30/12/2025
El contexto de lo que sigue
lo podéis encontrar aquí, unos versos de Santiago Fernández que me hizo llegar
esta tarde.
Muy buenas,
Desde hace muchos años un
pensamiento recurrente que transita por mi cabeza es el de la parca y su
cercanía, sin la guadaña y con aspecto cada vez, digamos, más natural. Ni de
coña habría yo imaginado que cercano a los ochenta iba yo a vivir tan
inevitable compañía con esta bienvenida normalidad. Un estado de ánimo del que
no está ausente, claro, el recuerdo de los amigos que se fueron, en mi caso
últimamente Antonio Montes, por ejemplo, con el que había quedado para comer el
pasado mes de septiembre, comida que tuvimos que rescindir porque él se marchó
definitivamente hacia la nada a los pocos días de acordar nuestro encuentro.
Curioso cómo van colándose por las rendijas del alma estas cosas, cómo lo que
en la juventud “no existía” -cuando uno es joven la vida siempre parece
eterna-, poco a poco cuando pasas el Rubicón de los sesenta o los setenta vas
empezando a tener una curiosa relación que se va profundizando hasta convertirse
en una relación cercana. Una relación cercana es algo o alguien con quien
estableces cierto grado de familiaridad. No sé cómo les va a los demás con
estas cosas, pero en mí esa familiaridad se ha convertido con el tiempo,
especialmente en la última década, en un elemento que me ayuda enormemente,
cada vez con más claridad, a comprender e interpretar la realidad que vivo, la
realidad del mundo en general. Saber que nos vamos a morir dentro de no mucho,
arroja luz sobre nuestro pensamiento, sobre nuestro modo de pensar, sobre nuestro
comportamiento; vanitas vanitatum…
Ja, ¿y a qué viene todo
esto?, dirás. Bueno, tú te has paseado durante los últimos años tánto por los
dominios de la parca, tánto que entre los amigos que pasaron por trances
similares al tuyo, la verdad, dicho crudamente, es que eres casi un resucitado,
el resucitado más ejemplar que yo conozco. ¿Recuerdas aquel cuadro de Delacroix,
La libertad guiando al pueblo? Quizás
sea del género idiota relacionar ese cuadro, pero a mí me gusta, subraya esa
idea de ¡adelante! Ni cáncer ni cojones: adelante y a seguir viviendo sin levantar
el pie del acelerador. Tú y Marga… Y eso que desde hace cuatro años apenas te
mueves del hospital. Probablemente no sean estas líneas las idóneas para
terminar un año, pero como a mí me gusta mirar de frente a la parca, mejor
vuelvo a traer aquí un pensamiento zen que me gusta, aquello de bebe tu sake,
vive como un león y cuando llegue tu hora muere como un león. Vamos, que cuando
hemos quedado con otros amigos para tomarnos una cerveza en alguna terraza,
allí quien respira vida por los cuatro costados, eres tú, el león de la
pandilla. Y como además eres bastante sordo, tus rugidos y tus argumentos los
oyen hasta los vecinos del quinto piso. Y sí, que a nadie se le ocurra llevarte
la contraria, que entonces ya tenemos fuego de artillería a discreción para un
buen rato. Vamos, que más vivo que tú, ninguno. Ni trauma enorme, ni bicho,
gusano o cerdo cabrón, como dices: “¡Jódete, lorito, la vas a palmar! Ja, me
encanta esa espontaneidad con la que toreas al cáncer y a la parca.
Alan Watts sostenía que la
naturaleza no tiene propósito alguno. La ausencia de finalidad, escribía, es el
más fundamental de los principios budistas. Cuando te tiras un pedo, escribía
socarronamente, no dices, “me tiré un pedo a las nueve en punto”, sólo pasó. Esa
es la impresión que tengo cuando leo tus versos. Cosas que te pasan, que os
pasan a ti y a Marga, y nada más. Un chaparrón tras otro y después, como no hay
mal que cien años dure, después vuelve a salir el sol, momento en que agarras
el portátil o el teléfono y lo mismo aporreas a la derecha o la extrema derecha
que te ríes de tus bichos, o escribes un poema a la oncóloga que te está
tratando.
¡Ah,
escribía alguien cuyo nombre olvidé, si todos supiéramos lo mucho que unos y
otros estamos en deuda con algún amigo, con gente que con su ejemplo indujo en
nosotros una filosofía de la vida, un modo de encarar la existencia, un modo erecto
de enfrentar enfermedades e inconvenientes…! No, no es cierto que uno se lo
guise y se lo coma todo motu propio,
siempre hay otros que ante alguna fatalidad te dicen, con su ejemplo o de
palabra, que bueno, que…
Hoy
por hoy el recuerdo más vivo que me pone en contacto con la realidad global de
la existencia, es Antonio Montes. Tan cercano lo sentía, lo siento, que el
saber que ya no está abre ante mis ojos una visión de la existencia digamos
quasi cotidiana. Una leve brisa, no más. “Yo me iré y se quedarán los pájaros
cantando…”, como otro día más. No sucederá absolutamente nada anormal, sólo que
no te despertarás, no tendrás al día siguiente que arreglar un problema de
fontanería, ni te dará pereza levantarte, ni habrá necesidad de preparar la
comida o asistir a una cita con el dentista… Nada más que eso. Hubo un
personaje en mi infancia que algo me marcó. Siendo alumno de los salesianos era
predecible que Santo Domingo Sabio me llamara la atención. Cuentan que un día
le preguntaron que si estuviera jugando al fútbol y supiera en ese instante que
se iba a morir en cinco minutos, qué pensaba él que haría. Su respuesta:
seguiría jugando al fútbol.
Pues
eso, amigo, que me encanta cómo las gastas con la vida y que incluso te sigan
quedando fuerzas para poner en su sitio a tanto mafioso disfrazado de político.

No hay comentarios:
Publicar un comentario