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| "La ONU califica de crimen de guerra la masacre israelí de Gaza" |
El Chorrillo, 22 de septiembre de 2019
Anoche, en la cabecera de mi
página del FB, aparecía una noticia de OKDiario que recogía una asociación
prosemita autodenominada Por la paz, apoya a Israel. La noticia alababa la política de Israel y arremetía contra Kichi,
el alcalde de Cádiz, acusándole de promover el odio contra Israel. La entrada,
que debía de haber saltado a las redes pocos minutos antes (es muy probable que después de OKDiario hubiera recibido su estipendio de la Embajada de Israel en Madrid), ya tenía una
larguísima colección de comentarios, todos, todos, de un numeroso rebaño de
borregos que alababan a Israel y tachaban a Kichi como una bestia antihumana
(aquí). En la parte alta, aunque en letras pequeñas, se podía leer
claramente la palabra “publicidad”. Más abajo en la página de FB se insertaba
una noticia de El País que hablaba de la inconmensurable cantidad de dinero que
se habían gastado dos de los mayores multimillonarios del mundo en propaganda
soterrada en los medios para torcer cualquier posibilidad de que se modificaran
los criterios con que se establecen los impuestos en Estados Unidos, que obviamente juegan a su favor.
La inaudita capacidad que tiene el dinero y el poder para conducir la opinión pública a respaldar todo lo que pueda seguir nutriendo los intereses de los “grandes”, a punto de convertir, por ejemplo, las masacres de Israel sobre los palestinos en un acto relevante de paz capaz de hacerles tener acceso al premio Nóbel de la Paz, recordemos que ya la academia sueca le concedió este premio a uno de los seres más inicuos de la historia moderna, Kissinger, o para conseguir el respaldo de la población en los crímenes más horribles, ese millón y medio de muertos en Irak es un ejemplo de tantos, o para reconducir los votos de los ciudadanos hacia partidos que van a trabajar en contra de sus propios intereses; esa inaudita capacidad de confusión para convertir media humanidad en borregos enfermos además son utilizados para balar en las redes cualquier consigna que les venga de arriba, es una de las cosas más deprimentes que una persona inteligente y con un mediano sentido crítico puede contemplar en estos tiempos que corren. Mire cualquiera que tenga la cabeza sobre los hombros, por ejemplo, esa página que mencionaba más arriba sobre la defensa que hacen algunos comentaristas de las bondades de Israel y la demonización de los que le atacan para entender de cerca de qué hablo. Y es que es así, podemos jugar a un trabalenguas: el mundo está emborregado, quien lo desemborregará, el desemborregador que lo desemborregare buen desemborregador será. Asunto imposible dado el gran desequilibrio que existe entre el número de los emborregados y la gente con sentido crítico y con ganas y posibilidades de analizar la realidad con una cierta objetividad.
La inaudita capacidad que tiene el dinero y el poder para conducir la opinión pública a respaldar todo lo que pueda seguir nutriendo los intereses de los “grandes”, a punto de convertir, por ejemplo, las masacres de Israel sobre los palestinos en un acto relevante de paz capaz de hacerles tener acceso al premio Nóbel de la Paz, recordemos que ya la academia sueca le concedió este premio a uno de los seres más inicuos de la historia moderna, Kissinger, o para conseguir el respaldo de la población en los crímenes más horribles, ese millón y medio de muertos en Irak es un ejemplo de tantos, o para reconducir los votos de los ciudadanos hacia partidos que van a trabajar en contra de sus propios intereses; esa inaudita capacidad de confusión para convertir media humanidad en borregos enfermos además son utilizados para balar en las redes cualquier consigna que les venga de arriba, es una de las cosas más deprimentes que una persona inteligente y con un mediano sentido crítico puede contemplar en estos tiempos que corren. Mire cualquiera que tenga la cabeza sobre los hombros, por ejemplo, esa página que mencionaba más arriba sobre la defensa que hacen algunos comentaristas de las bondades de Israel y la demonización de los que le atacan para entender de cerca de qué hablo. Y es que es así, podemos jugar a un trabalenguas: el mundo está emborregado, quien lo desemborregará, el desemborregador que lo desemborregare buen desemborregador será. Asunto imposible dado el gran desequilibrio que existe entre el número de los emborregados y la gente con sentido crítico y con ganas y posibilidades de analizar la realidad con una cierta objetividad.
En los años setenta había
libros sumamente instructivos que trataban de abrirse paso en este universo
borreguil que había creado piedra a piedra el franquismo desde el mismo
instante que consumó el magnicidio sobre la población de este país a través de
las armas. Uno de ellos, que no había forma de conseguir más que en fotocopias
que circulaban por ahí a través de aquellos que ejercían la Resistencia al
poder hegemónico, era Pedagogía del
oprimido, de Paulo Freire. La metodología de Freire, que yo utilicé
ampliamente en la alfabetización de gitanos en el Cerro de la Mica, de Madrid,
la actual zona de Laguna, tenía un enfoque proverbialmente fructífero. Una parte
importante de su metodología se basaba en actos muy simples. Si se trataba de
enseñarles a leer y escribir se mostraba al grupo, por ejemplo, imágenes de su
entorno vital inmediato, una choza, podría servir. A partir de esas imágenes se
iniciaba un debate dirigido a que todos los participantes tomaran conciencia de
su situación, la relacionaran con otras diferentes; se trataba de vertebrar a
través esa palabra “choza” la compleja problemática de sus propias vidas y las
de su entorno. Esa palabra terminaba por adquirir una fuerza relevante y
significativa cuya grafía permanecía en grandes caracteres sobre un pizarrón y
servía junto a la toma de conciencia como primer eslabón en el conocimiento de
la lengua. Otros eslabones y palabras significativas se iban añadiendo hasta
conformar un mundo donde el aprendizaje de la lectura y la escritura era algo
mucho más complejo y rico que el simple aprendizaje de una técnica. No se puede
en tan pocas líneas dar muchos más detalles.
Una metodología similar la
utilizábamos al mismo tiempo en grupos de scouts y gente joven en aquellos
tiempos. Una vez elegido el tema o asunto a discutir por el grupo, los
organizadores tomaban imágenes relacionadas con el mismo, ya fuera por
semejanza o por contraste. Si alguien se hubiera propuesto el empeño de curar
la ignorancia, o los intereses perversos que pueden esconder los comentaristas
a los que me refiero más arriba, quizás, una vez reunidos todos estos
comentaristas en una sala, se les pudiera haber mostrado imágenes de los campos
de exterminio donde los nazis incineraban a los judíos, imágenes de exterminio de
los palestinos por los israelitas, cualquiera de toda esa continuidad de
barbaridades que perpetran con la población palestina desde décadas atrás. De
un debate sosegado con un moderador neutral probablemente habría salido algo
diferente a esos descerebrados comentarios que la ignorancia y la precipitación
esparcen con tanta frecuencia por las redes sociales. Esos idiotas de turno, de
los que habla Umberto Eco, a los que la existencia de Internet les ha hecho
pasar de tonto del pueblo a activos y creídos comentaristas en Twitter o
Facebook, quizás tuvieran cura participando en debates y discusiones donde los
asuntos se pudieran analizar con sosiego. Así pasarían de ser domesticados
borregos al servicio de intereses inconfesables a convertirse en personas
dignas de respeto capaces de contribuir a crear un mundo más justo.


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