jueves, 22 de enero de 2026

¿Buscarle cinco pies al gato?

 

22/01/2026

Imagen creada por ChatGPT

Miro estos días con cierta preocupación el hecho de que los dos últimos libros que he comenzado me aburran tanto como para no pasar más allá de la cuarta parte de las páginas. La pasada semana, Sebald y su Los anillos de Saturno y esta tarde mismo Maestros antiguos, de Thomas Bernhard, ambos autores muy reconocidos. Y hace unas pocas semanas a quien abandoné fue a Pavese y su Entre mujeres solas. Preocupado porque no sé si soy yo el responsable, yo, mi capacidad, mi interés, o si como apunta reiteradamente Thomas Bernhard en su libro, sucede que nos acercamos más a ciertos libros, ciertos cuadros, más empujados por su fama, la del autor o del libro, que por la verdadera calidad de la obra. Y si no es así, lo que cabe apuntar es que ese lector voraz, yo mismo, que leía casi todo lo que caía en sus manos con delectación y aprovechamiento, ya no existe y ahora, mucho más crítico y selectivo, necesite obras no ya de reconocida calidad sino también libros que de algún modo se construyan dentro de unas coordenadas relacionadas con los intereses personales, la belleza o los asuntos que me son cercanos. Quizás todo esto tenga relación con la restricción que mis intereses van sufriendo con los años. Que la lectura de Bernhard, hasta donde he llegado, me parezca un caprichoso exponente de un malhumorado autor que arremete a golpe de machete las mayores convenciones artísticas, que su prosa reiterativa, que a mi me parece un recurso estilistico  sin sentido y que la crítica estima hipnótica, me hace pensar en ese círculo que puede estar en torno a lo que me interesa. El pasado año me sucedió algo parecido con Patria, de Aramburu, un libro a mi entender, salvo unos pocos buenos aciertos, francamente malo, en lo que leí, no pasé del primer tercio, y que sin embargo era alabado por los amigos que lo habían leído y, por supuesto, por la crítica en general.

No se puede decir tampoco que sea tan especial, existen tantos libros y autores que me han entusiasmado siempre que pienso que tiene que haber “algo” que sí, como hace Bernhard, que puede tener que ver más con el mercado, con algún tipo de convención, con “lo que se escribe hoy”, lo que gusta a nivel general, con lo que sea, pero ajeno a una calidad que resista el paso del tiempo. Escribo esto y, claro, no me gusta del todo porque pareciera que mi juicio estuviera de parte de una indiscutible calidad, y que aquello que no me gusta careciera de tal. Y no es así.

En muchas ocasiones cuando leo una crítica o pregunto a ChatGPT sobre un libro, un cuadro, las respuestas que obtengo las encuentro excesivamente laudatorias, como si de una cosa simple inventaran un mundo. Es un procedimiento usual que parece estar a sueldo del autor en el sentido de pretender legitimar la obra, justificar una exposición o seducir al público. Algo que tropieza de frente con la posibilidad de que el lector, el espectador, asuma por sí mismo la experiencia directa, que sería la forma honesta de apreciar arte: lo que uno ve y siente sin intermediarios. Buscarle cinco pies al gato parece ser el cometido de una amplia parte de la crítica, me parece. En ocasiones se monta un escenario conceptual en torno a una obra que sólo está en la cabeza del crítico.

Días atrás leí un titular en un periódico en donde el autor decía que cuando das a imprimir un libro, éste ya no es tuyo. Pertenece al lector, muchos, que pueden encontrar en él muy diferentes, e incluso encontradas, interpretaciones. En tal caso el libro por las primeras manos por las que pasa es la de los críticos que interpretan, dicen, extrapolan… Decir que lo que la gente piensa de determinados libros ha pasado por el tamiz de lo que piensan algunos críticos, no me parece una exageración, sino algo que está a la orden del día. La labilidad a que está expuesta una obra por parte de los espectadores o lectores, da pie para que cada vez que te acercas a un libro andes con los pies de plomo en los primeros capítulos. Ello como idea general, que a ello es necesario añadir al sujeto lector, su experiencia de lectura, sus motivaciones o sus intereses personales que van a jugar un papel importante en la valoración del libro que pretende leer.

En cualquier modo cuando tantas veces abandono un libro en sus comienzos, siempre me entra la duda de si soy yo el responsable de esa deserción o es que el libro no está a la altura de mis expectativas.

 

 


miércoles, 21 de enero de 2026

¡Carajo, qué mundo éste!

