miércoles, 14 de octubre de 2026

Una vida interesante

 


El Chorrillo, 14 de octubre de 2026

¿En qué consiste tener una vida interesante, me pregunto. Cuando crees vivir una vida interesante o también cuando recuerdas y tienes esa sensación de plenitud que te visitó en algunos momentos, ¿en qué piensas? Ayer comencé a ver After life, de Kore-eda; espero terminarla esta noche. Allí había personajes ya fallecidos de todas las edades a los que se les pedía expresar el recuerdo más significativo de su vida. Sirve la película para dar un repaso a la existencia y tratar de considerar qué fue aquello en tu vida que crees que fue más significativo, qué es lo que más estaba relacionado con la idea que tienes de tu propia plenitud. Como se trata de sondear en los momentos en que hasta a ti ha llegado una suerte de inesperada felicidad, yo personalmente  quizás señalaría el anonimato de un día después de una noche de lluvia ininterrumpida bajo el techo de mi pequeña tienda de campaña en que a la mañana siguiente no tuve más remedio, estaba en Alpes, que ponerme a caminar bajo la misma lluvia. Embutido en mi equipo de agua ascendía por una ladera bajo el chaparrón cuando de repente me visitó una enorme sensación de bienestar. Además por la noche un zorro había entrado en mi tienda y se había llevado toda mi comida. Estaba en un precario tan notable que no hubiera sido difícil imaginarme sintiéndome un desgraciado, y sin embargo, posiblemente son esos momentos de rara plenitud los que me vienen ahora a la cabeza si me hicieran la misma pregunta que les hacen a los personajes de After Life.

Con este ejemplo en mente no me es difícil saber en qué podría consistir una vida interesante, bien que se trata de un adjetivo no del todo correcto para definir algo que concierne a un estado del alma que podríamos llamar de felicidad. Hay quien sostiene, sería el caso de Judith Butler, que necesitamos escuchar la vida de los demás para comprender la nuestra. Piensa Butler que quizá no seamos capaces de reconocer lo que ha significado nuestra propia existencia hasta que descubrimos lo que hemos significado para otra persona.  Recuerdo que leyendo a cierto autor francés actual (a la mierda con mi memoria) me encontré con un bonito paraje en que el autor decía que no sabemos nosotros lo mucho que podemos estar en el corazón de los otros. Es una idea atractiva que encaja con la idea de Butler, pero que me deja con el culo al aire, porque siendo tan entrañable la idea, encuentro que mi habitual timidez y rubor la encaja con dificultad.

De todos modos es una idea colateral a lo que trato de buscar, que sería encontrar en qué consistiría un vida interesante, qué es lo que la define al margen de la relación que tengamos con otros. Es evidente que haciendo esta pregunta a gente diferente los resultados pueden ser totalmente dispares. En mis caso concreto la afición a la montaña, por serme tan cercana quizás podría servir para extraer alguno de los elementos que pueden coadyuvar a eso que llamamos vida interesante. Digamos que esa vida interesante no se da gratuitamente y que requiere esfuerzo, que te obliga a poner en juego de forma muy especial tu forma física, tus capacidades, que llega a ti como un regalo en que tu soledad desde un vivac en lo alto de una montaña te pone en relación con el Universo, un momento en que tu yo y el Universo se funden formando parte de la misma cosa; cuando tú, la lluvia, el esfuerzo y la noche forman también un todo. Una vida interesante… cuando eres dueño y señor de tu vida y no te dejas depender de presiones exógenas, cuando te asomas a la vida activo, guerrero, dispuesto a comerte el mundo. Aquello que te llena por dentro, que te hace feliz.

En mi situación actual sin más seria difícil hacer una vida interesante sin poder poner a prueba mi cuerpo y mi resistencia después de tanto hospital, sin poder gozar el placer de unas piernas fuertes, sin, en fin, catar la miel de la soledad en comunión con el universo nocturno. No descarto que en el futuro pueda encontrar otros “juguetes”, si fuera el caso que mi situación se prolongara. Me consuelo no obstante pensando que siempre me quedará París, los libros, la escritura, el estudio, las conversaciones con los amigos, la pintura… llegado el caso…

En fin, mejor no especular con el futuro. Vivir a secas, o mejor simplemente existir, la verdad no es que sea algo muy apetecible. O quizás sí, siempre que nos quede París.

Mi post queda inconcluso. Veré si mañana, que es día de quirófano, atino a tener un rato para tratar de comprender los aspectos oscuros de la película y comentarlos.

