El Chorrillo, 21 de octubre de 2026
No, son otros los términos a los que me refiero (ver comentario de Enrique aquí). El después de la muerte es un monte hipotético desde el que observas tu propia vida, sirve para analizar el curso de nuestras inquietudes, la belleza de la vida, esa que nos ha dado tanto. Sirve a la necesidad de tener claro qué es y qué ha sido importante en la vida, un osito de peluche en que recostar nuestro ser cuando miramos a la tarde el horizonte con los ojos cerrados dejándonos llevar por el ritmo tranquilo del corazón.
Tenía una amiga que si pretendías hablar de
la muerte con ella, te daba con la puerta en las narices. Craso error cuando no
se comprende que la vida y la muerte forman un inseparable tándem en donde no se
puede concebir el uno sin el otro. Así que mejor no negar. No se trata de jugar
una partida de ajedrez con ella como hace Max von Sydow en El séptimo sello, ese
experimentar en nuestras íntimas entrañas los complejos sentimientos que
destila nuestro cerebro. Puede sonar a filosofía barata, pero existe. No es el manido pienso, luego
existo, sino siento, luego vivo. Hay quien se apasiona con un gol de Messi,
otros tenemos pasiones algo más raras.
En ocasiones cuando entro en materia tengo
la sensación de que me dejo llevar por el atractivo flujo de las palabras.
Bueno, también eso forma parte de la vida e indudablemente actúan sobre el
ánimo y el razonamiento a modo de bola de nieve impulsada por la corriente de
las propias intuiciones. Creo que recientemente me referí a Mirabeau cuando al
impulso de sus propias palabras en
También esto es válido aunque para el frío raciocinio de una
interpretación psicológica pueda ser simplemente un arranque. Hay cosas que en
absoluto se ven y que sin embargo arrastran nuestras vidas y las de la sociedad
por los caminos turbulentos de lo que Žižek denomina el Gran Otro, este mundo
sin más que vivimos de cierto oscurantismo en donde las causas de un modo de organización
económica o política se la van pasando de uno a otro, remitiéndose siempre a una autoridad superior, el
director, la empresa, la coyuntura económica internacional, etcétera, hasta que
descubrimos que la razón de todo está en el Gran Otro, un ente abstracto que
determina el comportamiento de toda la cadena. El Gran Otro es, en una de sus
dimensiones, el lugar simbólico desde el que parecen emanar las normas, las
expectativas y la autoridad que organizan nuestras acciones. Si escribo todo
este rollo, bien que motivado por mi reciente lectura de Mark Ficher, es porque
descubro en mí una antiquísima disposición a interesarme por lo que hago o
pienso al margen de las influencias más o menos perniciosas que el sistema
inocula en el ciudadano empujándole a prescindir de sus propias ideas e
iniciativas sustituyéndolas por refinados y ocultos intereses ideológicos y económicos.
Al final todo es un engaño que hace funcionar tanto al sistema como a nosotros
mismos en una interminable cadena de montaje en donde quien rige los destinos
del hombre, puestos a considerar el bien de la humanidad y del individuo en
particular, es una abstracción que como mi antiguo flutter del corazón no irriga el cuerpo sino que da vueltas y más vueltas en el
ventrículo produciendo unas excesivas palpitaciones que no tienen otra
finalidad que retroalimentar el sistema.
Ahora estoy más tranquilo, ya no estoy en flutter, mi arritmia ha desaparecido, al menos
momentáneamente, y ahora mi sangre está liberada y puede cumplir su función de
llevar oxígeno y alimento a mis células. La sociedad, y en especial el sistema
capitalista en que vivimos, sin embargo está en flutter permanente, no irriga el cuerpo social y
permanece estancado fomentando el engaño de que vivimos el mejor de los mundos
posibles.
Sin embargo no todo el personal está en las nubes ni
conforme con que el Gran Otro sea el que organice nuestras vidas. De ahí las
revoluciones juveniles, el 15M, las revueltas actuales en Francia o Italia. No
sabemos bien qué nos sucede pero hay algo que muchos sentimos que no funciona
en nuestra sociedad y entonces despertamos,
empezamos a ver la realidad en la perspectiva que comentaba al principio de
este escrito, desde la cima de una montaña, los mecanismos de poder y la
economía, nuestro adocenamiento, la insulsa realidad de vivir para consumir, y
desde un punto de vista personal la percepción de que lo verdaderamente importante
consiste en liberarse de ataduras en la medida de lo posible para intentar ser
nosotros mismos, bien que formando parte de una sociedad en donde todos
contribuimos al bienestar de la colmena.
Pero para eso es necesario subir montañas y
en la paz de la soledad de las cumbres contemplar a nuestros pies la adormilada
actitud de una sociedad que como rezaba en aquellos slogans del 15M, necesita
despertar.
¿O no, y entonces debemos seguir formando parte de
un relato kafkiano, el de la pesadilla incomprendida de un absurdo proceso...
al menos en lo que se refiere a nuestras vidas no vivida en mí al modo
del soneto teresiano?

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