19/04/10
Envuelto en el brillante envés de las hojas tiernas
los oídos llenos de pájaros
vagando distraídos los pensamientos
por la lectura de un libro,
la escandalera de las ramas
mecidas sobre el agitado mar de la cebada
asalvajado y ahíto de lluvia,
preñado el campo de primavera.
Vino en las alas
de un apacible resto de siesta;
tras ese vano gesto de cerrar la puerta bajo siete llaves.
Renació entre los palos húmedos de la noche
la sedosa llama,
tierna, irreductible,
llenando con su chisporroteo cantarín
el opaco vacío.
La dicha al fin de la brisa
sobre la piel
a la orilla de este mar verde.
19/04/10
Proust y su mundo,
una vez más,
ayer tarde,
mientras el sol declinaba
rozando la armonía oscura del olivo.
Un olor conocido despierta en sus páginas,
el aspecto más amable de Estropajillo
que asoma en el umbral de mi cabaña
con un conejo al ajillo para mi cena;
cruza con trotecillo despreocupado
la sombra de Tizón,
al que sacrificamos días atrás;
en los vitrales de la iglesia de Combrei
veo mujeres vagamente desnudas.
Al borde de la retina
la fragilidad del tiempo,
la primavera brotando en nuestro huerto,
la reiterada presencia de la mujer pequeña,
el sabor de la magdalena,
tiempo recobrado,
la vida y el eterno presente del pasado
el gozo renovado de los encuentros.
Espectáculo amable
el de volver como las olas
a refrescar en la luz de la tarde las emociones
la esencia dispersa de la razones
que dan sentido a la existencia.
Con su brisa de pájaros
tiembla delicado el verde luminoso
en las hojas de la acacia,
la luz posa sobre la hierba húmeda
con la delicadeza de una mano amada.
Es la hora de la lectura,
la reposada cadencia de un lector anónimo
susurra en mi oído las páginas de un libro,
los pájaros, el brillo de la cebada
llenan con su luz el final del día,
esas pequeñas cosas
entre las que posa blandamente
la frase musical de una mujer
cruzando insistentemente
el campo de mi memoria,
melancólica música
acariciando con su brisa mi hora,
la dulce cadencia de la prosa de Proust
trenzando sensaciones y recuerdos,
componiendo manojos de tempranas flores
que coloco con cierto estremecimiento
sobre el alféizar de mi ventana.
12/04/10
Al sol de la nada
de posada gracia
de indolente mirar,
maravillosos cuerpos
sestean en la playa,
claroscuro
la noche extinguida
y la presión asomada
fijos sus ojos en el prusia
de las últimas ramas
indolente y fuera del tiempo
preguntando llanamente
¿qué tal? ¿cómo va todo?
Va, dejé mi libro a un lado y miré,
en la alfombra de ceniza azulada
se alzaba ahora
su presencia continuada,
las chicas de blanco y negro
desafiaban mi atención
sobre el promontorio de granito.
11/04/10
Al fin llegó
¿no era eso lo que pedían tus labios,
que susurraba la angostura del alma
engañada por las tinieblas
en la rosa de los vientos
que equivocaban y extraviaban
con la violencia indómita
el curso de nuestros días?
El silencio rumoroso e insoluble,
la condena misma de la existencia
que parlotea palabras equivocadas y cínicas,
el ángel que no sabiendo
aguijonea mensajes de destrucción.
Tiempo de silencio
y de largas noches de lluvia,
a veces exquisito el placer
de verse atravesado
por la bulla de los pájaros
o el rodar de los pensamientos
brotando del silencio,
cantarina fuente
rodeada de cipreses.
Y enfrente un desarreglado álamo
que habrá de entregar su vida
para que en el cuadro de mi ventana
el austero olivo adquiera el protagonismo
que mi ánimo está pidiendo.
Barbate, 06/04/10
Conchas sobre el regazo tostado de la tarde
la cháchara azulada
del viento y el agua
sobre los rizos rubios de la arena,
el espectáculo del mar.
Merodeando las dunas
el caminante hace frente al viento
vadea un río en el atardecer lechoso del Atlántico.
El encaje blanco.
Rumoroso,
ajeno a todo lo que no sea él mismo,
en movimiento,
objeto de meditación,
anoche en conversación con el viento,
adormecido entre las dunas.
28/02/10
Cómo decir,
el cielo azul ceniza
en una imagen de reiteración del mundo
posando sobre las ramas
preparándose para la noche
en su azotea,
siempre las constelaciones ámbar en la línea del horizonte;
y dentro de todo esto
la visión inmadura y espléndida
el cuerpo de leche
y el paso cauteloso y mórbido
cabalgando sobre el musgo
leve su peso
una marimba a lo lejos
en algún lugar entre los setos y el río
y los ojos abiertos como soles,
la gracia de una nube
disfrazada de beldad
su musgosa oquedad entre las hebras de arena
cayendo a raudales
en polvo de oro por la ladera de onduladas
aristas color mostaza.
El cielo ya negro humo
y ellas trascurriendo,
su proscenio bajo el alféizar
manos que no resiste tocar
y bajan silenciosas hacia el breve manantial
bajo el granito cálido
casi ardiente.
27/02/10
Cuerpo silencio
grave bajo los acantilados
mientras el día se resuelve
en incendio carmesí más arriba,
en húmedas y cálidas
oquedades entre las rocas
al final de un largo camino
junto al mar profundamente ensimismado
besando los bucles dorados
que riza el viento.
Cuando todo en ella era humedad.
25/02/10
Tu carne,
suena en alargado eco todos los rincones de la tarde.
Tu carne
siempre un grito
escondido en el horizonte
cuando levanto la cabeza de mi libro
y busco el brillo de las constelaciones
en el fondo tambaleante de la noche.
¿A qué tanta charla inútil
tantas voces arañando con sus mediocres razones
las horas de insomnio?
Tu carne,
el deseo reptando por mis manos
en la oscuridad de una secuencia,
las sombras cautelosas y ambiguas
de una gélida madrugada
en la espesura del sueño,
¿o fue en los asientos traseros
de un coche perdido en los rastrojos de la noche?
Y el cielo estaba estrellado
y tu cuerpo ardía entre mis manos
brasa todo él.
Tu carne, al fin,
convertida en mi calma.
Temblando en la memoria
más allá de la ventana
el eco de los álamos blancos.
23/02/10
Este invierno teché mi cabaña
construí un huerto,
hoy miré la lluvia
pensando en el nuevo seto de hiedra
que nos aislará del mundo,
ese monasterio que alguna vez imaginé
para la edad madura,
para cuando el mundo del exterior
vaya perdiendo peso
en la consistencia de un tiempo devorador.
Descubrí el gran placer de vagar por mi casa
imaginando construir en ella
bellos rincones para la meditación
desde donde mirar la vida
soñar con cuerpos de mujer
viajar por el íntimo universo de la memoria
o escuchar hora tras hora
las idas y venidas de mis anhelos
blandamente ensoñados
en las horas del crepúsculo.
Hoy, sin más, que volví a oír sus ayes de amor
en una vieja grabación que todavía hace temblar mis piernas.
Apagué la luz y quise comprender qué es una mujer,
qué era ella,
qué importancia tiene para la vida estas cosas,
al fin y al cabo un cuerpo vestido de deseo;
puede no ser otra cosa un cuerpo,
carne con forma de mujer, de hombre,
el perenne impulso de la creación.