 

Imagen creada por ChatGpt

21/01/2026

Recordando mi post de ayer me pregunto si estando como está el mundo uno puede entretenerse en pajas mentales. Esta noche escuché el discurso de Mark Carney, presidente de gobierno de Canadá, en Davos y más tarde a algún que otro analista político en relación con la situación del orden mundial que vivimos. Estando como está una parte importante del mundo en manos de un psicópata, otra fracción de él, Europa, a cargo en buena parte de gobernantes incompetentes, si no corruptos, parece paradójico que yo me dedique, acaso, a “chuminadas” de tal índole.

Escribo con Mico, nuestro gato, en el regazo. Le acaricio de tanto en tanto y él cierra los ojos y mueve la cabeza restregándose de gusto contra mi mano. Hoy abrí la caja de mi regalo de Reyes y extraje unas bolas de semillas y otras sustancias que, colgadas sobre una rama van a alimentar a los pájaros de nuestra parcela en adelante. Los carboneros no perdieron el tiempo en colgarse de la estructura de hierro que las contenían para picotear a placer su nuevo yantar. Hasta que llegó la lluvia estuve rastrillando las últimas hojas que el otoño había dejado en nuestra parcela. Después, tras la comida, leí durante un buen tiempo a Thomas Bernhard, sesteé y miré largo rato el ir y venir de los pájaros frente a mi ventana. A la noche encendí el fuego de la chimenea y ahora, tras darme una vuelta por el mundo, acaricio a Mico.



Este es el relato simple de un sapiens cuya existencia se debe acaso a un encuentro fortuito entre mi padre y mi madre cierta noche de otoño. Te traen al mundo, sin permiso, y ahí quedas a merced del los vientos y la buena o mala disposición de las circunstancias. Más tarde creces, te haces mayor y cuando ya más o menos conoces cómo funciona el mundo en donde has aterrizado, vas y te mueres.

Pasa que ya que como ya estás en el mundo, algo tienes que hacer, sí, que la vida en definitiva consiste en hacer cosas. Y curras para ganarte la manduca, y te diviertes, y a veces estás triste, y a veces contento, y te enamoras, que sí, que hay que cumplir con los designios de la especie y traer nuevos sapiens al mundo, y después de un tiempo vas y te mueres, kaputt, sanseacabó.

Y ya que estás en el mundo hay que darle juego al asunto en ese tiempo que pasas entre tu gestación y el momento último. Y ahí es donde entra la historia de la humanidad, todo lo que hacemos y especulamos en ese periodo de tiempo, que podría ser un tiempo tranquilo, un rato que pasas sobre la superficie del planeta Tierra, que es tiempo de crear, amar, acumular, hacerse pajas mentales y mucho más, y que sin embargo por mor de algunos cerebros calenturientos, es difícil que durante ese periodo de tu existencia puedas sobrevivir a alguna guerra. Pocas, pocas generaciones se han librado desde el principio de los tiempos de una guerra, guerras devastadoras de millones de muertos, rencillas regionales, conquistas, depredación, esas lindezas que fabrican algunos sapiens para amenizar su corta estancia en la Tierra.

Hoy en Davos, Carney, sin citar directamente a MísterPorMisCojones o a Estados Unidos, hablaba de la destrucción del orden mundial que se estaba produciendo. El Pato Donald, convertido en el gamberro grandullón de una clase de adolescentes, un psicópata, estaba poniendo en jaque la mediana cordura y entendimiento que rige la relación entre países de medio mundo.

Huele a pólvora en este pequeño planeta perdido en la inmensidad del Universo. Es un mundo en el que puedes dedicarte todo el día a rascarte la nariz, escribir perogrulladas o regar los geranios sin más, pero ¡ojo!, que entre el personal siempre va a haber alguien, siempre lo ha habido, que querrá romper la crisma al vecino, robarle sus pertenencias o pisotear impunemente a todo aquel que no se someta a su voluntad.

“¡Ojo!” quiere decir que por mucho que quieras refugiarte en tu huerto, tu humilde trabajo, tu casa, tus asuntos, tus libros o tus películas favoritas, siempre vas a tener a alguien dispuesto a poner patas arriba tu pequeño mundo, tus ideas… tu vida entera.

