domingo, 28 de diciembre de 2025

Pensar con las yemas de los dedos

Imagen creada por el ChatGpt

 

28/12/2025

La fugacidad e inconstancia con que los pensamientos van y vienen en nuestros circuitos neurales es frecuentemente una notoria dificultad para fijar un orden en la secuenciación de los mismos. Las distracciones constantes y la tendencia a ir de aquí para allá del pensamiento crean un desorden, un alto grado de entropía (recordar el segundo principio de la termodinámica), que no es fácil domeñar; quizás por ello recurrir a la escritura sea el procedimiento más a mano para intentar mantener un orden en las ideas. El pensamiento claro es siempre una excepción, no un estado natural, de ahí que la posibilidad de abrirse paso en las ideas requiera un esfuerzo y una atención que raramente practicamos en la vida diaria. Más bien lo contrario y especialmente en este mundo en el que empezamos a vivir en el que las prisas y una sobreinformación hacen difícil profundizar en las ideas. El grado de entropía que sobrenada tanto en nuestro pensamiento como en los intercambios con los otros, no hace fácil el camino hacia la comprensión de los asuntos, precisamente porque la dispersión y el desorden con el que nuestras ideas “navegan” en nuestro cerebro, lo impiden. Simone Weil, siempre tan empeñada en conceder a la atención un papel esencial en la vida, habla de la atención como algo antinatural, casi violento, un acto esencial en la vida que requiere un alto grado de esfuerzo. Para ella la mente sería un animal que hay que domesticar.

Éste es el pequeño drama con el que me he despertado esta mañana. Anoche tardé en dormirme, una pequeña desavenencia con mi hija me tuvo en vilo hasta bien entrada la madrugada. Traté varias veces en vano de mantener un orden en mi pensamiento, pero una y otra vez la dispersión hacía su aparición y no había modo de sacar conclusiones, sino que aquí y allá saltaban en mi pensamiento hechos y consideraciones que no había modo de poner en orden. ¿Cómo en esta situación llegar a una conclusión, a una idea clara del asunto que tenía en mente? Cuando me desperté llovía y con esa disculpa me fue imposible levantarme hasta mucho tiempo después. Noté además que estaba bajo el influjo de una peligrosa indiferencia. Y cuando esto sucede por más que dejara de llover y ya no tuviera disculpa para salir a trabajar en la parcela, la indiferencia se había extendido en mí como una mancha de aceite al punto de impedirme enfrentar las tareas diarias con un mediano ánimo.

Al final decidí indagar en las tripas de ese desorden que me impedía pensar con claridad, y para ello encendí el ordenador. Quise someter el desorden de mi pensamiento recurriendo a la escritura. No es ni mucho menos la primera vez que recurro a la escritura para poner un poco de orden en mis ideas. Son cosas que conozco. El pensamiento interno tiene siempre un alto grado de entropía, de dispersión, de desorden, mientras que la escritura fuerza la reducción de la entropía, la escritura te obliga a elegir una frase, a poner una cosa después de otra. La escritura consume energía (tiempo, cansancio), pero crea orden en tus pensamientos.

En realidad escribir sería ir más allá del simple pensar –ese pensar que suele ser caótico, disperso, etcétera–, sería hacer un esfuerzo suplementario. Lo he expresado muchas veces por aquí: escribo para aclararme (aunque podría decir que en gran parte leo también para aclararme).

Leo por ahí que el pensamiento ordenado existe mientras hay energía vital, atención, tiempo; ahora, cuando esa energía y esa atención cesan, vuelve el desorden. ¿Qué sucede cuando nos relajamos, cuando nos negamos a poner orden en nuestro pensamiento? Me inquieta este interrogante, porque sabiendo que tantas veces mi pensamiento no es ordenado, no es capaz de encontrar un camino claro entre tantas posibilidades evanescentes que se presentan, sucede que es bastante probable que caiga una y otra vez en esquemas cerrados. Mi pensamiento se encierra en un puñado de verdades, “mis verdades”, se atrofia mi sentido crítico y quedo a merced de “lo que siempre he pensado”. Es decir, me momifico :-).

Creo que todo esto ya está empezando a surtir efecto en mi disposición matinal, tanto como para que ahora, que ha dejado de llover, me vuelva a las tareas que tengo pendientes en la parcela. Esta mañana hacer leña con la motosierra y despejar la rampa de restos vegetales y hojas. Bienvenida la escritura, no sólo como modo de poner orden en mi pensamiento, sino también como terapia.

Creo que no me conviene alargar el texto, sin embargo sí quisiera hacer una aclaración final a favor de la entropía y el desorden. El desorden mental no siempre es negativo. Lo he experimentado muchas veces en mis largas caminatas por la montaña. La dispersión mental que se produce cuando camino, las divagaciones en las que mi pensamiento se baña constantemente, son con frecuencia fuente de creatividad, ideas nuevas, una inesperada intuición. Las largas horas de caminar, amén del placer que conllevan, son una fructífera fuente de pensamientos y nuevas sugerencias.


2 comentarios:

  1. Sabroso texto, muy bien elaborado. Me reitero en mi agradecimiento a Santiago Fernández, que te ha hecho vislumbrar que los pensamientos son como los ríos: hay que dejarlos fluir con absoluta libertad. A veces tendrán mucho contenido y otras menos, pero siempre fluyendo. Y cuando los trasladas a la escritura, te hacen ser escultor de tus propios pensamientos, alejando de ellos todo el desorden posible y presentándolos totalmente nítidos, no solo para ti, sino también para nosotros, tus lectores.

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