Recibo esta noche un largo escrito de Santiago
Fernández que comparto totalmente y que ha conseguido que de nuevo las yemas de
mis dedos vuelvan a acariciar las teclas de mi viejo portátil. Mi respuesta:
Mi admirado Santiago,
Admirado no sólo por tu disposición ante la
adversidad, sino también por la fuerza y la indignación con que asumes nuestra
degradante realidad política. A mí ya se me va menguando más y más la capacidad
de indignación que me produce la realidad del mundo en que vivimos: “Harto de
estar harto, ya me cansé / de preguntar al mundo por qué y por qué”. Así
continúa Serrat: “Me iré tras una nube pa’ serle fiel / a los montes, los ríos
el sol y el mar… /a ellos que me enseñaron el verbo amar”. Vamos, que apenas
leo la prensa ni sé lo que sucede en el mundo y que prefiero serle fiel a la tierra y a los montes. Pese a todo esta noche has
conseguido con tu largo mensaje ponerme de nuevo a teclear “algo” sobre el
portátil. Abandoné casi todo, de momento, la montaña, las redes, y ahora me
alimento del sol y de la tierra que he empezado a cultivar como un viejo
colono, talar árboles, abonar, podar, cuidar el mundo vegetal y animal que me
rodea. Así que tus palabras me llegan como eco en la lejanía, ese artículo en
El Mundo que me mandas y que yo nunca leería entre otras cosas, recordemos a don
Antonio, “Mala gente que camina y va apestando la tierra”, porque ya tengo
muchos años y lo que no me gusta del mundo no lo cambia ni Dios.
Me comentas de una tal Analía Plaza, una más en
el mundo de la inmundicia periodística (en El Mundo vino a caer, ahí es na…) y
de un artículo en el que se dice que los jubilados nos estamos pegando la gran
vida. Y te veo tan indignado ante algo que a mí me hace sonreír… que bueno,
aquí estoy para dar cuenta de mi sonrisa. Sí, una de esas sonrisas que tanto
podrían ser llorar de lástima, o decir de ellos que es para mear y no echar
gota. Sin embargo hay algo en tu escrito que no me cuadra del todo, el hecho de
que uses más de una vez la palabra “derechona” para nombrar a la derecha
política de nuestro país. Y me choca la palabra “derechona” porque en absoluto,
creo, se corresponde con lo que quieres denunciar, y que también denuncio yo.
La abominable e infantil derecha que saca a tender sus calcetines sucios, su
conciencia, en el tendedero de la prensa amarilla, se merece algo mucho más
contundente, creo. “Derechona” tiene algo de diminutivo irónico que, más que
cargar de gravedad moral la crítica, la amortigua. Ese sufijo -ona suena casi
coloquial, incluso juguetón, y puede dar la impresión de una caricatura blanda,
como si se estuviera señalando una excentricidad más que denunciando algo que
se percibe como profundamente dañino.
Yo no sé como andará mi ánimo cuando tenga unos
cuantos años más, pero cada vez más me imagino totalmente sordo y ciego a lo
que sucede en el mundo. Un mundo que se nos ha llenado de psicópatas por todos
los lados, y que una parte considerable de la población aúpa al poder, es un
mundo cada vez más sin esperanzas. Piensa en el Pato Donald, en el tal Netanyahu,
en los resultados de las últimas elecciones en Chile, en los incompetentes dirigentes
de
Todo esto y mucho más merece rotundos apelativos.
Te dejo aquí una colección de adjetivos que con toda seguridad cuadran más
acertadamente a nuestra derecha política, que aquello de “derechona”: Abyecta, infame, nefanda, execrable, ignominiosa,
miserable, ruin, sórdida, mezquina, rastrera, perversa, depravada, corrupta,
vergonzante, indecente, indigna, detestable, repugnante, repulsiva. Como verás
el castellano es riquísimo en apelativos con que bautizar no sólo cierta
nefanda política sino, por supuesto, a todos los periodistas que nutren la
prensa amarilla al ritmo de la voz de su amo.
