1/07/2026
Siento especialmente estos días la tentación de limitar la temática en este blog cuando compruebo que parte de ella tendría un lugar más adecuado en las páginas de un diario personal. El único inconveniente que le veo es la dispersión que ello produciría. Hace mucho tiempo que dejé de escribir un diario, y ahora la facilidad del blog para poder reunir mis escritos año tras año en un libro al cual tener acceso en el futuro o cuando se tercie, es tan grande, año tras año poder conservar en libros a resguardo del deterioro de la memoria, lo que pensaste, hiciste, las reflexiones que te surgieron, me place, es como mirarse en el espejo del tiempo y poder confesarte a ti mismo que eres algo más que humo.
En estos días, contradiciendo en parte el parecer del cardiólogo, he empezado a acortar mis horas de sueño tanto de la noche como de la siesta. Animado estaba para ello, sin embargo ahora, sentado tras la tarea del post, las seis y media de la tarde, me encuentro con que acaso ese más tiempo de que dispondré durante el día no pueda llenarlo adecuadamente dado mi bajo nivel de motivación e intereses actuales. No veo cine, apenas oigo música, no tengo proyectos inmediatos y las ganas con que llenaba las horas del día antes de mi hospitalización se han esfumado ¿Qué haré con esas horas de más?, me digo.
La disrupción que se ha producido tanto en mi mente como en mi cuerpo deja en la duda lo que pueda venir después si no despierta en mí un empuje, una motivación que me ponga a caminar, que haga que me interese por asuntos de filosofía, política o lo que sea, algo. ¿No es lo que sucede a mi mente algo parecido a lo de mi cuerpo, que va a necesitar de arduo entrenamiento, necesidad de que me crea verdaderamente un interés que hasta ahora parece ser solamente hipotético?
Notas de ayer tarde tras las cuales me zambullí en la amable lectura de Maupassant con la intención de ver si mientras tanto me caía algo del cielo. Esta mañana mi comedero de pájaros que había depositado en el pinar, había desaparecido. El recipiente del agua estaba vacío y sucio. No era posible que se hubieran llevado una lata sin más, así que lo busqué por los alrededores, y lo encontré a cincuenta metros del pino. Me entran ganas de hacer una crónica psicológica del lugar. Un día aparece sobre la chaise longe un saco de dormir y unas toallas, dos días más tarde desaparece el saco de dormir, más tarde también las toallas, queda una sobre la silla, que a su vez desaparece también. El comedero alguien lo pateó y tiró por tierra el contenido. También rompieron la chaise longe que tuve que reparar trayendo herramientas de casa. Psicología de anónimos visitantes entre los cuales hay alguno que eventualmente llena el recipiente del agua. Como dice el amigo Vinches, hay gente pató. Los humanos somos una especie interesantísima, un buen elemento de estudio. Pienso incluso en mí mismo que últimamente vengo reducido a la humilde condición de barrendero, así cada día poco a poco voy recogiendo toda la basura que me encuentro por el camino. Hoy llené un macuto, que llevé expresamente para recoger todo lo que otros paseantes van tirando junto al camino, latas de cerveza, plásticos, toda clase de mierda que va dejando esa raza de guarros con los que nos ha tocado convivir.
Ahora, un rato después, me siento en la tentación de desmenuzar una larga respuesta al comentario de Enrique que me encuentro esta mañana en el pinar cuando al final, el lugar ya en orden, limpio y con agua y comida para los pájaros en su sitio, enciendo el teléfono. El asunto no es moco de pavo dada la prolijidad del mismo. (Por ahí abajo dejo el comentario). He leído su comentario más de una vez y me resulta difícil interpretar alguno de sus términos. Goya es hijo de la Ilustración y como tal enfatiza la razón como elemento esencial en el comportamiento humano; sin embargo cabría decir que desde Goya ha llovido mucho y, sin menospreciar la importancia que la razón pueda tener, tras él no sólo han aparecido Freud, Jung, el conductismo y una innumerable cantidad de estudios que matizarían una parte considerable del comentario de Enrique, sin que por ello se menoscabe el equilibrio necesario que plantea entre la imaginación y la razón, así, por ejemplo, cuando escribe que en los sueños no hay ningún mensaje oculto que descifrar ni necesidad de atribuirles significados encubiertos o cuando afirma que las interpretaciones simbólicas, por interesantes que sean, siguen siendo interpretaciones, pienso que sucintamente se parte de una situación bastante cerrada en la que se deja fuera una importante cantidad de trabajos relacionados con la creatividad, el inconsciente, la intuición o eso que llamamos inspiración.