Ah, inútil esfuerzo por explicar las cosas
cuando todo el mundo sabe
que el amor no se explica,
que explicar es limitar,
que él está ahí como lo están las estrellas.
Leía esta tarde Gabriela, clavo y canela,
me gusta esta mujer que pinta Jorge Amado
y que me hace pensar en esa historia lela
que me tocó vivir,
que le tocó vivir a ella, la mujer pequeña,
historia lela de quien entrega la vida
a un necio patán
y se justifica convirtiendo en vómito sus días.
Hice una pausa en mis hábitos
en donde ya apenas caben las palabras,
estos pocos versos
sobre el negro mate de la pantalla tan sólo;
poca cosa para tanta música que recorre
este tiempo de contemplación,
el agua de la lluvia, el viento,
la esporádica nieve cayendo
parsimoniosa y solemne sobre mi parcela,
el sol asomándose entre los brazos desnudos de un olmo;
un excelente escenario para contemplar los inútiles desvelos
para arropar la memoria
y seguir pensando en las cosas hermosas
que mis manos y mis ojos tocaron,
para resucitar a cada instante caricias imposibles de borrar,
el aliento cálido sobre mi cuello,
el gélido frío de una noche en la grieta de un glaciar
aferrado a la vida sobre una bella montaña de los Alpes,
la montaña, la amante,
la noche cayendo sobre el mar infinito.
Hice una pausa en mis hábitos
y llené mi tiempo del cosquilleo arrullador
de las cosas que me rodean,
las pequeñas cosas,
los trabajos de jardinería
una cascada y un estanque
donde pronto nadarán rojos peces de plateadas escamas,
mañanas de niebla, de sol, de nieve,
mañanas de invierno
en las que brinca un petirrojo
o planea entre los álamos un cernícalo,
mañanas de perruna y agradecida compañía
que bosteza al sol,
que ladra a esporádicos paseantes
o festeja la vida con sus alborozados juegos.
Y a la noche, de tanto en tanto, una película,
deliciosa ayer, El secreto de sus ojos,
siempre la urdimbre de una historia de amor
sobre la que tejer la comedia o el drama de la existencia.
Y acaso más tarde las caricias
mi amor, yo mismo el centro de todas las instancias,
el eco de mis ayes
en el lecho solitario de la cabaña
bajo el cielo tenuemente estrellado,
un leve resplandor de luna inundando
la aterciopelada soledad de mi invierno.
17/02/10
De cuando la vida duele
como un profundo tajo en la carne,
todas cosas que pasan,
como el cierzo o el siroco
como esta nieve de hoy mismo
lenta e inexorable
trayendo poco a poco la calma
y el reconocimiento,
la una la otra, ellas.
Y lo que anoche era oscuridad
y lecho de púas,
la carne convertida en sílice
en vasta aspereza el tiempo,
torna a ser esperanzado sosiego.
13/02/10
Hoy me aburren los versos
la reiterada melodía
de las palabras tratando de acariciar
con sus manos un porqué,
el calor que dejó un cuerpo en el ánimo,
el dolor renovado de un grito
que no termina de extinguirse;
acaso la voz misma de la nada
queriendo hacer oír las muchas razones
para la desesperanza y desasosiego;
cuando las palabras no son otra cosa
que palos de ciego
el humo de una tarde
que se demora sobre las cenizas del horizonte
confundiendo la realidad
y enredando los días con su loca charla.
Esta hartura de palabras
cuando lo deseable sería vivir
fuera del tiempo y las razones,
puro viento, vaivén de aguas,
fluir de lava por una ladera fría
donde al día siguiente bellos tirabuzones
adornarán la madrugada.
11/02/10
Sobre este cojín se recostaba
mientras mis manos recorrían arrobadas
su cuerpo,
tiempo ha.
Hoy, mientras leía,
el cojín sobre mi regazo,
el libro sobre el cojín,
descubrí una mancha bajo la funda,
entre los despojos de la memoria
se abrió paso
su huella sobre el almohadón.
La tarde había transcurrido
plácido doce far niente frente al cielo de poniente
y hete aquí, sin más,
por arte de birlibirloque,
de nuevo el cuerpo del delito,
las recurrencias de su cuerpo y mis manos
recorriendo el místico camino de las dunas;
volvía, camino del infinito,
a penetrar profundamente dentro de ella;
mi profesión de fe,
esa única religión verdadera
con la que tomamos fugaz posesión de un imposible,
paraíso infernal donde bullen
todas las alegrías y los horrores
que recorren la historia del hombre.
Un escalofrío cruzó la soledad de la tarde,
pero pudo mi otro afán de las palabras,
las palabras que buscan a la mujer en los versos,
la entrevista solicitud al otro lado del tiempo,
del profundo y enigmático mar;
como ellas, adormecidas siempre en mis pensamientos,
largamente expuestas a caer en las redes de mis ensueños
para dar al fin forma de mujer
a los anhelos de la tarde que muere
en un leve resplandor frente a mi cabaña.
Después, la palabra cedió a la brisa de la memoria,
se hizo leve fuego
brasa
rescoldo,
y con él el cielo cayó en una profunda oscuridad.
07/02/10
Y el orgullo fue su amante fiel entonces,
y los sonidos se hicieron de hiel.
Jirones de soberbia
poblaban la tarde con sus gritos despechados;
y ya no había ni grupas, ni besos
sólo el obsceno canto del cuervo;
cría cuervos.
Y los faros barrían la noche entre el boscaje,
una día en que el cielo se cubrió de mudas estrellas.
31/01/10
De la espesura del viento de la tarde
granando en medio del dulce cansancio,
la brisa de siempre
el roce trémulo,
la hora de un domingo
donde no será posible recuperar la brisa.
Ahora sólo queda el inhóspito viento,
la hiel de los errores
subiendo como un escalofrío por la médula.
Ingrid Bergman y George Sander
recorrían anoche parecido paraje en una película de Rosellini.
Nada tan real y presente como la sombra del propio suicidio.
Y la certeza de que nunca la cueva será otra cosa,
heces y mohosa humedad, silencio,
el acre olor a cerrado,
morir anhelando
por más que la luz y el sol brillen
en el halo claro del fondo a sólo unos pasos.
Destino lo llaman.
Y no sé bien por qué estos versos tan de color betún,
esos fantasmas que en la trastienda no dejan de armar jaleo
aunque uno se despierte cantando
o le sorprenda la sonrisa de un recuerdo amable
mientras zascandilea con el cemento y la arena
reparando un muro.
Lo cierto es que ella se fue a medio hacer
encerrada en su fría y estrecha cocha,
y la recuerdo,
y pienso en los imponderables
y en su triste vida de huérfana,
tan pequeña ella,
tan lejos,
tan a medio hacer.
24/01/10
¿Cómo será envejecer
allá, en la distancia,
la imagen rota del recuerdo
cuando quebrada la lógica de la presencia,
el tiempo, ajeno a la historia y a las pasiones,
inexorable,
vaya dibujando en su rostro
surcos de niebla,
el cabello cano
la suerte de los años rodando suavemente,
día tras día, estación tras estación,
hacia el ocaso?
El rostro dulcificado que yo querré recordar,
exento entonces ya del orgullo
y la virulencia de la sangre agolpada en sus ojos,
depurada su mirada
mansamente sobre los recuerdos,
como en aquel librito del gato blanquinegro,
el incienso de aquellos breves años
posado en el horizonte
junto al fuego del atardecer.
