El Chorrillo, 26 de septiembre de 2019
Esta mañana, después del
desayuno, iba a preparar la mochila para marcharme a la Pedriza cuando, echando
una ojeada al FB me encontré una de esas cosas que repugna a cualquier ciudadano
que esté al tanto de cómo funcionan los medios de comunicación y sepa quiénes
son sus dueños y sus intereses. Tuve que dejar el macuto a un lado y tomar la
máquina de juntar palabras para calmar un poco mi indignación. Y es que junto a
los males que pueblan el mundo los escépticos de mierda son legión, corrosivos
lo suficiente como para destruir cualquier salvavidas que nos pueda mantener a
flote. Somos tan gilipollas que cuando vemos asomar una pequeña esperanza en el
horizonte nos empleamos a fondo para hundirla en un pozo de inmundicia. Así es la
naturaleza de muchas almas en este puñetero baile de máscaras... toda una
lástima para echarse a llorar. Creo que me voy a atrever a poner aquí un par de
ejemplos para mostrar algo de lo que estoy hablando. Y que me perdone la brusquedad
alguno de los que comentó la noticia en FB a la que me voy a referir.
El asunto: una muchacha de
dieciséis años aflora en el panorama calamitoso del calentamiento global
como un ariete con que cambiar la conciencia de los políticos de este planeta.
Los medios van recogiendo esta inesperada irrupción juvenil, casi una niña
todavía, con admiración. Sus actos en pro del cambio climático saltan a la
prensa y su nombre se hace viral en todo el mundo. La vemos enfurruñada con uno
de los principales responsables del planeta, el payaso Donald Trump, que hace
oídos sordos para parar el desastre climático que se avecina, y cuyas
principales perjudicadas van a ser las generaciones siguientes; la escuchamos dirigirse
en la ONU a los dirigentes de este mundo clamando por el derecho a la
supervivencia futura; la encontramos liderando grandes manifestaciones contra
el cambio climático. Se ha convertido en un referente para todo aquel que ama
este hermoso planeta en que vivimos y desea preservarlo de la codicia que sustenta
una economía dispuesta a esquilmarlo hasta sus raíces más profundas.
La reacción. La mayoría de los comentaristas de la entrada a la que me refuero entiende que el diario que lo publica es un diario facha; otra piensa que ojalá fuera posible lucrarse con una economía verde, o usan el imperativo diciendo: “Cuidaros
de cuidar el entorno y empezar a cambiar las cosas, poco a poco y sin pausa y…¡yastá!”, o hablan del miedo de los
poderosos a la transformación ecológica, o una mujer afirma que si Greta consigue que nos pongamos las pilas, bienvenida sea.
Pero, amigo, tras todos estos comentarios que expresan una lógica de cajón, un “erudito” en literatura inglesa exhibe a Shakespeare, como perla de su sapiencia, con aquello de “algo huele mal en Dinamarca”. Casi me dio un ataque de risa cuando vi citar a Shakespeare en este contexto, pero, bueno, conociendo la tela que tenía delante no era de extrañar. Su comentario no tiene desperdicio: “Desde el principio me he preguntado quién era esta niña para con su corta edad tener acceso a tooodos los grandes foros mundiales. Desde luego otros muchos luchadores de causas justas no lo tienen... y, como decía Shakespeare, eso hace que algo huele a podrido en Dinamarca". Cómo vamos a ser capaces de construir un mundo mejor si cada vez que vemos asomar un hilo de esperanza en este desgraciado mundo la transformamos en un huele a podrido en Dinamarca. La brillantísima conclusión que saca este comentarista como consecuencia de la repercusión mundial de la actividad medioambiental de esta niña obviamente pertenece a una patología fácil de clasificar. Quizás lo único que deseaba expresar era que sus amiguetes conocieran su parentesco con Shakespeare y metió con calzador la cita en ese lugar, en cuyo caso podríamos perdonarle el desliz… quién sabe.
Pero, amigo, tras todos estos comentarios que expresan una lógica de cajón, un “erudito” en literatura inglesa exhibe a Shakespeare, como perla de su sapiencia, con aquello de “algo huele mal en Dinamarca”. Casi me dio un ataque de risa cuando vi citar a Shakespeare en este contexto, pero, bueno, conociendo la tela que tenía delante no era de extrañar. Su comentario no tiene desperdicio: “Desde el principio me he preguntado quién era esta niña para con su corta edad tener acceso a tooodos los grandes foros mundiales. Desde luego otros muchos luchadores de causas justas no lo tienen... y, como decía Shakespeare, eso hace que algo huele a podrido en Dinamarca". Cómo vamos a ser capaces de construir un mundo mejor si cada vez que vemos asomar un hilo de esperanza en este desgraciado mundo la transformamos en un huele a podrido en Dinamarca. La brillantísima conclusión que saca este comentarista como consecuencia de la repercusión mundial de la actividad medioambiental de esta niña obviamente pertenece a una patología fácil de clasificar. Quizás lo único que deseaba expresar era que sus amiguetes conocieran su parentesco con Shakespeare y metió con calzador la cita en ese lugar, en cuyo caso podríamos perdonarle el desliz… quién sabe.
También hay en esa entrada
del FB alguien que, tan pesimista como yo, manifiesta: “Todo está podrido y
corrompido, no puedes fiarte de nada ni nadie...”. Siempre hay intereses de las
grandes empresas o de políticos corruptos, añade. Muy cierto. Pero no podemos
cerrar las puertas a toda esperanza, es necesario, aunque sólo sea por simple
instinto de supervivencia, no perder la esperanza ni las ganas por transformar
a mejor este mundo que habitamos. Sí, aquel famoso discurso de Martin
Luther King: "I Have a Dream".
Yo tengo un sueño. El día en que dejemos
de soñar nos habremos convertido en unos cadáveres.
Ahora sí, ahora ya puedo
seguir haciendo mi macuto y marcharme tranquilamente a la Pedriza.

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