lunes, 31 de agosto de 2026

Contemplar la vida

Dolomitas. 7/8/2023

 

30/08/2026  

Desde hace tiempo cuando le pido al ChatGPT que me proporcione una imagen para mi post, siempre me muestra a una persona, imagino que yo mismo, contemplando un paisaje, un eclipse, unas aves volando frente a ella. Es la fiel reproducción de mis mañanas en el límite de un pinar mientras escribo o simplemente contemplo la vida. Cada mañana se repite con variantes la misma escena desde hace mucho tiempo. En la imagen del ChatGPT cambia el paisaje, el mar, un valle al fondo en el cual corre un río, el eclipse del otro día. Esas son mis mañanas, mis lunes al sol de toda la semana. 

Hoy que veo la sierra del Valle al fondo, el Lanchamala, el Cerro de la Escusa, cuyo nombre siempre se me atasca, el Alto del Mirlo a su derecha. En cada una de esas cumbres, hasta el mismo Morezón he desplegado mi saco de dormir, también en la Sierra de la Paramera que se yergue a la derecha del Mirlo. ¿Volveré alguna vez a sus cumbres, volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar? ¿Será la vida ya un recuerdo permanente? ¿Cuánto de ella quedó prendido de las laderas y las cumbres que ahora contemplo en la azulina distancia de la primera hora de la mañana con tanta nostalgia, con la sospechas de que nunca más volveré allá? 

La nostalgia brilla en la mirada del caminante que esta mañana recorre el perfil de la sierra. Mañana fresca de contemplar el dulce rastro que los recuerdos, posados sobre la temprana hora del amanecer, traen delicadamente a mi ánimo. Rastrojos robados de un cuadro de Van Gogh, una alfombra de tostado amarillo al fondo de la cual la mancha gris azulenca de la sierra se alza leve como una promesa incierta.  

Y ya un nuevo día, aparcado frente al cementerio mientras espero a Victoria, claro, ¿por dónde si no se me van a ir los pensamientos? En mi vida sólo hay un cementerio, uno en el que haya permanecido tiempo muchas veces. Es un camposanto colgado de la ladera de una montaña donde yace el cuerpo entrañable de una amiga. Ya lo conté algunas veces. Muchas altas montañas a su alrededor que acogen como un abrazo el cuerpo maltrecho de Nena.  

He visitado muchos cementerios en mi vida, casi todos los que me han pillado a mano en mis largas caminatas por los senderos de España. Tienen los cementerios cierto aire de invitación a la meditación y al recogimiento que de algún modo son la continuación de mi caminar solitario. Recuerdo viviendo en Cevo, un pequeño pueblo de la Lombardía donde Nena era maestra, el ritual tan frecuente de tantas mujeres mayores, casi todas vestidas de riguroso luto, de bajar cada mañana a renovar las flores de la tumba del esposo, un hijo, un familiar cercano. Paseo diario con el que renovar un cariño truncado, un anhelo resquebrajado por la muerte. Yo también visité ese cementerio a lo largo de mi vida, con Victoria y mis hijos, con amigos que me acompañaron a alguna de mis salidas a los Alpes y que obligadamente en algún momento recalaban allá. Un verano, viajando con una amiga, tras una semana de trotar por el macizo del Adamello, depositamos en la tumba grandes manojos de rododendros que habíamos recolectado en nuestra salida. Entonces una anciana se nos acercó en el cementerio: Lei era l’amico di Nena, vero? Había pasado más de una década desde el accidente de Nena en las montañas del Ortles y sin embargo aquella anciana me recordaba perfectamente.

El ejercicio de contemplar la vida se me parece como si con los años éste se hiciera más frecuente, más compacto. No es un ejercicio de nostalgia, es algo mucho más denso y actual. Eres lo que fuiste, y aunque en tantas ocasiones el ánimo eche por tierra esta afirmación, la constancia de esa realidad múltiple de presente y pasado que somos es lo que define la certeza del yo que hoy piensa y medita. Mientras tengamos memoria y capacidad de razonar el yo formado por el ayer y el hoy permanecen trabados en esa unidad que contemplo algunas mañanas en el pinar mientras mi vista se pierde en las lejanas montañas de Gredos. En un principio me parecieron demasiado reiterativas esas imágenes que me servía el ChatGpt para encabezar mis últimos posts, sin embargo hoy aprecio esa reiteración porque entiendo que mucho en la vida es reiteración y su expresión de alguna u otra manera tiene que recoger, de parecida manera en que los rituales de la vida se repiten a diario, ese ritmo aunque tintado con pequeñas y breves variantes. El hombre de la imagen de ayer, por ejemplo, frente a una ventana, más allá una pequeña cascada, peces, alguna fotografía colgada con las pinzas de la ropa, la Naturaleza, las aves, el retrato de una niña que quedó prendido en su retina, esos libros sobre la mesa mientras meditativo y con un vaso de té en la mano, contempla la vida, ¿no es acaso la expresión de su propia existencia?

 

 

 

 

 


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