Y así mis horas transcurren
largamente en un ir y venir de olas
en este invierno de reposado ocio
y ensueño alrededor del tiempo,
nada que explicar, imágenes,
sucesos que como los pájaros
vienen a posarse en las ramas de las horas
y llenan con su escueto canto
mis pensamientos. Y yo me iré
y se quedarán los pájaros cantandoy el final de la tarde se vestirá de ámbar
y ya no seremos siquiera recuerdo.
Ah, esta hermosa enfermedad de vagar por el tiempo,
amor en la palma de la mano,
un suave soplo y zas,
como vilano volando por los aires,
aviones de papel de la infancia
atravesando en espiral el cielo,
una racha de viento
y date,
cometas, aviones, vilanos, amor,
arriba, arriba, volando.
23/01/10
Podría ser como entonces al cabo
esas líneas que traía el mensajero
allá al final de la tarde.
Reconciliado con el mundo,
al fin la vida;
no era ya sólo el hosco viento,
la atmósfera había comenzado a ser tibia
y grata de respirar
y a tus pies un riacho de agua sonaba acogedor;
la espera cumplida
al otro lado de la bruma:
la mansa llegada del mensajero.
Mas somos inconstantes
y en el fondo nos apasiona la fealdad,
voluble y caprichosa la voluntad
arrasando la dicha con palabras execrables.
Ah, el vómito, nuestra vieja alma oscura,
y la pasión de sentir la violencia de la riada
arrasándolo todo,
llevándose consigo
el olor suavemente sudado
de aquellas mañanas
en que los cuerpos se encontraban
entre las jaras,
arriba sobre el firme granito
que bañaba el valle.
21/01/10
Agradecida deberías estar de tenerme
en estos versos color perla
sobre un cielo sin estrellas,
mi voz tras las huellas que tus pies dejaron
en medio de la Brisa,
la voz temblorosa y firme
la voz añoranza,
memoria tenaz de tus deseos marchitos.
Me dirás que por qué sigo desenterrando
esta trasnochada historia,
y no sabría decirte;
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano allí apareces
en el fondo luminiscente de tu cueva,
silenciosa, como animal herido
ovillada en la engañosa soledad de tu destino.
Por asuntos menos graves se lamentaba Jeremías,
y sin embargo,
¿qué importancia podía tener la destrucción de una ciudad
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
Corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué,
¿dónde y cuando la memoria
el espacio imposible
habrán de dar reposo
a este paisaje bruno que rompe
contra el horizonte,
siendo como eres la razón de mi Brisa?
Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche junto al fuego.
20/01/10
Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.
Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.
Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.
Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.
19/01/10
Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.
18/01/10
Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.
Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.
17/01/2009
Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.
Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.
Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.
Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.
Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.
16/01/2010
Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.
13/01/2010
No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.
28/11/2009
¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?
¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?
18/07/2009
Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.
Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.
28/02/2004
Tu carne,
suena en alargado eco todos los rincones de la tarde.
Tu carne
siempre un grito
escondido en el horizonte
cuando levanto la cabeza de mi libro
y busco el brillo de las constelaciones
en el fondo tambaleante de la noche.
¿A qué tanta tanta charla inútil
tantas voces arañando con sus mediocres razones
las horas de insomnio?
Tu carne,
el deseo reptando por mis manos
en la oscuridad de una secuencia,
las sombras cautelosas y ambiguas
de una gélida madrugada
en la espesura del sueño,
¿o fue en los asientos traseros
de un coche perdido en los rastrojos de la noche?
Y el cielo estaba estrellado
y tu cuerpo ardía entre mis manos
brasa todo él.
Tu carne, al fin,
convertida en mi calma.
Temblando en la memoria
más allá de la ventana
el eco de los álamos blancos.
23/02/10
Este invierno teché mi cabaña
construí un huerto,
hoy miré la lluvia
pensando en el nuevo seto de hiedra
que nos aislará del mundo,
ese monasterio que alguna vez imaginé
para la edad madura,
para cuando el mundo del exterior
vaya perdiendo peso
en la consistencia de un tiempo devorador.
Descubrí el gran placer de vagar por mi casa
imaginando construir en ella
bellos rincones para la meditación
desde donde mirar la vida
soñar con cuerpos de mujer
viajar por el íntimo universo de la memoria
o escuchar hora tras hora
las idas y venidas de mis anhelos
blandamente ensoñados
en las horas del crepúsculo.
Hoy, sin más, que volví a oír sus ayes de amor
en una vieja grabación que todavía hace temblar mis piernas.
Apagué la luz y quise comprender qué es una mujer,
qué era ella,
qué importancia tiene para la vida estas cosas,
al fin y al cabo un cuerpo vestido de deseo;
puede no ser otra cosa un cuerpo,
carne con forma de mujer, de hombre,
el perenne impulso de la creación.
Ah, inútil esfuerzo por explicar las cosas
cuando todo el mundo sabe
que el amor no se explica,
que explicar es limitar,
que él está ahí como lo están las estrellas.
Leía esta tarde Gabriela, clavo y canela,
me gusta esta mujer que pinta Jorge Amado
y que me hace pensar en esa historia lela
que me tocó vivir,
que le tocó vivir a ella, la mujer pequeña,
historia lela de quien entrega la vida
a un necio patán
y se justifica convirtiendo en vómito sus días.
Hice una pausa en mis hábitos
en donde ya apenas caben las palabras,
estos pocos versos
sobre el negro mate de la pantalla tan sólo;
poca cosa para tanta música que recorre
este tiempo de contemplación,
el agua de la lluvia, el viento,
la esporádica nieve cayendo
parsimoniosa y solemne sobre mi parcela,
el sol asomándose entre los brazos desnudos de un olmo;
un excelente escenario para contemplar los inútiles desvelos
para arropar la memoria
y seguir pensando en las cosas hermosas
que mis manos y mis ojos tocaron,
para resucitar a cada instante caricias imposibles de borrar,
el aliento cálido sobre mi cuello,
el gélido frío de una noche en la grieta de un glaciar
aferrado a la vida sobre una bella montaña de los Alpes,
la montaña, la amante,
la noche cayendo sobre el mar infinito.
Hice una pausa en mis hábitos
y llené mi tiempo del cosquilleo arrullador
de las cosas que me rodean,
las pequeñas cosas,
los trabajos de jardinería
una cascada y un estanque
donde pronto nadarán rojos peces de plateadas escamas,
mañanas de niebla, de sol, de nieve,
mañanas de invierno
en las que brinca un petirrojo
o planea entre los álamos un cernícalo,
mañanas de perruna y agradecida compañía
que bosteza al sol,
que ladra a esporádicos paseantes
o festeja la vida con sus alborozados juegos.
Y a la noche, de tanto en tanto, una película,
deliciosa ayer, El secreto de sus ojos,
siempre la urdimbre de una historia de amor
sobre la que tejer la comedia o el drama de la existencia.
Y acaso más tarde las caricias
mi amor, yo mismo el centro de todas las instancias,
el eco de mis ayes
en el lecho solitario de la cabaña
bajo el cielo tenuemente estrellado,
un leve resplandor de luna inundando
la aterciopelada soledad de mi invierno.
17/02/10
De cuando la vida duele
como un profundo tajo en la carne,
todas cosas que pasan,
como el cierzo o el siroco
como esta nieve de hoy mismo
lenta e inexorable
trayendo poco a poco la calma
y el reconocimiento,
la una la otra, ellas.
Y lo que anoche era oscuridad
y lecho de púas,
la carne convertida en sílice
en vasta aspereza el tiempo,
torna a ser esperanzado sosiego.
