19/01/2026
Abandono el fuego de la chimenea y salgo a dar
una vuelta a la parcela. En lo alto Sirio y Orión lucen esta noche
especialmente brillantes. De repente un ramalazo de nostalgia me sube por
dentro. Una mezcla ambigua de placer y tristeza que evoca esas magníficas noches
bajo las estrellas en las cimas de nuestras montañas. Me apasiona la relación
que tengo con la memoria. Hace sólo unos pocos días también la memoria era
objeto de mi escritura. La memoria habla a veces tan alto, tan penetrante es su
llamada que es muy difícil no oírla. Parece estar ahí a la espera de que
cualquier hecho baladí la haga despertar con renovada fuerza. Sin embargo hoy
no eran recuerdos a secas, esa mezcla de placer y tristeza era algo que me
dolía por dentro. Esas más de un centenar de noches de invierno y verano de
dormir en las cimas de nuestras montañas han dejado en mí una honda impronta
que será imposible olvidar.
Recordé más tarde la película de Tarkovski,
Nostalgia. Tarkovski titula la película Nostalghia, con h
intercalada, aludiendo a la raíz griega: Nóstos: regreso, Álgos:
dolor. Algo así como el dolor de no poder regresar. El protagonista, un poeta
ruso en Italia, sufre una nostalgia que se muestra como una herida permanente,
no es una nostalgia del pasado, sino del “hogar”. El pasado no aparece como
algo idílico, como es mi caso, el protagonista, Doménico, exiliado de su tierra
natal, vive el desgarro de la lejanía de su mundo, la tierra, el lenguaje, lo
espiritual, lo cotidiano.
No se trata de impostar con esta referencia a
Tarkovski mi propia nostalgia, sino intentar de encontrar a partir de ella un
paralelismo conceptual sobre la calidad de la misma. Mi lejanía, que todavía no
sé si es real o se trata de una lejanía demorada, tiene ese carácter de dolor y
tristeza de quien evoca lo vivido con la duda de si “cualquier tiempo pasado
fue mejor”. No me gustó nunca la actitud plañidera de aquellos versos de Jorge
Manrique a la muerte de su padre.
El protagonista de Tarkovski evoca su tierra, su
“hogar”, desde la certeza de su destierro. Mi evocación se mueve en un entorno
marcado no tanto por la imposibilidad de volver a “mi hogar”, esas noches bajo
las estrellas, como las que suscitan mis dudas o mi falta de voluntad y
motivación. Para Ortega, ya que don José y su Ideas y creencias han vuelto a aparecer en el último comentario
del amigo Enrique, la creencia es como salir del portal de tu casa y
encontrarte lo usual, la panadería enfrente, el tráfico acostumbrado, un par de
jubilados al sol, el cielo de todas las mañanas. Si salieras del portal una
mañana y te encontraras una playa o las dunas del desierto te sorprenderías. Las
creencias son esa certezas con las que vivimos desde ni se sabe cuándo. Pido
para que no parezca que cojo el rábano por las hojas, un pequeño esfuerzo que
me permita relacionar mi hábitos de tantos y tantos años, la certeza de que
nunca faltaría a mi cita habitual con las cumbres, con mi particular
“creencia”. Si se asume así lo que
sucede es algo parecido a lo que experimentaba aquel vecino que sale a la calle
y en lugar de encontrarse lo habitual se encuentra frente a sí un paisaje
extraño y desconocido.
Vamos, que descolocado como puede encontrarse un
tal vecino, no es raro que a mí, en situación parecida, me dé un ramalazo de
nostalgia cuando salgo a la parcela y me encuentro con Sirio y Orión en el
firmamento.
La evocación de la patria y el hogar por parte
del protagonista de la película de Tarkovski se presenta como una consecuencia
de su exilio y su escisión interior. Aquí la sangre no llega ni mucho menos al
río, pero, sí, algo de esa escisión se está produciendo en un servidor. Una
escisión que puede con un poco de voluntad convertirse mejor en un tira y
afloja con uno mismo que acaso requiera todavía un estado de ánimo a la altura
del frío y del esfuerzo que necesitaría para volver a las andadas. Recuerdo que
en cierta ocasión Messner después de mucho tiempo de preparación para una de
sus arriesgadas ascensiones en el Himalaya, llegado al pie de la montaña decide
recoger sus bártulos y marcharse de nuevo a casa. Lo explica con sencillez, su estado de ánimo no estaba a la altura del reto que le esperaba en aquella montaña.

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