| Dolomitas. 7/8/2023 |
30/08/2026
Desde hace tiempo cuando le pido al ChatGPT que me proporcione una imagen para mi
post, siempre me muestra a una persona, imagino que yo mismo, contemplando un
paisaje, un eclipse, unas aves volando frente a ella. Es la fiel
reproducción de mis mañanas en el límite de un pinar mientras escribo
o simplemente contemplo la vida. Cada mañana se repite con
variantes la misma escena desde hace mucho tiempo. En la imagen
del ChatGPT cambia el paisaje, el mar, un valle
al fondo en el cual corre un río, el eclipse del otro día. Esas son mis
mañanas, mis lunes al sol de toda la semana.
Hoy que veo la sierra
del Valle al fondo, el Lanchamala, el Cerro de la Escusa, cuyo
nombre siempre se me atasca, el Alto del Mirlo a su derecha. En cada una de
esas cumbres, hasta el mismo Morezón he desplegado mi saco de
dormir, también en
La nostalgia brilla en la
mirada del caminante que esta mañana recorre el perfil
de la sierra. Mañana fresca de contemplar el dulce rastro que los
recuerdos, posados sobre la temprana hora del
amanecer, traen delicadamente a mi
ánimo. Rastrojos robados de un cuadro de Van Gogh, una
alfombra de tostado amarillo al fondo de la cual la mancha
gris azulenca de la sierra se alza leve como una promesa
incierta.
Y ya un nuevo
día,
aparcado frente al cementerio mientras espero a Victoria, claro, ¿por
dónde si no se me van a ir los pensamientos? En mi vida sólo hay un
cementerio, uno en el que haya permanecido tiempo muchas veces. Es un
camposanto colgado de la ladera de una montaña donde yace el cuerpo
entrañable de una amiga. Ya lo conté algunas veces. Muchas altas montañas
a su alrededor que acogen como un abrazo el cuerpo maltrecho de
Nena.
He visitado muchos cementerios en mi vida,
casi todos los que me han pillado a mano en mis largas caminatas por los
senderos de España. Tienen los cementerios cierto aire de invitación a la
meditación y al recogimiento que de algún modo son la
continuación de mi caminar solitario. Recuerdo viviendo en Cevo, un pequeño pueblo de la Lombardía donde Nena era maestra, el ritual tan
frecuente de tantas mujeres mayores, casi todas vestidas de riguroso
luto, de bajar cada mañana a renovar las flores de la tumba del
esposo, un hijo, un familiar cercano. Paseo diario con el que
renovar un cariño truncado, un anhelo resquebrajado por la muerte. Yo
también visité ese cementerio a lo largo de mi vida, con Victoria y mis hijos, con amigos que me acompañaron
a alguna de mis salidas a los Alpes y que obligadamente en algún
momento recalaban allá. Un verano, viajando
con una amiga, tras una semana de trotar por el macizo del Adamello, depositamos en la tumba grandes
manojos de rododendros que habíamos recolectado en nuestra
salida. Entonces una anciana se nos acercó en el cementerio: Lei era l’amico di Nena, vero? Había pasado más de una década desde el
accidente de Nena en las montañas del Ortles y sin embargo aquella
anciana me
recordaba perfectamente.
El ejercicio de contemplar la vida se me parece
como si con los años éste se hiciera más frecuente, más compacto. No es un
ejercicio de nostalgia, es algo mucho más denso y actual. Eres lo que fuiste, y
aunque en tantas ocasiones el ánimo eche por tierra esta afirmación, la
constancia de esa realidad múltiple de presente y pasado que somos es lo que
define la certeza del yo que hoy piensa y medita. Mientras tengamos memoria y
capacidad de razonar el yo formado por el ayer y el hoy permanecen trabados en esa
unidad que contemplo algunas mañanas en el pinar mientras mi vista se pierde en
las lejanas montañas de Gredos. En un principio me parecieron demasiado
reiterativas esas imágenes que me servía el ChatGpt para encabezar mis últimos
posts, sin embargo hoy aprecio esa reiteración porque entiendo que mucho en la
vida es reiteración y su expresión de alguna u otra manera tiene que recoger,
de parecida manera en que los rituales de la vida se repiten a diario, ese
ritmo aunque tintado con pequeñas y breves variantes. El hombre de la imagen de
ayer, por ejemplo, frente a una ventana, más allá una pequeña cascada, peces,
alguna fotografía colgada con las pinzas de la ropa,


