jueves, 21 de enero de 2010






21/01/10


Deberías estas orgullosa de tenerme aquí,
en los versos,
mi voz tendida como una alfombra
bajo las huellas que tus pies dejaron,
la voz temblorosa,
la voz firme
la voz añoranza
la voz que pide justicia tras la celosía de la oscuridad;
dar gracias por ser todavía la memoria
de tus propios deseos marchitos,
mediocre mujer de mis sueños,
lo que pudiste ser
y tu cobardía arruinó.

Me dirás por qué sigo escribiendo,
sobre esta nefanda historia de chichinabo,
y la verdad es que no sabría decirte,
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano terminas apareciendo allí,
interrogante, desdichada, atrapada, pazguata.

Por asuntos menos graves se lamentaba el profeta Jeremías,
¿qué importancia puede tener la destrucción de Jerusalén
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
No hay nada más importante en la vida de un hombre
que su propia vida y anhelos,
de ahí que tu sombra surja aún junto al
incendio del crepúsculo.

Sé que de tanto mirar atrás
corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué si se hunde el mundo
si lo que mis células rezuman
sigue siendo la memoria perversa de haberte conocido;
te cabe, eso si, el mérito,
de ser la causa de mi encuentro con la Brisa.

Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
ah, el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche
llevando a mi nostalgia retazos de una dicha lejana.

















20/01/10


Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.

Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.

Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.

Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.



















19/01/10


Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.





















18/01/10


Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.

Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.







17/01/2009


Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.

Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.

Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño
enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.

Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.

Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.













16/01/2010


Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.

















13/01/2010




No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.























28/11/2009


¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?

¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?















18/07/2009


Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.


Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.





















































































































































































































21/01/10


Deberías estas orgullosa de tenerme aquí,
en los versos,
mi voz tendida como una alfombra
bajo las huellas que tus pies dejaron,
la voz temblorosa,
la voz firme
la voz añoranza
la voz que pide justicia tras la celosía de la oscuridad;
dar gracias por ser todavía la memoria
de tus propios deseos marchitos,
mediocre mujer de mis sueños,
lo que pudiste ser
y tu cobardía arruinó.

Me dirás por qué sigo escribiendo,
sobre esta nefanda historia de chichinabo,
y la verdad es que no sabría decirte,
miro la noche a través de mi ojo de buey
y tarde o temprano terminas apareciendo allí,
interrogante, desdichada, atrapada, pazguata.

Por asuntos menos graves se lamentaba el profeta Jeremías,
¿qué importancia puede tener la destrucción de Jerusalén
frente a esta catástrofe que urdió tu miedo?
No hay nada más importante en la vida de un hombre
que su propia vida y anhelos,
de ahí que tu sombra surja aún junto al
incendio del crepúsculo.

Sé que de tanto mirar atrás
corro el peligro en convertirme en estatua de sal,
mas qué,
a mí qué si se hunde el mundo
si lo que mis células rezuman
sigue siendo la memoria perversa de haberte conocido;
te cabe, eso si, el mérito,
de ser la causa de mi encuentro con la Brisa.

Ah, esa infinita tristeza
que va dejando las marcas de sus uñas
en la arpillera del tiempo,
ah, el gozo, aquellos tañidos que recorren hoy
el silencio de la noche
llevando a mi nostalgia retazos de una dicha lejana.

















20/01/10


Inmensamente perdida y llena de miedo,
siempre deseosa de morir a la vuelta de cualquier esquina
pero feliz a veces entre mis brazos,
feliz yo entre los suyos;
así eran entonces los días,
arrobadores y conflictivos.
Yo por entonces había descubierto
que la vida era más de lo que nunca hubiera esperado,
tenía un amor,
venía de una espesa oscuridad
nacida en las entrañas de mi paternidad,
espesa brea de un verano penoso,
y me encontré con ella;
era pequeña, le costaba mirar de frente,
quedé prendado de su vida a medio hacer
de la orfandad que escondían sus ojos;
con el tiempo su sonrisa se hizo firme
y sus ojos brillaron expectantes.

Pero quizás nunca llegué a comprenderla del todo,
su desesperado deseo de romperse la crisma
contra cualquier pared,
su despiadado y fútil orgullo
irguiéndose como gallo de pelea
en los confines de un destierro
donde sólo ella y la lejanía inhóspita tenían cabida.

Ahora anda en otro planeta
arropada de arrogancia y miedo
en una lejanía de baratija,
sus cuerdas vocales atrofiadas
en el frío de la desesperanza;
no canta, no corre, languidece en alguna lejana galaxia
esperando Dios sabe qué.
Acaso después de todo
su amor fuera era algo más que un artificio.

Mientras tanto
miro interminable la noche
y las alargadas constelaciones
que pueblan el horizonte frente a mi cabaña,
miro apenado
aquella esperanza que se había ido abriendo
como un atractivo abismo bajo mis pies,
esos abismos que ya mis manos y piernas no sortean,
quieta mi mirada sobre el horizonte del tiempo
que a grandes zancadas se va llevando el aroma de su piel.



















19/01/10


Volví al pinar esta tarde,
sí, ya sabes, el viejo pinar de siempre,
ahora sus pinos
pudriéndose en el suelo,
ahora sucio, abandonado, triste reliquia de otro tiempo;
sin embargo, al fondo,
allá por donde paseamos las ultimas veces,
la mancha verde de la cebada
brillaba al final del día espléndida
bajo los pies de los cipreses.





















18/01/10


Y es que volví una vez más a los versos,
líneas quebradas
sobre el fondo de la noche
donde una llama lame viejos maderos de obra
que hablan naturalmente de lo mismo de siempre.
Sea cual sea el poeta que acompaña mis últimas horas del día,
siempre es lo mismo,
el vaivén de una verdad a punto de ser apresada
que huye precipitadamente
escondido su cuerpo en una nube de aterciopelada confusión.

Y así, con el libro entre las manos,
aboscado paciente en la niebla de los versos
-erectos, hundidos los pies
en la herrumbre de los helechos ardientes del humedal gris
donde lloran ahítas de lluvia las hayas-,
mirar en silencio el fuego
la llama temblando en la quietud de la noche
sin porqué, sin tiempo.
Así esos versos que esta noche leo,
Maizal, Keats, Valente,
el amor, la muerte al fin.







17/01/2009


Misterio de tez húmeda
y fresco aliento
encontrarte aún en la espesa densidad de la tarde
piedra solitaria sobre la playa
sedosamente bañada de tiempo y distancia.

Y mis manos huérfanas de tu cuerpo
sedientas del manantial de tus muslos
de la piedad de una ternura
solo aliviada en el infinito misterio inalcanzable;
la tarde cayendo a nuestras espalda.

Y sentirte, entrañable misterio,
a través de la niebla del tiempo
y la distancia.
Extraño
enigma
en el que el malva de las montañas de poniente
se llena de cantos de pájaro
y reprimido despecho,
de inesperada sonrisa
cuando imagino esos buenos palmetazos
en tu trasero.

Extraño misterio
el de no poder cerrar los ojos y decir amor
frente a estos árboles escuetos
que esperan paciente la noche,
de contemplarte sobre el fondo de sus ramas,
perdida,
parte de mí
planta tronchada.

Verdad es que tú ya no eres tú
y que el tú que ingurgita mi ojos húmedos de ti
murió entre tus manos débiles e indecisas,
pero aun así,
mujer eres,
misterio de mis entrañas
parte ahondada en una triste piedad
que de tarde en tarde se hace sonrisa y ternura.













16/01/2010


Qué cosa insólita él,
siempre presente
embaucador
brazo que estrangula
y hace perder el sentido de toda instancia,
tenaz, hecho de doloroso fuego
y profundo deseo.
Siempre la misma brasa sobre de alma
hoy un marasmo de pena
mañana un acorde de puro gozo,
el ensueño del que mira el mar
romper en aquella playa
donde de rodillas besabas una noche las estrellas.

















13/01/2010




No es ambigua la realidad que se trenza alrededor de mi duermevela tras la hora de la comida; todo lo contrario, de densa persistencia cementada con los materiales nobles que vertebran los días, éstos de ahora mismo; tan aparentemente adormecidos a veces, tan sin meta ni sentido; en este invierno tan lleno de lluvias, ayer y anteayer de nieve, esta tarde de restos de lejanas ascensiones en los Alpes que se mezclan con la fuerza de una mujer que explora los confines del riesgo y de la vida, que se mezcla, inhiestos sus pezones con el color de cielo y el vacío donde en su fondo braman las aguas salvajes; de apariencia débil pero hermosamente fuertes, poderosos, nosotros, los hombres y mujeres. Y ello sobre un paisaje gris de encajes azules en las ramas de los árboles en el que la lluvia tamborilea desde ayer tarde, ahora sobre las tejas en un rumor amortiguado, blando, intemporal.























28/11/2009


¿Y por qué ha de ser siempre
el mar y la muerte y el amor,
y no la dulzura de los cuerpos,
los cuerpos
el crepúsculo de fuego
un manto de canela sobre la nieve
en donde dos amantes se besan?

¿Por qué siempre el dolor
y los espinos
haciendo sangrar nuestra piel,
y el acerado fragor de la ventisca
y las noches en vela,
cuando existen los cuerpos
y la luz
y la suavidad extrema de la piel,
y esos cuerpos, Dios,
en donde el alma y mi sed
encuentran una suerte de anhelo
ancho como una playa
donde juegan las olas
donde yo sorbo a sorbo
me bebo el mar,
toco sus pechos
hundo mi boca en su pubis húmedo
acaricio con mis dedos
la curva perturbadora de sus caderas?















18/07/2009


Todavía no,
pero no desalientes,
quizás llegue el día
en que tu cuerpo
remonte el valle de los lirios,
la hora de la desnudez del alma
de la luz que se abra paso
en tu noche oscura,
quizás.


Y entonces,
ah, entonces
volveremos a encontrarnos
en la luminosa cumbre,
volveremos sobre la nieve de la cima
a ser inundados por vendavales de ternura.
















































































































































































































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