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| Dibujo original de Richi Pérez en Sueños de roca |
Cuando era niño los héroes sólo existían en los
tebeos. Los héroes eran seres muy especiales que alentaban la imaginación y
semana tras semanas nos llevaban de un lugar a otro de selvas infranqueables,
desiertos, o montañas en cuyas cumbres sólo los dioses y los elegidos podían
poner pie. Hoy los héroes han bajado de las nubes del Olimpo y andan por la
calle como todo hijo de vecino, regentan una tienda de deportes, como Ramón,
son pacíficos jubilados que uno puede ver por las calles de Alicante o Moralzarzal
o como días atrás con Silvia Vidal coincidir con ella como quien se encuentra
con la vecina del tercero.
A muchos no les gusta la palabra héroes, del griego
antiguo ἥρως, semidiós, que es un
concepto arcaico que nombraba a seres extraordinarios mitad hombre mitad
dioses. Entonces la rígida jerarquía que se establecía entre el pueblo llano y
aquello que sonaba extraordinario o inalcanzable, hacía de estos personajes
seres de leyenda que pareciera que no fueran de carne y hueso. Hoy, sin embargo,
en que todo se ha “democratizado” y en donde el tonto del pueblo puede acceder
a rey del mambo a través de Twitter o Facebook, la figura del héroe ha quedado,
por obra y gracia de esa democratización, a la medida de un ciudadano corriente
y que lo único que sucede es que le da por escalar altas y complicadas montañas,
que no sería mucho más que aparcar en el Puerto de Navacerrada y darse una
vuelta por el camino Schmidt.
Bien, no pasa nada, estupendo que un individuo que sólo
ejercita el dedo pulgar para apretar el botón del mando a distancia del
televisor, o que dedica los años de su vida a cazar gamusinos, se sienta a la
altura de cualquier otro sapiens, sea este emperador de
Terminé anoche con la expedición de Scott al Polo
Sur y hoy después de cenar volví otra vez al libro de Ramón, Sueños de roca.
Se puede imaginar que todos estos prolegómenos no vienen motivados por otra
cosa que no sea esta nueva inmersión en las aventuras que ahora vuelven a
reaparecer en su libro en Yosemite, en el Hoggar, en el Noroeste de Canadá. Es
cierto que los héroes de otro tiempo se circunscribían a un reducido número de
hombres o mujeres, mientras que hoy son tantos los que se mueven alrededor de
ese filo de lo imposible que difícil sería señalarlos de uno en uno porque están
por todos los lados. Pienso sin más en todos los compañeros, tantos y tan
diferentes, que han acompañado a Ramón en sus aventuras a lo largo y ancho del
mundo. Para mí, que conozco poca cosa y que no retengo apenas nombres propios,
serían ejércitos si tuviera que señalar a todos los que aparecen en los libros
que leo. Escaladores, aventureros, miles de individuos que se ponen el mundo
por montera, y que nosotros, yo, lindamente sentados en el sillón de nuestra
casa seguimos como si ellos fueran gente de otro planeta. Y mientras escribo
tengo delante el dibujo a toda plana de Juanjo San Sebastián y Ramón en la cima
del Lotus Flower Tower, allá en las cercanías del océano Ártico, dos tipos con
pinta corriente que más parecen, si no fuera por su indumentaria, el budriel,
el casco y los mosquetones colgando de sus cinturas, dos colegas camino del
chigre.
Sí, probablemente con eso de la democratización
también a ellos se les puede confundir con la gente de la calle, pero ojo, sólo
en apariencia. Y hacia aquí quería llegar. Que mezclados como andamos pareciera
que todos somos iguales, cuando en realidad somos tan diferentes, no sólo son
diferentes Juanjo y Ramón, lo son todos sus compañeros, Chochín, que aparece en
las dos páginas anteriores superando de primero un techo con una elegancia
extrema, y todo un abundante número de compañeros que se atan a la misma cuerda
que Ramón en una u otra ascensión.
Los héroes de nuestro tiempo –Lermontov,
naturalmente–, que son aquellos que sobresalen dando patadas a un cacho de
cuero lleno de aire o que aparecen en las revistas del corazón casándose y
descasándose a trochi mochi, todos ellos aupados a la fama por la genuina
sabiduría de una feligresía dedicada a eso, a cazar gamusinos, son la genuina
raza, el modelo a imitar, los garantes de

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