5//3/2026
Quizás una de las razones verdaderamente
prácticas de persistir en la escritura, y me lo digo ahora que mis ganas de
hacerlo están a la baja, sea no sólo tratar de comprender la realidad, la raíz
de nuestros actos, nuestras tendencias más propias, sino, y sobre todo sea tratar
de encontrar el camino que conduce, tras la comprensión de algunos aspectos de
nuestro vivir, a un comportamiento que nos eleve por encima de la gravedad
hacia la gracia.
Fue en este punto de la gravedad y la gracia en
donde me detuve en la lectura del libro que leía. Su título, sí, La gravedad
y la gracia. La idea nada más comenzar el primer capítulo es tremendamente
sugeridora. Escribe Simone Weil que todos los movimientos naturales del alma
se rigen por leyes análogas a las de la gravedad física. La única excepción la
constituye la gracia. Para ella toda la mecánica del bien y del mal puede
resumirse en dos fuerzas: la gravedad y la gracia.
Vamos por partes. La gravedad para Simone Weil.
En física, la gravedad es la fuerza que hace que todo cuerpo caiga hacia abajo,
que nada ascienda sin un esfuerzo que venza esa atracción. Weil dice: lo mismo
ocurre en el alma humana. Existe una gravedad espiritual que hace que el ser
humano, abandonado a sí mismo, caiga siempre hacia abajo. No hacia abajo
físicamente, sino hacia: el egoísmo, la venganza, la búsqueda de poder, la
compensación del sufrimiento propio haciendo sufrir a otros, la mentira, la
mediocridad moral. Todo esto es gravedad: la tendencia natural del alma a
dejarse arrastrar por su propio peso hacia lo más bajo. Weil formula algo
brutal pero que ella observó personalmente en fábricas, en la guerra y en la
historia: “El hombre, por naturaleza, no hace el bien. Cae” .
La gracia. ¿Qué es lo que hace posible que el hombre pueda zafarse de esa gravedad persistente que es el sino de toda vida, ese caer constante en el egoísmo, la venganza, la búsqueda de poder, etc.? Weil contesta que la gracia.
La gracia. ¿Qué es la gracia? Si la gravedad lo
explica todo, si cada movimiento natural del alma cae hacia abajo, hacia el
egoísmo, la venganza, la compensación, entonces surge una pregunta inevitable:
¿Cómo es posible que a veces el ser humano haga el bien de verdad, ese bien que
no busca recompensa, el que incluso cuesta, el bien que nadie verá, el bien
hecho hacia alguien que no puede devolver nada? Eso necesita otra fuerza. Y esa
fuerza, explica Weil, es la gracia.
En un primer instante esa palabra, gracia,
dibujó en mi mente de ateo una interrogación. ¿Qué coño sería eso de la gracia?
Siendo Simone Weil, creyente, aunque creyente atípica, en este punto seguí la lectura con cierta circunspección. Para Weil la gracia es algo que viene de
fuera del sistema natural del alma. Un alma llena de sí misma, de sus
opiniones, de sus deseos, de su ego, no puede recibir la gracia. Es una
cuestión mecánica, no puede recibir la gracia porque no hay espacio, la gracia
llega pero no encuentra donde entrar. Dice Weil que la gracia es posible porque
Dios dejó un espacio vacío en la realidad al crear el mundo. Desde la
perspectiva de un no creyente, que entiende la necesidad de ese vacío como una
experiencia en donde puede germinar algo esencial que se oponga a la gravedad,
la gracia seria lo que puede acontecer cuando consigues vaciarte creando en ti
ese espacio de silencio, de espera, de atención. Esta idea me recordaba algo
que escuché ayer en una entrevista a Harari, el autor de Homo sapiens y
Nexus. Decía que él dedica diariamente dos horas a la meditación. A eso me
sonaba ese vaciamiento de que habla Weil.
El vaciamiento no es la gracia sino la condición
para que la gracia actúe oponiéndose a la gravedad y todo lo que ella
significa. En este punto recordé una idea que me es cara y que pertenece a
Brancusi, el escultor. Decía Brancusi que en el proceso de creación no es buena
actitud el empeñarse con el solo esfuerzo de la voluntad en crear algo, que la condición básica
consiste en ponerse en disposición de… ergo, vaciarse, meditar, hacer nada. No
puedes producir la obra. No puedes producir la gracia. Pero puedes crear las
condiciones. Y llevando esta idea a mi experiencia personal, con lo que
enseguida me encontré fue con el silencio y la soledad de las montañas, con los
vivacs en las alturas, con las largas horas de convivencia en medio de






