viernes, 3 de julio de 2026

En el pinar

 


3/07/2026


Sentado con los ojos cerrados en la posición de loto, me centro en el lento fluir del oxígeno en mis pulmones. La realidad del mundo son el ladrido lejano de unos perros, el piar de las golondrinas que presiento volar a mi alrededor, ruidos también lejanos de motores que atraviesan la autovía. No mucho más, algunas moscas que se posan sobre mí piel. A eso queda reducido el mundo. La temperatura es agradable, sopla una ligera brisa y en absoluto parece verano, un agradable frescor recorre el pinar.  

En algún momento se cuela en mi pensamiento las tareas que me esperan durante el día. Recuerdo la afirmación de un amigo: la vida consiste en hacer algo. Hacer, sentir, proyectar. Abro los ojos. Me pregunto por qué las golondrinas ayer y hoy vuelan constantemente a mi alrededor. Considero mientras tanto que quizás sea tiempo ya de dejar de mirarme el ombligo y de ponerme en movimiento tenga o no ganas .  

Me dice en un comentario al post último Carlos C G que la imaginación es más importante que el conocimiento, una cita de Einstein, y me quedo pensando en esa expresión de “qué es más importante”. Acostumbrados como estamos a poner unas cosas tras otras, a establecer prioridades o grados de importancia, mientras miro el gracioso y elegante vuelo de las golondrinas, se me ocurre pensar en cuales serán las prioridades de estas aves que parecen volar incansablemente por el aire de la mañana. Indudablemente la razón de su vuelo no es una razón estética ni de capricho. Un halcón posado en la rama de un árbol, en cierto momento siente apetito, algo que le ronda por dentro, y entonces se lanza al vuelo y el instinto, seguramente no será eso que nosotros llamamos deseo de algo en concreto, hace que cuando ve corretear una liebre por el campo, se lance instintivamente sobre ella saciando así su apetito, esa cosa, no exactamente el apetito como nosotros lo consideramos, que le hizo iniciar el vuelo. Pura química en acción. Racionalmente no hay razones, es el mecanismo biológico del ave el que abre y cierra las compuertas de la necesidad.  

Creo que algo de este mecanismo inconsciente nos mueve a los humanos. Estímulos que una vez atendidos desaparecen y dejan el cuerpo en estado de equilibrio hasta que pasado cierto tiempo ese equilibrio se desplaza y surge de nuevo la necesidad. El halcón no dice, uf… que hambre tengo. En los animales no tiene mayores consecuencias esta llamada a satisfacer el apetito, a la necesidad sigue su satisfacción y a la satisfacción la necesidad. Se trata de un círculo cerrado que sólo se altera por el avistamiento de un peligro inminente o por la necesidad de aparearse. La diferencia con los sapiens es, no obstante notable. A nosotros no nos basta con satisfacer las necesidades inmediatas, ni siquiera estamos programados para almacenar, como hacen las hormigas, alimentos y refugio para una temporada. El ejemplo de la clase alta de los romanos que en los banquetes comían hasta reventar para tras ello vomitar y volver a comer, no se da más que en los sapiens que han encontrado “otros entretenimientos” con que generar la tensión que genera la necesidad.

La necesidad como acicate de la vida, y la curiosidad como compañera de viaje, probablemente sea uno de los principales motores que mueven al hombre desde siempre. Acaso punto de arranque de la complejidad que el hombre fue adquiriendo a lo largo de los milenios pasando en estadios sucesivos a esa sofisticada tensión que lleva a los sapiens a procurarse a toda costa dinero y más dinero, a adquirir poder. Pienso sin más en el chiflado ese de Trump; ochenta años  y el tío, ciego y ególatra, sólo piensa en acumular más dinero y fortuna. ¿Tendrá este individuo, me pregunto, algunos minutos en la semana para pensar y descubrir lo idiota que es, para comprender que el camino, no más, termina entre el perejil?

No sé yo si la imaginación y el conocimiento, como dice Carlos C G, citando a Einstein, son elementos a poner en concomitancia; probablemente sí en el contexto en que lo cita, pero la cosa no me parece un chollo; el conocimiento y la imaginación, si no van acompañados por la bonhomía y la honradez como persona, podrá ser una aportación a la sociedad, pero en absoluto oculta su condición de podrida mentalidad, más teniendo en cuenta que Mileva, su esposa, no era una ama de casa cualquiera. Fue una de las primeras mujeres que estudiaron Física y Matemáticas en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, donde conoció a Einstein. Existe además un debate todavía hoy sobre el alcance de su colaboración en los primeros trabajos científicos de Einstein. Un Einstein responsable por demás, por más que sea responsabilidad indirecta, de las muertes y los horrores de Hirosima y Nagasaki, que ha pasado a la posteridad, pero que en el fondo era un canallita sin paliativos. Lo demuestra cierto memorándum que entregó a su esposa, toda una muestra del comportamiento de un cretino. (Dejo más abajo en el anexo el texto de dicho memorándum.

