El Chorrillo, 28 de febrero de 2023
Con el enorme cariño del recuerdo entre las manos,
voy repasando uno a uno los dibujos del libro de Pisón, compañeros, amigos,
montañas, siempre montañas bailando en un hueco del fondo de la retina como si
ellas hubieran sido desde siempre el hogar de nuestros sueños, el recreo de
nuestros sentidos.
Últimamente los mensajeros llaman a las puertas de
nuestra casa trayendo alguna agradable sorpresa. Desde que no visito librerías
(ni librerías, ni supermercados, ni tiendas de cualquier tipo) son ellos los
que sirven de enlace entre el mundo y esta nuestra casa del Chorrillo, un leve
altillo entre las cebadas y los almendros desde donde es posible contemplar
tanto la cumbre de Peñalara como la del Almanzor, todos viejos amigos a los que
basta asomarse a las ventanas para contemplarlos. Hace días fue el libro de
Portilla Sueños de Roca, dos días más
tarde llegó El peor viaje del mundo y
Alpinismo como disidencia, además de
unos poemas de Alejandra Pizarnik y La
tierra baldía, de T. S. Elliot. Esta mañana llegó Dibujos de Campo, de Martínez de Pisón, y mañana está prevista la
entrega de La montaña y el arte y El sentimiento de
Hay ocasiones en que, sin saber a ciencia cierta por
qué, a uno se le empieza a llenar el ánimo de sensaciones, anhelos, ambiguos
deseos de verse con fulanito o menganito, ganas de sentarse a la mesa con
viejos amigos, o incluso amigos en potencia con los que sólo has tenido
incorpórea relación en la corrala de las redes sociales. Y entonces es como si
se te viniera todo encima, la montaña, como un imán que atrajera sobre sí a sus
feligreses, a los recuerdos, se convierte en cónclave de aspiraciones y deseos.
Me viene sucediendo de tiempo atrás que un nutrido grupo de personas
relacionadas con el mundo de la montaña venga ejerciendo sobre mí una enorme
atracción. Esta mañana, que andaba acarreando rastrojos con la carretilla hasta
un montón cercano a la casa donde más tarde los quemaré, no hacía más que
acordarme de muchos de ellos, los compañeros del Navi, Carlos Soria, Luis
Bernardo Durán, Martínez de Pisón, Jerónimo López, Ramón Portilla, Pedro
Nicolás, José Manuel Vinches, Santiago Pino, Fernando Vázquez, Miguel Angel, el
Polero, Toti, Emilio Craquis, Manolo el Dientes, David de Esteban, Emiliano de
Diego, Moisés, Mayayo, Juanjo San Sebastián, Gerardo Blázquez, Cive, Laure Esteras, Gustavo Adolfo Cuevas...un largo etcétera
de hombres que componen una grata generación, que es la mía y la de mis primeros
pasos por la montaña; incluso estaba presente Sebastián Álvaro con quien disentí
a través de mi blog a causa de sus opiniones sobre la primera invernal de los nepalíes
al K2, se me hacía una figura atractiva.
No es que me acordara simplemente de ellos, es que
sentía una mezcla de especial afecto por sus personas. Unos, porque han sido
compañeros codo con codo en tantas salidas a Gredos, Galayos o
Es un sentimiento difícil de poner en palabras. Esta
mañana abría el libro que me acababa de llegar, Dibujos de campo, y
mirando por aquí y por allá, además de descubrir el humor y la faceta de Pisón
como montañero, presente en tantas montañas del mundo, me gustaba encontrarme
en sus dibujos con alguno de esos nombres que hoy se aglutinan en mi
pensamiento, una vez en la cumbre del Balaitus en medio de una tormenta, otras
en algunas expediciones al Himalaya, en los Andes. Y recordaba alguno de esos
nombres propios que el mismo Eduardo está empezando a recordar estos días en
las redes sociales. Muchos de ellos, tantos, que conocí o que sin conocerles
son la expresión de parecida pasión. ¿Solidaridad de amigos, admiración,
satisfacción por pertenecer a esa misma generación que con las montañas fue
haciendo un ramillete de flores que ofrecer a sus vidas?
Si uno ha de darse gracias a sí mismo en el que
fuimos, como escribía Juanjo, porque nos ha ayudado a ser lo que somos, por
parecidas razones deberíamos dar gracias a todo el entorno humano que nos ha
rodeado desde que descubrimos las montañas, por haber sido en gran parte tanto
acompañantes como parte de los nutrientes que la vida de cada uno necesita para
desarrollarse con cierta armonía.

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