3/07/2026
Sentado con los ojos cerrados en la
posición de loto, me centro en el lento fluir del oxígeno en mis pulmones.
La realidad del mundo son el ladrido lejano de unos perros, el piar de las
golondrinas que presiento volar a mi alrededor, ruidos también lejanos de
motores que atraviesan la autovía. No mucho más, algunas moscas que se
posan sobre mí piel. A eso queda reducido el mundo. La temperatura
es agradable,
sopla una
ligera brisa y en absoluto parece verano, un agradable frescor recorre el
pinar.
En algún momento se cuela en mi
pensamiento las tareas que me esperan durante el día. Recuerdo la
afirmación de un amigo: la vida consiste en hacer algo. Hacer, sentir,
proyectar. Abro los ojos. Me pregunto por qué las golondrinas ayer y hoy
vuelan constantemente a mi alrededor. Considero mientras tanto que quizás
sea tiempo ya de dejar de mirarme el ombligo y de ponerme en movimiento tenga
o no
ganas .
Me dice en un comentario al post
último Carlos C G que la imaginación es más importante que el conocimiento, una
cita de Einstein, y me quedo pensando en esa
expresión de “qué es más importante”. Acostumbrados como estamos
a poner unas cosas tras otras, a establecer prioridades o grados de
importancia, mientras miro el gracioso y elegante vuelo de las
golondrinas, se me ocurre pensar en cuales serán las prioridades de estas aves
que parecen volar incansablemente por el aire de la mañana. Indudablemente
la razón de su vuelo no es una razón estética ni de capricho. Un
halcón posado en la rama de un árbol, en cierto momento siente apetito, algo
que le ronda por dentro, y entonces se lanza al vuelo y el instinto,
seguramente no será eso que nosotros llamamos deseo de algo en concreto, hace que cuando ve corretear una liebre por
el campo, se lance instintivamente sobre ella saciando así su
apetito, esa cosa, no exactamente el apetito como nosotros lo consideramos, que le
hizo iniciar el vuelo. Pura química en acción. Racionalmente no
hay razones, es el mecanismo biológico del ave el que abre y cierra las compuertas
de la necesidad.
Creo que
algo de este mecanismo inconsciente nos mueve a los
humanos. Estímulos que una vez
atendidos desaparecen y dejan el cuerpo en estado
de equilibrio hasta que pasado cierto tiempo ese equilibrio se
desplaza y surge de nuevo la necesidad. El halcón no dice, uf… que hambre tengo.
En los animales no tiene mayores
consecuencias esta llamada a satisfacer el apetito, a la necesidad sigue su
satisfacción y a la satisfacción la necesidad. Se trata de un círculo
cerrado que sólo se altera por el avistamiento de un peligro inminente o por la
necesidad de aparearse. La
diferencia con los sapiens es, no obstante notable. A nosotros no nos basta
con satisfacer las necesidades inmediatas, ni siquiera estamos programados para
almacenar, como hacen las hormigas, alimentos y refugio para una
temporada. El ejemplo de la clase alta de los romanos que en los banquetes
comían hasta reventar para tras ello vomitar y volver a comer, no se da
más que en los sapiens que han encontrado
“otros entretenimientos” con que generar la tensión que genera la necesidad.
La necesidad como acicate de la vida, y la curiosidad como
compañera de viaje, probablemente sea uno de los principales motores que mueven
al hombre desde siempre. Acaso punto de arranque de la complejidad que el
hombre fue adquiriendo a lo largo de los milenios pasando en estadios sucesivos
a esa sofisticada tensión que lleva a los sapiens a procurarse a toda costa dinero
y más dinero, a adquirir poder. Pienso sin más en el chiflado ese de Trump;
ochenta años y el tío, ciego y ególatra,
sólo piensa en acumular más dinero y fortuna. ¿Tendrá este individuo, me
pregunto, algunos minutos en la semana para pensar y descubrir lo idiota que
es, para comprender que el camino, no más, termina entre el perejil?
No sé yo si la imaginación y el conocimiento, como dice
Carlos C G, citando a Einstein, son elementos a poner en concomitancia;
probablemente sí en el contexto en que lo cita, pero la cosa no me parece un
chollo; el conocimiento y la imaginación, si no van acompañados por la bonhomía
y la honradez como persona, podrá ser una aportación a la sociedad, pero en
absoluto oculta su condición de podrida mentalidad, más teniendo en cuenta que Mileva,
su esposa, no era una ama de casa cualquiera. Fue una de las primeras mujeres
que estudiaron Física y Matemáticas en
ANEXO
El texto del memorándum dice, en esencia:
Condiciones
A. Te asegurarás de que:
- Mi ropa y mi colada estén siempre limpias y en buen estado.
- Reciba regularmente mis tres comidas en mi habitación.
- Mi dormitorio y mi despacho permanezcan ordenados y, especialmente, que mi escritorio sea de uso exclusivo para mí.
B. Renunciarás a toda relación personal conmigo, salvo la estrictamente necesaria por razones sociales. En particular:
- no esperarás que permanezca sentado contigo en casa;
- no esperarás que salga o viaje contigo.
C. En tu trato conmigo:
- no esperarás ninguna muestra de afecto por mi parte ni me harás reproches;
- dejarás de hablarme cuando te lo pida;
- abandonarás inmediatamente mi dormitorio o mi despacho cuando te lo solicite.
D. No me desacreditarás delante de nuestros hijos, ni con palabras ni con hechos.
