El Chorrillo, 30 de octubre de 2026
Indagar en las tripas de los
asuntos corrientes se convierte en estas últimas mañanas en el tema principal
después de atender a las tareas diarias. Hoy tocó limpieza de la casa y hasta medio
día no me liberé para hacer, ahora ya, lo que me dé la gana a lo largo del día.
Un paréntesis en lo que vaya a escribir hoy, que todavía no lo sé. Limpieza
porque la mujer que atendía a estas tareas en nuestra casa ha tenido que
regresar a su país de Latinoamérica urgida por la muerte de su hijo, asesinado
en unas circunstancias que desconozco. Y éste es un asunto grave que me deja
cabizbajo, desazonado pensando que esto pueda pasar todavía en nuestro planeta.
No me entra en la cabeza, no lo comprendo, me desorienta. Que tengas un hijo y
te lo puedan asesinar cualquier día a la vuelta de la esquina, te hace pensar que
podemos vivir en un mundo en donde la terrible barbarie puede surgir del
interior de este planeta de parecida manera a como el magma se abre paso en lo
profundo de
Si me descuido soy capaz de meter este escrito en un solo párrafo. Tal es el calor con el que estas mañanas me salen las palabras recordando a Y, la mujer que atendía la limpieza de nuestra casa, y a la barbarie generalizada que asoma por todos los costados en tantas partes del mundo. Miserables psicópatas en busca de sus obsesiones y sus sueños de poder y fortuna. Y la de sus seguidores, imbéciles de solemnidad incapaces de comprender dónde y cómo puede alcanzarse un clima de convivencia y paz para este rato que cada uno vivimos en nuestro planeta. Gilipollas; que sólo queremos vivir en paz ese rato que va entre el nacimiento y la muerte; no más, recoger migajas de placer y gusto, de sentirnos bien dentro de nuestra piel, de intentar que nuestros vecinos vivan la misma suerte, que no somos más que una chispa en la historia del Universo… dejadnos en paz, gilipollas de mierda.
Y sin embargo ahí está el
mundo, la extrema derecha echando las redes en las aguas de la ignorancia y el
egoísmo y sacándolas llenas de insensatos con dos dedos de frente. Caín y Abel,
la historia que se repite. Tanto conocimiento acumulado, tanto, y sin embargo
ahí queda abandonado a su suerte y a su instinto animal el conocimiento de uno
mismo, de los mecanismos de la mente. En el futuro seremos capaces de tomarnos
una cerveza en un garito de
Creo que esta excitación que me visita esta mañana necesariamente tiene que remansarse, así que me inclino por acabar con este arranque matinal a fin de que mi ánimo se apacigüe y pueda así escribir sobre lo que sucintamente me proponía hoy.

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