13/02/10
Hoy me aburren los versos
la reiterada melodía
de las palabras tratando de acariciar
con sus manos un porqué,
el calor que dejó un cuerpo en el ánimo,
el dolor renovado de un grito
que no termina de extinguirse;
acaso la voz misma de la nada
queriendo hacer oír las muchas razones
para la desesperanza y desasosiego;
cuando las palabras no son otra cosa
que palos de ciego
el humo de una tarde
que se demora sobre las cenizas del horizonte
confundiendo la realidad
y enredando los días con su loca charla.
Esta hartura de palabras
cuando lo deseable sería vivir
fuera del tiempo y las razones,
puro viento, vaivén de aguas,
fluir de lava por una ladera fría
donde al día siguiente bellos tirabuzones
adornarán la madrugada.
11/02/10
Sobre este cojín se recostaba
mientras mis manos recorrían arrobadas
su cuerpo,
tiempo ha.
Hoy, mientras leía,
el cojín sobre mi regazo,
el libro sobre el cojín,
descubrí una mancha bajo la funda,
entre los despojos de la memoria
se abrió paso
su huella sobre el almohadón.
La tarde había transcurrido
plácido doce far niente frente al cielo de poniente
y hete aquí, sin más,
por arte de birlibirloque,
de nuevo el cuerpo del delito,
las recurrencias de su cuerpo y mis manos
recorriendo el místico camino de las dunas;
volvía, camino del infinito,
a penetrar profundamente dentro de ella;
mi profesión de fe,
esa única religión verdadera
con la que tomamos fugaz posesión de un imposible,
paraíso infernal donde bullen
todas las alegrías y los horrores
que recorren la historia del hombre.
Un escalofrío cruzó la soledad de la tarde,
pero pudo mi otro afán de las palabras,
las palabras que buscan a la mujer en los versos,
la entrevista solicitud al otro lado del tiempo,
del profundo y enigmático mar;
como ellas, adormecidas siempre en mis pensamientos,
largamente expuestas a caer en las redes de mis ensueños
para dar al fin forma de mujer
a los anhelos de la tarde que muere
en un leve resplandor frente a mi cabaña.
Después, la palabra cedió a la brisa de la memoria,
se hizo leve fuego
brasa
rescoldo,
y con él el cielo cayó en una profunda oscuridad.
07/02/10
Y el orgullo fue su amante fiel entonces,
y los sonidos se hicieron de hiel.
Jirones de soberbia
poblaban la tarde con sus gritos despechados;
y ya no había ni grupas, ni besos
sólo el obsceno canto del cuervo;
cría cuervos.
Y los faros barrían la noche entre el boscaje,
una día en que el cielo se cubrió de mudas estrellas.
31/01/10
De la espesura del viento de la tarde
granando en medio del dulce cansancio,
la brisa de siempre
el roce trémulo,
la hora de un domingo
donde no será posible recuperar la brisa.
Ahora sólo queda el inhóspito viento,
la hiel de los errores
subiendo como un escalofrío por la médula.
Ingrid Bergman y George Sander
recorrían anoche parecido paraje en una película de Rosellini.
Nada tan real y presente como la sombra del propio suicidio.
Y la certeza de que nunca la cueva será otra cosa,
heces y mohosa humedad, silencio,
el acre olor a cerrado,
morir anhelando
por más que la luz y el sol brillen
en el halo claro del fondo a sólo unos pasos.
Destino lo llaman.
Y no sé bien por qué estos versos tan de color betún,
esos fantasmas que en la trastienda no dejan de armar jaleo
aunque uno se despierte cantando
o le sorprenda la sonrisa de un recuerdo amable
mientras zascandilea con el cemento y la arena
reparando un muro.
Lo cierto es que ella se fue a medio hacer
encerrada en su fría y estrecha cocha,
y la recuerdo,
y pienso en los imponderables
y en su triste vida de huérfana,
tan pequeña ella,
tan lejos,
tan a medio hacer.
24/01/10
¿Cómo será envejecer
allá, en la distancia,
la imagen rota del recuerdo
cuando quebrada la lógica de la presencia,
el tiempo, ajeno a la historia y a las pasiones,
inexorable,
vaya dibujando en su rostro
surcos de niebla,
el cabello cano
la suerte de los años rodando suavemente,
día tras día, estación tras estación,
hacia el ocaso?
El rostro dulcificado que yo querré recordar,
exento entonces ya del orgullo
y la virulencia de la sangre agolpada en sus ojos,
depurada su mirada
mansamente sobre los recuerdos,
como en aquel librito del gato blanquinegro,
el incienso de aquellos breves años
posado en el horizonte
junto al fuego del atardecer.
Y así mis horas transcurren
largamente en un ir y venir de olas
en este invierno de reposado ocio
y ensueño alrededor del tiempo,
nada que explicar, imágenes,
sucesos que como los pájaros
vienen a posarse en las ramas de las horas
y llenan con su escueto canto
mis pensamientos. Y yo me iré
y se quedarán los pájaros cantandoy el final de la tarde se vestirá de ámbar
y ya no seremos siquiera recuerdo.
Ah, esta hermosa enfermedad de vagar por el tiempo,
amor en la palma de la mano,
un suave soplo y zas,
como vilano volando por los aires,
aviones de papel de la infancia
atravesando en espiral el cielo,
una racha de viento
y date,
cometas, aviones, vilanos, amor,
arriba, arriba, volando.
23/01/10
Podría ser como entonces al cabo
esas líneas que traía el mensajero
allá al final de la tarde.
Reconciliado con el mundo,
al fin la vida;
no era ya sólo el hosco viento,
la atmósfera había comenzado a ser tibia
y grata de respirar
y a tus pies un riacho de agua sonaba acogedor;
la espera cumplida
al otro lado de la bruma:
la mansa llegada del mensajero.
Mas somos inconstantes
y en el fondo nos apasiona la fealdad,
voluble y caprichosa la voluntad
arrasando la dicha con palabras execrables.
Ah, el vómito, nuestra vieja alma oscura,
y la pasión de sentir la violencia de la riada
arrasándolo todo,
llevándose consigo
el olor suavemente sudado
de aquellas mañanas
en que los cuerpos se encontraban
entre las jaras,
arriba sobre el firme granito
que bañaba el valle.
21/01/10
Agradecida deberías estar de tenerme
en estos versos color perla
sobre un cielo sin estrellas,
mi voz tras las huellas que tus pies dejaron
en medio de la Brisa,
la voz temblorosa y firme
la voz añoranza,
memoria tenaz de tus deseos marchitos.
Me dirás que por qué sigo desenterrando
esta trasnochada historia,
y no sabría decirte;
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano allí apareces
en el fondo luminiscente de tu cueva,
silenciosa, como animal herido
ovillada en la engañosa soledad de tu destino.
Por asuntos menos graves se lamentaba Jeremías,
y sin embargo,
¿qué importancia podía tener la destrucción de una ciudad
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
Corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué,
¿dónde y cuando la memoria
el espacio imposible
habrán de dar reposo
a este paisaje bruno que rompe
contra el horizonte,
siendo como eres la razón de mi Brisa?
Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche junto al fuego.
20/01/10
Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.
Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.
Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.
Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.
19/01/10
Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.
18/01/10
Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.
Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.
17/01/2009
Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.
Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.
Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.
Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.
Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.
16/01/2010
Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.
13/01/2010
No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.
28/11/2009
¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?
¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?
18/07/2009
Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.
Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.
