Hospital Montepríncipe, 30 de septiembre de 2026
Humberto D. Cuando eres mayor y sólo te queda en el
mundo tu perrito (Vittorio De Sica, 1954). Si fuera todavía profe y tuviera que encargar
a mis alumnos un texto, les sugeriría esas dos líneas. Igualmente podría haber sugerido
que escribieran a partir de la fotografía que encabezaba ayer mi post. Siempre me
ha llamado mucho la atención que desde los primeros años de escuela se practicara
tan poco la escritura creativa, algo que la escuela de Freinet y tantos pedagogos
preocupados por el sentido crítico y la creatividad de sus alumnos hicieron centro
de sus enseñanzas. Una imagen, una situación desencadenante que no sólo despertara
la imaginación sino también la capacidad de interpelar la realidad desde muy pequeños.
Paulo Freire en La pedagogía del oprimido, un libro “escandaloso” que en
los últimos coletazos del franquismo había que adquirir de rondó en la librería
Fuentetaja de la calle San Bernardo, era entonces mucho más expeditivo que cualquier
avanzado pedagogo de la actualidad. Hoy la Pedagogía duerme profundamente en los
estantes de las librerías de viejo; ahora la pedagogía (siempre hay que añadir
que salvo honrosas excepciones) duerme el sueño de los justos. Ahora que la burocracia
ha invadido la escuela con funcionarios a los que en absoluto interesa despertar
la creatividad y el sentido crítico, con tantos maestros atados por el statu
quo de las convenciones al uso, pensar ha dejado de ser un objetivo prioritario
para dar paso a una repetición sistemática, un trabajo de colorear fotocopias de
dibujos de personajes de Walt Disney, una repetición y copia de cómodas imágenes
diseñadas por aburridos fabricantes de imágenes estereotipadas incapaces de despertar
la imaginación de nadie. Un dinosaurio sería más eficiente que éstos fabricantes de material pedagógico.
Alguien puede pensar que hablo de oídas, puede decir que después
de los veinte años que han transcurrido desde que dejé la escuela tras mi jubilación
ha llovido mucho. Claro que ha llovido mucho, nada más basta echar un vistazo a
los criterios pedagógicos reinantes en un mundo donde los niños se constituyen los
reyes del mambo, donde el esfuerzo de voluntad es una exigencia excesiva, donde
tantos padres lelos hacen de sus churumbeles la materia prima que satisfará las
necesidades del mercado e iluminará sus cerebros con la idea de que el esfuerzo
es un objetivo caduco. Pobres. Es que… es que…
Y me pregunto yo qué me ha sucedido para que de repente después
de escribir largo estos días sobre las sutilezas y excelencia de Eros, venga ahora
a embarrarme en este galimatías de la educación. Esta mañana estuvieron aquí, además
de Víctoria, mi cuñado Víctor y su mujer, Margalida, ambos profesores jubilados
de instituciones de enseñanza del Estado. Éramos cuatro jubilatas con Victoria
empeñados, todavía tenemos que fuerzas para ello, en poner los puntos sobre la i, y no sobre las haches, como hiciera Doña Bárbara (Rómulo Gallegos).
Después de dar un largo repaso a los males de este
mundo, terminamos necesariamente recalando en los porqués generales de éstos y
cayendo por tanto en consideraciones tales como: ¡con lo fácil que sería que, haciendo
uso de un poco de cordura general, pudiéramos crear un mundo más habitable! Y yo
les oía y pensaba en lo que escribía más arriba, esa necesidad de enseñar, empujar,
fomentar en los niños su capacidad de pensar, de interpelar, de crear. Cómo coño,
me preguntaba, tántos adultos que han pasado sus mejores años de aprendizaje en
escuelas anodinas donde el acto de pensar ha sido amortajado durante toda la infancia, pueden después preguntarse, razonar,
decidir, si lo único que ha hecho la escuela ha sido reproducir esquemas de comportamiento,
lo único que han sido capaces de hacer los padres ha sido sustituir sus deberes
con sus hijos con una sobreabundancia de regalos en Reyes o cumpleaños, con una
nula disposición a favorecer en ellos el esfuerzo y la autonomía, con la liberalidad
de permitirles hacer lo que les dé la gana en todo momento.
Mi nieto tenía hace años una asombrosa capacidad para inventar
y crear algún tipo de dispositivo, un barco de vela, un patinete, cosas así. Pues
bien, ahora es tal la cantidad de juegos de mesa con que le han abrumado sus tíos
y madre que su creatividad ha quedado a un lado empujada por distracciones creadas
por el mercado. Sólo un ejemplo.
Evidentemente Eros no parece que tenga mucho que ver con estas
cosas; o acaso sí y entonces bucear en el medio de estas dos aguas puede convertirse
en una interesante actividad de indagación. Pruebo. Pienso, luego existo, soy, estoy
vivo.
Veamos. El deseo no funciona cuando todo está dado de antemano.
Eros no funciona cuando todo está disponible, Eros necesita un espacio que el individuo
tiene que recorrer. Si le das al niño todo lo que quiere estás evitando el esfuerzo.
El niño necesita algo que todavía no posee para poder ponerse en movimiento
hacia ello. Si le evitamos sistemáticamente el peligro, le impedimos
experimentar sus propias capacidades. Si le resolvemos las dificultades antes
de que pueda enfrentarse a ellas, le robamos la experiencia de la conquista. Sí, Eros y la educación se tocan. A tantos enseñantes y padres equivocados les sugeriría
la lectura de algunos ensayos de Montaigne. Escribe Montaigne: “Quien sólo
disfruta de la consumación, quien sólo disfruta de ganar, quien no encuentra
placer en la caza sino en la presa… no ha entendido dónde está verdaderamente
el placer”. Conclusión: no le pongas al niño la presa en la boca, déjale cazar.
Aquel proverbio chino que dice que no le proporciones peces a otros, que mejor es
que le enseñes a pescar.
Conté en más de una ocasión la historia de un escritor que no
encontraba manera de despertar la imaginación y creatividad. Tanto le dio vueltas
al asunto que decidió marcharse a la guerra para estimularlas. Me viene esta
idea pensando en el hecho de que los últimos días de hospital estén despertando
mis ganas de escribir. Ergo, que mejor que irme a la guerra lo mismo podía intenta
prolongar mi estancia aquí :-).
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