sábado, 2 de mayo de 2026

La hora de la siesta en el hospital


 Ninguna gana a de escribir, pero en la situación que estoy no parece que haya otra que sacar fuerzas de flaqueza. La escritura como terapia.

El ambiente en la habitación, mi hijo Mario echándose la siesta a pata suelta. Parece don Quijote sesteando bajo un olivo por tierras de Andújar, recuerdo de mis propias siestas un verano que recorrí España de sur a norte y que era obligado buscarse la sombra de un olivo para aliviar el sofoco del calor del mediodía.. Fue una buena experiencias aquella la de seguir de cerca las aventuras del loco de Quijano y su amigo Sancho. Leerlos a través de las orejas que es cosa de mucha enjunda que diría un amigo muy versado en letras.

 Bueno, y Sancho se derpertó, emitió un hran desperezo tal de que el techo se viniera abajo  y entró de nuevo en el mundo de morfeo. Quiero especialmente a estas dos criaturas, mi hijo Mario y mi hija Lucía, hijos ambos de Tánatos en el mismo momento de poner el pie sobre la Tierra. Fueron los momentos más importantes de nuestras vidas, la Victoria y la mía. También Guille, que pasó larguísimos periodos de desconcierto, tan pequeño, en aquel ambiente de hospitales y de no saber lo que pasaba a su alrededor; así semana tras semana hasta que al final se Hizo la Luz y aquellos quinientos o seiscientos gramos, de esperanza, nuestros mellizos, que aspiraban a la vida escapan a las manos de Tánatos.

Reviviendo aquellos días esta esta tarde de hospital, se me saltan las lágrimas. La vida, esa cosa tan hermosa que tenemos entre nuestras manos, pide en ocasiones  cerrar los ojos para sentir intensamente su flujo.

Los hospitales “huelen” siempre a vida y muerte. El parto, la muerte, la esperanza juegan en ocasiones una incierta partida de ajedrez a la luz de la luna. Me acaban de operar del corazón, una endocarditis, aquí lo llaman “bichito”, uno que se mete donde no debe y te puede sacar con los pies por delante del hospital, eso que llaman la lotería de la vida. Pero bueno, es un lugar en el que te cuidan bien y te sientes mimado como si fueras un bebé de teta (vaya, al Word no le gusta las tetas… ¡Qué cosas, mariposa…!

Bueno, me han traído la cena y ya he hecho el gran sacrificio de sobreponer a mi estado de ánimo. Se acabó. Se me ha caído el teléfono por segunda vez mientras Mario se ha ido a dar una vuelta. No quiero arriesgarme. Un abrazo para todos los de tanto en tanto la acercáis a este blog.


1 comentario:

  1. He leído tu texto y la impresión que me ha producido es difícil de describir, sobre todo por la forma en que, atravesando una situación tan extremadamente delicada, sigues siendo capaz de escribir y de transmitirnos con palabras lo que estás viviendo.
    No quiero extenderme demasiado ni añadir nada que suene exagerado o fuera de lugar, pero sí manifestarte mi cercanía y mi pesar por lo que estás pasando.
    Hay momentos en los que la razón no nos atiende y las palabras se quedan cortas, y este es uno de ellos.
    Te envío mis mejores deseos para que todo vaya evolucionando satisfactoriamente y de la mejor manera posible. Un fuerte abrazo.

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