Hospital San Francisco de Asís, 16 de octubre de 2026
Tu comentario (para la comprensión de lo que sigue, sólo en parte, me remito al enlace) daría para una larga discusión que no puedo aprovechar
mientras liquido mi estancia en el hospital o sí porque ésta se dilató más tarde. Quizás
la diferencia fundamental entre tus planteamientos y los míos esté en que yo
pretendo explorar una pregunta, en qué consiste tener una vida interesante, me
preguntaba al principio del post, mientras que tú o al menos eso creo, desarrollas
una tesis. Yo no sé efectivamente muchas veces cómo concluiré un texto, que
en realidad suele ser una indagación sobre la realidad o sobre mí mismo, mientras que cuando te leo tengo
la impresión de que tú partes generalmente de una tesis que desarrollas, como
es el caso en esta ocasión, con una encomiable hilazón lógica. Ya sabes que esa
línea de razonamiento no es mi fuerte. Yo intento aclararme, comprender el
mundo desde la sintaxis de mi propio corpus mental y es en ese intentar
comprender dónde puedo chocar con la lógica de un complejo sistema en donde
tengo que abrirme paso como un nadador principiante que trata de mantenerse a
flote. A mí siempre me ha resultado cara la idea de esos niños que con ojos de
plato se abren admirados a la vida, ese bebé que intenta en su incipiente
inteligencia a organizar aquello que atraviesa sus ojos. De ahí quizás venga mucho
de mi historia personal. Fui al colegio pero no hice el bachillerato, hice una
rama que llamaban de comercio en los Salesianos destinada a los que por
extracción social o económica se convertirían en carne de cañón del sistema
económico, lo que no me impidió ser el primero de la clase durante varios
cursos. Y más tarde, cuando empecé de adolescente a organizar mi vida, decidí hacer
el bachillerato y Preu por libre. Creo que en tres o cuatro años lo hice todo.
Entré en la Universidad sin haber pisado un aula. Todo este rollo para intentar
acercarte al modo en que mi pensamiento se fue abriendo paso en la vida. Tenía
bastante claro por entonces lo que quería, lo que en la Universidad tuve que
traducir en sacar una media en toda la carrera de sobresaliente para tener
acceso directo a un puesto de trabajo en la escuela.
En tu comentario predomina, creo, la consolidación de una
tesis que pienso está previamente establecida en razón de tu formación y en una
percepción del mundo, quizás también en una experiencia vital, determinada. Algo
como si fuera difícil cuestionar, mientras que la mía, con una experiencia
diferente muy marcada por el autodidactismo, unas lecturas anarquicas, acaso,
que me llevaban de una parte a otra de la concepción de la realidad, hicieron
que derivara, imagino, hacia un modo de ver la vida un tanto peculiar.
Estaba terminando este párrafo cuando entró una monjita a
visitarme (monjita, sí, pequeñita, amable, lleno su rostro de dulzura).
Enseguida le dije que no era creyente pero que apreciaba en las veces que he
estado en este hospital ese cristo crucificado que cuelga en todas las
habitaciones, le conté de mi historia de niño de comunión diaria y de mi
alejamiento de la religión, un alejamiento que se compatibilizaba de joven con
la lectura frecuente del Evangelio. Fue una conversación amable, hasta
diría que cariñosa. Le comentaba que aunque ateo tenía que reconocer que una
parte considerable de mi cercanía infantil a la religión marcó mi forma de
pensar en algunos aspectos). Y a continuación entró la enfermera, un encanto de
mujer que me llega a recordar a otra
mujer de su edad que nos atendió en un albergue del Camino de Santiago y que me
dejó una bonita impronta. Ella era poeta y pintora. Había pintado los murales
de la iglesia de su pueblo subida en altos andamios y además sus poemas eran un
elogio de sencillez. Volví a encontrármela ayer en el guasap y me alegró la
tarde. Confieso que la relación con mujeres mayores producen en mí una cierta
clase de ternura y empatía.
Y bueno, sigo con mi historia que gusto me da en ocasiones poder
irme de un lado a otro sin el correctivo del corsé de una disciplina. Voy a ver
primero por dónde andaba.
Hay preguntas que inevitablemente saltan al tablero, tal
como esa de si la identidad de una persona reside en los momentos de plenitud
que ha vivido o en su capacidad para seguir construyendo una vida significativa
cuando esos momentos ya no están a su alcance. Algo que me concierne personalmente
y que expresaba al final del post de que siempre nos esperará París, una
posibilidad, una opción B que probablemente sólo dependerá de mí y de mi
adaptación a las circunstancias. Y, por supuesto, y estoy de acuerdo contigo,
la opción de Kore-eda me parece falsa, una manera de profundizar en algunos
puntos de la realidad y hacer visible qué sí o qué no es lo que en la vida
realmente ha sido importante, o te ha dejado simplemente una impronta; no me
parece que su planteamiento sea desechar toda aquella otra experiencia, eso que
constituye una parte tan importante de nuestro vivir.