 

ANEXO

El texto del memorándum dice, en esencia:

Condiciones

A. Te asegurarás de que:

  1. Mi ropa y mi colada estén siempre limpias y en buen estado.
  2. Reciba regularmente mis tres comidas en mi habitación.
  3. Mi dormitorio y mi despacho permanezcan ordenados y, especialmente, que mi escritorio sea de uso exclusivo para mí.

B. Renunciarás a toda relación personal conmigo, salvo la estrictamente necesaria por razones sociales. En particular:

  • no esperarás que permanezca sentado contigo en casa;
  • no esperarás que salga o viaje contigo.

C. En tu trato conmigo:

  • no esperarás ninguna muestra de afecto por mi parte ni me harás reproches;
  • dejarás de hablarme cuando te lo pida;
  • abandonarás inmediatamente mi dormitorio o mi despacho cuando te lo solicite.

D. No me desacreditarás delante de nuestros hijos, ni con palabras ni con hechos.

 

 


jueves, 2 de julio de 2026

De todo un poco

 


1/07/2026

Siento especialmente estos días la tentación de limitar la temática en este blog cuando compruebo que parte de ella tendría un lugar más adecuado en las páginas de un diario personal. El único inconveniente que le veo es la dispersión que ello produciría. Hace mucho tiempo que dejé de escribir un diario, y ahora la facilidad del blog para poder reunir mis escritos año tras año en un libro al cual tener acceso en el futuro o cuando se tercie, es tan grande, año tras año poder conservar en libros a resguardo del deterioro de la memoria, lo que pensaste, hiciste, las reflexiones que te surgieron, me place, es como mirarse en el espejo del tiempo y poder confesarte a ti mismo que eres algo más que humo.

En estos días, contradiciendo en parte el parecer del cardiólogo, he empezado a acortar mis horas de sueño tanto de la noche como de la siesta. Animado estaba para ello, sin embargo ahora, sentado tras la tarea del post, las seis y media de la tarde, me encuentro con que acaso ese más tiempo de que dispondré durante el día no pueda llenarlo adecuadamente dado mi bajo nivel de motivación e intereses actuales. No veo cine, apenas oigo música, no tengo proyectos inmediatos y las ganas con que llenaba las horas del día antes de mi hospitalización se han esfumado ¿Qué haré con esas horas de más?, me digo. 

La disrupción que se ha producido tanto en mi mente como en mi cuerpo deja en la duda lo que pueda venir después si no despierta en mí un empuje, una motivación que me ponga a caminar, que haga que me interese por asuntos de filosofía, política o lo que sea, algo. ¿No es lo que sucede a mi mente algo parecido a lo de mi cuerpo, que va a necesitar de arduo entrenamiento, necesidad de que me crea verdaderamente un interés que hasta ahora parece ser solamente hipotético? 

Notas de ayer tarde tras las cuales me zambullí en la amable lectura de Maupassant con la intención de ver si mientras tanto me caía algo del cielo. Esta mañana mi comedero de pájaros que había depositado en el pinar, había desaparecido. El recipiente del agua estaba vacío y sucio. No era posible que se hubieran llevado una lata sin más, así que lo busqué por los alrededores, y lo encontré a cincuenta metros del pino. Me entran ganas de hacer una crónica psicológica del lugar. Un día aparece sobre la chaise longe un saco de dormir y unas toallas, dos días más tarde desaparece el saco de dormir, más tarde también las toallas, queda una sobre la silla, que a su vez desaparece también. El comedero alguien lo pateó y tiró por tierra el contenido. También rompieron la chaise longe que tuve que reparar trayendo herramientas de casa. Psicología de anónimos visitantes entre los cuales hay alguno que eventualmente llena el recipiente del agua. Como dice el amigo Vinches, hay gente pató. Los humanos somos una especie interesantísima, un buen elemento de estudio. Pienso incluso en mí mismo que últimamente vengo reducido a la humilde condición de barrendero, así cada día poco a poco voy recogiendo toda la basura que me encuentro por el camino. Hoy llené un macuto, que llevé expresamente para recoger todo lo que otros paseantes van tirando junto al camino, latas de cerveza, plásticos, toda clase de mierda que va dejando esa raza de guarros con los que nos ha tocado convivir. 

