miércoles, 24 de junio de 2026

Aquellos veranos…


 


24/06/2026

Observo el bamboleo de la copa de los olmos. Su movimiento tiene algo de la solemnidad de las grandes olas del Cantábrico. Una luz centelleante envuelve la parcela en esta hora de final de siesta. Las cigarras, incansables, monótonas, lanzan constantemente su declaración de amor en la hora más calurosa del día. Me entero de que son animales de sangre fría a los que las altas temperaturas su organismo responde mejor. Canta, canta todo lo alto que puedas y así conseguirás que alguna hembra se fije en ti. Qué sed de “amor” la de estas criaturas, precisamente en una hora en que los humanos sólo pensamos en tener un buen ventilador o un chorro de aire acondicionado cerca.  

Y me vienen inevitablemente a la memoria aquellos versos de Manuel Machado que aparecieron en mi blog de los caminos más de una vez cuando el calor fuera en algunos grandes GRs de España, o incluso en los Alpes, los senderos descendían al fondo de los valles.  

El ciego sol, la sed y la fatiga. 

Por la terrible estepa castellana, 

…  

—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga. 

 

Qué fuerza la mía en aquellos veranos de cruzar el sur y el este de España caminando, ese GR7 que desde Tarifa llega a Andorra. Empecé aquel camino en abril, pero lo más penoso lo recorrí en pleno verano. ¡Con qué gran cariño recuerdo ese itinerario!  

Aquellos veranos… Y hago una pausa y alcanzo sobre mi cabeza el libro de gran formato que recoge mi diario de aquellos meses de camino. Fantástica trotada de sur a norte de nuestro país la de aquel año. Y me recreo leyendo aquí y allá. También yo confieso que he vivido 

 Me pregunto si será posible volver a recorrer alguna de esas grandes rutas que cruzan España en el próximo otoño. El sabor de la magdalena viene a mí como una promesa. Acaso, quizás.  

Ahora miro por la ventana de nuevo, vuelvo a observar el vaivén de las copas de los árboles, a escuchar a las cigarras envuelta su música en el runrún del ventilador próximo. Me voy por peteneras. Querría expresar  esas intuiciones que atraviesan de tanto en tanto mi cerebro, la concepción de una realidad que circulando por tu pensamiento no encuentra modo de ser expresada. Esa realidad que se presenta tras tus ojos cerrados como la sustancia que anima la vida, río profundo que fluye en tu interior cuando tratas de comprender, inaprensible, no sujeto a razón.  

El sonido persistente de las cigarras envuelve los alrededores de mi cabaña, sí, como tantas veces en mis trotadas por los senderos de España. Olivares y pinares que acogieron mis siestas como un alivio hasta la hora en que caminar bajo los rayos del sol, ya cerca del atardecer, volvía a ser posible. 

 

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario