El Chorrillo, 23 de octubre de
2026
Leo un extenso artículo sobre la IA en Le Monde Diplomatique, un artículo informado que rebosa de datos y
que nos presenta la IA
como una especie de distopía que dejará el mundo patas arriba, y la sensación
que tengo aquí, y en muchas más apreciaciones sobre la realidad, es que tanta
jerigonza analítica pasa por alto la lógica más abrumadora centrando el
problema en la roma inmediatez, las consecuencias de la IA sobre el mundo del trabajo,
el paro, etc., cuando el problema en absoluto está ahí, que si dispusiéramos de
medios para vivir en condiciones reduciendo nuestras horas de trabajo al mínimo
posible, estaríamos acercándonos al mejor de los mundos.
El problema no reside ahí por más que los especialistas en análisis
políticos o económicos quieran hacérnoslo meter por las narices. El problema es
mucho más sencillo que todo eso. Para que el conjunto de la humanidad pudiera
vivir en muchas mejores condiciones bastaría con someter a las clases altas de
nuestra sociedad a una lobotomía selectiva que, interrumpiendo determinadas
conexiones cerebrales, pudieran aliviar síntomas psiquiátricos graves como es
ese que sufren los acumuladores de riqueza. El hecho de que personas con capacidad
para influir en la vida de millones pueden tomar decisiones cuyos beneficios
son privados y cuyos costes se reparten entre los demás, va en franca oposición
a los criterios que ha seguido la
Especie a lo largo de su desarrollo. Basta imaginar una
colmena o un hormiguero en donde toda la población de insectos trabajara para
beneficio de un puñado de hormigas o abejas. Sería algo biológicamente inconcebible.
Se me ocurre lo de la lobotomía en clave irónica porque entiendo que todos
estos oligarcas son en cierto modo seres enfermos que han sustituido el arte de
vivir por la ambición de tener y poder, una limitación moral que hace que unos
pocos individuos puedan convertirse en un peligro para el resto de la
comunidad. Pero, se ve, cambiar la naturaleza humana, por mucho que la lógica
de la colmena sea tan evidente, por la lógica del sentido común es totalmente
utópico. “Todos a la guillotina, todos a la guillotina, a la guillotina con
ellos…”; con esas palabras abrió jocosamente Javier Gallego su programa Carne Cruda por algún tiempo. Construir
un mundo en el que las peores inclinaciones no puedan gobernarnos aparece sin
embargo tan utópico como irreal.
Y entonces podríamos llevar la reflexión un paso más allá: quizá no
necesitamos la lobotomía de los oligarcas, sino una sociedad que impida que las
limitaciones morales de cualquier individuo puedan convertirse en un peligro
para millones de personas. Y claro, estamos con la madre del borrego porque
precisamente vivimos insertos en una sociedad en la que la evidencia palpable y
real de la vida se ha venido configurando bajo unas estructuras de poder destinadas
a entontecer al ciudadano corriente haciéndole creer que no hay más música que
la que suena, que lo otro, ¡que vienen los comunistas, que vienen los
comunistas!, que no se te pase siquiera por la cabeza. Tal como nos encontramos
estamos en el mejor de los mundos, que te quede claro, dicta a nuestro
subconsciente el Sistema, ese Gran Otro que gobierna nuestras vidas desde la
oscuridad.
Una sociedad centrada en poseer, acumular y competir puede moldear el
carácter de las personas hasta hacer de ellas auténticos pingajos. Quizás
después de estas consideraciones pueda comprender mejor a los detractores de la
IA. No puedes defender la extraordinaria
capacidad de ésta para optimizar trabajos, que es un bien reconocible y útil;
no puedes defenderlo porque revertida su operatividad sobre un mundo basado en
la usura y la codicia, quienes pagarán siempre en una economía de mercado serán
los curritos de a pie. Un microondas es una excelente herramienta para cocinar,
igual que una sartén, pero… y ahí está el asunto, depende de si usas ambos para
freírte un pie o para cocinarte un pisto. Que unos usen las herramientas
sociales para acumular poder y otros para crear, cuidar y compartir, por narices
nos invita a considerar, cuando tratamos de transformar una sociedad, lo que
siendo útil, caso de la IA,
puede ser a su vez una terrible amenaza para dicha sociedad . Y habría que
añadir… en las condiciones actuales.
Ahora bien, el problema social no está necesariamente en la tecnología, sino
en la forma en que se distribuyen sus beneficios y sus costes. Y aquí
tendríamos que trasladarnos a China y considerar si los juicios catastróficos
que emitimos sobre la IA
en Occidente son trasladables allí. El gobierno chino ha reconocido que el
progreso de la IA
puede entrar en conflicto con el empleo y que ese conflicto necesita una
respuesta política, y así, precisamente hoy, me dice el ChatGpt, ha publicado
una directriz del Consejo de Estado chino para adaptar el desarrollo de la
inteligencia artificial a la protección del empleo. El documento plantea
reducir los efectos de sustitución laboral, evaluar los riesgos para el empleo,
apoyar la formación y la recolocación de trabajadores y reforzar su protección
social. Está por ver, naturalmente, las consecuencias de estas medidas que
tendrán que debatirse entre la maximización del beneficio privado y el de los
ciudadanos. En el documento evidentemente repartir el beneficio social de la
automatización está en la cabecera de las intenciones del gobierno. Una
intención que apuntaría a algo que expresaba más arriba cuando defendía el uso
de la IA desde la
perspectiva de un beneficio social que nos liberara en gran parte de la
necesidad del trabajo para atender así a otras facetas sociales o personales. Muy
bonito en apariencia, y que en sustancia ante la depredación sistemática que el
capital hace en Occidente se nos parece mucho más humano y conveniente. El
miedo que se tiene en Occidente a un sistema en donde la redistribución de la
riqueza descienda más racionalmente a la generalidad de los ciudadanos, se
justifica, es claro, por el miedo a que el estómago de la codicia sufra una
vomitona, cosa imposible de momento en donde al entontecimiento del ciudadano
corriente contribuye tanto ese tupido velo que nos impide ver un posible mundo
más justo en el panorama de la actualidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario