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31/12/2025
Queridos niños:
Sí, ya estamos en camino, como de costumbre dentro
de unos pocos días os haremos la visita de todos los años. En esta ocasión
hemos decidido que antes de que nos
escribáis la habitual carta, nos gustaría orientaros un poco en vuestras
peticiones.
Mirad, el mundo cada vez se está poniendo más
difícil, para todos, pero especialmente para vosotros que estáis en periodo de
crecimiento y os encontráis con pocas herramientas para defenderos. Los adultos
han inventado un mundo raro, extraño, cada vez menos habitable, y vosotros, los
herederos de ese mundo, tenéis que empezar a pensar por vuestra cuenta antes de
que… bueno, ya sabéis… los males se contagian con mucha facilidad. Es mala época
para los niños, los adultos os han robado la calle, os han robado parte de
vuestra creatividad, los adultos os empachan con tantos regalos, los adultos
atienden más a sus propias necesidades de generosidad que a otra cosa. Como los
adultos en el fondo lo que quieren es que les queráis, eso que todos
necesitamos, lo que hacen en estas fechas y en vuestros cumpleaños es regalaros
un montón de cosas. Si estuviera aquí un sabio personaje de cuento llamado el
Principito diría… ¡es que tienen tan poca imaginación los pobres…!
Esta carta es para deciros muy alto lo siguiente: ¡¡¡Niños,
rebelaos…!!!
Decidles a vuestros padres, abuelos, tíos o tías
que no queréis ser tratados como caprichosos nenes a los que hay que dar todo
lo que se os ocurra, decidles que queréis ser niños sanos que quieren educarse
en el esfuerzo y la autonomía, que es mala cosa tener de todo sin apenas dar
palo al agua (bonita expresión, ¿no?), que no os gusta que os traten con tanto
empalago. ¡Rebelaos, decidles no a vuestros papás, a vuestros abuelos, a
vuestros tíos, a tutti quanti cuando os traten como seres destinados a engordar
la economía de consumo, rebelaos contra una educación blandita que hará de
vosotros seres a merced de los caprichos. Decidles a los adultos que os enseñen
a ser autónomos, fuertes, cariñosos, que incentiven vuestros pequeños esfuerzos,
que rieguen esa hermosa planta en vosotros que es la voluntad, el trabajo duro,
decidles que no queréis ser esas plantas que espigan y mueren por exceso de
calor y humedad, decidles que queréis seguir siendo niños, pero no niños
sometidos a la fofa comodidad de los caprichos satisfechos.
Conozco niños cuyo esfuerzo en la escuela es
insuficiente, por ejemplo, pero que, ay, pequeños, los regalos de reyes no
caben por la puerta de su habitación; padres, abuelos, tíos, amigos empleados
todos a fondo en hacer de ellos carne de cañón, carne del mercado, carne de la
vida fácil. Rebelaos, chicos, decidles a los adultos que vosotros lo que
queréis es vivir una vida sana desligada de una empalagosa educación que ahoga
vuestra capacidad de crecimiento. Decidles que no os traten como si tuvierais
tres, cuatro años menos; decidles que os ayuden a crecer, a ser cariñosos con
vuestros padres, con los abuelos, con la familia, con todo el mundo.
Niños conozco que molestan con frecuencia a sus
compañeros en clase y que acaso no se esfuerzan lo suficiente y a los que sus
abuelos premian con abultados regalos en metálico. Nos dan pena esos niños,
¿sabes? No nos gustan los niños-mantequilla, no. Y los niños-mantequilla, esos
a los que los adultos satisfacen todos sus caprichos, no crecen adecuadamente.
Me contaba hace mucho uno de los otros reyes de
oriente, uno de los que viven por los ríos de América, que allí hay unas gentes
que viven en palafitos, que son unas casas construidas sobre los ríos y están sostenidas
por pilares de madera; allí, nos decían, a los niños nada más nacer los echan
al río para que aprendan a nadar lo antes posible, ya que si no lo hacen es fácil
que en algún momento caigan al río y se ahoguen. En nuestra sociedad sucede lo contrario,
a los niños les dejan indefensos. Les cuidan
tanto que los dejan indefensos. Tienes que saber que uno de los males de
nuestra sociedad, imagina que la sociedad es un río, es el exceso de consumo,
la vida fácil, la comodidad, ese tipo de cosas. Como no os enseñan a nadar, a
defendernos contra esos peligros, lo que hacen de vosotros es dejaros
indefensos.
Que ya, que sí, que sois pequeños y lo normal es
que tengáis caprichos. También los adultos los tenemos, pero tienes que aprender
desde pequeño cuándo esos caprichos pueden ser peligrosos y cuándo no; y tienes
que aprenderlo pronto porque en general los adultos de nuestra época no se
enteran y se confunden, no saben distinguir lo que es bueno para los niños y lo
que no. Ya sabes, ellos están deseosos de obtener tu cariño y los regalos son
el camino facilongo para obtenerlo.
Un beso muy fuerte, y ya sabes, cuídate de los
adultos, quiérelos un montón, pero ¡ojo con los regalos que te quieran hacer!
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