lunes, 15 de junio de 2026

El tamaño del mundo

 


15/06/2026

Ayer tarde tuvimos en casa una fiesta de cumpleaños, mis hijos mellizos, Mario y Lucía, cumplían 47 años. Nacieron con siete meses de embarazo y con un peso  inferior a un kilo. Estuvieron entre la vida y la muerte muchas semanas con una esperanza de vida en torno al cuarenta por ciento. Ahora, además de tirarnos de las orejas, cada catorce de junio es inevitable recordar esta circunstancia.

(Contesto al comentario de ayer de Enrique: https://deunjubilado.blogspot.com/2026/06/un-resquicio-de-luz-mas-alla-de-la.html) Ayer en la tertulia posterior a la fiesta surgieron estos temas que comentas, nuestra fragilidad aparecía como un imperativo universal que nos hizo reflexionar a un nivel raramente alcanzado en nuestros encuentros familiares. 

Cuando uno entra en este terreno pareciera que la realidad del mundo se circunscribiera a esa situación binaria que dices en donde sólo existe el uno y el cero. Haciendo un esfuerzo por integrar ese concepto, binario, yo defendía que vivimos dos realidades, la realidad interior, profunda, interpelativa donde el individuo y su entorno son el centro de todo, y la otra, el mundo exterior y toda sus complejidad económica, social, política, etcétera. 

En esa sucesión en donde el uno y el cero, el yo y lo otro, los otros, que conforman la realidad, existen circunstancias, digamos importantes o incluso determinantes, que actúan repentinamente como una luz en plena oscuridad, se acciona el interruptor y nuestra percepción hasta entonces centrada en el mundo y sus distracciones, de repente cambia a un estado de interiorización, reflexión, en donde el ruido del mundo languidece, pierde valor en favor del individuo y su entorno. La referencia a la alternancia de estos diferentes modos de mirar, podría compararse a cuando vamos en tren y entramos en un túnel con boquetes intermitentes que dan al campo. Esa secuencia en donde se alternan nuestro interés por lo que sucede en el mundo con el exclusivo interés por uno mismo y su entorno humano. Oscilamos constantemente entre lo social y lo individual, sin embargo cuando el entorno individual pasa por circunstancias delicadas que le afectan profundamente, lo social, lo que está más allá de ti, de los tuyos, se diluye en el plano de tu conciencia. 

Escribo en el pinar cercano mientras descanso antes de volverme a casa. Llegué, llené el recipiente del agua de los pájaros, puse algo de comida en el platito correspondiente y me substraje a la contemplación del campo, los rastrojales, la lejana silueta de Gredos. Fue después que leí el comentario de Enrique que decidí contestarle. No me encajaba del todo esa palabra que él empleaba, binario, pero traté de meterla, meterla con calzador, en mi respuesta. Ahora, ya en casa, creo que cuadraba mejor, al menos para mis argumentos, el concepto dualismo que se usa en filosofía, es decir, la doctrina que sostiene que existen dos tipos fundamentales de realidad, cuya forma más conocida es el dualismo mente-cuerpo; sin embargo no me referiría tanto a esa separación como a una dualidad entre el yo vivido y el mundo exterior. Cuando alguien atraviesa un enfermedad grave, una circunstancia difícil, es fácil que se produzca en él una especie de reordenación de la importancia de las cosas. Lo que antes parecía fundamental (la política, la actualidad, la situación económica) puede encogerse hasta convertirse en ruido de fondo. En cambio, la experiencia inmediata del propio vivir ocupa casi todo el horizonte. Precisamente vengo observando que en mis últimos escritos se me ha colado más de una vez la palabra ruido en cursiva. La razón, creo, tiene su origen en un cambio de percepción de la realidad en donde la importancia de los asuntos ha trastocado su relevancia en el sujeto que vive esa situación extraordinaria. El mundo sigue siendo el mismo, pero no tiene el mismo peso para la conciencia. Al “yo soy yo y mi circunstancia” de Ortega se le añade un matiz importante, la circunstancia no sólo acompaña al yo, sino que modifica el tamaño aparente del mundo. Cuando la circunstancia es extrema, el mundo exterior pierde importancia, mientras que cuando recuperamos la normalidad, vuelve a expandirse. 

Abundando en esta idea… Comencé en el hospital a leer a Kitaro Nishida, Indagación del bien. Allí el autor se pregunta si esa separación entre el “yo” y “mundo”es realmente una división de la realidad o si por el contrario se trata de una división de nuestra atención. Es decir, quizás no haya dos realidades, sino una sola realidad vivida desde perspectivas diferentes según nuestra situación vital. 

Es claro que cuando comienzo un escrito en absoluto tengo en mente el desarrollo que tendrá el mismo a continuación. Escribir en casos como estos tiene más de reflexión que otra cosa. Las concatenaciones mentales que se producen durante la escritura se parecen mucho a un proceso en el que intervienen tanto la indagación, los interrogantes que surgen en el hecho de escribir, como el desarrollo de ideas preconcebidas que en principio fueron el motor de arranque de la escritura.


2 comentarios:

  1. Referente a la afirmación que haces de que, cuando comienzas un escrito, en absoluto tienes en mente el desarrollo que tendrá a continuación, creo que eso es lo propio de una conversación, pero en ningún caso de un escrito en el que quieras transmitir tu pensamiento. Ese tipo de comunicación requiere un guion mental muy estricto de tu razonamiento para poder exponerlo con claridad y sin dispersiones.
    ​En esta clase de comunicados, el mensaje literario debe quedar en segundo plano para no desvirtuar el fondo del asunto. Esto no quiere decir que haya que prescindir de la literatura para darle forma, sino solamente que tenemos que dar preferencia al pensamiento en sí mismo.

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  2. Hoy mi comentario es demasiado largo para incluirlo aquí. Me encanta conversar contigo.
    https://deunjubilado.blogspot.com/2026/06/sentado-la-fresca.html

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