domingo, 18 de enero de 2026

Nostalgia

 


19/01/2026

Abandono el fuego de la chimenea y salgo a dar una vuelta a la parcela. En lo alto Sirio y Orión lucen esta noche especialmente brillantes. De repente un ramalazo de nostalgia me sube por dentro. Una mezcla ambigua de placer y tristeza que evoca esas magníficas noches bajo las estrellas en las cimas de nuestras montañas. Me apasiona la relación que tengo con la memoria. Hace sólo unos pocos días también la memoria era objeto de mi escritura. La memoria habla a veces tan alto, tan penetrante es su llamada que es muy difícil no oírla. Parece estar ahí a la espera de que cualquier hecho baladí la haga despertar con renovada fuerza. Sin embargo hoy no eran recuerdos a secas, esa mezcla de placer y tristeza era algo que me dolía por dentro. Esas más de un centenar de noches de invierno y verano de dormir en las cimas de nuestras montañas han dejado en mí una honda impronta que será imposible olvidar.

Recordé más tarde la película de Tarkovski, Nostalgia. Tarkovski titula la película Nostalghia, con h intercalada, aludiendo a la raíz griega: Nóstos: regreso, Álgos: dolor. Algo así como el dolor de no poder regresar. El protagonista, un poeta ruso en Italia, sufre una nostalgia que se muestra como una herida permanente, no es una nostalgia del pasado, sino del “hogar”. El pasado no aparece como algo idílico, como es mi caso, el protagonista, Doménico, exiliado de su tierra natal, vive el desgarro de la lejanía de su mundo, la tierra, el lenguaje, lo espiritual, lo cotidiano.

No se trata de impostar con esta referencia a Tarkovski mi propia nostalgia, sino intentar de encontrar a partir de ella un paralelismo conceptual sobre la calidad de la misma. Mi lejanía, que todavía no sé si es real o se trata de una lejanía demorada, tiene ese carácter de dolor y tristeza de quien evoca lo vivido con la duda de si “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No me gustó nunca la actitud plañidera de aquellos versos de Jorge Manrique a la muerte de su padre.

El protagonista de Tarkovski evoca su tierra, su “hogar”, desde la certeza de su destierro. Mi evocación se mueve en un entorno marcado no tanto por la imposibilidad de volver a “mi hogar”, esas noches bajo las estrellas, como las que suscitan mis dudas o mi falta de voluntad y motivación. Para Ortega, ya que don José y su Ideas y creencias  han vuelto a aparecer en el último comentario del amigo Enrique, la creencia es como salir del portal de tu casa y encontrarte lo usual, la panadería enfrente, el tráfico acostumbrado, un par de jubilados al sol, el cielo de todas las mañanas. Si salieras del portal una mañana y te encontraras una playa o las dunas del desierto te sorprenderías. Las creencias son esa certezas con las que vivimos desde ni se sabe cuándo. Pido para que no parezca que cojo el rábano por las hojas, un pequeño esfuerzo que me permita relacionar mi hábitos de tantos y tantos años, la certeza de que nunca faltaría a mi cita habitual con las cumbres, con mi particular “creencia”.  Si se asume así lo que sucede es algo parecido a lo que experimentaba aquel vecino que sale a la calle y en lugar de encontrarse lo habitual se encuentra frente a sí un paisaje extraño y desconocido.

Vamos, que descolocado como puede encontrarse un tal vecino, no es raro que a mí, en situación parecida, me dé un ramalazo de nostalgia cuando salgo a la parcela y me encuentro con Sirio y Orión en el firmamento.

La evocación de la patria y el hogar por parte del protagonista de la película de Tarkovski se presenta como una consecuencia de su exilio y su escisión interior. Aquí la sangre no llega ni mucho menos al río, pero, sí, algo de esa escisión se está produciendo en un servidor. Una escisión que puede con un poco de voluntad convertirse mejor en un tira y afloja con uno mismo que acaso requiera todavía un estado de ánimo a la altura del frío y del esfuerzo que necesitaría para volver a las andadas. Recuerdo que en cierta ocasión Messner después de mucho tiempo de preparación para una de sus arriesgadas ascensiones en el Himalaya, llegado al pie de la montaña decide recoger sus bártulos y marcharse de nuevo a casa. Lo explica con sencillez, su estado de ánimo no estaba a la altura del reto que le esperaba en aquella montaña.


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