El Chorrillo, 7 de junio de 2023
Y
después de semanas sigo leyendo versos de Alejandra Pizarnik, a poquitos, como
el buen vino, para que me dure, y como estoy blandito, que así me deja esta
inesperada lluvia de primavera, sus versos me llegan con la fuerza “enamorada
de las palabras que crean noches pequeñas en lo increado del día y su vacío
feroz”, que escribe ella, dejo el libro a un lado y trato de vérmelas con las
palabras y esa suerte de permeabilidad que la lluvia y el ánimo traen consigo.
Quizás porque las palabras ayudan a drenar aquello y lo otro dejando sobre el
tapiz de la tarde un atisbo de certezas, esas que sostienen el mundo y dan pie
a la esperanza y a un susurro de grillos que como una nana dejan nuestro ánimo
listo para comenzar el día abrigados por la bonhomía de un mundo acogedor.
El
día amanece vacío y poco a poco con nuestro despertar, como la página en blanco
que tenemos delante, vamos escribiendo sobre lo increado las horas del día que
comienza.
¿Tienes
algo que contar?, dice uno de los personajes de Fue la mano de Dios (Paolo
Sorrentino, 2021). Mi diario en ocasiones se queda perplejo ante mi escasa
disposición a narrar y mi actitud tan frecuentemente dispuesta a embarcarse en
disquisiciones sobre la vida. Además, ¿cómo saber si tengo algo que contar si
antes no tomo el teléfono, el ordenador y allá tecleo algo, “algo”? Pizarnik me
apabulla con su instinto de muerte y sin embargo no dejo de leer sus poesías
completas. ¿Por qué? No lo sé. Como tantas cosas.
El
protagonista de la película de la noche, un adolescente, vaga perdido por la
vida, experimenta por aquí y por allí, prueba de acá y allá guiado por un
instinto casi animal. ¡Eres libre!, le dice enfáticamente un amigo al que ha
ido a visitar a la cárcel cuando aquél se retira camino de la salida; y él
volviéndose cabizbajo se queda pensativo. Quizás será verdad aquello de que se
hace camino al andar y lo que haya que decir, pensar o hacer sea un producto
que genera el hecho de ponerse en camino. Nos han enseñado a discurrir derechos
y ordenadamente a través de ideas precisas y nunca los caminos están trazados
con un tiralíneas, y menos cuando lo que tenemos por delante son cuestas y
barrancos, que no es otra cosa el acto de pensar la realidad. Cuando observo a mi
nieto, ahora con seis años, a mi nieta con quince, recuerdo a mis hijos o
pienso simplemente en sus padres, nosotros, el larguísimo trayecto por donde
todos transitamos, el caso parcial del protagonista de la película, y acaso
también se me ocurre pensar en la muerte, algunas veces lo contemplo como
un milagro, la vida, en la que el
trabajo ímprobo de abrirse paso a través de tantas encrucijadas, tantos
interrogantes y tantos esfuerzos, no menos en ocasiones que los trabajos de
Hércules, un milagro que día a día renovamos cuando nos despertamos cada mañana
y tras el cual no existe otra cosa que ese continuum de la vigilia al sueño y
del sueño a la vigilia. Todo con la misma finalidad con la que la tierra gira
sobre sí misma cada veinticuatro horas: ninguna.
Y sin
embargo las palabras que crean en lo increado del día y su feroz vacío, las
palabras, el huerto, la labor que nos da de comer, el pensar. Quienes llenando
ese feroz vacío con Maradona festejado por las calles de Nápoles como héroe
universal, como en la película; quienes, como el protagonista en la encrucijada
de su reciente orfandad, abandonando Napoles a la búsqueda de sí, de una
realidad, en medio de la cual se debate. Su imagen a través de la
ventanilla del tren dirigiéndose acaso a Roma, esperanzado, con un nuevo mundo
por delante, cierra el recorrido del film.
Me
produce cierta lástima esta mujer, Pizarnik, que viene anunciando su suicidio
desde el principio del libro. A uno le entran ganas de echarle la mano como a
un náufrago, gritarle palabras de ánimo, pero Alejandra no puede detener su
caída en ese pozo que va gestando verso a verso para sí misma y que no se
resolverá en ningún país de las maravillas sino en la disolución total. Un caso
muy diferente el de Fabietto, el adolescente protagonista del film, que
traumatizado por la muerte de sus padres y rodeado por la complejidad de la
realidad termina por abandonar todo en busca de nuevos horizontes.
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