“El que os da una idea os
aumenta la vida y dilata la realidad en torno vuestro” (Meditaciones del
Quijote, Ortega y Gasset)
El Chorrillo, 27 de mayo de 2019
Si miro a lo lejos, al fondo de la parcela, puedo ver la
choza de mi nieto que su padre está construyendo junto a mi otra choza, aquella
en la que me encerré un día para escribir un libro en el que se recogía la
crónica de un trimestre y que llevaba el título de Cartas desde mi choza.
Si miro un poco más cerca mi vista tropieza con la abubilla que hace su nido en
una rama de un olmo cercano y que lleva ahí parada desde hace un rato
contemplando, como hago yo frecuentemente, el paisaje de la tarde. Y mirando esto
me vienen a la memoria los resultados electorales de ayer noche y mi ánimo se
encoge todavía un poco considerando a este Madrid tomado por una derecha que me
pone el cuerpo mal. Anoche, cuando me marché a la cama volví a pensar en dejar
de ojear las portadas de los periódicos cada mañana, volver a mi agujero y
desde allí salir a mirar lo que sucede en el mundo sólo muy ocasionalmente. Me
desazona contemplar cómo una gran cantidad de curritos de este país vota a los
partidos que actúan en contra de sus intereses y a favor de aquellos que les
extorsionan; o lo que es parecido en este caso, no votan. En fin.
El caso es que la vida continúa pese a todo este
desbarajuste en el que también una parte del electorado va poniendo las cosas
en su sitio en el caso de Podemos, esos usurpadores de ilusiones en que
confiamos años atrás y que se han convertido de la mano de Iglesias, Monedero,
Echenique y alguno más en un reducto de canallitas de mente estrecha incapaces
de entender que Podemos no son ellos y sus particulares ideas, incapaces de
entender que Podemos eran los círculos, la gente de a pie que simpatizaba con
ese empuje emocional de querer cambiar el estado de las cosas desde las bases,
que Podemos no era Iglesias y su coleta o Monedero y su desprecio por todo
aquello que no fuera su propia concepción del mundo, o Echenique y su zafia
manera de arañar votos, o que en Podemos no se podía usar el verbo extirpar,
utilizado por Iglesias enfáticamente, para dejar fuera a aquellos que no
pensaban de la misma manera que ellos. Incapaces de llevar el discurso y el
análisis a las bases y, sirviéndose de éstas para que ratificaran lo que ya
estaba decidido de antemano, entre otras cosas porque estamos muy poco acostumbrados
a debatir y consensuar, se encerraron en una burbuja, pasaron de vivir en
Vallecas a adquirir un chalet en donde se lo ha comprado siempre esa élite que
ellos llamaron casta, pasaron de comprarse la ropa en Alcampo a exhibir ropa de
marca y vestir esmoquin en la feligresía de los acontecimientos culturales
nacionales.
La vida continúa, decía, y ahora que dejamos las
encuestas atrás, al fin puedo mirar con más tranquilidad la choza de mi nieto y
ese pequeño rincón de selva que estamos construyendo al fondo de nuestra
parcela. Pienso en salir a Gredos el próximo fin de semana y me alegra el
ánimo; también miro con ilusión una acampada familiar que tenemos en mente para
la semana siguiente en la que mi nieto Manuel vivirá su primera noche bajo las
estrellas del Guadarrama; o la expectativa de mi próximo vagabundaje de verano
por las montañas.
Ahora, si miro hacia el oeste donde la hilera de olmos
que delimitan la parcela, puedo ver el campo y los montes de Toledo que antes
tapaba un pequeño bosque que había nacido y crecido más allá de la linde al
amparo de la humedad. Talé ese pequeño bosque el pasado invierno y ahora la
claridad se ha hecho en la parcela. Claridad y profundidad son dos conceptos
sobre los que habla estos días Ortega y Gasset mientras leo Meditaciones del
Quijote. Cada día, cuando me subo a la bicicleta estática, abro mi ebook
sobre el manillar de la bici y, mientras pedaleo, retomo el hilo de las ideas de Ortega sobre
esto que el llama el imperativo de la luz.
