viernes, 16 de enero de 2026

Del libro de la memoria

 

Imagen generada por el ChatGPT. 


17/01/2025

Vivirte a ti mismo como quien saborea una jarra de cerveza tras una larga y calurosa ascensión. Sorberte, sentirte, gustarte. Además, sentirte uno con la tierra que pisas, con las laderas de las montañas que asciendes, con la noche y sus estrellas. Sentirte cercano, próximo, ser carne de la misma carne de esas rocas, esos bosques, esos arroyos. La armonía del todo, y tú formando parte de ella.

Renuevo mi recuerdo de Casarotto, íntimo encuentro consigo mismo y su fuerza, su resistencia al frío, las terribles dificultades en la más plena soledad.

Silvia Vidal y Casarotto, tan lejos ellos  de lo que no fuera la mismidad con la que se enfrentan, conviven, absorben, sienten las profundidades de su yo.

Llevo toda la tarde noche mano sobre mano. Cuando fue la hora de encender la chimenea allí estaba de nuevo la simplicidad del mundo que pretendo vivir. Poca cosa, pasar la escarificadora en algunas zonas, rastrillar, reparar una tubería que el motocultor había roto, y más tarde hacer nada. Mirando las llamas crecidas que alimentan los troncos y raíces de las hiedra que arranqué días atrás, pensaba en las pocas cosas que me me interesan últimamente; considerando el reducido mundo por el que mis pensamientos se mueven yendo de acá para allá, éstos terminaron sobrevolando esos dos meses y pico de caminar por los Alpes del pasado verano. Buscaba encontrar la razón de alguno de esos comportamientos, absurdos para tanta gente, y que sin embargo constituyen parte esencial de la razón vital que mueve a algunas personas. Casarotto, le decía a Goreta en el Campo Base antes de emprender la ascensión directa al K2 en solitario, que ofrecería tal ascensión a Dios. Probablemente muchas veces nos movemos por pasiones de las cuales no sabemos ni mu. Se nos imponen con una fuerza descomunal y por mucho que les demos vueltas al porqué, difícilmente acertamos. Casarotto, de hondas creencias religiosas, creo que buscaba su explicación en el ámbito de su mundo conceptual, el entorno religioso que pudo vivir en Italia. Nosotros, ateos y racionales, nos las damos de listos y así cada cual pregona, pregonamos, razones para todos los gusto.

Así que especulaciones a parte, y puestos no a explicar sino a intentar recolectar dentro de uno aquello que una noche de invierno frente a la chimenea lo que la intuición te dice, digamos que si existe conocimiento fiable, ¿qué mejor proceder que buscar entre las páginas de la historia personal aquello que fue fuente de gozo y plenitud? Para eso sirve el pasado de cada uno. El pasado es un libro en el que todos podemos leer las luces y las sombras de nuestro vivir. Quizás el libro más interesante e instructivo que podemos leer.

Bueno, estas son las sensaciones que alimentaban las últimas horas del día de hoy. La certeza de que lo que haya que escribir en ese libro de historia de nuestra memoria ha de estar en íntima relación con aquello que un día recordaré con gusto, me obligaba a pensar, en términos prácticos, en que lo que se hace o no se hace, debe de algún modo dejar sobre el libro de la memoria ese parecido sabor de una jarra de cerveza tras una larga ascensión. El pasado año me hice abstemio, pero aún así fresco queda en mis recuerdos aquella plena sensación de gusto tras una larga marcha hasta el refugio. Esa cerveza tomada en la barra de un bar seguirá siendo cerveza, pero…

 

 


1 comentario:

  1. La diferencia entre no ser creyente y ser profundamente religioso es menos una diferencia filosofica que una disposición de la conciencia. No remite a realidades incompatibles, sino a modos distintos de interpretar la experiencia. El pensamiento, al organizar el mundo, genera esos estados mentales. Una higiene interior orientada hacia la razón puede conducir a aceptar el ciclo biológico como explicación suficiente; ello no desacredita, sin embargo, a quien encuentra en la idea de Dios un principio de sentido, ni permite negar la consistencia racional de su propia construcción mental, aunque no sea compartida.
    Las posiciones personales frente a la teología no pueden evaluarse en términos de superioridad o inferioridad, porque pertenecen al ámbito de la interioridad. Cada sujeto conoce o cree conocer lo que su pensamiento le aporta. Lo verdaderamente significativo es que, más allá de estas divergencias simbólicas, todos participamos de las mismas funciones básicas y reproducimos patrones de conducta sorprendentemente similares. En este punto, religión y política convergen: nos fragmentan en el plano de las ideas mientras nos homogeneizan en el de la acción. Así, el ser humano se revela como una paradoja constante: plural en sus creencias, uniforme en su estructura, dividido en el discurso e idéntico en lo esencial.

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