Ahora, un rato después, me siento en la tentación de desmenuzar una larga respuesta al comentario de Enrique que me encuentro esta mañana en el pinar cuando al final, el lugar ya en orden, limpio y con agua y comida para los pájaros en su sitio, enciendo el teléfono. El asunto no es moco de pavo dada la prolijidad del mismo. (Por ahí abajo dejo el comentario). He leído su comentario más de una vez y me resulta difícil interpretar alguno de sus términos. Goya es hijo de la Ilustración y como tal enfatiza la razón como elemento esencial en el comportamiento humano; sin embargo cabría decir que desde Goya ha llovido mucho y, sin menospreciar la importancia que la razón pueda tener, tras él no sólo han aparecido Freud, Jung, el conductismo y una innumerable cantidad de estudios que matizarían una parte considerable del comentario de Enrique, sin que por ello se menoscabe el equilibrio necesario que plantea entre la imaginación y la razón, así, por ejemplo, cuando escribe que en los sueños no hay ningún mensaje oculto que descifrar ni necesidad de atribuirles significados encubiertos o cuando afirma que las interpretaciones simbólicas, por interesantes que sean, siguen siendo interpretaciones, pienso que sucintamente se parte de una situación bastante cerrada en la que se deja fuera una importante cantidad de trabajos relacionados con la creatividad, el inconsciente, la intuición o eso que llamamos inspiración.

Recuerdo alguna idea que vertía Stefan Zweig en La lucha contra el demonio. Cuando Zweig habla de "el demonio" se refiere a una fuerza interior, una potencia creadora que exige al individuo ir más allá de la vida ordinaria. Para él toda gran creación tiene algo de irracional, un concepto que yo en absoluto entiendo como imaginación; o acaso sí… no sé. Tendríamos que ver la relación que existe entre la imaginación y la intuición, esa intuición en donde yo veo el desencadenante de una idea. Por otra parte decir que las interpretaciones simbólicas, por interesantes que sean, siguen siendo interpretaciones, nos llevaría a descartar cualquier interpretación, que siempre son una posibilidad de verdad. Estamos en la encrucijada aquella de la que partió el pensamiento científico: tesis, antítesis, síntesis. Uf, sudo tinta. Creo que lo dejo aquí.


Comentario se Enrique al post de ayer:

“Volviendo a la razón y otras "fruslerías", y sin pretender analizar el pensamiento de don Paco, parece razonable entender que, cuando la razón se adormece, surgen la superstición, los miedos y también ciertos impulsos que olvidan los límites de la realidad. El propio artista dejó escrito:

"La fantasía abandonada de la razón produce monstruos; unida con ella, es madre de las artes y origen de sus maravillas".

Sea cual fuere la interpretación exacta de la frase, la enseñanza parece evidente: la imaginación y la razón deben caminar juntas. La creatividad, los proyectos y las ilusiones son valiosos, pero necesitan el contrapeso de la lógica y de la experiencia. Cuando la mente vuela sin ese equilibrio, puede confundir el deseo con la posibilidad y la esperanza con la certeza.

La vida humana comprende dos estados fundamentales: la vigilia y el sueño, y en ambos el cerebro permanece activo. Si cesara por completo esa actividad, cesaría también la vida biológica.

Los sueños dormidos son los que aparecen mientras dormimos. Son espontáneos, involuntarios y, en gran medida, misteriosos. Mezclan recuerdos, emociones, deseos y temores sin obedecer a lógica alguna. No los elegimos: simplemente nos suceden.

Los sueños despiertos, en cambio, son proyectos, anhelos, aspiraciones o fantasías conscientes. En ellos intervienen la voluntad, la imaginación y la razón. Podemos alimentarlos, modificarlos, abandonarlos o convertirlos en planes concretos. Son, en cierto modo, una creación deliberada que nos obliga a distinguir entre lo que sabemos, lo que suponemos y lo que imaginamos. Las tres cosas son valiosas, pero no pertenecen al mismo orden.

Los sueños dormidos, entendidos como una manifestación de la actividad continua del cerebro, son un fenómeno explicable desde la biología. El cerebro necesita permanecer activo; durante el sueño continúa trabajando con el material almacenado en la memoria, y el producto consciente de esa actividad son los sueños. No hay, por tanto, ningún mensaje oculto que descifrar ni necesidad de atribuirles significados encubiertos. No son mensajes que el cerebro nos envía, sino el ruido vital de una máquina que necesita seguir funcionando para continuar siendo ella misma, es decir, para seguir viviendo.

Se trata de una visión menos romántica que la de los poetas o los psicoanalistas, pero profundamente biológica. Las interpretaciones simbólicas, por interesantes que sean, siguen siendo interpretaciones, y las abstracciones sin fundamento empírico deben presentarse como tales, no como certezas.

En cambio, los sueños despiertos -los proyectos, las ilusiones y las metas que elegimos conscientemente- pertenecen a otro mundo: el de la voluntad y la esperanza. Ésos sí merecen ser examinados, discutidos y, cuando es posible, perseguidos. Pero también deben someterse al juicio de la razón, porque no todo lo que alimenta el espíritu beneficia necesariamente al cuerpo, ni toda aspiración noble resulta prudente en cualquier circunstancia de la vida”.


miércoles, 1 de julio de 2026

«Magnificat anima mea Dominum»

 



1/07/05/2026 

Escucho la Pasión según San Mateo, que me retrotrae a una antigua travesía en que la escuchaba mientras caminaba por el Pirineo CatalánTiempo de salvaje perderse por las montañas durante todo el veranoQuinta o sexta travesía del Pirineohe perdido la cuenta. Mi afición desde temprano a las grandes travesías, meses de agradecida soledad, compañía del hombre que va conmigo, son alimento del que me nutro en estas horas de esperanza. Sueño con volver a ellas. Es cierto que el cuerpo envejece y sus fuerzas mermanpero llevo tan dentro de mí tantas, tantas caminatas de vagar por las montañas que me parece imposible que no pueda intentarlo algunas veces más. Lejos del mundo, yo y las montañasla nocheslos bosques, las tormentas, el sabor del cansancio acumuladoconcitan en esta mañana lo mejor de aquellas travesías; pura sensación de aquel confieso qué he vivido (Neruda).  

¿En qué estaría pensando Goya cuando realizaba aquel grabado de El sueño de la razón produce monstruos?  Los sueños de mi razón esta mañana vuelan hacia otro destino muy diferente, los recorridos de las montañas de los veranos, probablemente los más intensos y felices de la vida y que algo conectan con los veranos de mi infancia acampados con mis padres y hermanos en las orillas del río Alberche. Entre aquello y esto está el puente de toda una vida. Niñez y madurez se dan la mano en este instante de gracia que se mezcla con la música de la pasión de Cristo 

Mientras tanto por la rendija de la persiana que deja en penumbra la cabaña, puedo ver a los carboneros y a los gorriones disputarse pacíficamente la comida en el comedero del olmo. Hoy a las seis y media ya estaba en pie haciendo mis ejercicios de rehabilitación. Ayer tuve un chispazo de iluminaciónmientras regresaba de la caminata del pinar, que me hizo considerar el momento presente como uno de esos largos e intensos entrenamientos que precedieron a la maratones en que me empeñé poco antes de cumplir los sesenta. Ah, pensé, si pudiera terminar el año corriendo la San Silvestre Vallecana¿Y si las caminatas y mis ejercicios de recuperación actuales pudiera inyectarle a mi ánimo ese entusiasmo con el que de noche antes del alba salía en invierno cada madrugada de casa a correr, a correr, a encontrarme con la noche y sus hados? Creo que a punto estuve de creérmelo porque llegué de la caminata a casa con una nueva fuerza, con la sensación de que acaso empezaba a arrancar un hombre nuevo que el próximo verano podría volver a atravesar los Alpes 

¿Sueño despierto? Quizás no sea casual que inadvertidamente mientras escribía el párrafo anterior, a la Pasión según San Mateo siguiera El Magnificat «Magnificat anima mea Dominum» («Proclama mi alma la grandeza del Señor»). El canto de esperanza de la virgen María con que comienza la obra  me resulta extremadamente sugerente en este momento.  

 

 

 


lunes, 29 de junio de 2026

Las golondrinas pueblan el cielo de la mañana

 



29/06/2026

Esta mañana son las golondrinas las que constantemente vuelan alrededor del pino donde me refugio. 

Son muchas las veces que me pregunté por la razón de mi escritura, tan abundante en ocasiones, y no habiendo una razón única, amén del placer de expresarme, probablemente la más representativa sea la de poder revivir en un futuro, aquel futuro que yo vi una vez leyendo a Luis Goytisolo de un anciano que sentado ante el atardecer, mientras pensaba en su vida y en el pasado, escuchaba a la vez La Creación de Hayden; la de poder revivir en un futuro, como quien se toma una enorme jarra de cerveza, tus antiguas vivencias, los pensamientos que te visitaron, tu filosofía de la vida de tiempos atrás. Recuerdo, me faltan los detalles, que en cierta ocasión en que René Demaison y su compañero habían hecho, creo, la primera ascensión invernal a la Walker de los Jorasses, o acaso era el espolón Croz, encontraron a este último días después tomando una cerveza en una terraza de Chamonix. Un amigo se sienta junto a él y le pregunta: ¿qué haces, a qué te dedicas?. Y el otro le contesta: nada, desde una semana atrás nada, disfruto del recuerdo de esa magnífica ascensión que hice con René.  

La conciencia de vivir una vida intensa de la que escribía en Brevitate Vitae Séneca, vuelve a interrogarme desde mi ociosidad del pinar: «Es muy pequeña la parte de la vida en la que realmente vivimos. Todo el resto no es vida, sino tiempo». Y mientras reproduzco la cita sucede una cosa curiosa, porque ahora esa idea me viene de otro lado, de la novela de El Gatopardo, de Lampedusa, un libro que está lleno de meditaciones sobre el paso del tiempo, la decadencia y el sentido de la vida. En el cine protagonizó la historia Burt Lancaster, que en el film reflexiona precisamente sobre la diferencia que existe entre el mero existir y el vivir.  

