domingo, 15 de septiembre de 2019

La irresponsabilidad de Sánchez y sus conmilitones




EL Chorrillo, 16 de septiembre de 2019


Esta tarde quise responder a unos amigos en un comentario en FB a una entrada sobre las responsabilidades del PSOE en lo que está sucediendo con la Investidura. Ellos hablaban esencialmente del egocentrismo de Sánchez e Iglesias y quise matizar mi desacuerdo brevemente, pero como mi inteligencia no da para encerrar en un corto comentario de las redes lo que quería decir, tuve que recurrir a mi blog para explicarme.

El artículo a que dieron lugar los comentarios es éste.

A mí me parece que las cosas van mucho más allá de ese egocentrismo particular de ambos a que se referían mis amigos, aunque en este conflicto institucional que vivimos esos ingredientes no estén ausentes. Creo que, al margen de los actores que ocupan a diario las portadas de los periódicos desde el mes de junio, Sánchez e Iglesias en esencia, infravaloramos la fuerza de los "poderes ocultos" que están entre las bambalinas manejando los hilos del cotarro. No tiene otra explicación este absurdo de nuevas elecciones para volver a lo mismo a no ser que haya una oculta y complicada maniobra que haga desaparecer del tablero a Podemos. ¿De qué otro modo piensan construir una mayoría, sin Podemos, que haga posible la Investidura en una segunda votación? Es tan absurda la propuesta de nuevas elecciones para llegar a lo mismo que no cabe otro supuesto tan paradójico como absurdo, que aspiren a… sí, misterios de la fe, algo que no entra en mi cabeza ni en la otros muchos por más que especulemos sobre el porqué de esta absurda iniciativa que lo único que demuestra es la incapacidad de un Sánchez para servir a dos señores a la vez. O estas con los que te han votado y sus deseos de cambio, con la gente de a pie, o estás contra mí, le susurra la brisa de cada mañana, pero el tío, acorralado por tantas llamadas de teléfono desde lo oscuros despachos del poder no sabe qué hacer y entonces alarga el momento del parto sin caer en la cuenta de que el neonato en puertas está empezando a ponerse morado y los ojos han comenzado a salírseles de sus órbitas. Como un niño pequeño que no quiere asumir la realidad de las obligaciones que le ha impuesto la vida, el resultado de las elecciones en este caso, alarga y alarga el momento decisivo como si estirándolo mañana, un 11 de noviembre, en vez de caer dos aviones sobre las Torres Gemelas, se produjera el milagro del resultado de unas votaciones con una mayoría absoluta para el PSOE.

La CEOE lo ha dicho muy claro: con Podemos de ninguna manera. Creo que los empresarios tienen mucha más fuerza de lo que pensamos en este absurdo negocio de la Investidura. He buscado con la lupa por todos los rincones de los periódicos a la busca y captura de mensajes claros y contundentes de la banca o las multinacionales de cara a destruir cualquier iniciativa que pusiera en las manos de Podemos algo de poder real, y haberlos haylos, pero me temo que la estrategia consiste en hacerse notar lo menos posible. Ellos se comunican directamente con el Olimpo sin necesidad de la prensa o los medios que ya tiene trabajo suficiente distrayendo al personal con los granos que le puedan salir a Iglesias en el culo o haciendo historia de las prenda de vestir que usa.

Por cierto que es relevante el hecho que se menciona en el artículo de que cuando falló la Investidura tanto Borrell como la Calvo esbozaran una sonrisa como de triunfo. ¿No estaría desde el principio esta gente, más bien gentuza, pensando en unas segundas votaciones y todo lo que hemos tenido después ha sido un paripé para entretenernos a estos pobres y manipulables votantes (estoy seguro que ese es el concepto que tienen de nosotros Sánchez y su gente. Algo a lo que no es ajeno Iglesias tampoco que monta un referéndum interno para determinar asuntos sobre la compra de su casa pero que no considera la posibilidad de consultar a las bases temas tan poco importantes como el modo de llegar a acuerdos con el PSOE frente a la Investidura).

Me cae muy mal Iglesias por el daño que ha hecho a las posibilidades de un Podemos que en sus orígenes prometía ser la voz de los indignados de todo el país y de todos aquellos que habían puesto sus últimas esperanzas de cambio en él y que lo han convertido en un Juego de Tronos donde el despotismo y cuñadismo son el pan de cada día, pero creo que en el asunto de la Investidura ha estado, y está, en la línea correcta; ceder absolutamente en todo como quiere el PSOE, que no ha aceptado en ningún momento ninguna propuesta razonable de Podemos, pienso que habría sido absurdo desde el punto de vista de la  correlación de fuerzas en relación a los votos y por tanto lejos del MANDATO DE LAS URNAS. Si con un cincuenta por ciento de los votos, más o menos traducidos a escaños, se puede formar gobierno y tú sólo tienes el 28 por ciento de esos votos, ¿cómo coño, en base qué, quieres acaparar absolutamente todo el poder del ejecutivo? Mi amigo Santiago Pino, como otros muchos, mete en el mismo saco a Iglesias y a Sánchez. Yo no leo apenas los periódicos, de hecho llevaba dos meses y medio sin ojearlos, pero me basta echar un vistazo al patio de esta corrala de gente dedicada a la política para distinguir a un sinvergüenza, Pablo Iglesias, que pese a la degeneración a que ha llevado a Podemos puede estar acertado a la hora de exigir el lógico mandato de las urnas (14 por ciento de lo votos de Podemos frente al 28 del PSOE, es un mandato considerable); para distinguir a un sinvergüenza con razón, decía, de una marioneta que con no otro caudal que una sonrisa postiza pretende hacernos pasar a los posibles votantes por memos de remate jugando con nosotros como si fuéramos su particular mascota; un individuo que no entiende que el mandato lo tiene ahí, en el resultado de las elecciones, o sí lo entiende y entonces se hace el sordo y trata de ver si tiene más suerte en unas segundas y se le aparece la virgen. A mí en realidad lo que me parece es un pobre infeliz que trata de creer que puede jugar con nosotros, eso o un corto de mollera al que intereses foráneos han terminado por comerle todo trazo de cordura.

Pondría la mano en el fuego asegurando que aquí quienes están decidiendo en el país no son precisamente los que se han presentado a las elecciones, sino otros ajenos a las urnas que desde sus despachos manejan los hilos de esta malparada "democracia".

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