Hospital HM Puerta del Sur, 25 de octubre de 2026
Este escrito es respuesta a un comentario de Enrique a mi post de ayer titulado “La IA y la codicia”. En esta ocasión incluyo su comentario al final de este escrito.
Bueno, un pequeño paréntesis antes de pasar a ojear la prensa desde mi nueva “residencia” del hospital. Respondo a tu comentario. Nunca hasta ahora fue tan fácil localizar datos sin tener que recorrer a farragosas búsquedas en Internet o en bibliotecas. Basta abrir la app de ChatGPT y ahí lo tienes todo en un par de segundos; así que vamos a los datos.
“Si queremos establecer comparaciones, tendremos que analizar los hechos y no solamente las intenciones declaradas…”
Bien, los hechos: Analfabetismo: Año 1950. Estados Unidos 3 % aprox.; China 80–85 % aprox. En China actualmente se estima un analfabetismo en torno la 3%. Esos porcentajes se vuelven mucho más reveladores por el hecho de que se han conseguido sobre una población 3 veces mayor que la Estados Unidos. Además Estados Unidos tiene un analfabetismo funcional, personas con dificultades de comprensión lectoral, del 28 por ciento, la tercera parte de la población tiene dificultades para comprender un texto corriente (Fuentes: estimaciones históricas de la UNESCO).
“La China actual mantiene un régimen dictatorial dirigido por el Partido Comunista”. No recuerdo haber introducido en mi escrito la adscripción política, lo que sería entrar en otra dimensión diferente de la discusión. Estamos con el “los hechos” a que aludes. En este sentido te podrías contestar a ti mismos con las palabras de Deng Xiaoping. No sería muy esclarecedora recurrir a mezclar asuntos para valorar hechos independientes cuyas cifras cantan.
“Este peculiar injerto entre capitalismo y dictadura”. Todo esto, Enrique, daría para escribir un libro. ¿O es que acaso piensas que el sistema político estadounidense no es una dictadura de facto? La dictadura de hecho de la élite económica. Era esclarecedora la imagen de la toma de posición del payaso de Trump rodeado por los ricos de su país. Un país con un índice de analfabetismo funcional, que algunos estiman en el 60 por ciento, y una clase económica ágil en conseguir votos, dan como resultado, de momento, algo que bien podría tipificarse, insisto, de facto, como una dictadura, esa que el capitalismo va endilgándonos más y más haciéndonos creer que no hay otra alternativa.
Si, como dices, China es un capitalismo disfrazado, benditos ellos que en la actualidad tienen un índice de pobres cero frente a Estados Unidos que ostenta el 10,6%; cifras, insisto sobre una población esta última tres veces mayor. ¿Quién ha hecho mayor esfuerzo en favor de la gente de a pie por mucho a que tantos les gusten especular sobre las etiquetas en lugar de sobre la realidad?
Cuando insistes, más de una vez, con etiquetar a China como comunista, me recuerdas otros tiempos en que decir esa palabra era anatemizar a alguien de por vida. ¡Que viene el coco, que viene el coco! Recuerdo que estamos hablando de datos no de etiquetas interesadas.
“Capitalismo disfrazado”. No creo que China necesite ningún tipo de disfraz, aquí los únicos que se disfrazan son los que poseen la mayor parte de riqueza del planeta, espeluznante clase de lobos metidos en una jaula de gallinas.
“No sé cómo evolucionará ese peculiar injerto entre capitalismo y dictadura” No hace falta especular sobre el futuro, las cifras sobre la evolución de la economía y el bienestar de la población China y de Estados Unidos hablan por sí mismas. Reúne los datos económicos, demográfico y culturales de ambos países, ponlos uno junto a otro y verás la diferente evolución de ambos. Traslada después todos esos datos a unas coordenadas que muestren su evolución y solo mirarla te dará una clara idea de esa evolución.