Saber lo que pasa en España, en el electorado, en
Podemos y en otras muchas instancias necesita de una profundidad y una claridad
que es difícil encontrar en los análisis corrientes. Iglesias se levanta de la
siesta después de desaparecer en el mundo mediático por un tiempo y dice: “nos
hemos equivocado en muchas cosas” (punto, ahí queda el asunto, nos deja ayunos
de qué cosas, pero él se marcha contento con ese titular); hoy mismo, después
de una noche de insomnio un periodista le pregunta por esta situación que
pronto se va a llevar a Podemos al carajo y la respuesta de líder de Podemos es:
“sí, tenemos que hacer autocrítica”. Ja. Iglesias y su cuadrilla han entrado en
un bucle y lo que necesitan es leer a Ortega y Gasset a ver si así se enteran
de algo. Les voy a situar aquí sobre el camino para que empiecen a ponerse las
pilas. La cita es de Ortega: “Cuando abrimos los ojos hay un primer instante en
que los objetos penetran convulsos dentro del campo visual. Parece que se
ensanchan, se estiran, se descoyuntan como si fueran de una corporeidad gaseosa
a quien una ráfaga de viento atormenta”. En esta situación estanca parecen
moverse las ideas de la gente de Podemos desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la
luz, para alcanzar la profundidad y la claridad no viene sola, necesita de la
voluntad y la firme determinación de hacerlo. La continuación de la cita puede
orientar en los pasos a seguir: “Mas poco a poco entra el orden. Primero se
aquietan y fijan las cosas que caen en el centro de la visión, luego las que
ocupan los bordes. Este aquietamiento y fijeza de los contornos procede de
nuestra atención que las ha ordenado, es decir, que ha tendido entre ellas una
red de relaciones."
La red de relaciones de que forma parte el análisis de
todo asunto es algo que parece que nos saltamos a la torera con excesiva
frecuencia. Me temo que con esta vida tan llena de prisas, se nos olvida que la
capacidad de pensar necesita el sosiego de un análisis del que carecemos o,
sospecho, queremos obviar porque no perseguimos ninguna clase de verdad sino
seguir emponzoñados en nuestro erre que erre. Una vez más hablo de Podemos, que
sí, que parecen estar sordos y ciegos en relación a las causas que lo están
llevando al desastre. Echar balones fuera y la culpa de todo al vecino se ha
convertido en el juego preferido de esta
gente que me temo no merece el calificativo de honesta en absoluto.
El otro día, la exministra Ángeles Gonzalez Sinde, en
una entrevista, a raíz de una novela que ha escrito, decía que la escritura
sirve para elaborar lo que está desordenado dentro de ti. Es una buena
iniciativa que a mí me ayuda a poner los asuntos unos detrás de otros y que a
veces, no siempre, termina por orientarme camino de la claridad.
Yo me declaro del linaje de esos que de lo
oscuro hacia lo claro aspiran,
cita Ortega a Goethe. Quizás por eso me decidí a talar
ese bosquecillo frente a nuestra parcela el pasado invierno. En Podemos no hay
bosquecillo que valga, en Podemos son unas enormes legañas que anulan
totalmente la visión de la realidad. Legañas, cuando no intereses espurios que
atienden a deseos personales. Yo sugeriría desterrar de Podemos por una
temporada a toda la camarilla causante de esta situación, Iglesias y todos sus
allegados, borrarlos del mapa; después llamaría a todas las buenas voluntades
que se han ido quedando por el camino y a aquellos de también buena voluntad
que se quieran sumar e intentaría llenar el cielo de este país de cometas que
llamaran a reconstruir una ilusión muerta cuya referencia inmediata sería el espíritu
del 15M.

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