19/04/10
Envuelto en el brillante envés de las hojas tiernas
los oídos llenos de pájaros
vagando distraídos los pensamientos
por la lectura de un libro,
la escandalera de las ramas
mecidas sobre el agitado mar de la cebada
asalvajado y ahíto de lluvia,
preñado el campo de primavera.
Vino en las alas
de un apacible resto de siesta;
tras ese vano gesto de cerrar la puerta bajo siete llaves.
Renació entre los palos húmedos de la noche
la sedosa llama,
tierna, irreductible,
llenando con su chisporroteo cantarín
el opaco vacío.
La dicha al fin de la brisa
sobre la piel
a la orilla de este mar verde.
19/04/10
Proust y su mundo,
una vez más,
ayer tarde,
mientras el sol declinaba
rozando la armonía oscura del olivo.
Un olor conocido despierta en sus páginas,
el aspecto más amable de Estropajillo
que asoma en el umbral de mi cabaña
con un conejo al ajillo para mi cena;
cruza con trotecillo despreocupado
la sombra de Tizón,
al que sacrificamos días atrás;
en los vitrales de la iglesia de Combrei
veo mujeres vagamente desnudas.
Al borde de la retina
la fragilidad del tiempo,
la primavera brotando en nuestro huerto,
la reiterada presencia de la mujer pequeña,
el sabor de la magdalena,
tiempo recobrado,
la vida y el eterno presente del pasado
el gozo renovado de los encuentros.
Espectáculo amable
el de volver como las olas
a refrescar en la luz de la tarde las emociones
la esencia dispersa de la razones
que dan sentido a la existencia.
Con su brisa de pájaros
tiembla delicado el verde luminoso
en las hojas de la acacia,
la luz posa sobre la hierba húmeda
con la delicadeza de una mano amada.
Es la hora de la lectura,
la reposada cadencia de un lector anónimo
susurra en mi oído las páginas de un libro,
los pájaros, el brillo de la cebada
llenan con su luz el final del día,
esas pequeñas cosas
entre las que posa blandamente
la frase musical de una mujer
cruzando insistentemente
el campo de mi memoria,
melancólica música
acariciando con su brisa mi hora,
la dulce cadencia de la prosa de Proust
trenzando sensaciones y recuerdos,
componiendo manojos de tempranas flores
que coloco con cierto estremecimiento
sobre el alféizar de mi ventana.
12/04/10
Al sol de la nada
de posada gracia
de indolente mirar,
maravillosos cuerpos
sestean en la playa,
claroscuro
la noche extinguida
y la presión asomada
fijos sus ojos en el prusia
de las últimas ramas
indolente y fuera del tiempo
preguntando llanamente
¿qué tal? ¿cómo va todo?
Va, dejé mi libro a un lado y miré,
en la alfombra de ceniza azulada
se alzaba ahora
su presencia continuada,
las chicas de blanco y negro
desafiaban mi atención
sobre el promontorio de granito.
11/04/10
Al fin llegó
¿no era eso lo que pedían tus labios,
que susurraba la angostura del alma
engañada por las tinieblas
en la rosa de los vientos
que equivocaban y extraviaban
con la violencia indómita
el curso de nuestros días?
El silencio rumoroso e insoluble,
la condena misma de la existencia
que parlotea palabras equivocadas y cínicas,
el ángel que no sabiendo
aguijonea mensajes de destrucción.
Tiempo de silencio
y de largas noches de lluvia,
a veces exquisito el placer
de verse atravesado
por la bulla de los pájaros
o el rodar de los pensamientos
brotando del silencio,
cantarina fuente
rodeada de cipreses.
Y enfrente un desarreglado álamo
que habrá de entregar su vida
para que en el cuadro de mi ventana
el austero olivo adquiera el protagonismo
que mi ánimo está pidiendo.
Barbate, 06/04/10
Conchas sobre el regazo tostado de la tarde
la cháchara azulada
del viento y el agua
sobre los rizos rubios de la arena,
el espectáculo del mar.
Merodeando las dunas
el caminante hace frente al viento
vadea un río en el atardecer lechoso del Atlántico.
El encaje blanco.
Rumoroso,
ajeno a todo lo que no sea él mismo,
en movimiento,
objeto de meditación,
anoche en conversación con el viento,
adormecido entre las dunas.
28/02/10
Cómo decir,
el cielo azul ceniza
en una imagen de reiteración del mundo
posando sobre las ramas
preparándose para la noche
en su azotea,
siempre las constelaciones ámbar en la línea del horizonte;
y dentro de todo esto
la visión inmadura y espléndida
el cuerpo de leche
y el paso cauteloso y mórbido
cabalgando sobre el musgo
leve su peso
una marimba a lo lejos
en algún lugar entre los setos y el río
y los ojos abiertos como soles,
la gracia de una nube
disfrazada de beldad
su musgosa oquedad entre las hebras de arena
cayendo a raudales
en polvo de oro por la ladera de onduladas
aristas color mostaza.
El cielo ya negro humo
y ellas trascurriendo,
su proscenio bajo el alféizar
manos que no resiste tocar
y bajan silenciosas hacia el breve manantial
bajo el granito cálido
casi ardiente.
27/02/10
Cuerpo silencio
grave bajo los acantilados
mientras el día se resuelve
en incendio carmesí más arriba,
en húmedas y cálidas
oquedades entre las rocas
al final de un largo camino
junto al mar profundamente ensimismado
besando los bucles dorados
que riza el viento.
Cuando todo en ella era humedad.
25/02/10
Tu carne,
suena en alargado eco todos los rincones de la tarde.
Tu carne
siempre un grito
escondido en el horizonte
cuando levanto la cabeza de mi libro
y busco el brillo de las constelaciones
en el fondo tambaleante de la noche.
¿A qué tanta charla inútil
tantas voces arañando con sus mediocres razones
las horas de insomnio?
Tu carne,
el deseo reptando por mis manos
en la oscuridad de una secuencia,
las sombras cautelosas y ambiguas
de una gélida madrugada
en la espesura del sueño,
¿o fue en los asientos traseros
de un coche perdido en los rastrojos de la noche?
Y el cielo estaba estrellado
y tu cuerpo ardía entre mis manos
brasa todo él.
Tu carne, al fin,
convertida en mi calma.
Temblando en la memoria
más allá de la ventana
el eco de los álamos blancos.
23/02/10
Este invierno teché mi cabaña
construí un huerto,
hoy miré la lluvia
pensando en el nuevo seto de hiedra
que nos aislará del mundo,
ese monasterio que alguna vez imaginé
para la edad madura,
para cuando el mundo del exterior
vaya perdiendo peso
en la consistencia de un tiempo devorador.
Descubrí el gran placer de vagar por mi casa
imaginando construir en ella
bellos rincones para la meditación
desde donde mirar la vida
soñar con cuerpos de mujer
viajar por el íntimo universo de la memoria
o escuchar hora tras hora
las idas y venidas de mis anhelos
blandamente ensoñados
en las horas del crepúsculo.
Hoy, sin más, que volví a oír sus ayes de amor
en una vieja grabación que todavía hace temblar mis piernas.
Apagué la luz y quise comprender qué es una mujer,
qué era ella,
qué importancia tiene para la vida estas cosas,
al fin y al cabo un cuerpo vestido de deseo;
puede no ser otra cosa un cuerpo,
carne con forma de mujer, de hombre,
el perenne impulso de la creación.