 


4 comentarios:

  1. Creo que tu falta de memoria es totalmente selectiva. Los fallos de memoria los tenemos todos los humanos, especialmente a estas edades de las que disfrutamos: no te acuerdas de Bobin y te acuerdas de Butler, algo absolutamente normal. Sin embargo, recuerdas los vivacs en las cumbres, las noches con lluvia en la pequeña tienda de campaña, la caminata al día siguiente bajo la lluvia y sin provisiones porque un zorro había andado más listo que tú. Estas son contingencias con las que tenemos que cargar todos, y no mientes a la bicha, que la podemos perder del todo. ¿Quién no tiene un amigo, familiar o conocido que se ha quedado absolutamente a oscuras?

    ​Mucha suerte para el lance que te espera; deseo que lo resuelvas satisfactoriamente.









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    1. Probablemente tienes toda la razón. No sé si has visto After Life, es un ejemplo que viene totalmente a cuento de lo que dices. Está en Amazon Prime.

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  2. Analizando la función de los consejeros del Limbo, esas personas que no pudieron o no quisieron elegir un recuerdo propio cuando murieron, observamos que, debido a esa falta de elección, quedaron atrapadas en una burocracia, ligadas a ayudar a los demás a avanzar mientras ellas mismas permanecen congeladas en el tiempo.
    Estos consejeros son los rebeldes del sistema que propone Kore-eda. Solo tienen tres días para ayudar a cada persona a encontrar el mejor recuerdo de su vida. Deben mostrar empatía sin imponer sus propios valores o nostalgias sobre la vida ajena.
    Este proceso plantea una cuestión clave: el recuerdo no es un registro objetivo, sino una reconstrucción afectiva.
    Los consejeros revelan la gran tesis de Kore-eda: la vida no se mide solo por lo que experimentamos activamente, sino por el impacto que dejamos en los demás.
    La obligación de elegir un recuerdo de toda una vida conlleva que el resto de la "eternidad" se convierta en un bucle sin sentido y sin fin. Si se analiza con rigor, la propuesta bordea el horror existencial de un bucle.
    Elegir un único segundo o minuto de una vida y habitarlo para siempre convierte la eternidad en una repetición.
    Para entrar en ese recuerdo eterno, las normas del Limbo exigen olvidar todo lo demás.
    Si borras el 99,9 % de tus vivencias, tus fracasos, tus aprendizajes y las personas que conociste, ¿sigues siendo tú mismo?
    La persona que habita ese recuerdo eterno es una versión amputada y congelada de quien fuiste. Es la reducción de una identidad compleja a una sola imagen fija.
    Precisamente por esto, la figura de los consejeros cobra una dimensión trágica y rebelde. Personajes como Mochizuki o Shiori se niegan, consciente o inconscientemente, a elegir.
    Quedarse en el Limbo administrativo implica conservar la memoria completa, la capacidad de dudar, de sentir melancolía y de interactuar con otros.
    Para ellos, el Limbo "incompleto" resulta, paradójicamente, un lugar más humano y vivo que la propia eternidad estática del recuerdo.
    La propuesta de Kore-eda bien hubiera podido ser la contraria: elimina un recuerdo y quédate con todos los demás. La propuesta inversa, eliminar un solo recuerdo traumático o irrelevante y conservar el resto de la vida, es, en términos de identidad y humanidad, infinitamente más sensata.
    El modelo de Kore-eda realiza un vaciado identitario masivo: te exige desechar el 99,9 % de lo que fuiste.
    Reducir una vida entera a un único momento supone asumir que todo lo demás -los aprendizajes, las contradicciones y los fracasos que te moldearon- no tenía valor real.
    La identidad, en cambio, se entiende como una trama continua. Si solo borras un trauma insoportable o un momento oscuro, preservas la riqueza, la complejidad y la continuidad de la conciencia. Mantienes a la persona entera.
    Tratar de evaluar si las reglas del más allá de Kore-eda son prácticas, justas o eficientes es un ejercicio estéril, porque nos situamos en el terreno de lo completamente indemostrable.
    Kore-eda construye esa teoría para forzar a los personajes y al espectador a hacerse una pregunta terrenal: si hoy tuvieras que resumir el valor de tu existencia en una sola imagen, ¿cuál sería?

    Ante lo inviable de los hechos, cualquier complicación logística carece por completo de sentido.

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    1. https://deunjubilado.blogspot.com/2026/10/dejando-el-hospital-mi-espalda.html?m=1
      Saludos. You N placer como siempre conversar contigo

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