13/04 /2026
Me llegan algunas entradas de guasap en donde se habla de asepsia intelectual. Un grupo que pretendiendo evitar entre sus miembros conflictos generados por entradas relacionadas con la política, la religión o el fútbol (cosas de la vida…) desea obligar a sus miembros a hablar sólo de aquello que no pueda molestar a alguno de sus participantes. Escribir en ese grupo el número 7291, por ejemplo, supone que a uno lo desahucien de por vida.
Miedo a la libertad, miedo a salir de tu zona de confort, el culo calentito, ninguna preocupación, nada que perturbe la santa paz de la conciencia de nadie. Nada de conflictos, una balsa de aceite a disposición de la armonía del grupo. Y por tanto la insignificancia, lo anodino, el parte del tiempo diario y la felicitación de cumpleaños como materia prima de las relaciones de un grupo. Armonía versus insignificancia. Decir que se opta por la “asepsia intelectual” sugiere la intención de mantener las conversaciones limpias de conflicto, ideología o cualquier tipo de carga emocional. La idea de no “contaminar” el ambiente del grupo con discusiones que puedan dividir, con todo lo loable que pueda ser para algunos, implica una pobre filosofía de la vida que lo que invita es a vegetar intelectualmente. No sólo de pan vive el hombre, cierto, pero digamos que de entrada quien se suma a un standard que sugiere una relación entre personas basada en la superficialidad funcional de sus interrelaciones, lo que sugiere es una negación de nuestras capacidades personales, así como la negación de nuestra madurez y experiencia personal.
Si alguien es incapaz de mantener una conversación racional, aclaratoria, rica en contenido y, sobre todo, amistosa sin llegar al conflicto, lo que demuestra es un grado de inmadurez nada propio en personas mayores. Ahora, si para contentar a estas personas, inmaduras, el grupo ha de someterse por entero a una enojosa superficialidad como tal, lo que hace es ponerse en manos de personas inmaduras incapaces de aceptar otros puntos de vista que no sean los suyos.
La autocensura preventiva lo que lleva sin lugar a duda, lo repito, es a un clima totalmente superficial e insignificante.
En su versión más crítica, la “asepsia” renuncia al debate y al contraste de ideas, lo que empobrece sin lugar a dudas la relación entre los miembros del grupo.
No sé yo por qué me meto en camisas de once varas, pero como me consta que en tal grupo existen personas cultas capaces de enriquecer cualquier conversación, cultura, arte, política, filosofía, religión, con sus conocimientos, su capacidad intelectual y su rico vocabulario, me jode enormemente que, atrapados por la mediocridad y la prevalencia de quienes queriendo huir del posible conflicto optan por hacer de un grupo un aséptico lugar de encuentro donde cualquier inquietud intelectual no tiene cabida.
Ni qué decir tiene que aquellos ciudadanos que pretenden desde su asepsia intelectual mantenerse al margen de la realidad político social, hacen un flaco favor a la comunidad y a sí mismo. Muy por el contrario lo que el mundo necesita son personas críticas que sean capaces analizar la realidad y obrar en consecuencia .
En la Grecia Clásica daban un nombre específico a quienes se mantenían al margen de la vida pública: ἰδιώτης (idiota). Cita Tucídides a Pericles con estas palabras “… Consideramos al que no toma parte en estos deberes no como alguien sin ambiciones, sino como alguien inútil.”






