viernes, 10 de julio de 2026

Para Guille: Recuerdos de otros tiempos.

 



Hospital Montepríncipe, 10 de julio de 2026

¿Le apetece una infusión o una bebida de naranja, piña o limón?, me dice la enfermera que acaba de entrar en la habitación. Así me despertaron de la siesta. 

Ahora toca usar la escritura como si fuera una ruleta en donde buscas algún tipo de suerte. Andar de acá para allá con la idea de que de bóbilis bóbilis surgirá algo.

Podría escribir los versos más tristes esta noche, pero no, no. Esta tarde soy John Silver, el cojo de pata de palo que camina pesadamente sobre la cubierta mientras bajo el piso Jim Hawkins oye aquellos inquietante pasos. Más bien soy John Silver y Jim Hawkins a la vez. Son mis propios pasos los que me inquietan. Es la hora de la siesta y los pasillos del hospital están en absoluto silencio. He caminado tantas veces el pasillo arriba y abajo que algún enfermo se ha asomado a la puerta a ver de qué se trataba. 

Ayer había dado un importante salto caminando hasta hora y media en mi ruta habitual, hice una pequeña parada intermedia en la que deposité comida y agua para los pájaros e hice un poco de meditación, alargando a continuación en una hora mi paseo. Estaba pletórico después de andar hora y media sin dificultad, pero después de la comida me sentí mal y una ambulancia tuvo que venir a buscarme. 

Ahora, cómo no quiero perder esa poca forma que venía adquiriendo, uso los pasillos del hospital como lugar de paseo. Me desperté de la siesta, me tomé el zumo y eché a caminar durante media hora. Recordé enseguida una ocasión en que llevé a mis alumnos a pasar unos días a la sierra de Guadarrma. Nos instalamos en un albergue, que pronto lo convertimos en el comienzo de una curiosa aventura. Leíamos a ratos La isla del tesoro y también La tierra de Alvargonzález. Con aquellos ingredientes monté una aventura con la ayuda de un médico que paraba en la residencia que se prestó a hacer de doctor David Livesey. Explotamos la laguna de Peñalara como la Laguna Negra de Urbión y tomamos un riachuelo como la fuente en donde Juan y Martín asesinaron a su padre Alvargonzález. Si recordáis la historia los hijos tiran el cadáver en la laguna Negra, en nuestro caso, la laguna de Peñalara. Y allí precisamente les leí la historia de Alvargonzález. 

Ni qué decir que muchos de mis alumnos aquella noche tuvieron sueños turbulentos, más pensando que durante la noche en la residencia en algún momento recorrí el exterior de los camarotes imitando los pasos de John Silver sobre la cubierta del barco. 

Caminar largamente por los pasillos del hospital espero que se convierta, eso si no me meten en quirófano un vez más, en una vuelta a leer a Stevenson que tanto tiempo lleva abandonado. 

 

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