Ah, inútil esfuerzo por explicar las cosas
cuando todo el mundo sabe
que el amor no se explica,
que explicar es limitar,
que él está ahí como lo están las estrellas.
Leía esta tarde Gabriela, clavo y canela,
me gusta esta mujer que pinta Jorge Amado
y que me hace pensar en esa historia lela
que me tocó vivir,
que le tocó vivir a ella, la mujer pequeña,
historia lela de quien entrega la vida
a un necio patán
y se justifica convirtiendo en vómito sus días.
Hice una pausa en mis hábitos
en donde ya apenas caben las palabras,
estos pocos versos
sobre el negro mate de la pantalla tan sólo;
poca cosa para tanta música que recorre
este tiempo de contemplación,
el agua de la lluvia, el viento,
la esporádica nieve cayendo
parsimoniosa y solemne sobre mi parcela,
el sol asomándose entre los brazos desnudos de un olmo;
un excelente escenario para contemplar los inútiles desvelos
para arropar la memoria
y seguir pensando en las cosas hermosas
que mis manos y mis ojos tocaron,
para resucitar a cada instante caricias imposibles de borrar,
el aliento cálido sobre mi cuello,
el gélido frío de una noche en la grieta de un glaciar
aferrado a la vida sobre una bella montaña de los Alpes,
la montaña, la amante,
la noche cayendo sobre el mar infinito.
Hice una pausa en mis hábitos
y llené mi tiempo del cosquilleo arrullador
de las cosas que me rodean,
las pequeñas cosas,
los trabajos de jardinería
una cascada y un estanque
donde pronto nadarán rojos peces de plateadas escamas,
mañanas de niebla, de sol, de nieve,
mañanas de invierno
en las que brinca un petirrojo
o planea entre los álamos un cernícalo,
mañanas de perruna y agradecida compañía
que bosteza al sol,
que ladra a esporádicos paseantes
o festeja la vida con sus alborozados juegos.
Y a la noche, de tanto en tanto, una película,
deliciosa ayer, El secreto de sus ojos,
siempre la urdimbre de una historia de amor
sobre la que tejer la comedia o el drama de la existencia.
Y acaso más tarde las caricias
mi amor, yo mismo el centro de todas las instancias,
el eco de mis ayes
en el lecho solitario de la cabaña
bajo el cielo tenuemente estrellado,
un leve resplandor de luna inundando
la aterciopelada soledad de mi invierno.
17/02/10
De cuando la vida duele
como un profundo tajo en la carne,
todas cosas que pasan,
como el cierzo o el siroco
como esta nieve de hoy mismo
lenta e inexorable
trayendo poco a poco la calma
y el reconocimiento,
la una la otra, ellas.
Y lo que anoche era oscuridad
y lecho de púas,
la carne convertida en sílice
en vasta aspereza el tiempo,
torna a ser esperanzado sosiego.
13/02/10
Hoy me aburren los versos
la reiterada melodía
de las palabras tratando de acariciar
con sus manos un porqué,
el calor que dejó un cuerpo en el ánimo,
el dolor renovado de un grito
que no termina de extinguirse;
acaso la voz misma de la nada
queriendo hacer oír las muchas razones
para la desesperanza y desasosiego;
cuando las palabras no son otra cosa
que palos de ciego
el humo de una tarde
que se demora sobre las cenizas del horizonte
confundiendo la realidad
y enredando los días con su loca charla.
Esta hartura de palabras
cuando lo deseable sería vivir
fuera del tiempo y las razones,
puro viento, vaivén de aguas,
fluir de lava por una ladera fría
donde al día siguiente bellos tirabuzones
adornarán la madrugada.
11/02/10
Sobre este cojín se recostaba
mientras mis manos recorrían arrobadas
su cuerpo,
tiempo ha.
Hoy, mientras leía,
el cojín sobre mi regazo,
el libro sobre el cojín,
descubrí una mancha bajo la funda,
entre los despojos de la memoria
se abrió paso
su huella sobre el almohadón.
La tarde había transcurrido
plácido doce far niente frente al cielo de poniente
y hete aquí, sin más,
por arte de birlibirloque,
de nuevo el cuerpo del delito,
las recurrencias de su cuerpo y mis manos
recorriendo el místico camino de las dunas;
volvía, camino del infinito,
a penetrar profundamente dentro de ella;
mi profesión de fe,
esa única religión verdadera
con la que tomamos fugaz posesión de un imposible,
paraíso infernal donde bullen
todas las alegrías y los horrores
que recorren la historia del hombre.
Un escalofrío cruzó la soledad de la tarde,
pero pudo mi otro afán de las palabras,
las palabras que buscan a la mujer en los versos,
la entrevista solicitud al otro lado del tiempo,
del profundo y enigmático mar;
como ellas, adormecidas siempre en mis pensamientos,
largamente expuestas a caer en las redes de mis ensueños
para dar al fin forma de mujer
a los anhelos de la tarde que muere
en un leve resplandor frente a mi cabaña.
Después, la palabra cedió a la brisa de la memoria,
se hizo leve fuego
brasa
rescoldo,
y con él el cielo cayó en una profunda oscuridad.
07/02/10
Y el orgullo fue su amante fiel entonces,
y los sonidos se hicieron de hiel.
Jirones de soberbia
poblaban la tarde con sus gritos despechados;
y ya no había ni grupas, ni besos
sólo el obsceno canto del cuervo;
cría cuervos.
Y los faros barrían la noche entre el boscaje,
una día en que el cielo se cubrió de mudas estrellas.
31/01/10
De la espesura del viento de la tarde
granando en medio del dulce cansancio,
la brisa de siempre
el roce trémulo,
la hora de un domingo
donde no será posible recuperar la brisa.
Ahora sólo queda el inhóspito viento,
la hiel de los errores
subiendo como un escalofrío por la médula.
Ingrid Bergman y George Sander
recorrían anoche parecido paraje en una película de Rosellini.
Nada tan real y presente como la sombra del propio suicidio.
Y la certeza de que nunca la cueva será otra cosa,
heces y mohosa humedad, silencio,
el acre olor a cerrado,
morir anhelando
por más que la luz y el sol brillen
en el halo claro del fondo a sólo unos pasos.
Destino lo llaman.
Y no sé bien por qué estos versos tan de color betún,
esos fantasmas que en la trastienda no dejan de armar jaleo
aunque uno se despierte cantando
o le sorprenda la sonrisa de un recuerdo amable
mientras zascandilea con el cemento y la arena
reparando un muro.
Lo cierto es que ella se fue a medio hacer
encerrada en su fría y estrecha cocha,
y la recuerdo,
y pienso en los imponderables
y en su triste vida de huérfana,
tan pequeña ella,
tan lejos,
tan a medio hacer.
24/01/10
¿Cómo será envejecer
allá, en la distancia,
la imagen rota del recuerdo
cuando quebrada la lógica de la presencia,
el tiempo, ajeno a la historia y a las pasiones,
inexorable,
vaya dibujando en su rostro
surcos de niebla,
el cabello cano
la suerte de los años rodando suavemente,
día tras día, estación tras estación,
hacia el ocaso?
El rostro dulcificado que yo querré recordar,
exento entonces ya del orgullo
y la virulencia de la sangre agolpada en sus ojos,
depurada su mirada
mansamente sobre los recuerdos,
como en aquel librito del gato blanquinegro,
el incienso de aquellos breves años
posado en el horizonte
junto al fuego del atardecer.