Recuerdo alguna idea que vertía Stefan Zweig en La lucha contra el demonio. Cuando Zweig habla de "el demonio" se refiere a una fuerza interior, una potencia creadora que exige al individuo ir más allá de la vida ordinaria. Para él toda gran creación tiene algo de irracional, un concepto que yo en absoluto entiendo como imaginación; o acaso sí… no sé. Tendríamos que ver la relación que existe entre la imaginación y la intuición, esa intuición en donde yo veo el desencadenante de una idea. Por otra parte decir que las interpretaciones simbólicas, por interesantes que sean, siguen siendo interpretaciones, nos llevaría a descartar cualquier interpretación, que siempre son una posibilidad de verdad. Estamos en la encrucijada aquella de la que partió el pensamiento científico: tesis, antítesis, síntesis. Uf, sudo tinta. Creo que lo dejo aquí.
Comentario se Enrique al post de ayer:
“Volviendo a la razón y otras "fruslerías", y sin pretender analizar el pensamiento de don Paco, parece razonable entender que, cuando la razón se adormece, surgen la superstición, los miedos y también ciertos impulsos que olvidan los límites de la realidad. El propio artista dejó escrito:
"La fantasía abandonada de la razón produce monstruos; unida con ella, es madre de las artes y origen de sus maravillas".
Sea cual fuere la interpretación exacta de la frase, la enseñanza parece evidente: la imaginación y la razón deben caminar juntas. La creatividad, los proyectos y las ilusiones son valiosos, pero necesitan el contrapeso de la lógica y de la experiencia. Cuando la mente vuela sin ese equilibrio, puede confundir el deseo con la posibilidad y la esperanza con la certeza.
La vida humana comprende dos estados fundamentales: la vigilia y el sueño, y en ambos el cerebro permanece activo. Si cesara por completo esa actividad, cesaría también la vida biológica.
Los sueños dormidos son los que aparecen mientras dormimos. Son espontáneos, involuntarios y, en gran medida, misteriosos. Mezclan recuerdos, emociones, deseos y temores sin obedecer a lógica alguna. No los elegimos: simplemente nos suceden.
Los sueños despiertos, en cambio, son proyectos, anhelos, aspiraciones o fantasías conscientes. En ellos intervienen la voluntad, la imaginación y la razón. Podemos alimentarlos, modificarlos, abandonarlos o convertirlos en planes concretos. Son, en cierto modo, una creación deliberada que nos obliga a distinguir entre lo que sabemos, lo que suponemos y lo que imaginamos. Las tres cosas son valiosas, pero no pertenecen al mismo orden.
Los sueños dormidos, entendidos como una manifestación de la actividad continua del cerebro, son un fenómeno explicable desde la biología. El cerebro necesita permanecer activo; durante el sueño continúa trabajando con el material almacenado en la memoria, y el producto consciente de esa actividad son los sueños. No hay, por tanto, ningún mensaje oculto que descifrar ni necesidad de atribuirles significados encubiertos. No son mensajes que el cerebro nos envía, sino el ruido vital de una máquina que necesita seguir funcionando para continuar siendo ella misma, es decir, para seguir viviendo.
Se trata de una visión menos romántica que la de los poetas o los psicoanalistas, pero profundamente biológica. Las interpretaciones simbólicas, por interesantes que sean, siguen siendo interpretaciones, y las abstracciones sin fundamento empírico deben presentarse como tales, no como certezas.
En cambio, los sueños despiertos -los proyectos, las ilusiones y las metas que elegimos conscientemente- pertenecen a otro mundo: el de la voluntad y la esperanza. Ésos sí merecen ser examinados, discutidos y, cuando es posible, perseguidos. Pero también deben someterse al juicio de la razón, porque no todo lo que alimenta el espíritu beneficia necesariamente al cuerpo, ni toda aspiración noble resulta prudente en cualquier circunstancia de la vida”.


