El Chorrillo, 10 de octubre de 2026
En mis cinco minutos de leer la prensa diaria no caben todos los desvaríos con los que suelen llenar sus páginas los periódicos al uso. Y por supuesto nada de pagar por ellos, así que me tengo que conformar apenas con los titulares. El mundo está hecho una mierda y salvo los valientes y solidarios amigos de justicia y paz, una minoría, del resto no merece la pena saber más porque ya el exceso de lo que sabemos no hace otra cosa que soliviantarme. Un mundo que en líneas generales haría vomitar a cualquier hijo de vecino con un mínimo sentido de la justicia. Miren si no a ese subnormalito de Trump que con un chupete en la boca sigue clamando por el premio Nóbel de este año. Rabietas de bebé, un bebé que la ciudadanía estadounidense ha votado por mayoría para que rija los destinos del entero mundo (si es que le dejaran). ¿Por qué juzgar a este tipo de subnormales cuando son los votantes los responsables directos de los desafueros que siguen a su derecho a votar? La sociedad intenta diluir su responsabilidad, pero es sólo un intento porque de hecho si su voto recae en la perversa mente de un narcisista lo que está haciendo es alimentar la egolatría haciendo de los destinos de una nación la proyección de una mente enferma. ¿Cómo se puede dejar el destino de un país en manos de un bebé que agarrado a su chupete piensa que el mundo es suyo? Resumiendo, que en este caso a quien retrata la elección de este individuo a la cabeza del estado es con mucho a la sociedad de aquel país.
De Javier Cercas sólo me quedo con el título, “Apología del egoísmo”. Es algo que tan se masca por todos los lados que uno olvida ya la obviedad de que otro mundo pueda existir al margen del interés. Damos tan por hecho que la economía que rige nuestra sociedad es la única posible, algo natural que se nos intenta imponer desde la mayoría de los frentes, que prácticamente llegamos a olvidar cualquier otra posibilidad. Cita Mark Ficher en su libro a David Harvey que demuestra que, la lucha de clases ha dejado de ser un antagonismo; “la lucha de clases se sigue peleando aunque de un solo lado: del lado de los ricos”. La clase capitalista ha logrado fagocitar hasta tal punto a aquella vieja clase del proletariado al punto de que ésta de manera inconsciente ha encontrado su acomodo en un sistema ante el cual no existe alternativas. “El capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable. Jameson acostumbraba a detallar con horror la forma en que el capitalismo penetraba en cada poro del inconsciente” (Mark Ficher, Realismo capitalista. No hay alternativa). Decir capitalismo es hoy día un eufemismo que sustituye a la verdadera y única realidad: el interés económico y la codicia.
Sin embargo, a Dios gracias, no todo es basura en aquel país, la esperanza tiene un nombre, Zohran Mandani o Bernie Sanders, quizás la única posibilidad de que el pesimismo no sea reaccionario. Aunque el artículo de Javier Pérez Royo y Esperanza Gómez se refiera específicamente al 29N la verdad es que es difícil zafarse de ese pesimismo que nos acosa por todos los lados de la mano, naturalmente, de la derecha y extrema derecha empeñadas en hacer del mundo un charco de mierda regido por la codicia y el auspicio de la ignorancia.
De todos modos hay que echarle voluntad y sentido del humor a la cosa para ser optimista en este mundo en que vivimos y en el que el bien común parece haber pasado a mejor vida. “Ningún gobierno tiene el coraje, los cojones, de cambiar el sistema fiscal”, afirma Mariana Mazzucato. Demasiados intereses espurios, siempre ahí la tozuda realidad de que el mundo está más en manos de unos pocos, que en manos de gobernantes y parlamentarios. Se hace lo que se puede, parecen decir los pocos gobiernos progresistas que puedan decirse tales a lo largo y ancho del mundo.

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