Y así mis horas transcurren
largamente en un ir y venir de olas
en este invierno de reposado ocio
y ensueño alrededor del tiempo,
nada que explicar, imágenes,
sucesos que como los pájaros
vienen a posarse en las ramas de las horas
y llenan con su escueto canto
mis pensamientos. Y yo me iré
y se quedarán los pájaros cantandoy el final de la tarde se vestirá de ámbar
y ya no seremos siquiera recuerdo.
Ah, esta hermosa enfermedad de vagar por el tiempo,
amor en la palma de la mano,
un suave soplo y zas,
como vilano volando por los aires,
aviones de papel de la infancia
atravesando en espiral el cielo,
una racha de viento
y date,
cometas, aviones, vilanos, amor,
arriba, arriba, volando.
23/01/10
Podría ser como entonces al cabo
esas líneas que traía el mensajero
allá al final de la tarde.
Reconciliado con el mundo,
al fin la vida;
no era ya sólo el hosco viento,
la atmósfera había comenzado a ser tibia
y grata de respirar
y a tus pies un riacho de agua sonaba acogedor;
la espera cumplida
al otro lado de la bruma:
la mansa llegada del mensajero.
Mas somos inconstantes
y en el fondo nos apasiona la fealdad,
voluble y caprichosa la voluntad
arrasando la dicha con palabras execrables.
Ah, el vómito, nuestra vieja alma oscura,
y la pasión de sentir la violencia de la riada
arrasándolo todo,
llevándose consigo
el olor suavemente sudado
de aquellas mañanas
en que los cuerpos se encontraban
entre las jaras,
arriba sobre el firme granito
que bañaba el valle.
21/01/10
Agradecida deberías estar de tenerme
en estos versos color perla
sobre un cielo sin estrellas,
mi voz tras las huellas que tus pies dejaron
en medio de la Brisa,
la voz temblorosa y firme
la voz añoranza,
memoria tenaz de tus deseos marchitos.
Me dirás que por qué sigo desenterrando
esta trasnochada historia,
y no sabría decirte;
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano allí apareces
en el fondo luminiscente de tu cueva,
silenciosa, como animal herido
ovillada en la engañosa soledad de tu destino.
Por asuntos menos graves se lamentaba Jeremías,
y sin embargo,
¿qué importancia podía tener la destrucción de una ciudad
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
Corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué,
¿dónde y cuando la memoria
el espacio imposible
habrán de dar reposo
a este paisaje bruno que rompe
contra el horizonte,
siendo como eres la razón de mi Brisa?
Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche junto al fuego.
20/01/10
Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.
Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.
Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.
Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.
19/01/10
Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.
18/01/10
Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.
Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.
17/01/2009
Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.
Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.
Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.
Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.
Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.
16/01/2010
Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.
13/01/2010
No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.
28/11/2009
¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?
¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?
18/07/2009
Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.
Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.
28/02/2004
Tu carne,
suena en alargado eco todos los rincones de la tarde.
Tu carne
siempre un grito
escondido en el horizonte
cuando levanto la cabeza de mi libro
y busco el brillo de las constelaciones
en el fondo tambaleante de la noche.
¿A qué tanta tanta charla inútil
tantas voces arañando con sus mediocres razones
las horas de insomnio?
Tu carne,
el deseo reptando por mis manos
en la oscuridad de una secuencia,
las sombras cautelosas y ambiguas
de una gélida madrugada
en la espesura del sueño,
¿o fue en los asientos traseros
de un coche perdido en los rastrojos de la noche?
Y el cielo estaba estrellado
y tu cuerpo ardía entre mis manos
brasa todo él.
Tu carne, al fin,
convertida en mi calma.
Temblando en la memoria
más allá de la ventana
el eco de los álamos blancos.
23/02/10
Este invierno teché mi cabaña
construí un huerto,
hoy miré la lluvia
pensando en el nuevo seto de hiedra
que nos aislará del mundo,
ese monasterio que alguna vez imaginé
para la edad madura,
para cuando el mundo del exterior
vaya perdiendo peso
en la consistencia de un tiempo devorador.
Descubrí el gran placer de vagar por mi casa
imaginando construir en ella
bellos rincones para la meditación
desde donde mirar la vida
soñar con cuerpos de mujer
viajar por el íntimo universo de la memoria
o escuchar hora tras hora
las idas y venidas de mis anhelos
blandamente ensoñados
en las horas del crepúsculo.
Hoy, sin más, que volví a oír sus ayes de amor
en una vieja grabación que todavía hace temblar mis piernas.
Apagué la luz y quise comprender qué es una mujer,
qué era ella,
qué importancia tiene para la vida estas cosas,
al fin y al cabo un cuerpo vestido de deseo;
puede no ser otra cosa un cuerpo,
carne con forma de mujer, de hombre,
el perenne impulso de la creación.
Ah, inútil esfuerzo por explicar las cosas
cuando todo el mundo sabe
que el amor no se explica,
que explicar es limitar,
que él está ahí como lo están las estrellas.
Leía esta tarde Gabriela, clavo y canela,
me gusta esta mujer que pinta Jorge Amado
y que me hace pensar en esa historia lela
que me tocó vivir,
que le tocó vivir a ella, la mujer pequeña,
historia lela de quien entrega la vida
a un necio patán
y se justifica convirtiendo en vómito sus días.
Hice una pausa en mis hábitos
en donde ya apenas caben las palabras,
estos pocos versos
sobre el negro mate de la pantalla tan sólo;
poca cosa para tanta música que recorre
este tiempo de contemplación,
el agua de la lluvia, el viento,
la esporádica nieve cayendo
parsimoniosa y solemne sobre mi parcela,
el sol asomándose entre los brazos desnudos de un olmo;
un excelente escenario para contemplar los inútiles desvelos
para arropar la memoria
y seguir pensando en las cosas hermosas
que mis manos y mis ojos tocaron,
para resucitar a cada instante caricias imposibles de borrar,
el aliento cálido sobre mi cuello,
el gélido frío de una noche en la grieta de un glaciar
aferrado a la vida sobre una bella montaña de los Alpes,
la montaña, la amante,
la noche cayendo sobre el mar infinito.
Hice una pausa en mis hábitos
y llené mi tiempo del cosquilleo arrullador
de las cosas que me rodean,
las pequeñas cosas,
los trabajos de jardinería
una cascada y un estanque
donde pronto nadarán rojos peces de plateadas escamas,
mañanas de niebla, de sol, de nieve,
mañanas de invierno
en las que brinca un petirrojo
o planea entre los álamos un cernícalo,
mañanas de perruna y agradecida compañía
que bosteza al sol,
que ladra a esporádicos paseantes
o festeja la vida con sus alborozados juegos.
Y a la noche, de tanto en tanto, una película,
deliciosa ayer, El secreto de sus ojos,
siempre la urdimbre de una historia de amor
sobre la que tejer la comedia o el drama de la existencia.
Y acaso más tarde las caricias
mi amor, yo mismo el centro de todas las instancias,
el eco de mis ayes
en el lecho solitario de la cabaña
bajo el cielo tenuemente estrellado,
un leve resplandor de luna inundando
la aterciopelada soledad de mi invierno.
17/02/10
De cuando la vida duele
como un profundo tajo en la carne,
todas cosas que pasan,
como el cierzo o el siroco
como esta nieve de hoy mismo
lenta e inexorable
trayendo poco a poco la calma
y el reconocimiento,
la una la otra, ellas.
Y lo que anoche era oscuridad
y lecho de púas,
la carne convertida en sílice
en vasta aspereza el tiempo,
torna a ser esperanzado sosiego.
