El Chorrillo, 14 de octubre de 2026
Entra Victoria en la cabaña enfadadísima para comentar no
sé qué de la decisión del Tribunal Supremo y está tan enfadada que se va de un
lado a otro del mundo con su charla, Colombia, Chile, Argentina, Estados
Unidos… tan enfadada que no deja títere con cabeza. Y hablamos un poco y yo,
escéptico, miro hacia el campo mientras la oigo. Es triste llegar a nuestra
edad y comprobar cómo anda el mundo entre locos, fanáticos, ignorantes y gente
que sólo busca su propio interés. Y en ello estamos cuando entran algunos
guasaps. Son de nuestros hijos que en este momento están en Sol tomando parte
en las manifestaciones de la enseñanza… Menos mal, me digo, menos mal que más
allá de la mierda que fermenta por todos los lados, desde el Tribunal Supremo
hasta los curritos que la extrema derecha ha fanatizado, todavía nos queda la
constancia de que pese a todos los pesares las calles pueden llenarse con el
grito de la indignación. Admiro a todos los que en estas circunstancias todavía
son capaces de resistir a esta nefanda infamia que como mancha de aceite va extendiéndose
en el cuerpo social del país.
Soy consciente cuando
comienzo estas líneas, y cuando me expreso en otros escritos manteniendo que la
ignorancia es el elemento sobre el que pivota el desplazamiento del voto hacia
la derecha, que aquella, la ignorancia, por sí misma no tiene capacidad para
tanto desplazamiento ideológico; existen otras razones y entre ellas está la que tienen su origen en
la escasa capacidad, las ganas, que se pone en pensar. ¡Es tan trabajoso
pensar, relacionar hechos, analizar causas y reconocer cuándo alguien manipula
nuestra percepción de la realidad! Es tan trabajoso que no hay organización
política, medios y redes que no conviertan por la vía de la emotividad ese
malestar en una historia sencilla, emocional y repetitiva. La capacidad de la
derecha y la extrema derecha de construir un relato que toque las fibras
emocionales de los destinatarios de su discurso, es obviamente grande y por
ende importante sí, un acierto para sus propósitos el uso que hacen dando
explicaciones de los problemas globales de la sociedad, primero, basadas en la
emotividad y, segundo, atribuyendo, con una simplificación que cuaja entre sus
oyentes, los problemas sociales a factores que pueden incidir en sus votantes
como desencadenantes de un descontento. La simplificación de los argumentos y
las atribuciones de males sociales, o cualquiera otros, cumplen ante una
población poco dada a analizar y relacionar hechos dispares, y por consiguiente simplificándolos, el objetivo de crear un clima de malestar frente al gobierno de la oposición. Los inmigrantes, el
feminismo, las élites culturales, los ecologistas, o cualquier otro colectivo
pueden convertirse, según el contexto, en el culpable de problemas muy
diferentes. Busca un chivo expiatorio y tuyo será el reino de los cielo J.
El déficit de la capacidad de comprensión global, de relacionar, de hacer el esfuerzo de pensar, que eso sí podemos, digamos, atribuir a muchos al votantes corrientes, hace que el resultados de una elecciones dependan en gran medida de la capacidad de los políticos en juego, o de los técnicos que les asesoran, de convencer a esa característica grey tan mediatizada por la propaganda, las falsas conclusiones o las falacias de un discurso sesgado que pone las is sobre las haches. En este sentido la inseguridad material, o el miedo al futuro crean una demanda de explicaciones ante las cuales el éxito político depende, en parte, de quién consigue dar forma a ese malestar y, como correlato, asignando ese malestar a un culpable, en nuestro caso Pedro Sánchez convertido por obra y gracia de la propaganda en la némesis de la derecha española.

No hay comentarios:
Publicar un comentario