miércoles, 17 de junio de 2026

De los corales y el conocimiento de la realidad

 


 17/06/2026

 

(Precedente: ver comentario aquí

En ocasiones me pregunto: ¿quién será este hombre que emplea parte de su tiempo dándole cuerda a este diletante metido a escribidor ocasional? Yo, que apenas maduro nada y que tan sólo dejo que mi experiencia y mis reflexiones, como raíces de un árbol, vayan encontrando bajo la tierra de la realidad los alimentos de que nutrirse, que vive o pretende vivir en estado de plena ósmosis donde más que la secuenciación de los razonamientos cuenta, como en el origen de la vida con los primeros seres unicelulares, la relación que tenían con el "caldo primordial" que les rodeaba absorbiendo esas sustancias directamente a través de su membrana. Así, o parecido, mucha de mi relación con el entorno. La permeabilidad espiritual que proporciona la soledad, tantos meses caminando solo por las montañas del mundo, proporciona un conocimiento no racional que acaso sea la fuente de un específico modo de vivir y de entender la existencia. 

En mi caso raramente maduro nada, creo vivir de un modo parecido a los corales. Permítete que para explicarme eche mano de cómo se desarrollan estos. Una diminuta larva de coral que nada libremente, encuentra una roca donde se fija. Se adhiere a ella y posteriormente construye su esqueleto extrayendo calcio y carbonatos del agua marina. Este ser original, que recibe el nombre de pólipo, se reproduce, se divide y produce nuevos pólipos formando una colonia. Cada generación construye un nuevo esqueleto sobre el de las anteriores. Cuando los pólipos más viejos mueren, sus esqueletos permanecen y sirven de base para los nuevos. (Descripción parcialmente tomada del ChatGPT).  

Me acordé de los corales enseguida porque creo que su evolución es bastante pareja a como sucede con el desarrollo de nuestra personalidad y pensamiento. Vamos creciendo en función de nuestra edad, experiencia y conocimiento y con el tiempo esta experiencia, este conocimiento se superponen a los primeros. Nuestras antiguas creencias e ideas (Ortega) son sustituidas con los años por otras nuevas o sutilmente diferentes. Y en ocasiones, como en los corales, nuestras viejas creencias quedan enterradas, muertas como los viejos pólipos que antes sirvieron para dar vida a nuevos corales.  

¡Claro que por medio anda la labor de la razón! No sólo de pan vive el hombre. Mi ejemplo sólo ilustra una parte de cómo nos acercamos a la realidad en una cultura y otra y como crecemos al amparo de ellas. Leo últimamente a Kitaro Nishida que trata de crear un puente entre la filosofía oriental y la  occidental. Es un texto complejo que hace que me tenga que poner de puntillas para entender buena parte de él, pero en el que insisto porque mi naturaleza me inclina más a la comprensión del mundo, de la realidad, desde una mentalidad oriental que privilegia la intuición en lugar de la razón, como se hace en Occidente, y el texto de Nishida es un profundo trabajo de síntesis entre Oriente y Occidente en donde el autor trata de superar la oposición. Él admira la precisión conceptual occidental (En tu comentario: “Ese tipo de comunicación requiere un guión mental muy estricto de tu razonamiento para poder exponerlo con claridad y sin dispersiones), pero cree que la realidad profunda es una unidad dinámica entre la razón y la intuición, la realidad profunda de cuando en meditación cerramos los ojos con la intención de ser agraciados con migajas de la comprensión (que no es exactamente comprensión sino intuición) de la complejidad de nuestro pensar y vivir.

Estudié hace muchos años Teoría del conocimiento, pero no quedó en mí ni rastro de la lectura de aquel libro. Con los años, como en los corales, capa tras capa de conocimientos posteriores, en donde acaso abundaban más las intuiciones que los propios conocimientos, han ido superponiéndose y mezclándose hasta llegar al punto de hoy en donde como dos supervivientes de un naufragio necesitados ambos de ayuda mutua, persiste un equilibrio que en ocasiones se desplaza hacia la razón, y otras, las más personales e íntimas, en que la balanza se inclina hacia la intuición, hacia una unidad dinámica anterior a una división entre el sujeto y “lo otro”.


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