El Chorrillo, 21 de junio
Hoy, mientras rumiaba en la cama, privado de la fuerza suficiente para levantarme y cumplir como buena persona los deberes cotidianos de mantenimiento que cualquier hijo de vecino tiene en su casa, se me ocurrió la peregrina idea de pensar en la terrible y aburrida que sería, de existir, la vida de ese Dios en que una mayoría de mis congéneres cree.
La soledad es un modo de existir que si bien proporciona sabrosos bocados de sensaciones, no es ni mucho menos un plato que, como el cocido, pueda comerse a diario mañana y noche hasta el final de los tiempos. Aunque sólo sea porque la diversidad es un elemento que da color a los días haciendo la vida más llevadera ya merecería la pena combinar esto y lo otro, soledad y compañía, para hacer la vida más agradable. La soledad de Dios se me antojaba más que otra cosa un castigo acorde a la soberbia propia de quien pretende usurpar el amor universal para ensalzamiento de su propia persona. Un demencial egoísmo que uno sólo puede comprender en un paranoico, en alguien digno de permanecer de por vida en las instalaciones de un manicomio.
El sol había salido y empezaba a rumorear por las ramas altas de los álamos y las acacias, pero yo no me decidía a levantarme. Desde que he vuelto a leer los periódicos y a saber lo que pasa por el mundo mi ánimo no está muy allá. Me animó la irrupción de ese hilo de esperanza que venía de la mano de los cambios en el panorama electoral de este país, después me reí mucho viendo los "millones" de ciudadanos que acogían en las calles de Madrid la irrupción de ese pijo al que las convenciones, ridículas también ellas, van a llamar a partir de ahora su Majestad; al final, la visión de esta triste España en la que vivo ha de helarte el corazón. Mi ánimo me repetía que seguimos estando
...entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Peor que bostezar, una España que chupa la sangre a la otra. También uno puede estar triste por estas cosas, y mucho, todo amarrado y bien amarrado por los de siempre mientras una gran mayoría de la población del país bosteza o vive la pasión del ir y venir de un trozo de cuero lleno de aire. El caso es que ahora he vuelto a las andadas y ya esta mañana me desperté pensando en Dios, lo cual en un servidor viene a ser síntoma un tanto alarmante. "Lo que Dios quiera", no, si ya como mi suegra, que todavía añora a Franco y es capaz de coger un taxi para ir a votar al PP. Vamos, que para echarse a llorar. El caso es que discurriendo por los entresijos de los pastores de rebaños, no son otra cosa nuestra jerarquía político-eclesial-económica, se me ocurrió pensar en la ideología que les anima y en el Dios que les sustenta y con ello discurrir que ese Dios no podía ser otra cosa que un pobre desgraciado que, más aburrido que la una, no tenía más función en la vida que mirar apático y ausente todas las injusticias y desmanes que se producían aquí abajo en la Tierra. Soso y aburrido; por lo menos Júpiter y Juno eran más prácticos, mientras tiros y troyanos se partían la crisma allá abajo dejando el campo de batalla lleno de cadáveres y ríos de sangre, ellos se dedicaban en las alturas a follar de lo lindo rodeados de prados floridos y acariciadoras brisas. Este otro Dios no, éste es más lelo. Hubo un tiempo meritorio en que pudo luchar como un buen revolucionario echando a palos a los mercaderes del templo, pero aquello ya pasó, ahora ve cómo la banca vaticana sustenta fábricas de armas y se queda tan pancho. Ahora no extermina a la Humanidad entera salvando en un barquito guiado por Noé a su gente predilecta, a los que le rinden pleitesía incondicional, ahora mira como un lelo por la ventana del cielo cómo los estadounidenses abrasan con napal el Viétnam, arrasan Irak o bombardean y masacran a todos aquellos países que no son como ellos quieren que sean.
La verdad es que así las cosas la vida de Dios se me aparece una vida de lo más insulsa. Si al menos, digo yo, pudiera oír de vez en cuando música de Bach o Mozart o yo qué sé, a Katy Perry o a Marilyn Manson, o leer versos o seguir en un libro viejo las aventuras del capitán Akab o un texto de Dostoievski, pues todavía, pero ya me dirán ustedes, un Dios mano sobre mano contemplando como quien está en un espectáculo de circo la desmesura de Hitler, de Napoleón, mirando como quien se asoma al balcón a ver pasar la procesión del Corpus las hambrunas de Somalia, la miseria de África, el sufrimiento de los desahuciados, mirando como quien contempla un partido del Mundial en la tele cómo unos muy pocos viven cebados a costa de la gran mayoría. Pues eso, que ya me dirán.
No creo que sea faltar al respeto de ningún creyente decir que un ser tan ridículo e insolidario no merece siquiera el aire que respira. Creo que es en este punto en donde descubrí ese inmenso sentimiento de soledad que yo imaginaba en ese supuesto Dios. Por cierto, que sus representantes otro tanto de lo mismo, aunque haya a veces síntomas de racionalidad como la del papa actual que intenta acelerar la canonización de monseñor Romero, asesinado por los militares salvadoreños y a los que Juan Pablo II besó el culo y dio la comunión al tiempo que se negó a acudir a la tumba del obispo asesinado.
Esta mañana ponerme en lugar de Dios me ponía los pelos de punta. No sé cómo podrían ser los jueces de ese Juicio Eterno que anuncian sus creyentes, pero desde luego si fuera un juicio objetivo Dios sería el primero de los condenados, los cargos en su contra, Inquisición, brujas quemadas, guerras de religión, la tropelía continua de estar con los poderosos y sus crímenes, un infinito etcétera de consentimientos y actos directos lo deberían llevar de cabeza a ese fuego eterno que su sentimiento de venganza inventó con horrenda deformación mental. Algo bastante peor que lo que hicieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Hacer memoria y pensar todo esto desde la soledad más devastadora, aunque de un dios se trate, tiene que ser una cosa terrible. Pobre...

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