domingo, 17 de mayo de 2026

¿Tierra de leones?


Hospital Montepríncipe, 17 se mayo de 2026

¿Por qué me habré acordado yo esta mañana de “Los seres queridos”, la novela de Evelyn Waugh?, una feroz sátira del mundo funerario estadounidense. El muerto al hoyo y el vivo al boyo. Empecé por pensar en nuestro sistema límbico, que creo que es aquel que contribuye a crear nexos relacionales y afectivos entre los seres vivos superiores. Las tortugas entierran sus huevos bajo la arena de la playa, y si te he visto no me acuerdo. Allá te las apañes.

Yo no tengo ni idea de dónde han salido mis sentimiento, mi visión de la vida, esas cosas, pero sospecho que desde que los sapiens se incorporaron a la carrera de la evolución sus mentes se han embarullado de tal modo que creo que una buena parte de la humanidad se ha hecho un enorme lío, viven entre una espesa niebla tal de hacerles caminar erráticos por los senderos de la vida. Vivir a salto de mata, observar constantemente los números de tu cuenta corriente, pisar a unos y a otros para llegar los primeros.

Ver la vida desde perspectivas diferentes, una pareja de ochenta años que me encuentro en los Alpes cogidos de la mano, otra persona de la misma edad, que la va a palmar casi ya mismo como cualquier hijo de vecino, digamos un tal Trump, una persona que ha dedicado en algún rincón del mundo a ayudar a los demás la mayoría de los años de su vida.

Recuerdo que leer hace muchos años a Evelyn Waugh me producía escalofrío, ese mundo funerario estadounidense, el sofisticado maquillaje de los cadáveres, el embalsamiento… en fin, la comercialización sentimental de la muerte.

Soy de los que piensan en la necesidad de cerrar los ojos con cierta frecuencia para, recogida la mente en sí misma, alcanzar ciertos retazos de claridad interior. El mundo, las pasiones, las circunstancias que nos acompañan durante la vida son en exceso complejas como para teniendo una buena parte de ellas en mente podamos sacar algo en claro, de modo que al final lo que suele suceder es que quedemos de algún modo en manos de las pasiones o sus compinches. En absoluto pienso en que la gente en general conduzca sus vidas o sus pasiones, más bien pienso que son estas últimas las que pueden llegar a dominarnos a poco que nos descuidemos. Piénsese sin más en el Psicópata de Trump y todos los que dedican la vida a hacer dinero o conseguir poder. Aquel cuento del pastor al que interroga un ricachón que quiere hacerle millonario y cuyas respuestas son siempre las mismas ‘paqué?. Piénsese en aquello que afirmaba Freud de que el yo no es dueño de su propia casa, lo que sugiere que vivimos atravesados por impulsos —amor, miedo, resentimiento, deseo, ambición— que a veces organizan nuestra vida entera sin pedir permiso. Vamos, que podemos vivir sin enterarnos porque todas esas pasiones, etcétera, nos llevan del dogal sin que nos enteremos.

¡Y me pregunto qué coño tendrá que ver aquello de Evelyn Waugh con todo lo que sigue! Y a lo mejor sí tiene qué ver. Si el Todo tiene que ver con el Todo seguro que alguna relación tiene que tener. Si me leyera aquí el amigo Álvaro (no lo veo desde que abandoné el Face), diría que qué paja mental me estoy haciendo. (Sí, de vez en cuando echo de menos a tantos amigos que quedaron atrás tras mi resolución de abandonar las redes).

Usa el amigo Muñiz en un comentario a mi post de ayer la expresión “un motor que comienza a rugir con fuerza” (el mío...). La hipérbole hace temblar mis piernas porque me hace la ilusión verme dentro de poco encontrarme caminando por mis amados veranos pataleando Alpes. Pero no hay cuidado, que tal agua no lloverá). De lo primero que me acordé al leerlo fue del león de la Metro-Goldwyn-Mayer. Todavía me recuerdo de niño cuando veía mis primeras películas de aquel magnífico rugido. Los leones siempre han sido expresión gráfico de la fuerza de la Naturaleza. Ya que estamos con leones vuelvo a recordar aquí aquel pensamiento budista que nos recuerda Alant Whatt: “Vive como un león, toma tu sake y muere como un león”. Sí, me he metido en tierra de leones.

Creo que estoy empezando a perder el hilo, así que mejor me voy con Mario a tomar el sol en la terraza. Esto que he es escrito hoy, por incoherente que sea, me recuerda alguno de mis maratones en el que subir el repecho desde el Manzanares hasta la meta cerca de Cibeles, era casi como jugársela con la Parca.

Fuera de eso me siento francamente bien. Ciao!


1 comentario:

  1. "¿Por qué me habré acordado yo esta mañana de los seres queridos?". Fácil: en el post de ayer mismo glosabas tu relación con Antonio Montes y la impresión y tristeza que te produjo su repentina partida.
    Visto y leído el maratón mental que te has pegado con el post de hoy, me alegra saber que, a pesar de tanta reflexión, lo más importante para todos, pero especialmente para ti, es tu despedida.
    "Fuera de eso, me siento francamente bien".

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