Podríamos pasarnos la existencia, esos pocos años entre la gestación y el final, en paz con nosotros y con los demás, pero… Así que a la fuerza, esta mañana mientras pacíficamente rastrillaba las hojas con las que el otoño había alfombrado nuestra parcela, pensando en mi post de ayer, lo que se me ocurría es que lo que tendría que hacer para seguir pacíficamente haciéndome pajas mentales y vivir en santa paz, era marcharme a otro planeta con alguno de los personajes de Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.

 

 

 

 


martes, 20 de enero de 2026

Pajas mentales

 


20/01/2025

Hace un rato estaba en la cima de la Covacha y poco después andaba haciéndome pajas mentales ;-) en el chozo del Cervunal, y encandilado como estoy volviendo a leer estas cosas en cierto libro que escribí hace un par de años, uno que lleva el subtítulo de 100 vivacs en las cimas de nuestras montañas, esta noche creo que voy a sustituir a Thomas Bernhard, Maestros antiguos, que comencé ayer, por los capítulos siguientes que hablan de mis vivacs en el Juraco, el Morezón, el Corral del Diablo y otras cumbres de Gredos.

Me sucede una cosa curiosa. En ocasiones cito un vivac en una cumbre, en el título, y cuando llevo un rato leyendo, aquello no alumbra ningún recuerdo relacionado con la ascensión, por el itinerario que tomé ni nada por el estilo, sino que sin más me encuentro sumido en algunas de mis habituales pajas mentales, que apenas dicen nada sobre lo que acaso deberían decir, el itinerario y sus circunstancias. Así, por ejemplo, en la entrada de la Covacha, me paso el grueso del post reseñando un libro de Martínez de Pisón, que a su vez cita el magnífico libro de Matthiessen para ilustrar la reflexión de cómo un largo itinerario por las montañas llega a ser una forma de vida y pensamiento. Y, claro, me digo, a qué liarme describiendo mi ascensión desde la laguna de los Caballeros si lo que tengo en la mente es una secuencia de brillantes ideas que tanto Eduardo como Matthiessen me han regalado mientras dejaba atrás a mi derecha la bella montaña del Juraco. Recuerdo entonces tan vivamente los últimos párrafos de Eduardo leídos junto a la laguna de los  Caballeros, que por fuerza el paisaje, risco de la Ventana y riscos Morenos al sur, casi me pasan desapercibidos. Pisón había sido atrapado por el espíritu del leopardo que el describía y hablaba de un espacio interior donde se incorporaban las grandes rocas, la nieve o los felinos. “Crezco en estas montañas como el musgo”, escribía Matthiessen. Así, siguiendo el curso de sus pensamientos, afirmaba: “Lo que diferencia a los hombres es la voz interior que da sentido a sus vidas”. Y para más abundancia, más abajo: “El yo personal no está aislado, escribe, el yo personal es como agua sumergida en el mar”. Agua dentro del agua, escribía Bataille.

De pajas mentales están mis posts llenos, eso si no son pajas mentales casi todo lo que escribo. El amigo Enrique en el último comentario a mi último post me dice que cuando me lee, le gustaría que no imitara a don Miguel (de Unamuno) y a sus masturbaciones mentales a fin de poder comprenderme sin que se disperse. ¡Ay!, le decía yo, más quisiera un servidor llegar siquiera a la planta del pie a mi admirado, controvertido, y equivocado (en los comienzos de nuestra guerra civil con su apoyo al Régimen) don Miguel.  Total, que después de encender el fuego de la chimenea me dio por hacer una loa a las pajas mentales. 

En términos generales se dice de alguien que se hace pajas mentales cuando elabora razonamientos excesivamente complicados, rebuscados o artificiosos. Hablamos de un ejercicio intelectual estéril: el pensamiento se alimenta a sí mismo, pero no produce nada fuera de él. Se diferencia de reflexionar o pensar con cierta profundidad en que el que reflexiona busca comprender mejor un asunto, mientras que el que se hace pajas mentales lo que busca (consciente o inconscientemente) es mantener el pensamiento en marcha, es decir blablabla… 

Hoy, cuando leí esa expresión en el comentario de Enrique, de repente me entró la curiosidad de abrirle las tripas a ese “hacerse una paja mental”. Quería indagar la diferencia que pudiera haber con el hecho de reflexionar. O mejor todavía, considerar si el hecho de hacerse una paja mental… Una aclaración. Quizás para seguir adelante habría que definir el concepto, un concepto que acaso para mí es una llamada de atención precisamente porque al intentar reflexionar sobre algo uno  puede perderse en las anfractuosidades de las ideas como quien camina en la niebla para terminar en un trabajo inútil por encontrar el sendero correcto. 

Y sí, quizás esa imagen sea pertinente. Le decía a Enrique, así, sin más, y de manera casi intuitiva, que la necesidad de proveerse de conocimientos “certeros” (para uno mismo, claro) -hoy más que nunca en este mundo un tanto caótico en el que vivimos, en que cada vez más impera la ley de la selva, lo que hace es contribuir a reforzar mis creencias  y en consecuencia a mantener a raya aquello que pueda contaminarlas. Y para ello, no lo dudes, le decía, es imprescindible que las pajas mentales no falten. Son la punta del bastón de ciego con la que intentamos orientarnos en la complejidad. 

Esta última afirmación se sostiene si tenemos en cuenta la frecuencia con que el pensamiento se dispersa. Hay quien tiene una facilidad asombrosa, inteligencia, preparación, conocimiento, para hilar las ideas con pulcritud y orden. No es mi caso, que necesito darles vueltas y vueltas a las ideas, como quien buscas salida en un jeroglífico, para intentar alumbrar mi propia oscuridad. 

En ese contexto diferenciar entre la paja mental y la reflexión no es fácil. Y entonces lo que para un lector ocasional puede parecer un ir y venir por las ideas sin sentido, sí tenga, en quien escribe, la razón de ser de quien tienta por aquí o por allí a la búsqueda de una solución, un sendero correcto. Naturalmente todo esto no invalida el hecho de que cosas que podamos decir o escribir sean perfectamente elucubraciones inútiles. Huelga comprender que decir a alguien que se hace pajas mentales se entiende en muchas ocasiones como una expresión pseudo cariñosa entre conocidos. Obviemente también vale lo contrario.









 


domingo, 18 de enero de 2026

Nostalgia

 


19/01/2026

Abandono el fuego de la chimenea y salgo a dar una vuelta a la parcela. En lo alto Sirio y Orión lucen esta noche especialmente brillantes. De repente un ramalazo de nostalgia me sube por dentro. Una mezcla ambigua de placer y tristeza que evoca esas magníficas noches bajo las estrellas en las cimas de nuestras montañas. Me apasiona la relación que tengo con la memoria. Hace sólo unos pocos días también la memoria era objeto de mi escritura. La memoria habla a veces tan alto, tan penetrante es su llamada que es muy difícil no oírla. Parece estar ahí a la espera de que cualquier hecho baladí la haga despertar con renovada fuerza. Sin embargo hoy no eran recuerdos a secas, esa mezcla de placer y tristeza era algo que me dolía por dentro. Esas más de un centenar de noches de invierno y verano de dormir en las cimas de nuestras montañas han dejado en mí una honda impronta que será imposible olvidar.

Recordé más tarde la película de Tarkovski, Nostalgia. Tarkovski titula la película Nostalghia, con h intercalada, aludiendo a la raíz griega: Nóstos: regreso, Álgos: dolor. Algo así como el dolor de no poder regresar. El protagonista, un poeta ruso en Italia, sufre una nostalgia que se muestra como una herida permanente, no es una nostalgia del pasado, sino del “hogar”. El pasado no aparece como algo idílico, como es mi caso, el protagonista, Doménico, exiliado de su tierra natal, vive el desgarro de la lejanía de su mundo, la tierra, el lenguaje, lo espiritual, lo cotidiano.

No se trata de impostar con esta referencia a Tarkovski mi propia nostalgia, sino intentar de encontrar a partir de ella un paralelismo conceptual sobre la calidad de la misma. Mi lejanía, que todavía no sé si es real o se trata de una lejanía demorada, tiene ese carácter de dolor y tristeza de quien evoca lo vivido con la duda de si “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No me gustó nunca la actitud plañidera de aquellos versos de Jorge Manrique a la muerte de su padre.

El protagonista de Tarkovski evoca su tierra, su “hogar”, desde la certeza de su destierro. Mi evocación se mueve en un entorno marcado no tanto por la imposibilidad de volver a “mi hogar”, esas noches bajo las estrellas, como las que suscitan mis dudas o mi falta de voluntad y motivación. Para Ortega, ya que don José y su Ideas y creencias  han vuelto a aparecer en el último comentario del amigo Enrique, la creencia es como salir del portal de tu casa y encontrarte lo usual, la panadería enfrente, el tráfico acostumbrado, un par de jubilados al sol, el cielo de todas las mañanas. Si salieras del portal una mañana y te encontraras una playa o las dunas del desierto te sorprenderías. Las creencias son esa certezas con las que vivimos desde ni se sabe cuándo. Pido para que no parezca que cojo el rábano por las hojas, un pequeño esfuerzo que me permita relacionar mi hábitos de tantos y tantos años, la certeza de que nunca faltaría a mi cita habitual con las cumbres, con mi particular “creencia”.  Si se asume así lo que sucede es algo parecido a lo que experimentaba aquel vecino que sale a la calle y en lugar de encontrarse lo habitual se encuentra frente a sí un paisaje extraño y desconocido.

Vamos, que descolocado como puede encontrarse un tal vecino, no es raro que a mí, en situación parecida, me dé un ramalazo de nostalgia cuando salgo a la parcela y me encuentro con Sirio y Orión en el firmamento.

La evocación de la patria y el hogar por parte del protagonista de la película de Tarkovski se presenta como una consecuencia de su exilio y su escisión interior. Aquí la sangre no llega ni mucho menos al río, pero, sí, algo de esa escisión se está produciendo en un servidor. Una escisión que puede con un poco de voluntad convertirse mejor en un tira y afloja con uno mismo que acaso requiera todavía un estado de ánimo a la altura del frío y del esfuerzo que necesitaría para volver a las andadas. Recuerdo que en cierta ocasión Messner después de mucho tiempo de preparación para una de sus arriesgadas ascensiones en el Himalaya, llegado al pie de la montaña decide recoger sus bártulos y marcharse de nuevo a casa. Lo explica con sencillez, su estado de ánimo no estaba a la altura del reto que le esperaba en aquella montaña.


sábado, 17 de enero de 2026

Desmadejando la complejidad

 


17/01/2025

Contesto a un comentario de Enrique Muñiz aparecido en mi post último.

Enrique:

“La diferencia entre no ser creyente y ser profundamente religioso es menos una diferencia filosófica que una disposición de la conciencia. No remite a realidades incompatibles, sino a modos distintos de interpretar la experiencia. El pensamiento, al organizar el mundo, genera esos estados mentales. Una higiene interior orientada hacia la razón puede conducir a aceptar el ciclo biológico como explicación suficiente; ello no desacredita, sin embargo, a quien encuentra en la idea de Dios un principio de sentido, ni permite negar la consistencia racional de su propia construcción mental, aunque no sea compartida.

Las posiciones personales frente a la teología no pueden evaluarse en términos de superioridad o inferioridad, porque pertenecen al ámbito de la interioridad. Cada sujeto conoce o cree conocer lo que su pensamiento le aporta. Lo verdaderamente significativo es que, más allá de estas divergencias simbólicas, todos participamos de las mismas funciones básicas y reproducimos patrones de conducta sorprendentemente similares. En este punto, religión y política convergen: nos fragmentan en el plano de las ideas mientras nos homogeneizan en el de la acción. Así, el ser humano se revela como una paradoja constante: plural en sus creencias, uniforme en su estructura, dividido en el discurso e idéntico en lo esencial”.

 

Mi respuesta:

Cómo el pensamiento organiza la experiencia para hacerla habitable, habitable para quien lo piensa, parece que determinara buena parte de nuestra concepción del mundo y la realidad. Y las herramientas que usa, fruto ellas tanto de la experiencia desde la infancia y la formación personal, determinan un estado de conciencia proclive a disposiciones personales diferentes en función de ellas.

El hecho de que desde la subjetividad la realidad última yazga en el epicentro de nuestra intimidad como un cuerpo de creencias que forman parte de nosotros al punto de definirnos frente a nosotros y ante los demás (Ortega: las ideas se tienen, en las creencias se está) y que por consiguiente constituye la médula de nuestro ser, permite que relativicemos toda realidad exterior, o la sometamos acaso, al flujo interno de nuestras concepciones personales.

Acreditar o desacreditar, por utilizar tu terminología, en los términos a que me refiero, probablemente carece de sentido para el sujeto consciente de que la complejidad conceptual de nuestro mundo en definitiva es un constructo, una herramienta posible, pero totalmente prescindible (para él, se entiende). Imaginemos un hormiga perdida en alguna remota región del Mato Grosso brasileño y su significación como ser para su entorno inmediato, significación religiosa, ética, política. Y junto a ello su significación para la política brasileña, para el planeta, para el Sistema Solar, para la Vía Láctea, para etcétera… Esta imagen de insignificancia creo que debería ayudarnos a poner en contexto nuestros “deliquios” intelectuales por una parte, y por otra a considerar en ese contexto que mucho más allá del sujeto pensante toda realidad adquiere un valor relativo (para el individuo, se entiende). Hablo en el plano conceptual. Lo que es la realidad global para la hormiga no deja de ser en el fondo algo parecido en relación al individuo, por mucho que nuestra capacidad craneana sea superior a la de la hormiga.

Sí, por mucho que queramos magnificar nuestras capacidades derivadas de la evolución de nuestro cerebro, y queramos interpretar la experiencia en base a ellas, la realidad última, la de la vida íntima del individuo, es la que prevalece sin lugar a duda. La hormiga probablemente carecerá de vida íntima, pero ello no altera el supuesto.

Los estados mentales generados en el individuo por su experiencia, situación en el mundo, filosofía de la vida, incidencia de la realidad externa, etcétera son, al margen de su posible incidencia social, el resultado del encuentro entre éste y lo que no es él. Y sería ahí donde “una higiene interior” orientada especialmente hacia nuestra insignificancia (por aquello de poner en cuestión la soberbia y la arrogancia de que se vistió siempre el hombre, un ser más entre millones de otros muchos que habitan el planeta), decida defenderse de la arrogancia del homo sapiens sapiens camino siempre del homo necius intentando  abrirse paso en el fárrago de las convenciones y las disquisiciones buscando con ello su lugar en ese Todo del universo en que transcurren los años de su vida.

¿Que invalida todo esto conceptos y análisis generales de la realidad? En absoluto, creo que lo que hace es poner en contexto la realidad individuo/sociedad, invitando con ello a que tomemos medidas para no ser absorbidos y despistados por la presión del medio. Aquella aberración de “por Dios, por la Patria y el Rey, murieron nuestros padres; por Dios, por la Patria y el Rey, moriremos nosotros también”, jamás tendrá lugar en una concepción donde el individuo, se quiera o no, es para sí el centro del universo.

¿Qué pinta Casarotto en este contexto? Especulo que él, como tantos otros entre los que me incluyo, vivió envuelto en una pasión, una religiosidad heredada, un modo de vida en donde está ausente la publicidad y similares, vive una intensa relación de pareja y ese es su mundo, su credo; no necesitó ir mucho más allá. Buscan como nuestros gatos la cercanía del radiador en invierno y la sombra en verano; para nosotros la sombra y el radiador son nuestras íntimas creencias. Que queramos ampliar nuestros conocimientos y estudiar la evolución del pensamiento humano constituya un objetivo deseable, no altera esa realidad.

 

 

 

 


viernes, 16 de enero de 2026

Del libro de la memoria

 

Imagen generada por el ChatGPT. 


17/01/2025

Vivirte a ti mismo como quien saborea una jarra de cerveza tras una larga y calurosa ascensión. Sorberte, sentirte, gustarte. Además, sentirte uno con la tierra que pisas, con las laderas de las montañas que asciendes, con la noche y sus estrellas. Sentirte cercano, próximo, ser carne de la misma carne de esas rocas, esos bosques, esos arroyos. La armonía del Todo, y tú formando parte de ella.

Renuevo mi recuerdo de Casarotto, íntimo encuentro consigo mismo y su fuerza, su resistencia al frío, las terribles dificultades en la más plena soledad.

Silvia Vidal y Casarotto, tan lejos ellos  de lo que no fuera la mismidad con la que se enfrentan, conviven, absorben, sienten las profundidades de su yo.

Llevo toda la tarde noche mano sobre mano. Cuando fue la hora de encender la chimenea allí estaba de nuevo la simplicidad del mundo que pretendo vivir. Poca cosa, pasar la escarificadora en algunas zonas, rastrillar, reparar una tubería que el motocultor había roto, y más tarde hacer nada. Mirando las llamas crecidas que alimentan los troncos y raíces de las hiedra que arranqué días atrás, pensaba en las pocas cosas que me interesan últimamente; considerando el reducido mundo por el que mis pensamientos se mueven yendo de acá para allá, éstos terminaron sobrevolando esos dos meses y pico de caminar por los Alpes del pasado verano. Buscaba encontrar la razón de alguno de esos comportamientos, absurdos para tanta gente, y que sin embargo constituyen parte esencial de la razón vital que mueve a algunas personas. Casarotto, le decía a Goreta en el Campo Base antes de emprender la ascensión directa al K2 en solitario, que ofrecería tal ascensión a Dios. Probablemente muchas veces nos movemos por pasiones de las cuales no sabemos ni mu. Se nos imponen con una fuerza descomunal y por mucho que le demos vueltas al porqué, difícilmente acertamos. Casarotto, de hondas creencias religiosas, creo que buscaba su explicación en el ámbito de su mundo conceptual, el entorno religioso que pudo vivir en Italia. Nosotros, ateos y racionales, nos las damos de listos y así cada cual pregona, pregonamos, razones para todos los gustos.

Así que especulaciones a parte, y puestos no a explicar sino a intentar recolectar dentro de uno aquello que una noche de invierno frente a la chimenea lo que la intuición te dice, digamos que si existe conocimiento fiable, ¿qué mejor proceder que buscar entre las páginas de la historia personal aquello que fue fuente de gozo y plenitud? Para eso sirve el pasado de cada uno. El pasado es un libro en el que todos podemos leer las luces y las sombras de nuestro vivir. Quizás el libro más interesante e instructivo que podemos leer.

Bueno, estas son las sensaciones que alimentaban las últimas horas del día de hoy. La certeza de que lo que haya que escribir en ese libro de historia de nuestra memoria ha de estar en íntima relación con aquello que un día recordaré con gusto, me obligaba a pensar, en términos prácticos, en que lo que se hace o no se hace, debe de algún modo dejar sobre el libro de la memoria ese parecido sabor de una jarra de cerveza tras una larga ascensión.  

 


jueves, 8 de enero de 2026

Mister PorMisCojones y los soplagaitas de la UE

Los listillos de Microsolf andan por ahí sueltos intentanto con su exprimidora sacar pasta de mis bolsillos. Así que tararí que te vi. Ya buscaré el medio de no pasar por caja. Aquí mi texto de hoy si es que no podéis oírlo:




 8/01/2026

No hay grajos que vuelen sobre nuestra parcela, por aquello de que cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo, pero sí, hace un frío del carajo. Así que no me lo he pensado dos veces y he sustituido el rastrillo y la motosierra por el confortable calor de mi cabaña.

Lo he escrito por aquí no pocas veces. Un servidor escribe de oído y al ritmo de lo que el ánimo le dicte. No entiendo de política, no tengo especiales conocimientos de psiquiatría, ni de un saco de asuntos más, pero es que a veces tengo un gusanillo por dentro que vamos, termina por agitar las yemas de mis dedos y éstas no tienen más remedio que ponerse en movimiento. Decía que ni puta idea de casi nada, pero que sin embargo algo, sí, pretendo conocer a través de eso que llaman sentido común, algo sé de lo que es moral y lo que no es; sé distinguir a los canallas, a los asesinos, a los codiciosos y, en estos últimos tiempos, a los psicópatas. Y de estas cosas que sé y he aprendido durante años, deduzco que siempre a lo largo de la historia de la “civilización” todos esos asesinos, canallas, codiciosos han tergiversado el relato histórico dejando fuera del espeso ropaje de los libros de historia las muchas y verdaderas razones del hacer de la clase dominante. Y eso sería poco si la infamia no se hubiera disfrazado siempre al punto de hacer de toda la canallada de la historia admirados próceres, geniales militares. Stendhal fue un admirador profundo de Napoleón Bonaparte, en Rojo y Negro,  sin más, Julien, el protagonista, idolatra a Napoleón. El mundo admira a Alejandro Magno; en una ocasión leyendo al preclaro José Antonio Marina, tan luminoso él y del que tanto aprendí, se refería a Felipe II como una persona altamente admirable por esto o por lo otro. Existen tantos personajes execrables en la historia, tantos países que viven bajo la aureola de la excelencia, de la grandeza, y que fueron auténticos asesinos, abominables personajes que a lo único que atendían era a la codicia y a la expansión de su territorio, que uno se admira de que todavía hoy quieran celebrarlos como lumbreras de nuestra civilización. En este sentido tiene cojones que en España quiera celebrarse la Conquista de América como un acto heroico, como una colonización religiosa, cuando fue un nido de mierda, un emporio del asesinato, un modo fácil de extorsionar y robar los recursos de los países colonizados.

