jueves, 24 de septiembre de 2026

El círculo de tiza


Hospital Montepríncipe, 24 de septiembre de 2026

Salí del sopor de la siesta en el hospital y enseguida me enganché al libro de Modiano, En el café de la juventud perdida. El entorno, las noches de París, estudiantes reunidos en cafeterías, el clima un tanto bohémico, y ello vertebrado con la historia de una enigmática joven llamada Louki. Luoki no necesita viajar, para ella vivir en París y encontrarse constantemente con gente diferente, algunos accidentales compañeros a altas horas de la noche en algún café, alguna amiga, es suficiente, se trata de su particular modo de viajar.

Leo y advierto que acaso, agarrado como he estado siempre a recorrer montañas y paisajes naturales, aparte de la lectura, la música y cosas así, no he sentido casi nunca la necesidad de explorar otros espacios y circunstancias. Quizás las personas que no han puesto todos los huevos en la misma cesta, aunque no sea mi caso, en circunstancias de inmovilidad o edad, no acusen tantos los efectos de una nueva situación como ésta de convertirse en asiduos de hospitales. Y pienso en el amigo Muñiz que más de una vez en sus comentarios le veo adoptar una actitud práctica frente a los años que a mí me resulta tan difícil adoptar. Con los años, y especialmente en la edad madura, fui haciéndome la idea de un futuro en que el contacto con la Naturaleza, esa vida salvaje que he anhelado siempre, iba a ser con mayor o menor suerte, una constante hasta el final de mis días. Un cuerpo sano que me permitiría seguir en la brecha. Sí, pensé muchas veces en estas cosas cuando se acercaban los veranos. ¿Hasta cuándo podrá durar esto?, me preguntaba cuando el invierno iba quedando a mis espaldas y ya empezaba a diseñar una ruta que iniciaría en el mes de junio para acabarla en septiembre. Algo que ya sucedió este año cuando en febrero ya tenía documentado todo el recorrido que me llevaría a recorrer los enteros Alpes Austriacos durante todo el verano. La vida puede no tener sentido, una evidencia cuando echamos un vistazo a la trayectoria temporal espacial del Universo, pero el hecho de haber saboreado las tantas bondades que nos ofrece la vida sí crea una cierta adicción a la existencia, una razón de ser que se arracima en torno a la familia, los amigos, la fantástica relación que podemos mantener con la Naturaleza y con nosotros mismos, con nuestra capacidad de crear, y, por supuesto la posibilidad de experimentar nuestro yo y nuestras posibilidades. Somos nosotros los que damos sentido a esa vida que en apariencia, despojado de la fantasía de la religión y de otra vida podría no tener sentido y que sin embargo a la que nosotros con nuestro pensamiento y nuestra actividad otorgamos un sentido limitado dentro de ese chispazo que somos en la historia del Universo.

Me encanta discutir con Enrique porque siendo ambos tan diferentes en el modo de enfocar este último periodo de nuestras vidas, me ofrece la oportunidad de ampliar mi visión de ésta y con ello la posibilidad de ajustar el ángulo de tiro. Los personajes de la última novela que he leído, En el café de la juventud perdida, no están interesados, o  mejor sería decir que es Modiano el no interesado, en desarrollar lo que se habla en aquellas tertulias, mientras en Los miserables, una de mis lecturas de juventud preferidas, los asuntos, fueran política, literatura, arte o filosofía eran un manjar para mi apetito de entonces. Algo que me sigue sucediendo en la actualidad con muchos autores. Siempre he echado de menos esas largas conversaciones de amigo que en ocasiones hemos mantenido en nuestra casa tantas veces hasta las horas del alba. La pasión de hablar, contrastar ideas y perorar infinitamente sobre asuntos sociales, políticos o filosóficos siempre me ha recordado aquella antigua lectura de Víctor Hugo en donde en algún capítulo los jóvenes se reúnen para hablar del mundo. en Modiano es muy diferente. En su novela los jóvenes se reúnen para estar juntos; el mundo y sus asuntos parece no interesarles. Para ellos el café es un lugar de encuentro y de soledad compartida.  Quizás cuando hablo de Louki y sus compañeros de tertulia lo que me traiga en este instante sea esa posibilidad que se perfila en los estudiantes de las noches de París de entonces que Victoria y yo experimentamos en una pequeña aldea de Asturias perdida en las montañas cuando los fines de semana lográbamos congregar frente a la chimenea en nuestra casa del maestro a muchos de los jóvenes de los altos del río Narcea.

No parece disparatado que viviendo las circunstancias que vivo mi memoria recorra con cierta persistencia otros espacios que viví en el pasado. Acostumbramos en casa a reunirnos a comer con algún grupo de amigos desde hace tiempo. Amigos generalmente, no siempre, relacionados con la montaña. Fue siempre una vieja afición desde qué Victoria y yo nos conocimos. Quizás lo que está sucediendo es que mi estado de ánimo y mi obligado alejamiento de la montaña o la pérdida de contacto me están encerrando en un círculo de tiza, esa situación que plantea Buñuel en El ángel exterminador. Esa frontera invisible que parece encerrar a sus personajes. En la peli la situación resulta bastante cómica, los personajes no pueden salir de una habitación, parece que no hay ningún obstáculo para ello, pero allí están encerrados durante días y semanas sin saber muy bien qué les retiene.

Hoy leyendo a Modiano consideraba otras posibilidades de “aventura” que en alguna ocasión me pasó por la mente pero que en realidad nunca tuve en cuenta. Y me lo sugería la novela de Modiano y ese vagar de su protagonista, Louki, por las noches de los bares y las calles de París.

¿Quién sabe si a estas alturas de la vida uno tendría que inventarse una nueva existencia, una variante? A fin de cuentas en alguna ocasión ya me dio un ramalazo de aburrimiento de ser yo mismo. La vida es corta y las posibilidades son tantas que quizás no estaría de más jugar a ser otro. En la variación está el gusto, que decía mi madre.

 

 

 

 

 


2 comentarios:

  1. Tu condición de funcionario te hace vivir alejado de las entelequias de Modiano. De todas formas, como eres un lector empedernido, te agarras a un clavo ardiendo. La lectura de En el café de la juventud perdida no es la obra ideal en tus circunstancias. Tus problemas de afianzamiento en la estructura vital, según te expresas, no tienen mucho que ver con Louki ni con la bohemia marginal que nos presenta el autor.
    Imaginar a su protagonista como un ser libre e independiente, habitando las zonas neutras o intermedias -vamos, en román paladino, un reservado-, manda huevos, que diría Trillo. La percepción que se obtiene a la primera ojeada es que se dedica a la prostitución, porque el París de los sesenta en el que se desarrolla la trama no era gratis. Y esto es algo que nos cuela el autor a los lectores, porque la gente no vive ni alterna del aire y él no nos explica cuál era el modelo de financiación. Pero dejémoslo así: si te ha entretenido, misión cumplida.
    En referencia a la disparidad que tenemos ambos en según qué cosas, no estoy de acuerdo. Yo creo que vivimos al día, con nuestras inquietudes y con nuestros sueños, dormidos y despiertos. Estos últimos son mucho más fructíferos que los otros, dado que los puedes ir construyendo sobre la marcha y a tu gusto. Vivir al día desde una perspectiva optimista significa que, al acostarte, digas: "Un día más", y nunca "un día menos".
    Dices: "Quién sabe si a estas alturas de la vida tendría que inventarme una nueva existencia, una variante".
    Pero no puede garantizarse que la vida que uno había imaginado para esta época vaya a estar disponible hasta el final.
    Una nueva existencia no tiene por qué ser una sustitución de la anterior; puede consistir en ampliar el modo de relacionarse con aquello que ya nos ha dado sentido.
    Creo que te preguntas: "¿Qué puedo hacer si ya no puedo seguir viviendo como antes?". Y deberías preguntarte: "¿Cómo puedo seguir viviendo como antes, teniendo en cuenta que ya no puedo hacer exactamente lo mismo?".




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    1. https://deunjubilado.blogspot.com/2026/09/confieso-que-es-un-lujo.html?m=1

      Saludos

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