jueves, 30 de julio de 2026

Escribo para mi alma


 

30/07/2026

Ver surgir la necesidad de escribir y no encontrar asunto que me interese. Leo estos días hacia el final Primavera en el Pacífico y me sorprendo de la variedad temática y la profundidad de las reflexiones que surgían en aquella parte del viaje. Probablemente aquella determinación de cierto autor que decidió alistarse para ir a la guerra con la finalidad de estimular su creatividad, no fuera tan descabellada. El alma necesita estímulos de orden diferente que hagan saltar la chispa de la inspiración; el medio, las circunstancias deben tener ese algo que necesita interpelación, curiosidad, ganas de analizar.

Presiento que, especialmente en viajes solitarios, la posibilidad de que aparezca ese impulso que te mueve a escribir tiene muchas más oportunidades que cualquier otra circunstancia, aunque también es cierto que en casa he tenido periodos que se asemejan mucho a esos tiempos de andar de un lado a otro del mundo. Las circunstancias te ponen en situación de, bien que haya autores como Musil que mantienen que la mayoría del trabajo del escritor es voluntad de trabajo, de indagación, de búsqueda.

Escribir, ¿por qué? ¿para qué? ¿Será acaso la escritura una derivación de esa necesidad de expresarse que ya en el fuego de las cavernas del paleolítico debió de ocupar las mentes de los hombres? Y esa necesidad de expresarse un eslabón en el desarrollo social, una ventaja evolutiva que primero te permitía alertarte sobre peligros, intercambiar información y más tarde empezó a hacer mucho más de lo necesario para sobrevivir. La evolución produce herramientas de orden prioritario para la supervivencia y la comunicación que después se desbordan, así las manos que servían para agarrar, para cazar, terminaron pintando las cuevas de Altamira; la voz, que servía para avisar de un peligro, terminó cantando. Y el lenguaje, que servía para informar, terminó escribiendo poemas. La finalidad termina desapareciendo para convertirse en otra cosa. Nadie pregunta ¿Para qué escuchas música?, ¿para qué miras el mar?, ¿para qué das un paseo sin rumbo? Existen actos que no son un medio para otra cosa. Son una forma de estar en el mundo.

Probablemente la escritura sea uno de esos desbordamientos, un plus adicional que la evolución incorpora gratuitamente a nuestra complejidad cerebral y anatómica. No hablo de la escritura como herramienta para un fin, científico, educativo, etc., sino como un medio que trasciende su función primera para hacerse finalidad en sí misma. Una vez le preguntaron a Picasso que por qué pintaba. No hay porqué, repuso, pinto simplemente. Puedes pintar la fachada de tu casa por razones estéticas o de protección de cara a la lluvia o el viento, o puedes simplemente pintar sin una necesidad externa, sólo por imperativo interno. Evidentemente siempre uno puede encontrar rastros de razón en lo que hace o escribe. Hoy mismo creo que empecé a escribir movido sucintamente por la necesidad de lubricar mi adormecido cerebro; pero inmediatamente me surgieron cuestiones relacionadas con la escritura que trascendían el por qué, y el por qué, que remite a las causas, dio paso al para qué, que en el contexto en que estoy escribiendo no tiene una finalidad externa, sino que es el propio individuo, su pensamiento, la razón de la escritura. «Converso con el hombre que siempre va conmigo», escribe Machado. “Escalo para mi alma”, decía un alpinista al regreso de una importante escalada en el Himalaya. Y sin más, por analogía, me asalta esta idea: escribo para mi alma. No escribo para publicar. Escribo porque, mientras escribo, ocurre algo en mí que me place. Escalas, recorres montañas o escribes porque estas actividades son una forma de habitar la propia vida, de mantener despierta el alma.

Dicho todo esto, lo cual ya es mucho para mi ánimo, me viene la tentación de encontrarle al texto anterior su punto práctico explícito, es decir, habiendo analizado el porqué y el para qué, qué coño hacer para poner a pleno rendimiento esa capacidad que en tantas ocasiones se me muestra tan prolífica. Sí, ya, ponerse en situación de… Ya mismo, por ejemplo, coger un vuelo y llegarme a alguna de las ciudades de Oriente, o hacer el macuto y marcharme a caminar, cosas de momento imposibles por razones obvias. Sí, sólo me queda la escritura, la escritura a palo seco.


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