Como siempre, cosas veredes, amigo Sancho. ¿Recordamos, por ejemplo, lo que supuso de muerte y horror en todo el mundo la actuación del Imperio Británico, la de Francia en Argelia, la colonización española, la pretendida conquista de Rusia por Napoleón, la colonización y robo de los recursos en el continente africano, las sistemáticas guerras de Estados Unidos encaminadas a robar recursos energéticos ajenos? Las acciones de Bélgica en Centro África quizás merezcan una consideración especial como ejemplo de los que se cuece en la médula de la Historia. Se trata de uno de los episodios más brutales y a la vez más silenciados del colonialismo europeo (más o menos como sucede ahora con Venezuela). El Congo fue inicialmente una propiedad personal de Leopoldo II, un individuo que nunca puso un pie en el Congo y que se presentaba como un filántropo y un luchador contra la esclavitud. En realidad creó un gigantesco sistema de explotación y terror. A las poblaciones locales, que estaban obligadas a recolectar caucho, se les imponían cuotas imposibles. Si no se cumplían las cuotas la población sufría mutilaciones (especialmente manos cortadas), latigazos hasta la muerte, quema de aldeas, toma de mujeres y niños como rehenes, y ejecuciones ejemplares. Las estimaciones mas aceptadas hablan de entre 8 y 10 millones de muertos en apenas 20–25 años producidas por asesinatos directos, hambre, agotamiento… Fue, en términos actuales, un genocidio, aunque durante décadas se evitó usar esa palabra. ¿No resuena esto a lo que sucede sistemáticamente con el pueblo palestino?

¿Qué hizo el mundo, Europa, durante mucho tiempo? Mirar para otro lado. Ahora: sí, bueno, es que Maduro era muy malo… Es que Sadam Huseim era el diablo, es que Noriega más de lo mismo, es que… ¿Quién puede dudar de que nuestro mundo vive acaso con mañas más sofisticadas un comportamiento similar? ¿Quién puede dudar de que los políticos responsables de la UE, imbéciles señores de la guerra, no están donde estuvieron siempre? Por cierto, incompetentes señores de la guerra: Déjense de idioteces y retiren ustedes las bases militares de la OTAN creadas después de la promesa hecha por EEUU a Gorbachov en 1990 de que “la OTAN no se movería a partir de entonces ni una pulgada hacia el Este”. Retiren ustedes esa amenaza contra Rusia y siéntense con su vecino europeo a conversar civilizadamente y no echen más gasolina al fuego.

Esta mañana el amigo Paco –si aquí hace un frío del carajo qué se yo el que hará allá por su casa en Hoyos del Espino–, se encontraba optimista. Me mandaba algunas líneas entre las que decía que “Hoy tengo el día optimista. Creo que a Trump le queda un año de decir y hacer barbaridades”. La verdad es que yo no estaba nada optimista. Estando en manos de un psicópata, Mister PorMisCojones, es difícil saber qué nos espera. Le decía a Paco que escucho con cierta regularidad en Youtube a Richard Wolff, las entrevistas de Glenn Diesen, Jeffrey Sachs, Varoufakis y algún otro y en general les encuentro optimistas en exceso sobre el desastre que espera a Estados Unidos después de las bravuconadas de Mister PorMisCojones, demasiado optimistas (y ojalá me equivoque). Ni ese mundo multipolar que anuncian con el crecimiento de los BRICS, ni el deterioro del dólar por el uso de otras monedas, ni la deuda pública de EEUU me tranquilizan. No sé, yo no soy tan optimista, el aparato armamentístico y logístico de que dispone este psicópata y la anuencia de los republicanos a todas estas barbaridades y en general, creo, de una cierta mayoría en el país, más la tibieza y estupidez de los responsables de la UE están actuando para poner en bandeja una escalada de conflictos que pueden hacer saltar por los aires el planeta. Ha sido Venezuela, mañana puede ser Cuba, puede ser la Colombia de Petro, el Méjico de Claudia Sheinbaum, ya mismo ahí está la inmediatez de ocupar Groenlandia, y por supuesto Irán con su estratégica posición para cortar el tráfico del petróleo en el estrecho de Ormuz.

La codicia ilimitada, que siempre ha mandado en el mundo desde los tiempos de Alejandro Magno, crece y crece haciendo que el planeta se acerque cada vez más al desastre final. Stephen Hawking vaticinó que los riesgos que se presentan en los próximos 100 años acabarían probablemente con la humanidad, descartaba que nuestra civilización perdurara más allá de un milenio. La irrupción de Mister PorMisCojones en la esfera política mundial es el gran catalizador que puede precipitar una reacción en cadena en la que el mundo entero puede saltar por los aires. Ójala el amigo Paco tenga razón y al Pato Donald le quede un año de decir y hacer barbaridades.