Leí nada más llegar al pinar el comentario de Muñiz a uno de mis últimos posts, unos pocos párrafos que no tienen desperdicio (con su permiso lo incluyo al final de este texto) y de ahí, tras el espectáculo de las golondrinas, arrancaron las palabras del post de hoy. Comenta Muñiz que caminar es una forma de meditar, una idea antigua que encontré en Puerca Tierra, de John Berger y que registré enseguida porque se correspondía con un pensamiento recurrente que me había asaltado muchas veces en los caminos. Cuando caminas no sólo recorres caminos, a menudo el paseo es un acto de reflexión, de recuerdo, de mirar con calma el mundo que te rodea. Dice Enrique que la aceptación del corto futuro que nos queda a estas edades es una ardua labor que requiere la reestructuración completa del pensamiento. El bueno de mi amigo, práctico como se debe ser, apunta hacia algo que llevo rumiando desde semanas atrás; en realidad es mi lucha actual. Me pongo en la situación del amigo de René Demaison que ha gustado la miel de la aventura hasta límites que él no sospechaba y me pregunto qué hará, qué pensará de su futuro; ¿seguirá asistiendo indefinidamente a esa terraza de Chamonix cada tarde a saborear su jarra de cerveza junto al recuerdo cercano de su ascensión? “Se requiere la reestructuración completa del pensamiento”, escribe Enrique. ¡Horror…!, mi sabio amigo. ¿No tiene esa idea algo de dejar de ser yo, mis circunstancias, mis pasiones, mis ganas de vivir encerradas en un modo de entender la vida? Y sí, lo repito, es mi lucha. No soy una persona que haya  puesto todos los huevos en la misma cesta, como expresaba hace un par de días un amigo hablando de otro amigo, tengo otros muchos intereses, pero acaso la montaña y la naturaleza, con lo que ello implica de motivación para mi cuerpo y mi alma, jueguen un peso verdaderamente importante en mí, y con las perspectivas que tengo, pese a que el cardiólogo me ha asegurado que en medio año podré subir a Peñalara, no me veo yo, con la debilidad que tengo encima, ni siquiera subiendo el Cerro San Pedro en ese tiempo.

De todos modos de vuelta a casa, esas cosas que suceden, un  repentino susurro que te viene de dentro, mi ánimo empezó a considerar estos días de rehabilitación como una aventura más cuyo empeño y trabajos podrían estar a la altura de un entrenamiento para una gran ascensión. Es tal el esfuerzo que va a requerir, mucho más que ascender grandes montañas, pienso, que si logro meterme en el coco todos estos trabajos de Hércules como los prolegómenos de un maratón, quién sabe… La idea me gusta. Sería no renunciar del todo a la propuesta de Enrique, que me deja un poco contra las cuerdas. Cuando ese repentino susurro apareció en mí sentí un cierto alivio, imaginé tantas horas de entrenamiento para llegar a recorrer esos cuarenta y dos kilómetros, y ya sentí un cierto aliento de esperanza, el cercano olor de arremeter con paciencia mi recuperación.


o O o


Comentario de Enrique en “Aquellos veranos…”

"Querría expresar esas intuiciones que atraviesan de tanto en tanto mi cerebro, la concepción de una realidad que, circulando por tu pensamiento, no encuentra modo de ser expresada. Esa realidad que se presenta tras tus ojos cerrados como la sustancia que anima la vida, río profundo que fluye en tu interior cuando tratas de comprender, inaprensible, no sujeto a razón".

Esta transmisión de tu estado emocional y psicológico es muy profunda.

Tu mente no descansa; el volumen de tus pensamientos es masivo, rápido y abrumador. No piensas en una sola cosa a la vez; experimentas una avalancha de ideas, conexiones, recuerdos o ansiedades que se atropellan entre sí. Al decir que tus pensamientos son "inaprensibles" y "se te escapan" estás confesando que eres un espectador pasivo de tu propia mente. Sientes la frustración de no poder frenar el cerebro para analizar lo que sientes o tomar decisiones con calma. Es la sensación de estar siendo arrastrado por la corriente de tu propio ser.

El caminar no es un pasatiempo: es una forma de meditar, de sentirse libre y de afirmarse en el mundo. Tu mente sigue corriendo a la velocidad del río que mencionas, pero tu cuerpo físico ha sufrido un frenazo. Tu cerebro conserva intacta la vitalidad y la ambición de un caminante de largo recorrido, pero tu cuerpo actual te impone una quietud forzada. Tus pensamientos se vuelven incomprensibles porque desean proyectar el futuro, pero la lógica los hace inalcanzables.