13/02/10
Hoy me aburren los versos
la reiterada melodía
de las palabras tratando de acariciar
con sus manos un porqué,
el calor que dejó un cuerpo en el ánimo,
el dolor renovado de un grito
que no termina de extinguirse;
acaso la voz misma de la nada
queriendo hacer oír las muchas razones
para la desesperanza y desasosiego;
cuando las palabras no son otra cosa
que palos de ciego
el humo de una tarde
que se demora sobre las cenizas del horizonte
confundiendo la realidad
y enredando los días con su loca charla.
Esta hartura de palabras
cuando lo deseable sería vivir
fuera del tiempo y las razones,
puro viento, vaivén de aguas,
fluir de lava por una ladera fría
donde al día siguiente bellos tirabuzones
adornarán la madrugada.
11/02/10
Sobre este cojín se recostaba
mientras mis manos recorrían arrobadas
su cuerpo,
tiempo ha.
Hoy, mientras leía,
el cojín sobre mi regazo,
el libro sobre el cojín,
descubrí una mancha bajo la funda,
entre los despojos de la memoria
se abrió paso
su huella sobre el almohadón.
La tarde había transcurrido
plácido doce far niente frente al cielo de poniente
y hete aquí, sin más,
por arte de birlibirloque,
de nuevo el cuerpo del delito,
las recurrencias de su cuerpo y mis manos
recorriendo el místico camino de las dunas;
volvía, camino del infinito,
a penetrar profundamente dentro de ella;
mi profesión de fe,
esa única religión verdadera
con la que tomamos fugaz posesión de un imposible,
paraíso infernal donde bullen
todas las alegrías y los horrores
que recorren la historia del hombre.
Un escalofrío cruzó la soledad de la tarde,
pero pudo mi otro afán de las palabras,
las palabras que buscan a la mujer en los versos,
la entrevista solicitud al otro lado del tiempo,
del profundo y enigmático mar;
como ellas, adormecidas siempre en mis pensamientos,
largamente expuestas a caer en las redes de mis ensueños
para dar al fin forma de mujer
a los anhelos de la tarde que muere
en un leve resplandor frente a mi cabaña.
Después, la palabra cedió a la brisa de la memoria,
se hizo leve fuego
brasa
rescoldo,
y con él el cielo cayó en una profunda oscuridad.
07/02/10
Y el orgullo fue su amante fiel entonces,
y los sonidos se hicieron de hiel.
Jirones de soberbia
poblaban la tarde con sus gritos despechados;
y ya no había ni grupas, ni besos
sólo el obsceno canto del cuervo;
cría cuervos.
Y los faros barrían la noche entre el boscaje,
una día en que el cielo se cubrió de mudas estrellas.
31/01/10
De la espesura del viento de la tarde
granando en medio del dulce cansancio,
la brisa de siempre
el roce trémulo,
la hora de un domingo
donde no será posible recuperar la brisa.
Ahora sólo queda el inhóspito viento,
la hiel de los errores
subiendo como un escalofrío por la médula.
Ingrid Bergman y George Sander
recorrían anoche parecido paraje en una película de Rosellini.
Nada tan real y presente como la sombra del propio suicidio.
Y la certeza de que nunca la cueva será otra cosa,
heces y mohosa humedad, silencio,
el acre olor a cerrado,
morir anhelando
por más que la luz y el sol brillen
en el halo claro del fondo a sólo unos pasos.
Destino lo llaman.
Y no sé bien por qué estos versos tan de color betún,
esos fantasmas que en la trastienda no dejan de armar jaleo
aunque uno se despierte cantando
o le sorprenda la sonrisa de un recuerdo amable
mientras zascandilea con el cemento y la arena
reparando un muro.
Lo cierto es que ella se fue a medio hacer
encerrada en su fría y estrecha cocha,
y la recuerdo,
y pienso en los imponderables
y en su triste vida de huérfana,
tan pequeña ella,
tan lejos,
tan a medio hacer.
24/01/10
¿Cómo será envejecer
allá, en la distancia,
la imagen rota del recuerdo
cuando quebrada la lógica de la presencia,
el tiempo, ajeno a la historia y a las pasiones,
inexorable,
vaya dibujando en su rostro
surcos de niebla,
el cabello cano
la suerte de los años rodando suavemente,
día tras día, estación tras estación,
hacia el ocaso?
El rostro dulcificado que yo querré recordar,
exento entonces ya del orgullo
y la virulencia de la sangre agolpada en sus ojos,
depurada su mirada
mansamente sobre los recuerdos,
como en aquel librito del gato blanquinegro,
el incienso de aquellos breves años
posado en el horizonte
junto al fuego del atardecer.
Y así mis horas transcurren
largamente en un ir y venir de olas
en este invierno de reposado ocio
y ensueño alrededor del tiempo,
nada que explicar, imágenes,
sucesos que como los pájaros
vienen a posarse en las ramas de las horas
y llenan con su escueto canto
mis pensamientos. Y yo me iré
y se quedarán los pájaros cantandoy el final de la tarde se vestirá de ámbar
y ya no seremos siquiera recuerdo.
Ah, esta hermosa enfermedad de vagar por el tiempo,
amor en la palma de la mano,
un suave soplo y zas,
como vilano volando por los aires,
aviones de papel de la infancia
atravesando en espiral el cielo,
una racha de viento
y date,
cometas, aviones, vilanos, amor,
arriba, arriba, volando.
23/01/10
Podría ser como entonces al cabo
esas líneas que traía el mensajero
allá al final de la tarde.
Reconciliado con el mundo,
al fin la vida;
no era ya sólo el hosco viento,
la atmósfera había comenzado a ser tibia
y grata de respirar
y a tus pies un riacho de agua sonaba acogedor;
la espera cumplida
al otro lado de la bruma:
la mansa llegada del mensajero.
Mas somos inconstantes
y en el fondo nos apasiona la fealdad,
voluble y caprichosa la voluntad
arrasando la dicha con palabras execrables.
Ah, el vómito, nuestra vieja alma oscura,
y la pasión de sentir la violencia de la riada
arrasándolo todo,
llevándose consigo
el olor suavemente sudado
de aquellas mañanas
en que los cuerpos se encontraban
entre las jaras,
arriba sobre el firme granito
que bañaba el valle.
21/01/10
Agradecida deberías estar de tenerme
en estos versos color perla
sobre un cielo sin estrellas,
mi voz tras las huellas que tus pies dejaron
en medio de la Brisa,
la voz temblorosa y firme
la voz añoranza,
memoria tenaz de tus deseos marchitos.
Me dirás que por qué sigo desenterrando
esta trasnochada historia,
y no sabría decirte;
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano allí apareces
en el fondo luminiscente de tu cueva,
silenciosa, como animal herido
ovillada en la engañosa soledad de tu destino.
Por asuntos menos graves se lamentaba Jeremías,
y sin embargo,
¿qué importancia podía tener la destrucción de una ciudad
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
Corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué,
¿dónde y cuando la memoria
el espacio imposible
habrán de dar reposo
a este paisaje bruno que rompe
contra el horizonte,
siendo como eres la razón de mi Brisa?
Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche junto al fuego.
20/01/10
Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.
Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.
Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.
Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.
19/01/10
Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.
18/01/10
Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.
Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.
17/01/2009
Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.
Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.
Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.
Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.
Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.
16/01/2010
Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.
13/01/2010
No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.
28/11/2009
¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?
¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?
18/07/2009
Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.
Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario