martes, 6 de octubre de 2026

Un asunto de familia

 


Hospital Montepríncipe, 6 de octubre de 2026

Un asunto de familia. Me sonaba remotamente haberla visto hace muchos años. Sólo y ambiguamente, algunos detalles. Una maravilla.

Quizás, ahora que están bajando un poco las temperaturas, lo que pudiera echar de menos es el fuego de la chimenea frente al sillón en que me siento a leer todas las noches. Y me parece buenísima señal que en la perspectiva de un futuro inmediato se me pase por la cabeza la chimenea, y más levemente eso que me rondaba por la cabeza hace semanas de caminar por España o irme de viaje al Lejano Oriente. La fuerza que va teniendo el futuro inmediato en mí suavemente se desplaza, quién lo diría, hacia ese entorno en que el magnetismo del fuego del invierno me atrapa cada año por estas fechas que se aproximan.

La inmediata referencia de Montaigne eran los clásicos griegos y latinos, lecturas que le servían de apoyatura para sus Ensayos. A mí, por lo que vengo viendo en esta última estancia de hotel, parece que sea de momento el cine y algo de lo que leo. Gusto, placer  éste de en soledad encontrarte con tan magnífica película. Quién sabe, me sigo preguntando, si mis aspiraciones a  terminarán remansándose en el tranquilo lecho de un otoño de lluvia tras los cristales, de fuego en la chimenea en largas noches de lectura, de reposada atención a los pensamientos que me sugiere contemplar el mundo desde mi cabaña allá en el aislamiento del campo mientras lejos en el horizonte las montañas de Gredos bañan mis ojos con la dulzura de un amante. Quién sabe, quién sabe qué será de la vida, de mis gorriones y carboneros.

“Nosotros no somos normales”, decía uno de los personajes de la película que vi anoche. Benditos todos los que no somos normales, benditos ellos y nosotros porque nuestro será el reino de los cielos. Ellos y nosotros. Dos mundos diferentes. Y cierto, sí, el orgullo de ser diferente. No ser normales y desear que la paz y  concordia desciendan sobre nosotros. En la historia de Sodoma y  Gomarra, Abraham discute con Dios. «¿Vas a destruir al justo con el malvado?», pregunta Abraham. Y comienza una especie de regateo: si hubiera 50 justos, ¿destruirías la ciudad? ¿Y si hubiera 45? ¿40? ¿30? ¿20? ¿10?. Dios acepta que, si encuentra diez justos, perdonará la ciudad.

Quizás si la espada justiciera de Dios descendiera en la actualidad sobre nosotros, sucediera algo parecido, que perdonara al entero mundo por la interdicción de aquellos que no son normales, porque en un mundo como el nuestro cada vez es más evidente que los “normales” y los que no lo son van perteneciendo cada vez más a dos galaxias diferentes.

Esas dos galaxias aparecían anoche en la película de Kore-eda no en oposición sino en íntima simbiosis, el mundo corriente con sus normas, sus intereses, sus servicios sociales y, también, los problemas de los niños inatendidos, y el mundo de los afectos reales donde la empatía, el simple estar a gusto y en concordia con los otros son el marco en que se desenvuelve la convivencia. Cuentan los vínculos, el sentimiento de comunidad, mientras que fuera cada vez más la asepsia se va extendiendo como mancha de aceite; el orden social y sus normas parecen incapaces de incorporar en su tejido la calidez de lo que nos hace realmente humanos en el trato con los demás. La atención social de las instituciones parecen incapaces en su rigidez y formalidad de reconocer otros modos de vida que no sean los imperantes.

En pocas líneas el argumento: La historia de una familia japonesa muy pobre que sobrevive haciendo pequeños hurtos y compartiendo su vida. Un día acogen en casa a una niña que encuentran sola y maltratada. A partir de ahí, la película plantea una pregunta central: ¿qué hace realmente que unas personas sean una familia: la sangre, la ley o el afecto y el cuidado?

La sociedad no está preparada para reconocer en su seno una clase de familia como la que nos presenta el film en donde el cuidado del otro y el cariño son el centro del comportamiento de sus miembros.

Fin de mi estancia en el hospital. Acaban de darme el alta. Me queda pendiente, de momento, una operación de uretra que será en otro hospital. Así que en pocos días, eso espero, vuelvo a vivir de “hotel” :-).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios:

  1. Leo tu mensaje de que te han dado el alta y siento cómo se libera toda mi ansiedad. La discreción me ha impedido andar indagando en estos 13 días de ingreso hospitalario, y hoy la intuición me confirma que has superado una posible infección de orina, al explicarme que próximamente te someterás a una operación de uretra. Mi más sincera enhorabuena al comprobar que estás en el buen camino. Un abrazo.

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  2. Es curioso cómo el cuerpo, yo añadidura el alma, se van adaptando sabiamente a las circunstancias. Me cayó un año un poco complicado, pero bueno, al final todo es parte del hervidero de la vida. Un paso más en ese "comprender, intentar comprender, lo que es la vida. Estoy empezando a enamorarme de Kore-eda. Esta noche volví con otra, Maborosi. Bueno en realidad algo más que comprender. Buenas noches
    Ah, y gracias por tu interés y por lo que aportas a mi propia necesidad de entender este mundo en que nos tocó vivir.

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