota esto o lo otro.

Cuestiones sueltas. “No veo políticos valientes que manifiesten públicamente la necesidad del encuentro y la reconciliación”. Cierto a medias, creo que lo hacen desde que cambiamos gobierno, y bastante, pese al hostigamiento de la derecha empeñada a meter a toda Cataluña en la cárcel. “¿Qué coño estamos haciendo?”, es algo que me pregunto desde que era casi un chiquillo viendo cuales son los intereses prioritarios de la gente. ¿Sabes cuál es el tema que está ahora a la cabeza en Twitter, lo que más le interesa a la gente esta noche, uno de los peores días de la pandemia? Es la una y media de la madrugada; te lo digo: algo que se llama #TierraDeNadie5. Ni idea qué sea eso de Tierra de nadie, pero tecleo para enterarme y me encuentro eso que ves más abajo. No me cansaré de decir que una parte del material humano del que dispone el país es de mediocridad de echarse a llorar. ¿Echaremos la culpa siempre a estos o los otros? Podremos disculpar a los niños, llevan unos pocos días sobre el planeta Tierra, lamentablemente consumiendo un montón de horas diarias frente al televisión, pero si nos referimos a adultos, joder, gente mayorcita, que digo yo que ya habrá tenido tiempo de habitar la cabeza vacía y madurar un poquito, ¿no?, educarse, pensar, analizar. Me niego a creer que la mayoría de la gente que ve determinados programas de televisión utilice mucho la cabeza para pensar. Como estamos tú y yo solos y nadie nos va a oír, me abstengo de andar con paños calientes. Este estado de cosas afecta y mucho no sólo al resultado de unas elecciones, también a la responsabilidad frente a la situación que vivimos.



Esto es muy largo y con mucha probabilidad aparte de tú y yo poca gente va a leer tanta escritura, algo que naturalmente ya sabes… así que permíteme que continúe charlando contigo un minuto más, que bien conoces que siempre será un placer, placer por lo que me induces a pensar y porque dialogar con una persona como tú abierta a desbrozar el campo para poder ver mejor el conjunto de la realidad, es siempre un placer. Las monjas. Yo tengo mi particular teoría sobre las monjas. Leí bastante a Santa Teresa de Jesús y por ello sé de qué hablo. “Mi reino no es de este mundo”, aseguraba Jesús. Y no siendo su reino de este mundo, aquellos que viven en otro mundo, si de verdad son religiosas, tienen una mayor facilidad para alcanzar cierta plenitud, aunque ésta, desde mi punto de vista sea a nivel de una especie de autoinducción psicológica. Los sadhus del Himalaya, los santones del taoísmo, viven un “sin vivir en mí” que dichosos ellos. Ni mejoros ni peores, creo yo. Una de tantas opciones en la vida, pero que acaso sí pueden invitarnos a desarrollar actitudes de recogimiento y meditación a las que a nosotros nos resulta más difícil acceder rodeados como estamos de ese mundanal ruido que ponía en verso fray Luis de León.

Son las dos de la madrugada. Sí, ya me he pasado unos cuantos pueblos. Otro día seguimos David. 
Un abrazo

·      *  * *
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Transcribo sin más la carta de David a continuación:
Alberto:
Tengo ganas de escribir, llevo unos días y voy a aprovechar tu muro para hacerlo.
Como siempre, el teclear directamente en el teléfono y no sobre el teclado de un ordenador, que siempre te aporta algo más de visión de lo que se escribe, me hace preguntarme si seré capaz, sin extenderme mucho, de escribir lo que siento y pienso.
En estos días, creo que las personas que mejor llevan esta situación de no poder salir son mis vecinas las monjas, hacen lo que a diario suelen hacer sin salir de su convento, un misterio no resuelto para mi que me hace preguntarme qué potencia o qué fuerza está detrás de todo ello para siendo una persona joven, conociendo "mundo", se tome la decisión de vivir apartado de él, decisión que me cuesta entender pero que tal vez en estos días, puedo llegar a estar un poco más cerca de entenderlo, aunque esto será un tema para otro día.
Estos días, donde curiosamente, tras preparar las clases y los videos para los niños y hacer ejercicio en el pasillo tengo más tiempo, curiosamente estoy haciendo mucho menos uso tanto de Internet como de la TV, por el contrario, he incrementado las horas dedicadas al dibujo y a algo que si tuviera que resumirlo en una sola palabra lo llamaría oración, que no es otra cosa para mí que el ejercicio interno que mezcla la predisposición al silencio y a la reflexión desde una base de persona creyente.
Un rato al día, como hacemos casi todos, doy un repaso al Facebook, suelo ir bajando hasta unos 20 o 30 post, luego ya me canso y no sigo...
He de decir que tras unos primeros días de cierto respeto, creo que como sociedad volvemos a actuar mal y volvemos al enfrentamiento...
El día día 11 de marzo tuve que suspender una carrera que llevaba organizando desde el mes de noviembre y que se iba a celebrar el día 13, carrera a la que acudían atletas de casi todas las comunidades españolas que iban a correr 42 kms en un circuito cerrado de la ciudad de Toledo. La responsabilidad de tomar la decisión de la suspensión no es sencilla, había transportes contratados, noches de hotel, inscripciones y seguros pagados, un proyecto en Perú que atender con los fondos obtenidos y el trabajo de un equipo durante muchos meses... No me gustaría estar en la piel de quien tiene que tomar decisiones para un país de 40 y pico millones de personas donde intervienen factores sanitarios, económicos, sociales... Debe de ser muy difícil acertar y contentar a todo el mundo...
Alberto, sin entrar en cómo se está haciendo la gestión de esta monumental crisis, ya que ni soy un experto sanitario, ni economista, ni científico, sí veo claro que como sociedad estamos fallando en el momento que estamos esperando el más mínimo matiz para desencadenar el desencuentro y la desunión, situación en la que yo de manera puntual en otros temas también he alimentado con alguno de mis post, pero que me parece un error del cual yo también me considero culpable.
Estos días de atrás acababa de leer unos escritos de la guerra civil avalados por Paul Preston. Me interesaba indagar sobre las causas que dieron pie a que se produjera un golpe de estado a un gobierno elegido democráticamente... Causas desde el punto de vista del que lo recibe y causas desde la visión del que lo provoca..
Busco un paralelismo con nuestra sociedad actual y sigo encontrando dos frentes que no me gustan, dos frentes que buscan la mínima fisura para hacerse daño y lo llevo cada vez peor.
No veo políticos valientes que manifiesten públicamente la necesidad del encuentro y la reconciliación, así se lo hice saber por carta a un aspirante a cargo público municipal por impulsar un acto público en el que bajo mi opinión trataba de enfrentar a la población
Valorando las cosas desde el silencio que estos días conscientemente busco me pregunto, qué coño estamos haciendo, qué es lo realmente importante y me surgen respuestas muy rudimentarias y sencillas, poco sofisticadas... pero que confluyen en puntos de entendimiento, de aceptación, de que tiene que existir gente con distintos criterios pero donde tendría que predominar algo tan básico y tan humano como es el respeto y la aceptación, algo tan humano y natural y en cuya línea admito que a veces no he estafó a la altura pero sí y cada vez más, veo necesario hacerlo como camino válido para que la sociedad se vaya ablandando en cuanto a planteamientos excluyentes y ganemos en humanidad.
Creo que en este momento puntual, debemos hacer un acto de confianza en la gestión del gobierno que ahora está intentando resolver esta complicada situación. Nuestro cometido principal es hacer lo que se nos ha indicado que no es otra cosa que quedarnos en casa para evitar la propagación.
Por mi parte, y desde una visión muy personal, evitaría el continuo azote, tanto de un lado como de otro, nos deshumaniza, crea muros, falta de entendimiento, capacidad para ponerse en la piel del otro.
En lo tocante a lo personal, dejando a un lado la preocupación que tengo por las consecuencias que esto va a traer en gente cercana, he de decir que estoy viviendo esta situación con mucha calma y que se me perdone la expresión, pero con cierta esperanza y alegría internas. Tengo preocupación por mi trabajo¿... Si... Pero a la vez mucha confianza en la fuerza de la vida... Semanalmente envio un par de videos a mis chicos donde intento que más que hagan "deberes", aprovechen esta situación para ahondar en sus aficiones, en fortalecer sus raíces familiares y en transmitirles que dentro de una habitación también se pueden encontrar motivos que nos acerquen a cierta comodidad interior, no me atrevo a emplear el término felicidad...
Manifestarte que siempre es un gusto leerte y como me creo en posesión de cierta confianza, cogería un rotulador negro y borraría de tu escrito el término "facherio" y del mis escritos el término "coletas" que creo que algún día llegué a utilizar.


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