13/02/10
Hoy me aburren los versos
la reiterada melodía
de las palabras tratando de acariciar
con sus manos un porqué,
el calor que dejó un cuerpo en el ánimo,
el dolor renovado de un grito
que no termina de extinguirse;
acaso la voz misma de la nada
queriendo hacer oír las muchas razones
para la desesperanza y desasosiego;
cuando las palabras no son otra cosa
que palos de ciego
el humo de una tarde
que se demora sobre las cenizas del horizonte
confundiendo la realidad
y enredando los días con su loca charla.
Esta hartura de palabras
cuando lo deseable sería vivir
fuera del tiempo y las razones,
puro viento, vaivén de aguas,
fluir de lava por una ladera fría
donde al día siguiente bellos tirabuzones
adornarán la madrugada.
11/02/10
Sobre este cojín se recostaba
mientras mis manos recorrían arrobadas
su cuerpo,
tiempo ha.
Hoy, mientras leía,
el cojín sobre mi regazo,
el libro sobre el cojín,
descubrí una mancha bajo la funda,
entre los despojos de la memoria
se abrió paso
su huella sobre el almohadón.
La tarde había transcurrido
plácido doce far niente frente al cielo de poniente
y hete aquí, sin más,
por arte de birlibirloque,
de nuevo el cuerpo del delito,
las recurrencias de su cuerpo y mis manos
recorriendo el místico camino de las dunas;
volvía, camino del infinito,
a penetrar profundamente dentro de ella;
mi profesión de fe,
esa única religión verdadera
con la que tomamos fugaz posesión de un imposible,
paraíso infernal donde bullen
todas las alegrías y los horrores
que recorren la historia del hombre.
Un escalofrío cruzó la soledad de la tarde,
pero pudo mi otro afán de las palabras,
las palabras que buscan a la mujer en los versos,
la entrevista solicitud al otro lado del tiempo,
del profundo y enigmático mar;
como ellas, adormecidas siempre en mis pensamientos,
largamente expuestas a caer en las redes de mis ensueños
para dar al fin forma de mujer
a los anhelos de la tarde que muere
en un leve resplandor frente a mi cabaña.
Después, la palabra cedió a la brisa de la memoria,
se hizo leve fuego
brasa
rescoldo,
y con él el cielo cayó en una profunda oscuridad.
07/02/10
Y el orgullo fue su amante fiel entonces,
y los sonidos se hicieron de hiel.
Jirones de soberbia
poblaban la tarde con sus gritos despechados;
y ya no había ni grupas, ni besos
sólo el obsceno canto del cuervo;
cría cuervos.
Y los faros barrían la noche entre el boscaje,
una día en que el cielo se cubrió de mudas estrellas.
31/01/10
De la espesura del viento de la tarde
granando en medio del dulce cansancio,
la brisa de siempre
el roce trémulo,
la hora de un domingo
donde no será posible recuperar la brisa.
Ahora sólo queda el inhóspito viento,
la hiel de los errores
subiendo como un escalofrío por
Ingrid Bergman
recorrían anoche parecido paraje en una película de Rosellini.
Nada tan real y presente como la sombra del propio suicidio.
Y la certeza de que nunca la cueva será otra cosa,
heces y mohosa humedad, silencio,
el acre olor a cerrado,
morir anhelando
por más que la luz y el sol brillen
en el halo claro del fondo a sólo unos pasos.
Destino lo llaman.
Y no sé bien por qué estos versos tan de color betún,
esos fantasmas que en la trastienda no dejan de armar jaleo
aunque uno se despierte cantando
o le sorprenda la sonrisa de un recuerdo amable
mientras zascandilea con el cemento y la arena
reparando un muro.
Lo cierto es que ella se fue a medio hacer
encerrada en su fría y estrecha cocha,
y la recuerdo,
y pienso en los imponderables
y en su triste vida de huérfana,
tan pequeña ella,
tan lejos,
tan a medio hacer.
24/01/10
¿Cómo será envejecer
allá, en la distancia,
la imagen rota del recuerdo
cuando quebrada la lógica de la presencia,
el tiempo, ajeno a la historia y a las pasiones,
inexorable,
vaya dibujando en su rostro
surcos de niebla,
el cabello cano
la suerte de los años rodando suavemente,
día tras día, estación tras estación,
hacia el ocaso?
El rostro dulcificado que yo querré recordar,
exento entonces ya del orgullo
y la virulencia de la sangre agolpada en sus ojos,
depurada su mirada
mansamente sobre los recuerdos,
como en aquel librito del gato blanquinegro,
el incienso de aquellos breves años
posado en el horizonte
junto al fuego del atardecer.
Y así mis horas transcurren
largamente en un ir y venir de olas
en este invierno de reposado ocio
y ensueño alrededor del tiempo,
nada que explicar, imágenes,
sucesos que como los pájaros
vienen a posarse en las ramas de las horas
y llenan con su escueto canto
mis pensamientos.
Y yo me iré
y se quedarán los pájaros cantando
y el final de la tarde se vestirá de ámbar
y ya no seremos siquiera recuerdo.
Ah, esta hermosa enfermedad de vagar por el tiempo,
amor en la palma de la mano,
un suave soplo y zas,
como vilano volando por los aires,
aviones de papel de la infancia
atravesando en espiral el cielo,
una racha de viento
y date,
cometas, aviones, vilanos, amor,
arriba, arriba, volando.
23/01/10
Podría ser como entonces al cabo
esas líneas que traía el mensajero
allá al final de la tarde.
Reconciliado con el mundo,
al fin la vida;
no era ya sólo el hosco viento,
la atmósfera había comenzado a ser tibia
y grata de respirar
y a tus pies un riacho de agua sonaba acogedor;
la espera cumplida
al otro lado de la bruma:
la mansa llegada del mensajero.
Mas somos inconstantes
y en el fondo nos apasiona la fealdad,
voluble y caprichosa la voluntad
arrasando la dicha con palabras execrables.
Ah, el vómito, nuestra vieja alma oscura,
y la pasión de sentir la violencia de la riada
arrasándolo todo,
llevándose consigo
el olor suavemente sudado
de aquellas mañanas
en que los cuerpos se encontraban
entre las jaras,
arriba sobre el firme granito
que bañaba el valle.
21/01/10
Agradecida deberías estar de tenerme
en estos versos color perla
sobre un cielo sin estrellas,
mi voz tras las huellas que tus pies dejaron
en medio de la Brisa,
la voz temblorosa y firme
la voz añoranza,
memoria tenaz de tus deseos marchitos.
Me dirás que por qué sigo desenterrando
esta trasnochada historia,
y no sabría decirte;
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano allí apareces
en el fondo luminiscente de tu cueva,
silenciosa, como animal herido
ovillada en la engañosa soledad de tu destino.
Por asuntos menos graves se lamentaba Jeremías,
y sin embargo,
¿qué importancia podía tener la destrucción de una ciudad
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
Corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué,
¿dónde y cuando la memoria
el espacio imposible
habrán de dar reposo
a este paisaje bruno que rompe
contra el horizonte,
siendo como eres la razón de mi Brisa?
Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche junto al fuego.
20/01/10
Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.
Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.
Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.
Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.
19/01/10
Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.
18/01/10
Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.
Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.
17/01/2009
Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.
Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.
Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.
Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.
Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.
16/01/2010
Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.
13/01/2010
No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.
28/11/2009
¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?
¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?
18/07/2009
Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.
Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.
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