domingo, 29 de diciembre de 2013

Bestias del Sur salvaje



El Chorrillo, 29/12/2013

Bestias del Sur salvaje, de  Benh Zeitlin y protagonizada por Quvenzhané Wallis. La relación de un padre con su hija de seis años en el delta del algún río donde se refugian desposeídos y gentes que no comulgando con las idea de su entorno hacen una vida un tanto primitiva.
Quiero ser coherente, dice un personaje en algún lugar de la película. ¿Coherencia, satisfacción por la propia vida, la conciencia de una fuerza primitiva que nos habita y que no queremos dejar marchar de nosotros porque acaso en ella está lo mejor que tenemos? El caso es que esta gente dispone de apenas lo imprescindible y respira sin embargo con cierta alegría. Algo que yo he vivido muy de cerca hace años en un campamento de gitanos en las cercanías del barrio Lucero de Madrid. Aquellos tiempos en que la preocupación por tener una ciudad “limpia” no afeada por el mundo de las chabolas todavía no era tan preocupante.
No existe mejor material con que sondear la propia materia de que uno está hecho que una película, una novela o un libro de aventuras en donde vemos reflejados partes sustanciales de nuestro pensamiento, o sin querer decir tanto, matices, vislumbres, intuiciones de lo que puede ser la realidad fuera de esta sociedad que con tanta frecuencia nos acorrala y va dejando poco a poco apenas migajas de una libertad cada vez más difícil. La sociedad como entidad global cada vez más se va convirtiendo en un monstruo imparable que amenaza con ahogar  la individualidad con el pretexto de buscar nuestro bien, el bien general por encima de todas las cosas. El papaíto Estado, con la disculpa de velar por ti, te jode vivo. Una sociedad en la que tus hijos son tuyos muy relativamente porque desde el mismo instante de la concepción estos cabrones ya intentarán hacerse con el control de esa vida incipiente; y después, cuando nazca, te lo quitarán de las manos y te obligarán a catequizarlos según la moral al uso, deberás actuar con ellos según criterios establecidos; nunca podrás tener un hijo que viva el sueño de una vida diferente, habrás de ceñirte en mayor o menor grado a la grisura estandarizada de lo que hoy se considera hábitos y formas de vida convenientes. Habrá que prepararle para ingresar en el mercado del trabajo y así seguir manteniendo la máquina de los despropósitos a que parece ir destinada una concepción de la realidad en la que en absoluto priman los individuos y sus intereses. No hay hijo de vecino que se libre hoy del adoctrinamiento impartido desde los centros educativos, el púlpito o los medios afectos al sistema.
Cuando últimamente leo de gente que hizo de su vida una obra de arte, un empeño duro y sistemático lejos del gregarismo general en que una mayoría del cuerpo social vive, siento brotar una lejana esperanza de libertad y desasosiego que acaso llama a un encuentro con los valores íntimos que en alguna parte del hombre duermen esperando encontrar un resquicio para brotar. La presión social, el ambiente que vivimos es tan embaucador, tan absorbente que difícilmente se hace posible ver con claridad que una vida sana y creativa no tiene por qué consistir ni mucho menos en seguir las pautas de los hábitos de consumo o de un comportamiento generalizado diseñado por el Estado, la Iglesia o los intereses de unos u otros grupos sociales o económicos.
En la película de hoy, Bestias del Sur salvaje, se muestran alguno de esos elementos. Una vida digna es una vida vivida con intensidad sometida al trabajo artesanal del aprendiz de hombre que desde la adolescencia se empeña en comprender qué sea la vida y la realidad, para diseñar a continuación un estilo de vivir que trate de sacar de sí y de la realidad en que estamos insertos lo más propiamente personal, esas perlas o talentos que cada cual tiene y que el apremio de intereses foráneos, en ocasiones espúreos, entierra bajo una espesa capa de lodo obligándonos a hacer una vida con frecuencia anodina.
Si uno trata de hacerse a la idea de lo limitada que es la vida y de las posibilidades que ésta puede tener, raramente caería en la tentación de acumular lo que no necesita y trataría por el contrario de hacer segregar de sí el raro placer que puede proporcionarle una vida intensa. Vida intensa; en la película gentes sin medios que viven junto a la desembocadura de un río como Dios le da a entender y que con su experiencia muestra cómo el ciclo de la vida que atañe a la naturaleza, a todos los animales, no es muy diferente a lo que sucede con el hombre. Sentimientos primitivos que ponen a los personajes en comunión con el medio, los animales, el clima, el río y que proporcionan a la larga a los mismos la sensación de ocupar su justo lugar en el mundo.
Nos alejamos de la Naturaleza, la destruimos de continuo sin ningún empacho y sometemos a la generalidad de la población a un modo de vida que no deja de ser absurdo en muchos aspectos. No sabemos cómo puede ser el mundo en el futuro pero es obvio que éste que estamos creando, de seguir así puede convertirse en una pura mierda regida por los intereses económicos de un puñado de payasos capaces de encerrar en un aprisco a una mayoría de los habitantes del planeta con el señuelo de una interminable oferta de nuevos productos que harán posible que los engranajes de la cadena del mercado se mantenga permanentemente en movimiento.












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