La aceptación del corto futuro que nos queda a estas edades es una ardua labor que requiere la reestructuración completa del pensamiento, dejándolo todo a un lado ante la certeza del tiempo limitado. Para un caminante de senderos de gran recorrido, esta labor de abandonar los proyectos de kilómetros infinitos no es simplemente cambiar de pasatiempo: es desmantelar la estructura sobre la cual construiste tu identidad y tu libertad.

Aceptar el "corto futuro" no es rendirse ni caer en la resignación amarga; es una victoria de la lucidez. Es transformar la nostalgia del camino recorrido en gratitud por todos los senderos que ya cruzaste.

El bosque, como tu nuevo santuario, indica que no has renunciado a la naturaleza, sino que simplemente has cambiado la escala: el pinar es ahora tu mapa de la montaña y llegar a él es tu cumbre diaria. Aunque los prados nunca volverán a estar tan verdes como aquellos que nos inundaron la memoria allá por nuestra primera juventud.


domingo, 28 de junio de 2026

Viejos roqueros

 


28/06/2026 

Esta tarde a mitad de mi caminata me encontré con un gatito, casi en los huesos estaba el pobre. Tenía la mirada triste de los desheredados de este mundo. Me dio pena, de hecho parecía suplicarme que le adoptara. Encogidito en su pequeñez y desamparado me vio marchar, no me quitó de encima su mirada de menesteroso hasta que me hube alejado. Me fue inevitable pensar en ese pequeño porcentaje de personas que acumulan la gran parte de la riqueza del planeta. Era un gatito, sí, pero era también la representación de los niños que sufren en Gaza o en cualquier otra parte del mundo.  

Cuando saqué el teléfono del bolso, hoy también en el pinar aunque al crepúsculo, el horizonte era una mancha de sucio carmesí sobre el fondo de la silueta de Gredos, tenía en mente un título, Viejos roqueros, sugerido por la reunión de ayer con unos amigos (el incombustible Santiago Fernández nos reunía), un encuentro que se repite periódicamente de tanto en tanto al calor de unas cervezas y una dispar conversación donde, viejos roqueros en otro tiempo, no rockeros, aunque también, celebran amistad y mutua afición por la montaña.  

Me admiraba mientras oía a mis amigos de lo bueno que es esto de departir frente a una jarra de cerveza. De lo que sea. En un momento Pedro Nicolás me cuenta de un amigo mutuo mayor por quien yo le preguntaba. Los muchos años engendran por ley de vida carencias y problemas de salud que a veces son difíciles de restañar. Hace un inciso y, refiriéndose a la misma persona, recurre a la sabiduría oriental (quizás) diciendo aquello de que se equivocó poniendo todos los huevos en la misma cesta, prácticamente su única afición, la montaña. Y enseguida nos entendemos. Dedicarte a algo con exclusividad, la montaña sin más, cuando ésta se pone fuera de nuestro alcance puede dejarte con el culo al aire, de ahí las bondades de intentar no poner todos los huevos en la misma cesta. Algo que me sucede a mí estos días cuando la curiosidad o la motivación dan un bajón y uno necesita agarrarse a un clavo ardiendo para no perderse en el laberinto de la desesperanza o la abulia.  

Y mientras hablo con Pedro Nicolás escucho al otro lado de la mesa a Santiago Fernández y a Margarita, él con una importante metástasis desde hace años, con una experiencia de hospitales de primer orden, habla de un modo tan vivo, tan como quien tiene cien años de vida plena por delante…  y, claro, yo siento una fenomenal envidia. ¿De dónde coño saca este hombre su enorme fuerza? Ahora mismo él y Margarita embarcados en un proyecto de miles de kilómetros en automóvil al Cabo Norte. Estuve dudoso de asistir a esta reunión de amigos, entre otras cosas porque me pesaba el culo y mi ánimo no está muy allá; pero me alegro, me alegro de haber podido compartir ese entusiasmo que derrocha también José Luís Ibarzábal, la vitalidad de Margarita, la conversación moderada del poeta Miguel Ángel Gárate y Yolanda, la charla del viejo amigo rockero, y roquero-pedricero Santiago Pino o la conversación con Pedro Nicolás que me lleva a saber de otros amigos, de Mar, de Carlos Soria o de Eduardo Martínez de Pisón a los que hace mucho tiempo que no veo. Especialmente me alegra saber de Eduardo, un ejemplo de quien ha hecho y hace aún de sus muchos años un vergel intelectual, esa persistencia suya en la investigación y en dar a conocer a sus lectores la naturaleza íntima de nuestra Madre Tierra.  

