viernes, 23 de octubre de 2026

La vida estancada


 


El Chorrillo, 23 de octubre de 2026

¿Será sólo asomarse a ver pasar los días como en aquel relato de Tagore en que un niño veía atravesar la vida de los otros desde su ventana? Aquel niño se llamaba precisamente Amal, el mismo nombre que el de la protagonista de la película que vi hace días y sobre la que escribí aquí mismo. El relato de Tagore se titulaba El cartero del rey. Amal era un niño enfermo al que el médico ha ordenado permanecer en casa. Por eso pasa mucho tiempo junto a la ventana, mirando la calle y hablando con quienes pasan por delante: el lechero, los muchachos, los viajeros… Desde esa ventana, el mundo exterior se convierte para él en una invitación a vivir, a conocer y a imaginar. La ventana es para él mucho más que un lugar desde el que mirar: representa la frontera entre el encierro y la libertad, entre la fragilidad del niño y la inmensidad de la vida que desea conocer. En esta situación lo que hace entrañable a Amal es que, aunque apenas puede salir de su habitación, su curiosidad y su imaginación no tienen fronteras. Llevo un tiempo en que me siento Amal del todo, especialmente desde que he tenido que suspender mis caminatas matinales, mis ejercicios de mantenimiento y, por supuesto, mis salidas y pernoctas en las cumbres. Soy Amal, mi ventana en cierto modo es Internet, las pocas comunicaciones que mantengo con amigos a través de mis posts en las redes.

Ayer vi la magnífica película de Mikio Naruse, Cuando una mujer sube una escalera. Le había pedido al ChatGpt que me diera una lista de las mejores películas poniendo el acento especialmente en el cine oriental, y ahí encontré a Naruse junto a Kore-eda. La película cuenta la historia de Keiko, una viuda que trabaja como anfitriona en un bar de Tokio. Aunque desea conservar su dignidad e independencia en un ambiente en donde las mujeres dependen económicamente de los hombres y sueña con abrir su propio negocio, sus intentos de cambiar de vida chocan con las decepciones amorosas y las dificultades económicas. En el film la escalera simboliza su existencia: cada noche vuelve a empezar, atrapada entre el deseo de libertad y una realidad que apenas le permite elegir su destino. La fatalidad se cierne sobre ella, no hay final feliz, en la última secuencia se la ve caminando por la noche por las calles de ambiente nocturno de una gran ciudad pensando para sí que tenía que hacerse fuerte como un árbol para resistir el embate del viento del norte.

En mi mente coinciden en este momento las figuras del Amal de Tagore y Keiko, la protagonista de Naruse. Sensaciones, esas de las que Pessoa decía que son lo mejor que tenemos. «La única realidad para mí son mis sensaciones», escribió, y añadía: «Después de todo, la mejor manera de viajar es sentir». Y se me aparece como una idea fértil porque en ese la mejor manera de viajar es sentir, el verbo viajar bien podría sustituirse por otras tantas actividades como leer, escuchar música, ver una película, subir montañas… que en el libro que leemos, la película que vemos, lo principal sea sentir por encima de otras apreciaciones argumentales, artísticas, conocimiento, alienta a poner el acento en lo que leemos o vemos en ese mundo fundamental de las sensaciones.

 

Cuando uno no termina de estar bien en muchos sentidos, achaques, dolencias, sensación de mareo, vuelta de nuevo a estar en flutter (arritmia), no le quedan más cáscaras que sumergirse en el mundo de Keiko y afrontar la situación. El título alude al gesto cotidiano con el que Keiko sube cada noche las escaleras que conducen al bar. Antes de entrar, debe recomponerse, ponerse una máscara de alegría y estar preparada para representar el papel que los clientes esperan de ella. La escalera se convierte así en una imagen de su existencia en la que cada noche requiere un esfuerzo continuado. Y así uno y otro día. Keiko no ha llegado a la situación de Amal totalmente recluido en esa habitación desde la que observa el mundo, Keiko está en el mundo y en él tiene que ganarse la vida para atender a sus propias necesidades.  

Sin embargo ya no eres un niño y asomarse a ver pasar los días… requiere el esfuerzo suplementario de Keiko. C’est la vie…

 

 


2 comentarios:

  1. Aún es pronto, Alberto. Acabas de salir de una anestesia y una operación. Verás que poco a poco empiezas a sentirte cada día mejor. Dale tiempo a tu cuerpo. Ha pasado por mucho y, durante mucho tiempo.
    Un abrazo que te arrope y te dé paciencia.

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