12/08/2026
Esta mañana no estoy yo tan seguro de que
todo cambie, como cantaba ayer Mercedes Sosa en algún lugar de mi último post.
Cierto que decir “todo” es demasiado amplio como para que etcétera, pero nos
entendemos.
Vivimos como si nuestro ombligo fuera el
centro del Universo. Buena cosa en todo caso para alimentar una de las facetas
de los sapiens que más deberíamos admirar, la curiosidad. Todo lo que hay más
allá de nosotros mismos puede en buena ley alentar nuestra curiosidad. Hoy por la
tarde media España estará buscando un lugar desde donde contemplar el famoso
eclipse. La misma media España que no se entera de la magnificencia de tantos
maravillosos crepúsculos que se contemplan a lo largo del año, se partirá los
dientes para encontrar lugar en que aparcar el coche en los sitios divulgados
por los medios como excepcionales.
Me comenta Enrique, a raíz de mi post último, de aquella cita de
Lampedusa que dice que "para que todo
siga igual, es necesario que todo cambie", al que contesto que sí, que tiene
razón, pero que sólo le faltó añadir a su famosa frase "de mal a
peor". El cambio, como un barniz que la lluvia del otoño se llevará,
oculta con frecuencia lo intocable de reglas y comportamientos seculares
inamovibles, sea ello el poder o la no distribución de la riqueza... Siempre
hay excepciones a la norma, claro, el caso de esta tarde en que antes del
anochecer el cielo quedará en penumbra.
De mal a peor al menos en estos tiempos en
que, cada cual habla de donde le duele, en que
¿De verdad que todo cambia?
¿De verdad que todo cambia?
ResponderEliminarTu aportación coloquial a la frase de Lampedusa la comparto desde ese mismo punto de vista. Pero creo que no está en la intención de Lampedusa poner en valor la calidad del cambio, sino la igualdad del mismo; es decir, son las dos caras distintas de una misma moneda, pero con idéntico valor. Es algo parecido a una intención reversible, por eso yo añadía "o a la recíproca". En esencia, el cambio es una estrategia de supervivencia. La aristocracia (o el poder) muta para que su estatus quede intacto: el valor de la moneda es la continuidad del control.
En el anverso se cambia algo (apariencia) para que todo siga igual (esencia).
En el reverso (la recíproca), todo sigue igual (esencia) porque se ha cambiado algo (apariencia).
Al final, "igual de mal" o "igual de bien" es la constante de este planteamiento. Lo importante es el signo de igualdad que conecta ambas caras; la acotación de "o a la recíproca" convierte el concepto de Lampedusa, en un sistema donde la causa y el efecto son intercambiables.
Bueno, que comencé a contestar a tu comentario y, como otras veces, la cosa se alargó:
ResponderEliminarhttps://deunjubilado.blogspot.com/2026/08/manana-sera-otro-dia.html