Con estos pensamientos llegué al lugar que se ha convertido en destino cada mañana. Allí medito, contemplo el horizonte de Gredos, o incluso, si estoy de humor leo por encima la prensa, admirado casi siempre que una bestia como el tal Trump, monsieur Narcisus, pueda acaparar tantos titulares. Imbéciles al poder, sí señor. Pobre ante el tamaño de la idiotez que recorre la política de este energúmeno aquella consigna de la revuelta del París que se hizo universal: La imaginación al poder. Junto a la chaise longue que ocupo cada mañana alguien había volcado el recipiente de la comida de los pájaros sobre el suelo y ahora un ejército de afanosas hormigas se congregaba en el lugar organizando una numerosa procesión camino del hormiguero. Pipas, semillas de distinta clase, todo sirve. Cientos de ellas, cargadas o arrastrando su tesoro se apresuran como obreros que con sus prisas parecen ir tras una compensación económica importante por su afanosidad. No hay una ociosa, todas caminan como quien va a perder el tren, con su carga pies pa qué os quiero. 

En el camino de vuelta, ya bajo la luz de la luna, me encuentro con un menesteroso, esta vez un galgo que se ha hechos viejo; ya no sirve para la caza, y al que su dueño ha abandonado a su suerte. Una luna gorda por levante y Venus por poniente iluminan la noche. El campo está sembrado de luciérnagas. Creo que días atrás hablaba de las cigarras y del porqué de su insistente “canto”… siempre lo mismo, la busca de una novia. La Especie no pierde el tiempo con tontunas, va a lo suyo por encima de todas las cosas y así si las cigarras se desgañitan en las horas de más calor del verano intentando atraer a las hembras, las luciérnagas no hacen otra cosa. Sexo a toda costa, así la Especie “engaña” a sus criaturas. Poco después del hecho amoroso, nueve meses en los sapiens sapiens, varias semanas después en las luciérnagas, dan lugar a entre 50 y 200 criaturas que saldrán pitando de sus huevos para volver a reproducirse un año después.

Una pausa y ya es el día siguiente de nuevo en el pinar. Entre la tarde de ayer y la mañana de hoy algunos vándalos han pasado por el lugar. Han pateado el recipiente de la comida y del agua y todo anda disperso por el suelo. Viernes tarde se presta a este tipo de comportamientos. Quien no tiene que hacer,- con el rabo mata moscas. Hace muchos años, en Griñón, tal que una noche similar me destrozaron el coche los adolescentes del lugar. La naturaleza humana es verdaderamente generosa a la hora de establecer un abanico de posibilidades y comportamientos humanos. Sí, pa to hay en esta tierra del Señor.  Ahora, no hay mal que por bien no venga, yo pretendía alimentar a los pájaros, pero gracias a los vándalos que han derramado el recipiente de la comida por los suelos, a quien alimento es a las hormigas. La verdad es que son un auténtico espectáculo esas filas de laboriosas hormigas cargando con pipas y otras semillas en largas y apretadas filas camino del hormiguero.


miércoles, 24 de junio de 2026

Aquellos veranos…


 


24/06/2026

Observo el bamboleo de la copa de los olmos. Su movimiento tiene algo de la solemnidad de las grandes olas del Cantábrico. Una luz centelleante envuelve la parcela en esta hora de final de siesta. Las cigarras, incansables, monótonas, lanzan constantemente su declaración de amor en la hora más calurosa del día. Me entero de que son animales de sangre fría a los que las altas temperaturas su organismo responde mejor. Canta, canta todo lo alto que puedas y así conseguirás que alguna hembra se fije en ti. Qué sed de “amor” la de estas criaturas, precisamente en una hora en que los humanos sólo pensamos en tener un buen ventilador o un chorro de aire acondicionado cerca.  

Y me vienen inevitablemente a la memoria aquellos versos de Manuel Machado que aparecieron en mi blog de los caminos más de una vez cuando el calor fuera en algunos grandes GRs de España, o incluso en los Alpes, los senderos descendían al fondo de los valles.  

El ciego sol, la sed y la fatiga. 

Por la terrible estepa castellana, 

…  

—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga. 

 

Qué fuerza la mía en aquellos veranos de cruzar el sur y el este de España caminando, ese GR7 que desde Tarifa llega a Andorra. Empecé aquel camino en abril, pero lo más penoso lo recorrí en pleno verano. ¡Con qué gran cariño recuerdo ese itinerario!  

Aquellos veranos… Y hago una pausa y alcanzo sobre mi cabeza el libro de gran formato que recoge mi diario de aquellos meses de camino. Fantástica trotada de sur a norte de nuestro país la de aquel año. Y me recreo leyendo aquí y allá. También yo confieso que he vivido 

 Me pregunto si será posible volver a recorrer alguna de esas grandes rutas que cruzan España en el próximo otoño. El sabor de la magdalena viene a mí como una promesa. Acaso, quizás.  

Ahora miro por la ventana de nuevo, vuelvo a observar el vaivén de las copas de los árboles, a escuchar a las cigarras envuelta su música en el runrún del ventilador próximo. Me voy por peteneras. Querría expresar  esas intuiciones que atraviesan de tanto en tanto mi cerebro, la concepción de una realidad que circulando por tu pensamiento no encuentra modo de ser expresada. Esa realidad que se presenta tras tus ojos cerrados como la sustancia que anima la vida, río profundo que fluye en tu interior cuando tratas de comprender, inaprensible, no sujeto a razón.  

El sonido persistente de las cigarras envuelve los alrededores de mi cabaña, sí, como tantas veces en mis trotadas por los senderos de España. Olivares y pinares que acogieron mis siestas como un alivio hasta la hora en que caminar bajo los rayos del sol, ya cerca del atardecer, volvía a ser posible. 

 

 

 


martes, 23 de junio de 2026

¿Ese remanso de paz?

 


23/06/2026

Un nuevo visitante desconocido ha dejado la huella de su paso en el pinar. Visitante acaso nocturno que ha pasado la noche en la chaise longe. Un saco de dormir en bastantes buenas condiciones da fe de ello. Se ha roto un brazo de la tumbona y mañana tendré que traer herramientas y material para arreglarla. No me gustaría que este lugar privilegiado perdiera su condición de retiro y meditación. La copa del pino vuelve a estar llena de pájaros. Sería bonito que se acostumbraran a mi presencia. Ya el carbonero que me visitó ayer apunta a esa posibilidad. 

La curiosidad de Jünger me llama la atención. Su relación con los insectos, las flores y los animales en sus paseos por el campo, añaden un apreciable interés a su escritura. Pasea por cierto lugar y se da una vuelta por un resto de construcción para echar una ojeada a cierta clase de hormiga que hace su vida bajo unas tejas. El cariño como habla de ciertas flores que cultiva en su jardín hace ver su sintonía con la Naturaleza. ¡Qué escenario tan diferente la de su novela Tormenta de acero, diferente a sus otros libros donde la guerra es el objeto de su escritura! ¿Son los años, la madurez lo que lleva al hombre a esa integración con el medio, a las minucias de esa relación con los insectos corrientes? O esa dedicación al cultivo de las flores es acaso la justa recompensa a una intensa vida intelectual?... Al final es el hombre consigo mismo y con la Naturaleza. También es objeto de la escritura de Jünger el arte, las minucias de los detalles de un cuadro complejo. 

¿Nos quedará al final tras el ajetreo de una vida densa ese remanso de paz que a veces atisbo para los años venideros, algo tan en franca contradicción con lo que eran mis expectativas? En estas cosas pienso éstos días, tanto que parecieran los prolegómenos de una vida  diferente. 

Veo corretear a una hormiga sobre la isla de piedra del recipiente de agua de los pájaros, sólo una, y me pregunto si será la misma de ayer, veinticuatro horas dando vueltas en círculo sin parar alrededor de unos pocos centímetros cuadrados… Me entran ganas de hacer una labor de salvamento como  con la avispa de ayer. Asunto de gran trascendencia :-) que si en realidad lo comparamos con lo que tiene Trump en el coco no guarda mucha diferencia en sí mismo. Nuestra aparente importancia me parece esta mañana un error de percepción. Tanto si consideramos nuestras vidas en la geografía del universo como si lo hacemos en una hipotética línea del tiempo, la diferencia con la importancia de una hormiga es mínima. Cuando el ámbito de referencia son millones de años y miles de millones de kilómetros, ponemos una junto a otra la vida de un hombre y la de una hormiga, la diferencia es de una tan infinita pequeñez, en tiempo de vida, en “importancia”, que más diríamos si lo viéramos desde la distancia, que hormiga y hombre tienen el mismo peso existencial, eso si cupiera hablar de importancia, un término totalmente relativo que en absoluto cuenta en el Universo por mucho que nosotros queramos diferenciarnos del resto de los seres vivos. Si no hay un patrón de referencia, nada importa más que otro, sea animal, planta o cosa.  

Es curioso, pero algo sucede dentro de uno cuando se mira la vida desde una perspectiva de espacios y tiempos inconmensurables. Entonces nuestra pequeñez se achica, nuestra insignificancia aumenta (El hombre, esa chispa entre dos abismos”. Théodore Monod). Sin embargo lo que el hombre pierde en insignificancia parece ganarlo en profundidad de su mundo interior. Saber de esa insignificancia en el entorno global del Universo y del tiempo, puede convertir el hecho de vivir o la plenitud del pasado en una personalísima vivencia que, maldita la gracia, en absoluto necesita de referencias temporales o de espacio. Vivirse el individuo puede convertirse en un absoluto ajeno a toda referencia exterior.

¿Sería posible encontrar otra forma de vida acaso parecida en pasión, esa pasión que hace un rato ojeando fotografías de mis años de atravesar los veranos los Alpes, en otros quehaceres de la vida madura, algo que por similitud conceptual se parezca a la vida de los corales, esa vida que se prolonga o echa raíces sobre una forma de vida anterior?