miércoles, 21 de octubre de 2026

Kafka y el Gran Otro

 


El Chorrillo, 21 de octubre de 2026  

No, son otros los términos a los que me refiero (ver comentario de Enrique aquí). El después de la muerte es un monte hipotético desde el que observas tu propia vida, sirve para analizar el curso de nuestras inquietudes, la belleza de la vida, esa que nos ha dado tanto. Sirve a la necesidad de tener claro qué es y qué ha sido importante en la vida, un osito de peluche en que recostar nuestro ser cuando miramos a la tarde el horizonte con los ojos cerrados dejándonos llevar por el ritmo tranquilo del corazón. 

Tenía una amiga que si pretendías hablar de la muerte con ella, te daba con la puerta en las narices. Craso error cuando no se comprende que la vida y la muerte forman un inseparable tándem en donde no se puede concebir el uno sin el otro. Así que mejor no negar. No se trata de jugar una partida de ajedrez con ella como hace Max von Sydow en El séptimo sello, ese experimentar en nuestras íntimas entrañas los complejos sentimientos que destila nuestro cerebro. Puede sonar a filosofía barata, pero existe. No es el manido pienso, luego existo, sino siento, luego vivo. Hay quien se apasiona con un gol de Messi, otros tenemos pasiones algo más raras. 

En ocasiones cuando entro en materia tengo la sensación de que me dejo llevar por el atractivo flujo de las palabras. Bueno, también eso forma parte de la vida e indudablemente actúan sobre el ánimo y el razonamiento a modo de bola de nieve impulsada por la corriente de las propias intuiciones. Creo que recientemente me referí a Mirabeau cuando al impulso de sus propias palabras en la Asamblea Francesa lanzó a un inesperado discurso que contribuyó al inicio de la Revolución Francesa. 

También esto es válido aunque para el frío raciocinio de una interpretación psicológica pueda ser simplemente un arranque. Hay cosas que en absoluto se ven y que sin embargo arrastran nuestras vidas y las de la sociedad por los caminos turbulentos de lo que Žižek denomina el Gran Otro, este mundo sin más que vivimos de cierto oscurantismo en donde las causas de un modo de organización económica o política se la van pasando de uno a otro, remitiéndose siempre a una autoridad superior, el director, la empresa, la coyuntura económica internacional, etcétera, hasta que descubrimos que la razón de todo está en el Gran Otro, un ente abstracto que determina el comportamiento de toda la cadena. El Gran Otro es, en una de sus dimensiones, el lugar simbólico desde el que parecen emanar las normas, las expectativas y la autoridad que organizan nuestras acciones. Si escribo todo este rollo, bien que motivado por mi reciente lectura de Mark Ficher, es porque descubro en mí una antiquísima disposición a interesarme por lo que hago o pienso al margen de las influencias más o menos perniciosas que el sistema inocula en el ciudadano empujándole a prescindir de sus propias ideas e iniciativas sustituyéndolas por refinados y ocultos intereses ideológicos y económicos. Al final todo es un engaño que hace funcionar tanto al sistema como a nosotros mismos en una interminable cadena de montaje en donde quien rige los destinos del hombre, puestos a considerar el bien de la humanidad y del individuo en particular, es una abstracción que como mi antiguo flutter del corazón no irriga el cuerpo sino que da vueltas y más vueltas en el ventrículo produciendo unas excesivas palpitaciones que no tienen otra finalidad que retroalimentar el sistema. 

Ahora estoy más tranquilo, ya no estoy en flutter, mi arritmia ha desaparecido, al menos momentáneamente, y ahora mi sangre está liberada y puede cumplir su función de llevar oxígeno y alimento a mis células. La sociedad, y en especial el sistema capitalista en que vivimos, sin embargo está en flutter permanente, no irriga el cuerpo social y permanece estancado fomentando el engaño de que vivimos el mejor de los mundos posibles. 

Sin embargo no todo el personal está en las nubes ni conforme con que el Gran Otro sea el que organice nuestras vidas. De ahí las revoluciones juveniles, el 15M, las revueltas actuales en Francia o Italia. No sabemos bien qué nos sucede pero hay algo que muchos sentimos que no funciona en nuestra sociedad y entonces despertamos, empezamos a ver la realidad en la perspectiva que comentaba al principio de este escrito, desde la cima de una montaña, los mecanismos de poder y la economía, nuestro adocenamiento, la insulsa realidad de vivir para consumir, y desde un punto de vista personal la percepción de que lo verdaderamente importante consiste en liberarse de ataduras en la medida de lo posible para intentar ser nosotros mismos, bien que formando parte de una sociedad en donde todos contribuimos al bienestar de la colmena. 

Pero para eso es necesario subir montañas y en la paz de la soledad de las cumbres contemplar a nuestros pies la adormilada actitud de una sociedad que como rezaba en aquellos slogans del 15M, necesita despertar. 

¿O no, y entonces debemos seguir formando parte de un relato kafkiano, el de la pesadilla incomprendida de un absurdo proceso... al menos en lo que se refiere a nuestras vidas no vivida en mí al modo del soneto teresiano?  

  

  


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