Plaza del ayuntamiento de Serranillos del Valle. Una corporación
municipal anterior sustituyó el encanto de esta arquitectura típica de la zona
por una nada coherente componenda “moderna”: ¡paciencia!
El Chorrillo, 21 de marzo de 2020
¿Os imagináis un pueblo grande como Madrid en
donde en las circunstancias que vivimos el alcalde agarrara la megafonía, la
corneta del alguacil, esa que se chiflaba antiguamente por las calles para anunciar
el bando municipal con aquello de: “de parte del señor alcalde se hace saber…”
y, marchando calle por calle, se pusiera a recrearnos, megafonía en mano, con
las músicas pachangueras más alegres de la temporada a fin de mantener a los
vecinos con el ánimo en alto? Ni de coña me imagino a Almeida, pese a lo bien
que se está portando estos días, en esta tesitura; pero bueno, es el caso que
Madrid es demasiado grande y ni la corneta del alguacil ni la megafonía del
señor alcalde por mucho que se esforzaran podría llegar muy lejos, así que en
vez de imaginar una ciudad grande propongo trasladar la idea, que no es mía, a,
por ejemplo, las calles de mi pueblo. Vamos, que lo que por mi magín no hubiera
pasado nunca fue la fiesta que el edil de nuestra localidad, acompañado por un
concejal, se montaron recorriendo las calles de la localidad.
Esta gente de la corporación municipal de
Serranillos del Valle, estamos al sur de Madrid, más allá de Fuenlabrada,
aunque a veces se compra un juguete, un camión pluma, por ejemplo, para cambiar
las bombillas del alumbrado público :-), tarea que podrían haber solicitado al
Principito, que fue farolero en uno de los planetas que visitaba y que habría
hecho el servicio gratuitamente; aunque a veces se compra un juguete, decía,
mientras yo para llegar a mi casa en días de lluvia casi tengo que ir remando
en barca, la verdad es que está resultando un equipo notoriamente competente a
la cabeza del cual tienen un alcalde que se pone el mundo por montera y que en
estos días fomenta actos encomiables de empatía y solidaridad entre los vecinos
destinados a facilitar ayuda a los grupos de personas más vulnerables, amén de
prestarse a poner a disposición de los vecinos medios para en lo posible
sobrellevar mejor este trance que vivimos.
Anoche, poco antes de irme a la cama, fue
cuando di accidentalmente con el video en el que Iván y Diego, alcalde y
concejal de servicios generales, con un humor envidiable se habían paseado por
las calles del pueblo animando con música el confinamiento de los vecinos.
Joder, la verdad es que me alegró el final del día. Esa sensación que tantas
veces tenemos de que el mundo no tiene solución dada la gente loca que se
dedica a cabalgar sobre los lomos de los otros, a acumular pasta para la cuarta
o quinta reencarnación o a perder el norte lejos de los intereses esenciales;
¿qué intereses?, sí, todos esos que estamos descubriendo en estos días de
confinamiento y que acaso habíamos olvidado tan enfrascados como estábamos en…
¿en qué?; descubrir de repente el contacto con la familia, el apego de los
amigos, el valor de la vida… ¡qué maravilla frente a ese tráfago de actividad
que nos deja sin tiempo para pensar, para el ocio o para descubrir que acaso
podríamos trabajar algo menos, tener algo menos también y disponer de más
tiempo para nuestro hijo, nuestra pareja, los amigos!; esa sensación, decía,
cuando veía a Iván y a Diego soltando la traca de la música y saludando a los
vecinos asomados a la ventana, sí, no vaya a ser que pierda el hilo, de que
quién sabe si después de esta pandemia de verdad podamos volver a ser mucho
mejores personas que tiempo atrás, más divertidos, más solidarios, más
comunicativos con nuestros vecinos, más comprensivos con aquellos con los que
disentimos. Antes de irme a la cama les mandé un comentario: hoy me duermo con
una sonrisa en los labios, les decía, gracias .
De todos modos ya podéis imaginaros que, tras
la faena de un acto tan sencillo no iba a faltar esa clase de agoreros que se dedican a poner la “i” a las haches echándole la bronca al alcalde porque iban dos en un coche
o porque la mascarilla etcétera etcétera. Siempre hay gente que siente un
impulso irrefrenable por buscarle cinco pies al gato y que no sabrá nunca
entender lo que son las prioridades.
Ayer recibí un video que inmediatamente subí
a mi Diario de un confinado. Con gestores como los de este ayuntamiento
sí cabe la esperanza, esa que se sugería allí en un italiano con tintes
apocalípticos, de que podamos escuchar esa voz del virus del post de ayer, que
parecía estar hablándonos en clave para empujarnos a buscar en el futuro
inmediato el camino hacia una convivencia más estrecha, fraternal y
constructiva. El clima de convivencia que la corporación municipal puede llegar
a crear con sus iniciativas, unidas al apoyo de la buena voluntad de vecinos
como los que aparecían ayer en los comentarios aplaudiendo aquel gesto, es tan
alentador como para que uno pueda estar satisfecho de vivir donde vive y junto
a quien vive.
Esto parecía decir el virus ayer:
“¿Me escucharás ahora?
No soy un enemigo,
soy un mero mensajero,
soy un aliado,
soy una fuerza que traerá el equilibrio, la reflexión, el cambio.
Parad, callad, escuchad”.
Era la voz que nos invitaba a meditar y a
considerar los errores que nuestra manera de vivir arrastra. No sería difícil
que tras esto pudiéramos parodiar la voz de Labordeta con aquello de habrá un
día en que todos al levantar la vista veamos una tierra mucho más habitable y
cordial.

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