“Lo que sí creo es que, hoy por hoy, calificar a China de comunista sin más explicaciones no ayuda a comprender su realidad económica”. Creo que escribes sobre tus propios supuestos, nada que ver con mi escrito en el que dejé fuera toda consideración política para no dañar la idea principal. Entreveo por demás en tu planteamiento una cierta disposición a la contra de lo que se cuece en China. Ser ciego a los grandes logros que China ha conseguido intentando descalificarlos con la etiqueta de comunista y habiendo hincapié en la paradoja, como si fuera un pecado, de su cariz capitalista, me recuerda a los viejos sloganes del pasado en que se ponía el acento en la “maldad” del hecho de ser esto o lo otro evitando siempre enfrentar una concepción del mundo y la economía que se enfrentaba por definición a la codicia del sistema vigente basado en el beneficio de unos pocos.
¿Críticas a la organización política y económica de aquel país oriental?: Un buen puñado. Ahora, creo que nuestra atención debe de distinguir los distintos tipos de análisis de la realidad para no caer en una manida interpretación de todo aquello que no es nosotros.
Y por supuesto: China no es mi referente. Ya te dije, creo, que he hecho dos viajes a China con una estancia aproximada total de casi medio año y que allí, salvo en la región autónoma de Xingiang, nos encontramos muy bien. Ahora soy unos pequeño burgués que naturalmente no querría vivir en China. Otro gallo cantaría si yo o mí familia se encontraran en el nivel de pobreza en que están tantos ciudadanos españoles, según el INI el 25% de la población, en donde se incluyen las personas que no pueden permitirse condiciones de vida básicas y aquellas de ingresos muy insuficientes (la llamada tasa AROPE).
oOo
Comentario de Enrique:
“Que unos utilicen las herramientas sociales para acumular poder y otros para crear, cuidar y compartir nos obliga a considerar que aquello que puede ser útil, como la IA, puede convertirse también en una amenaza para la sociedad. El problema no está necesariamente en la tecnología, sino también en cómo se distribuyen su beneficios y sus costes. Hasta aquí, de acuerdo.
Mi discrepancia comienza cuando se toma China como referencia para contraponer su gestión a la de Occidente (léase Estados Unidos). Que el Gobierno chino anuncie medidas para proteger el empleo frente a los efectos de la IA puede ser positivo, pero una cosa son las directrices políticas y otra los resultados de su aplicación. Si queremos establecer comparaciones, tendremos que analizar los hechos y no solamente las intenciones declaradas.
Y aquí conviene recordar algo que a veces se olvida cuando se elogia a Deng Xiaoping y su conocida máxima de que no importa que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones.
Deng Xiaoping, el revisionista más importante del mundo, fue precisamente quien impulsó la transformación de la economía china mediante la introducción progresiva de mecanismos de mercado, la apertura a la inversión extranjera y la expansión de la iniciativa privada. Es decir, un cambio profundo respecto al modelo económico comunista tradicional.
La China actual mantiene un régimen dictatorial dirigido por el Partido Comunista, pero su economía incorpora elementos esenciales del capitalismo. Eso no significa que sea idéntica a las de Occidente ni que funcione como una economía liberal convencional: el Estado chino conserva un gran poder económico y político.
El Banco Mundial concluyó en 2019 que el Estado chino generaba entre el 23 % y el 28 % del PIB -es decir, una media del 25 %-, lo que nos deja ante el 75 % del PIB para el resto de la economía privada. Esto no es comunismo, sino capitalismo disfrazado. Por eso creo que debemos distinguir entre el nombre del régimen, su sistema político y el funcionamiento real de su economía.
No sé cómo evolucionará ese peculiar injerto entre capitalismo y dictadura
Calificar de partido único. Lo que sí creo es que, hoy por hoy, a China de comunista sin más explicaciones no ayuda a comprender su realidad económica.
Y, en cualquier caso, si queremos saber qué modelo afronta mejor las consecuencias sociales de la inteligencia artificial, habrá que esperar a comparar sus resultados efectivos. La etiqueta ideológica no nos proporciona por sí sola la respuesta.