Dejo aparte la ignorancia y los dos dedos de
frente de la tal “periodista”. No merece la pena. Nuestro sistema de pensiones
se basa en uno de los conceptos más hermosos que cabe encontrar en nuestra
faceta social. Él se basa en ese otro concepto que llamamos solidaridad. Nosotros
trabajamos durante décadas y contribuimos solidariamente con nuestro trabajo y dinero
al mantenimiento y bienestar de los jubilados de entonces. Nuestra aportación
no era una cuenta de ahorro para nuestra propia jubilación, sino un acto de
solidaridad que se sucede generación tras generación. Mi generación satisfizo
las necesidades de los jubilados de aquella época y la generación laboral
actual hace lo propio con las personas acogidas al sistema de pensiones. Son
conceptos simples que cualquiera puede entender, pero que como tantos asuntos
sociales, la derecha nunca comprenderá. La derecha sólo entiende de codicia e
insolidaridad.
No sé si mi ánimo estará disponible más adelante para analizar tu escrito. De momento, lo que sí quiero es agradecer a Santiago Fernández, un perfecto desconocido para mí, que te haya sacado de ese ostracismo rural en el que te has sumergido y que (no tengo nada en contra, solamente a favor), después de 33 días, te hayas puesto a las teclas de tu ordenador para deleitarnos con tus jugosos escritos. Muchas gracias.
ResponderEliminarSeguro que te agradaría conocer al amigo Santiago Fernandez, montañero y muchas cosas más desde siempre, inspector de hacienda hasta la jubilación y desde hace años acorralado por varios cánceres con los que convive con una fuerza y un ánimo que admiro. Eso y además un luchador infatigablemente en pro de las nobles causas.
EliminarRespecto a mis escritos, agradecido de veras de tener unos pocos, muy pocos amigos, que aún gastan algo de su tiempo en leer "mis paparruchas" y comeduras de coco.
Un abrazo y que tengas un bonito año por delante.
Francamente, meterle mano a tu comentario en estas horas inciertas son ya las cuatro de la madrugada y sin conocer el artículo que te ha enviado tu amigo resulta una labor muy complicada.
ResponderEliminarLa crítica a los jubilados desde hace más de veinte años es un ejercicio recurrente que empezaron los cómicos monologuistas y que, como se ve, ha caído en manos de los periodistas sensacionalistas. La yellow press no se caracteriza por su sesgo ideológico, sino más bien por su desmedida afición a hacer caja.
Recopilando datos sobre Analía Plaza, su tesis no es exactamente que los jubilados se estén pegando la gran vida, sino algo más concreto y sociológico. Sostiene que la generación baby boom en España vivió mejor que sus padres y sigue viviendo mejor que sus hijos. Esto no es un insulto al pensionista, es un enfoque sociológico que describe una desigualdad entre series de edad.
Y su propuesta es el reparto del bienestar entre generaciones. A muchos jubilados les cabrea ese discurso porque sienten que han trabajado toda su vida y apenas llegan a fin de mes, han pasado crisis durísimas y han contribuido con sus cotizaciones e impuestos al desarrollo del país, y ahora tienen que ayudar económicamente a hijos y nietos.
Respecto a la "derechona", como si dicen la "izquierdona", yo no le veo el punto irónico; lo que le veo es una carga peyorativa enorme. En fin, lo dejo aquí porque me faltan muchos datos.
Tengo la costumbre, cuando dos copas dejan de ser mucho y tres empiezan a ser poco, allá por la madrugada del día uno de enero, de felicitar el Año Nuevo. Hasta entonces, un abrazo.
Sufro de desinformación y, como habrás comprobado con frecuencia, alguno de mis exabruptos nacen de una intolerancia visceral contra los absurdos de la realidad en que vivimos. Trato de curarme, pero las yemas de los dedos van a lo suyo. Y me repito y me repito. En fin, gracias por tus interesantes comentarios. Que tengas un bonito año por delante. Un abrazo
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