jueves, 11 de junio de 2026

“Un soneto me manda hacer Violante… “

 


El Chorrillo Pinar de los Frailes, 11 de junio de 2026

Me dice un amigo que hace seis días que no digo ni mu, que no escribo, vamos. Existen algunas tareas que hago a diario que obedecen exclusivamente a recuperarme del “susto” de esta cuarentena última de hospital. A trancas y barrancas trato de recuperar, siempre muy despacio, el peso, perdí diez kilos, los músculos, que desaparecieron, pero sobre todo el ánimo y mi disposición a enfrentarme a una nueva realidad. No voy a contar aquí mucho del asunto. Fui el lunes al cardiólogo, me quitó el corsé que he llevado durante cuarenta días, me dio libertad para hacer una vida normal, y me dijo, casi socarronamente, que si me cansaba, que descansase, y que al rato continuara con lo que estaba haciendo. No podía recibir mejor noticia. Así que adelante con los faroles, que decía mi madre.

En esta situación hace un par de días recibí un guasap de un amigo que venía a decir eso, que me dejara de zarandajas y que volviera ya mismo a la escritura, que ciertamente no me da de comer, pero que reconozco puede ser un elemento más para mantenerme activo.

Soy consciente de que mucho de mi blablabla en este diario sólo interesa a un servidor y que bien podía guardarlo en un cuadernito como se ha hecho siempre antes del arribo de Internet. El porqué quiera compartirlo todavía no lo tengo muy claro, primero porque consideré que era una buena herramienta de reflexión, me atraía además la posibilidad de que al final del año me era muy fácil acudir a los posts y en una mañana confeccionar un libro con ellos; con el tiempo pensé que era una buena herramienta de comunicación, pero se ve que los lectores de mis posts, a excepción de uno o algún esporádico comentarista, no son muy dados a comentar. Sucedía igual cuando estaba en las redes. Raramente éstas servían para “divertirse” discutiendo asuntos. El like o el “no me gusta” son allí los reyes del mambo.

Después de haber atravesado la primera parte de este “mi incidente hospitalario” tengo la impresión de que algunas cosas están cambiando en mí. No estoy seguro de si recuperaré mis viejas ganas de escribir, por ejemplo; en realidad no estoy seguro de nada; en este momento vivo más al día de lo que he vivido nunca; me persigue, eso sí, un cierto aire de incertidumbre a la espera de que mi rehabilitación me deje en un punto donde pueda o no rehacer mis aficiones, mis pasiones de siempre.

De momento ahora cada mañana doy un paseo de tres kilómetros, despacito despacito hasta el pinar próximo a mi casa. Allí, un trozo de naturaleza extraordinario en los límites del pinar, he establecido mi lugar de recreo matinal. Llevé allí una silla tumbona, que espero no se la lleven, y allí hago el descanso de mi recorrido. Un lugar magnífico desde donde contemplo envuelta en la neblina la sierra de Gredos, y más nítidamente el entero Guadarrama. Tengo curiosidad por conocer a los visitantes del lugar, que haberlos haylos, seguro. Muestra de ello una lata con agua destinada a los pájaros, que ahora yo mismo vigilo para que no falte. A la lata con agua yo añadí ayer un platito con comida de pájaros, la misma de la que se alimentan nuestros gorriones y carboneros de nuestra parcela. Esta mañana el platito está hasta la mitad, señal de que los pájaros del pinar ya le han echado el ojo. En nuestra parcela es un espectáculo el continuo trasiego de pájaros frente a mi cabaña que vienen a dar cuenta de su apetito.

Sobre mi observatorio pajaril no es raro ver volar milanos reales y al busardo ratonero, o águila ratonera. Ayer vino a hacerme compañía uno de esos visitantes habituales del lugar que me dijo que por el pinar rondan dos corzos. Vino, se sentó a mi lado y estuvimos de charla media hora. Viene hasta aquí en coche, se sienta a la sombra, se fuma un cigarrillo, contempla un rato la mañana y después se vuelve a casa. Su conversación destilaba la vida sencilla de un padre de familia que gusta recorrer estos campos con su hijo pequeño.

Mientras hablaba con él me pasó por la cabeza el recuerdo de Trump y reflexionaba sobre lo diferente que puede ser la vida de los hombres, uno como el tal Trump  enfermo de narcisismo, poder y dinero, otros como mi acompañante de la mañana, humilde, sencillo, buen padre de familia y amante de la naturaleza. ¡Va!, lo de siempre, los que son arrastrados por las pasiones del dinero o el poder y aquellos otros que como los pajaritos que visitan el pinar sólo desean vivir en paz consigo mismos y con los demás.

En fin que me voy para casa a ver si pongo orden en nuestra parcela. Piano, piano, eso sí, que ahora en el momento en que hay una pequeña cuesta el corazón se me pone a cien.

 

1 comentario:

  1. Al igual que nuestros compañeros de viaje - esos milanos, busardos, águilas, carboneros, gorriones y corzos que mencionas, y el resto que no mencionas y en el que estamos incluidos nosotros,- todos vivimos al día, dado que el ayer no existe y el mañana tampoco. En nuestro ciclo vital sólo existe el presente, y las preocupaciones deberían estar ceñidas a ese espacio que hay entre sueño y sueño, el cual varía cada día como el propio tiempo. Esto nos obliga a pensar cada jornada de manera diferente para adaptarnos a las circunstancias.
    En ese mismo impás en el que permanecemos despiertos, desarrollamos nuestras destrezas para la subsistencia: alimentarnos, procrear y cooperar en comunidad para protegernos mutuamente. Todo lo demás son inventos de los explotadores, quienes han desvirtuado nuestra naturaleza solidaria para tenernos sujetos con leyes artificiales y obligaciones sociales que sólo les interesan a ellos para parasitarnos y vivir a costa nuestra, como las garrapatas.

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